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El páramo sin (mucho) calor

27 junio, 2017

En plena ola de calor –además por la tarde- algunos nos atrevimos a dar una vuelta en bici. Las únicas armas fueron aprovisionarse de abundante agua y elegir un páramo, donde la brisa no falla y, por mucho calor que hiciera, siempre haría algún grado menos que en los valles. Punto de salida: Quintanilla de Arriba.

Tomamos una vía pecuaria hacia el oeste, entre el río y la carretera, hasta que conectamos con la cañada  de  Dardo, que sube hacia el páramo cruzando la vía de Ariza, donde crecen hasta los árboles pero se mantienen las señales de precaución en su mismo cruce. La subida, entre picachos, cárcavas y majuelos,  es fuerte y con el calor lo más sano es ascender caminando tranquilamente. Detrás, el paisaje todavía verde de la vega del Duero. La misma cañada todavía está verde e incluso florida: coronillas, salvia, candileras, marrubio, carrasquillas… ponen la nota de color al calor.

Subida desde el Duero. En primer término, corrales junto a la cañada

Arriba las cosas cambias y, efectivamente, la brisa hace que te olvides de los sudores. Desde los bordes del Confesionario vemos un hermoso paisaje del valle del Duero. Es un pico que se levanta no sólo sobre el valle, sino sobre el mismo páramo, que queda al sur con una perspectiva distinta, salpicado de robles y enmarcado por el fondo de la sierra segoviana. Esta es otra característica propia de estos llanos: se encuentran moteados de grandes robles y encinas, quedando el monte de carrascas para las laderas y algunos linderos.

Majuelo sobre una colina; al fondo, San Bernardo

Nos acercamos a las fuentes. En la de Valdemoros –que se encuentra en un entorno precioso con olmos y guindaleras- hay un zorro muerto, tal vez a causa del veneno que le hizo arder por dentro y, por ello, buscar el frescor de las aguas y en la de Ontanillas –con su solitario chopo- un verdadero enjambre de abejas se arremolina en torno al caño. ¡Menos mal que llevamos abundante agua!

Encinas

Después, a seguir rodando entre terrenos rasos o ligeramente ondulados del término de Manzanillo. Descubro un corzo al que puedo seguir con las vista durante casi un kilómetro de su recorrido. Bordeo pequeños pinares. Paso por zonas que se encharcan en otras épocas del año, llamadas las Navas, Navajuelas, el Charco (este todavía conserva carrizo seco). Y por fin, llega la hora de bajar cuando el sol quiere ponerse y, primero por vallejos perdidos entre cárcavas, cortados y peñas, y luego entre majuelos y almendreras con tapiales, llego a Quintanilla, donde la gente está en la calle esperando a la fresca que no acaba de llegar. Lógicamente, se nota que la temperatura es más elevada aquí que allá arriba, en el páramo, donde parece que se ha quedado la fresca.

La bajada

Cuando el calor aprieta, el páramo

11 julio, 2015

Cigales Santa Cecilia¿Qué se puede hacer cuando el calor aprieta? Pues hay muchas posibilidades. Una, salir a primera hora de la mañana o a ultima de la tarde. Otra, planear el recorrido junto a ríos y canales. Y otra –como la del domingo pasado- rodar por el páramo de los Torozos, que suele disfrutar de una temperatura entre 3 y 4 grados por debajo de los valles, y no digamos ya de Valladolid ciudad.

Robledal cerca de la Barranca

Robledal cerca de la Barranca

De manera que salimos de Cigales y enfilamos la amplia vaguada de Valcaliente para terminar la subida al páramo por la Barranca. Esta última parte –con manantial y todo- discurre bien protegida del sol por la densidad de su monte de robles. Rodamos sobre una alfombra verde.

Ya arriba nos acercamos, para seguirla, a la cañada de la Raya, que ahora tiene una pista paralela, que da servicio a los aerogeneradores. Después, a campo traviesa por terrenos ya cosechados, con el suelo bien duro y por tanto muy ciclable, hasta la carretera de Ampudia. Aquí tomamos un camino que pasa junto a una tenada y se mete por pinares que llegan a oscurecerse debido a su densidad y que ya teníamos olvidados desde hace muchos años.¡Cómo cantaban las cigarras!

Por los campos cosechados

Por los campos cosechados

Al salir del pinar, el camino desapareció en la dirección que nos interesaba, de manera que hicimos un pequeño trayecto campo a través. Luego, nos encontramos con que habían puesto puertas al campo, menos mal que se podían abrir y cerrar. Al fin tomamos una cañada que nos sorprendió con un tremendo tobogán hasta que acabamos por perderla en otro denso monte, esta vez de encinas y carrascas. De manera que salimos a la carretera que, en cuestión de muy pocos kilómetros, nos dejó en Santa Cecilia del Alcor, donde nos refrescamos en su fuente. Precioso pueblo instalado en el comienzo mismo del vallejo que se dirige a Ampudia y pasa junto al monasterio de la Virgen de Alconada..

Subiendo el "tobogán" de la cañada

Subiendo el “tobogán” de la cañada

La vuelta fue más sencilla, pues atravesamos el monte de Dueñas: pasamos por su corazón, recorrimos algunos de sus senderos, y salimos al término municipal de Quintanilla de Trigueros, ya en la provincia de Valladolid, y rodando algo a campo traviesa de nuevo. Saludamos a los Tres Pinos y, por campos de cereal y viñedo, pasamos junto a la bodega Museum y su encina nueve veces centenaria. Al fin, nos plantamos en Cigales y sufrimos un poco debido al calor y a los caminos de grava, algunos en pronunciada subida.

En el monte de Dueñas

En el monte de Dueñas

Interesante y variada excursión. Parte por sombra –montes de pino y roble-; muchos trayectos por terreno sin camino pero firme; páramo y laderas; por aprovechamientos tradicionales en el monte –si se contempla desde el cielo aparecen cuadrados cuyos limites son robles y encinas; carreteras por las que nadie circula…

Y todo terminó dándonos un baño junto al –ahora más que nunca- famoso puente de Cabezón de Pisuerga.

Esto no son los accesos a NY

Esto no son los accesos a NY

Verano

27 junio, 2011

Esta vez el verano oficial y el real han venido juntos, pues estos primeros días de la estación están siendo asfixiantes. Un viento suave del suroeste lo está invadiendo todo con su temperatura ardiente. Menos mal que por estas parameras el calor suele ser seco, y el de estos días no es una excepción. Es un consuelo, pero se aguantan mejor 38 grados secos que 33 húmedos.  Y como diría Machado -Manuel, en este caso-  ¡Quema el sol, el aire abrasa!  En fin, es lógico que en verano caliente.

Los trigales están todavía algo verdes, les falta poco para madurar por completo. Las cebadas, sin embargo, están doradas, y algunas ya se han cosechado. Y ¡qué buena cosecha! Hasta las endrinas ya apuntan maneras, y aun les queda todo el verano. Los ribazos unos verdes aun y otros no tanto; todavía algunas flores adornan los límites de caminos y campos, pero va ser por poco tiempo.

Las fuentes todavía gotean, pero dentro de una semana muchas estarán agostadas. Y los pájaros y aves buscan la sombra, salvo los pollos que están aprendiendo a volar. Les pasa como a nuestros chavales, que no pasan ni frío ni calor.

Pues a pasear por la mañanita temprano y a beber agua, y a esperar a que pase el calorcito, que pasará.

Ardores estivales

28 agosto, 2009

Girasoles

Por fin, los ardores veraniegos han  visitado nuestra tierra los pasados días de este mes de agosto. Parecía que no iba a hacer calor de verdad pero, al final, ¡vaya si lo ha hecho! ¡Ni por la noche hemos respirado!Páramo
Los campos estaban agostados, vestidos de amarillo pálido. Cuando nos hemos metido a campo traviesa con la bici, daba pena ver las profundas grietas de la tierra en los campos cosechados.Estaban pidiendo agua a gritos. Pero tendrán que esperar al otoño. Por contra, el agua -procedente del subsuelo-  abundaba en los campos de maiz y remolacha. Pero la humedad caliente que llegaba como un fuerte vaho al ciclista tampoco ayudaba nada. Sólo la brisa, cuando era contraria, ayudaba a sobre llevar los calores.

atardecer
Claro que lo mejor era salir a la caída de la tarde, cuando ya los campos habían dejado de arder. Y lo mejor de todo era llegar a una acequia o al Duero y zambullirte sin piedad. Parecía que la piel, o reseca o agotada con el sudor, renacía de nuevo.
En los campos quedaba la sed continua del estío, los amarillos vivos de los girasoles -casi la única alegría de la paramera catellana- y los majoletos verdes en medio de tanta calorina.
A nuestro lado, el majestuoso Duero. Y nosotros, respirando. Un verano más.

Duero