Seguimos en los bodones, lagunas y salgueros de Olmedo y Coca

Como pudimos saltamos aguas y barros de la cacera del Caño para llegar a la laguna del Caballo de Alba, o simplemente Alba. Pensé que estaría llena, pero no, un lugareño nos dijo que estaba a la mitad, que él la había visto llegar hasta las tierras. También comentaba que sus aguas eran salinas, por eso aquí no bebía el ganado, si bien ahora no lo son tanto. Supongo que eso se deberá a que ahora se llenan más por agua de lluvia que del manantial proveniente del sobreexplotado acuífero de los Arenales. También dijo que el agua no es profunda y que cuando aquí se bañaba el 18 y el 25 de julio (sic) el agua le llegaba, en el centro de la laguna, hasta la cintura. Así lo dejo, suficiente comentario para conocer mejor esta laguna de las grandes.

Laguna del Caballo de Alba

Ya sin peligro, por una buena pista y visitando la laguna del Hoyo Meregil, nos presentamos en Villeguillo. Es curioso esto del turismo rural. Si pones Villeguillo en internet o lo miras directamente en Wikipedia, verás unos cuantos apuntes –similares a los de otros pueblos en arte y festejos-  pero no aparecerá la laguna, que es de lo más interesante y llamativo en la zona. Por supuesto –no lo hemos dicho-  pudimos ver abundantes aves acuáticas.

Uno de tantos encharcamientos

Tomamos ahora la cañada de los Gallegos. Junto a ella –o por ella- discurre el arroyo de la Ermita que ha sido cacerado o canalizado. Al principio, va bien ancho y fuerte de agua, con saltos bien diseñados para que la posible corriente no erosione sus orillas, hasta que… ¡¡desaparece tragado por el arenal!! En realidad, la cañada es una de esas corrientes de agua mínimas y superficiales  –y  seguramente subterráneas- a juzgar por la delgada e intermitente lámina que se deja ver. Los técnicos también las llaman salgueros.

El Llano

Salimos de ella al llegar a la altura del bodón de la Vega -que en realidad se ha quedado en un pequeño encharcamiento- para visitar los bodones del Cementerio, con abundante agua. Aquí nos sale un enorme bando de avefrías y una pareja de aguiluchos laguneros.

Bodón Guarrero

Seguimos por una cacera entre el pinar –que queda a unos 250 m- y la ladera, que está salpicada de pequeños bodones. Destaca el bodón Guarrero aislado en una tierra de labor. En un tramo de menos de 100 m. levantan el vuelo como veinte o treinta lechuzas campestres. ¡Nunca había visto tantas juntas! ¿Se estarán juntando para migrar?

Así estaban algunos caminos

Son varios los tramos en que todo es agua sobre la hierba, sobresaliendo sólo matas altas. Pero no hay problema, tenemos suerte y las aguas que atravesamos no son más profundas de un palmo. Al llegar a un amplio encharcamiento en el que pastan cigüeñas y alguna garza y cercano al bodón de la Liebre, tomamos el sendero de la Perrera, en cuesta. Antaño toda esta zona estaba literalmente plagada de manantiales, fuentes y bodones.

Arriba hay un pequeño llano y otro bodón, o tal vez se trata, simplemente, de tierras inundadas. Abajo otro bodón y…

…estamos en Aguasal. Naturalmente entramos por otro bodón, junto a la carretera, que aquí llaman Cárcava Grande. Tras el pueblo, la Cárcava Chica, que también visitamos. Da un poco de pena esta localidad: hoy está vacía; hace cien años tenía 197 habitantes.

Cárcava Chica

Volvemos a Olmedo por las Ganseras –más bodones y encharcamientos- y visitamos la antigua estación de ferrocarril, que es un almacén de todo tipo de objetos curiosos y no tan curiosos. Funcionó durante 109 años y se cerró en 1993.

Así debieron ser estas tierras –un derroche de agua y de vida a ella asociada- hasta que el acuífero de los Arenales comenzó a explotarse. Y los pueblos a vaciarse.

Lagunas, bodones, caceras… ¡de fiesta!

Como durante los últimos días no había parado de llover, nos dimos una vuelta por los alrededores de Olmedo para contemplar bodones llenos, o casi llenos. Y no nos equivocamos, parecían estar de fiesta por la abundancia de agua, a la espera de  la primavera cuando todo se vuelva verde y florido.

Bodón Juncial

Salimos por el antiguo firme del tren de Medina a Segovia. Ahí ya empezamos a ver que el agua caída bajaba por prados, sembrados y caminos en dirección este, hacia los bodones de Aguasal. A lo lejos, seguramente en lo alto, nos parece oír un bando de grullas que no llegamos a ver, pero que fue como un anuncio de las muchas aves que sí vimos. Enseguida dejamos el antiguo camino de hierro para, cruzando la loma de La Lámpara, que separa las vertientes del Adaja y Eresma, bajar al bodón Juncial que, haciendo honor a su nombre, se encontraba repleto de hierba alta y juntos, y con abundante agua superficial que no impedía cruzarlo –parcialmente- en bici.

Aspecto del bodón Blanco

Un poco más y llegamos hasta la difuminada orilla del bodón Blanco, que también poseía abundante agua aunque esta de carácter menos superficial. Salieron volando bandadas de patos y una pareja de aguiluchos laguneros. Las fochas, por su parte, se escondieron en la orilla opuesta. En la subida hacia Fuente Olmedo nos paramos a contemplar la hondonada de los bodones y, más extenso, el valle del Adaja.

Valdeperillán

Y de nuevo alcanzamos nuestro camino por el firme del ferrocarril. Tuvimos que vadear auténticas torrenteras que salían de los puentes y túneles del AVE. Los campos contiguos se encontraban encharcados y numerosos charcos y pequeñas lagunas habían renacido donde antaño seguramente hubo un bodón o lavajo. En la raya de las tierras de Olmedo y Coca nos acercamos al bodón de Valdeperillán, que se encontraba cubierto de maleza y con algo de agua. Y con abundante barro del malo, de ese que se pega a las ruedas y las bloquea. Sobre esto hay que decir que debido a los caminos de barro malo estaban cubiertos de hierba a veces hasta en las rodeas, pudimos sortear bastante bien este grave peligro.

Laguna de Valderruedas

Y nos pasamos al otro lado del AVE buscando la laguna de Valderruedas, que encontramos –al igual que el bodón anterior- cubierta de abundante hierba amarilla y con un dedo de agua. Pudimos recorrerla a lo largo sin mayores riesgos –el herbazal amortiguaba el efecto del barro en las ruedas- hasta dar con la laguna de las Eras, ésta ya repleta de agua. Antaño ambas se encontraban unidas formando una sola lámina. Al fondo, la silueta de Villagonzalo de Coca.

Laguna de las Eras

Pero Villagonzalo aún cuenta con otra laguna más, la de la Iglesia, en una profunda hondonada. A ella nos acercamos para contemplar su color azul vivo, pues cuando cruzamos por aquí el cielo lucía un azul intenso.

Laguna de la Iglesia con el pinar en el horizonte. Y, sobresaliendo, las torres de Coca (Iglesias y castillo)

Volvimos al lado este del AVE y tomamos el ferrocarril viejo hasta Ciruelos, que tuvo un pozo Bueno y otro Malo, según vimos por los nombres de algunas calles. Incluso pudimos ver el Bueno, con sus caños y manivela para subir el agua.

De Ciruelos salimos por el ferrocarril para tomar, en el puente, el lomo del Judío. Al bajar nos encontramos con la cacera del Caño, que bajaba fuerte, con abundante caudal. Las caceras son, aquí, cauces –parece que artificiales- por los que discurre el agua en medio de una cinta de hierba encharcada. Seguramente antaño el agua corría por toda esta cinta, provocando inundaciones de las tierras cercanas, razón por la que se encauzó. Esta cacera viene de Fuente, bordea el hoyo Meregil y las lagunas Albas, y alimenta los bodones de Aguasal.

Cacera del Caño

Continuamos en la entrada siguiente; aquí dejo el itinerario seguido. Si se mantiene un mínimo de lluvia de aquí al mes de abri -tampoco queda mucho- habrá más la fiesta con el colorido.

Renacimiento en Olmedo

Olmemdo y bodones

Las lluvias caídas últimamente han devuelto el paisaje a su estado normal: las fuentes vuelven a manar, los bodones pueden nombrarse como tales, los arroyos llevan agua y algunos ríos hasta quieren desbordarse. Claro que los ciclistas hemos de salir a pasear sabiendo que puede caernos un buen chaparrón y que, al estar la tierra mojada, las ruedas tienen a pegarse al suelo, y hay que gastar mas fuerzas al dar pedales. Pero compensa por ver el campo húmedo y hasta verde; todo augura una buena primavera.

Este paseo lo dimos por las tierras de Olmedo –Aguasal, Llano, Fuente Olmedo- hace unos días, y su recorrido no supera los 31 km.

Almendros

Las fuentes

Descubrimos, en la linde de un pinar, la fuente Lavar, rodeada de huras de conejos y manando el agua de la misma arena. No pudimos decir lo mismo de la fuente      , desaparecida hace unos años. Sólo quedan los restos del abrevadero.

¡Y maravilloso el paraje del Pilón de la Reina! Una ladera, un prado de un verde brillante, un buen chorro de agua, un generoso abrevadero, tres álamos a los pies y, al fondo, los bodones Blanco y Juncial.

Claro que tampoco debemos olvidar las fuentes del propio Olmedo, como por ejemplo la fuente del Caño Nuevo, de Carlos III, que surte de agua al antiguo lavadero, de 1927 cuando era alcalde Federico Sanz.

la laguna
la laguna

Los bodones

No es que estén desbordados, ni mucho menos, pero la mayoría tienen agua. Casi todos los largos humedales de la zona tienen unos dedos de agua en muchos puntos; en las hondonadas se han formado charcos y los clásicos bodones tienen agua: ahí está el bodón Blanco –antaño tuvo anejo un balneario- con un charco central y otro alrededor en forma de anillo; el bodón Juncial que esconde el agua entre los juncos y con el camino que lo atraviesa intransitable; el de Grijota,  el de la Vega, el Guarrero, el humedal de la Cochilla

Después de comprobar que algunas lagunas de la raya de Segovia estaban secas, tal vez a consecuencia de las alcantarillas de drenaje, vimos que la laguna de Caballo de Alba había vuelto por sus fueros y tenía un nivel aceptable, a pesar de que no tiene casi fondo. Su ancho se aproximaba a los 500 metros. Patos y gaviotas se movían a sus anchas.

Hondonada de Aguasal; el páramo al fondo
Hondonada de Aguasal; el páramo al fondo

..y los miradores 

Estas tierras de Olmedo no son tan llanas como parecen. Pasamos por diferentes miradores sobre el valle del Eresma y su alfombra de pinares y al fondo los páramos con el castillo de Íscar, o la hondonada de Aguasal con innumerables charcos y el AVE corriendo de punta a punta.

Una agradable excursión, como tantas otras. Con sol y sin barro hubiera sido más agradable aun. Pero no se puede pedir todo.

Fuente de los Arenales

Bodones y lavajos

¡Qué tiempos aquellos cuando nuestros campos –sobre todo los del sur- estaban salpicados de bodones y lavajos! Son los mismos tiempos en que ríos –hoy secos- como el Trabancos o el Zapardiel, movían molinos harineros.

Lavajo de Lavanderas (invierno de 2006)

Desgraciadamente, hoy ya no quedan. O se pueden contar con los dedos de una mano. Bien porque se ha roturado la tierra, bien porque los hemos desecado o, sencillamente, porque se han secado ellos solitos (con la inestimable ayuda de los riegos intensivos). Este último es el caso de las denominadas y catalogadas por la “ley” como “zonas húmedas”. ¿Alguien se cree que la sola inclusión en un catálogo administratvivo preserva un bien natural?

Cerca de Madrigal

Lo cierto es que al iniciar la excursión cuya ruta -de Villaverde de Medina a Madrigal- hemos colgado en nuestro post anterior pensábamos que encontraríamos encharcamientos. Craso error. Sólo encontramos uno poco antes de llegar a Madrigal, además del verdor existente en el lavajo de Lavanderas, que indicaba la existencia de un poco de agua, aunque no llegamos a verla.

En nuestra provincia, bodón y lavajo son dos maneras de designar una misma realidad. Bodón es vocablo propio de la zona de Olmedo y lavajo es común en la Tierra de Medina. El diccionario de la RAE recoge para lavajo charca de agua llovediza que rara vez se seca y para bodón, charca o laguna invernal que se seca en verano. Acierta en que los dos son charcas. Pero los dos se secan no sólo en verano, sino más bien –hoy día- en cualquier época que no llueva en abundancia. Tampoco está muy claro que el lavajo sea simplemente de agua llovediza, pues la abundancia de lavajos se debía también a afloraciones de corrientes –manantiales- procedentes del acuífero de los arenales.

En todo caso, formaban parte de nuestro paisaje y hoy solamente podremos visitarlos en épocas muy lluviosas. Pensamos que ahora, a primeros de junio después de un mayo extraordinariamente lluvioso, veríamos alguno. Pues no. La mayoría seguían secos debido a que no estamos en invierno (hay mucha evaporación) y a que el agua caída se ha escurrido entre la arena buscando un bajísimo nivel freático. Total, que esperaremos mejor un otoño lluvioso.

Aquí hubo un lavajo. Al fondo, Blasconuño de Matacabras

Entonces –y con suerte- veremos agua en el lavajo de Lavanderas (Carpio), en la Lagunas Reales (Medina del Campo), o en el bodón Blanco de Bocigas, todos ellos catalogados.

Hoy solo queda algún charco sobre tierras impermeables y la vegetación verde y un tanto exuberante en la zona donde antaño hubo un lavajo.