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…y de los páramos a la ribera

22 octubre, 2019

(Viene de la entrada anterior)

Después de saludar a la Cruz de la Muñeca (ofrecida por Segunda Cano a su pueblo natal hace justo 90 años), nos acercamos al corral de Cuestalavega, que está en uso y es hoy una nave ganadera con ovejas bien cuidadas, y después a la fuente del mismo nombre y humedecida con un charco de agua. Probamos las bellotas –de encina y de roble- que se encuentran en sazón; un poco amargas, asadas ganarían. Rodeamos el pico Lotero –del otero- que ahora está rodeado de buenas viñas y nos vamos en busca de la fuente de la Umbría, que no encontramos. Hay juncos, prados, arbustos, pero de agua fluyente, nada. Mas el paraje merece la pena rodeado, además, de robles. Subimos al alto de San Juan donde se alzan los restos de otros corrales de muy buena factura. Se diría que han estado en uso hasta hace nada. Y nos asomamos al aquí anchuroso valle del Duero, con Nava de Roa casi en primer plano.

Nava de Roa en su valle

Pero hay que ir pensando en bajar –y volver-, así que nos vamos por el Portillo buscando las fuentes del Perro –que no existe- y la de Villana, que ha sido recientemente remozada y, al menos, gotea. Y entre los altos del Gorro y Riosa nos acercamos al Duero. El firme ha cambiado y la arena dificulta nuestro avance en algunos tramos. También ha cambiado el paisaje que, sin dejar las vides, se ha suavizado. Ahora vemos frutales, chopos y pinarillos. El canal del Riaza lleva agua a esta vega. Han destrozado la fuente del Villar, antes pegada al canal.

Canal del Riaza

De manera asombrosa, el valle se ha cerrado formando una garganta de un kilómetro de anchura por la que se cuela el Duero. No sé cual será la explicación a este fenómeno geológico, pero ya se ve que el río no ha podido derribar estos páramos, especialmente duros, y se ha conformado con un estrecho boquete. Por aquí también cruzan la carretera de Soria, el ferrocarril de Ariza, el gasoducto y la calzada de Clunia. Pero esta última es la única vía que lo hace por la orilla derecha, y allá pasamos.

Cruzamos para recordar la Historia. Precisamente nos llama la atención el perfecto firme de este camino. Pero claro, se debe a que los romanos fueron unos excelentes arquitectos e ingenieros y este camino se asienta sobre una calzada o vía romana. Por aquí pasaron legiones, comerciantes antiguos, carreteros… que venían de Tarraco, Cesaraugusta o Clunia, en dirección a Simancas, Astúrica o Braca.

Amenazante paso de la calzada entre el Duero y el páramo

Y más tarde, justo por aquí vino huyendo de la batalla de Simancas, Abderramán III los primeros días de agosto del 939. Dicen las crónicas (árabes) que arrasó Mamblas, el castillo de Rubiales (5 km al este) y Roa. Pero también dicen que hacia Valdezate, en el Foso (?) le vencieron los ejércitos cristianos y casi le hacen prisionero. Abderramán, escaldado, no volvió por estos lares. Todavía durante siglos posteriores este fue el camino natural entre Castilla y Aragón (Senda de los Aragoneses). Llama la atención que precisamente en este paso vemos enormes piedras esparcidas por la ladera como amenazando el cruce de los caminantes.

Vista del Bercial desde las alturas

Y seguimos hasta Bocos, donde el sol le saca al picón del páramo vivos tonos de color marrón y blanco. Y nos metemos por un campo próximo al río y en medio nos paramos a ver la Casa del Bercial, en un tiempo rodeada de vides -algunas quedan- y hoy de miles de nogales, perfectamente ordenados para la explotación de su fruto. La casa es de barro, de dos pisos con balcones, y amplio corral rodeado de establos. Pero ya en ruinas. Fue la típica casa de la ribera del Duero. Una verdadera ribera, en su acepción vallisoletana, según el diccionario de la RAE.

Todavía disfrutamos de las vistas del castillo de Curiel –en Castilla, al norte- y del de Peñafiel –en la Extremadura, al sur- pues no en vano a esta última localidad se la conocía en el siglo XI como madre o ensalzamiento de toda Extremadura y el Duero la frontera.

Llegando a Bocos

Para terminar protegidos del viento, nos metemos en la senda del Duero para cruzar luego este río por el puente medieval, que se levanta entre las desembocaduras del Botijas y Duratón. Y así, como sin querer, hemos cerrado el círculo de esta excursión.

De Simancas a Fuentes por la calzada de Clunia

2 enero, 2017
Puente de Simancas. Detalle.

Puente de Simancas. Detalle.

Ya hemos comentado que una de las ciudades más importantes del valle medio del Duero, en época romana, fue Simancas. Se sabe que hubo calzadas –vías, para los romanos- que unían unas ciudades con otras y, así, de Simancas –encrucijada de vías– salían calzadas hacia Clunia y Zaragoza, Astorga, Coca o Salamanca… De estas calzadas han quedado restos físicos en algunos casos, y documentales y toponímicos en otros.

De Simancas a Clunia se conservan algunos, muy pocos, vestigios. Lo cual no quiere decir que, más adelante, puedan descubrirse nuevos restos. Desde el inicio de esta calzada hasta las cercanías de Villabáñez se cree que coincidía con los antiguos caminos que unían Simancas, Laguna y Tudela. En cualquier caso, vamos a recorrerla desde el puente de Simancas, verdadera encrucijada de vías romanas.

Atravesando el pinar de Simancas

Atravesando el pinar de Simancas

El puente actual es medieval, pero seguramente en la época romana hubo otro en el mismo lugar, ya que se trata de un ancho y pedregoso vado en el que se puede levantar con relativa facilidad un largo puente. Cubre poco, lo que se puede apreciar especialmente ahora, con un río de reducido caudal y agua clara. Tomamos el camino Viejo, luego el de las Berzosas y torcemos a la izquierda nada más superar la acequia. Ya estamos rodando por el camino de Laguna.

Dejamos a la izquierda la granja Las Lagunillas y, antes de llegar a la granja Ronquines, vemos que abundan los juncos e incluso hay algunas pequeñas navas o lagunillas. El firme es excelente, con forma convexa para drenar bien. Y el paisaje típicamente pinariego, con abundancia de grandes piñoneros bien espaciados.

En la cañada de la Nava

En la cañada de la Nava

Al llegar a la cañada de Puente Duero nuestra calzada se acaba debido a que en esta zona hubo campos militares de tiro y maniobras, además de polvorines. Todo esto se retiró pero los caminos se perdieron por completo. A Laguna podemos ir bien por el camino de Laguna (al norte) propiamente dicho o bien por la cañada de la Nava (al sur). Vamos por la cañada y atravesamos la localidad. Poco antes de comenzar la salida rodamos por la calle Aragoneses que toma nuestro mismo rumbo. Estamos bien encaminados, pues el camino de los Aragoneses coincide, en algunos de sus tramos con la calzada romana que pretendemos seguir. Pero entre Laguna y Tudela va como un kilómetro al norte del nuestro.

En el túnel de la autovía

En el túnel de la autovía

Después de dejar la calle de La Estación, rodamos por el camino de Tudela, que discurre entre la vía de Ariza –también se dirigía hacia Aragón- y el canal del Duero. Ambas infraestructuras son mucho más modernas que la pista que llevamos. Curiosamente, pasamos junto a un chalé en cuya entrada hay dos columnas, un frontis triangular y un altorrelieve, todo de corte clásico: como si lo hubieran colocado en honor de la calzada que pasa por delante…

Hasta aquí hemos llegado

Hasta aquí hemos llegado

La autovía de Segovia ha respetado nuestra calzada, y la cruzamos gracias a un túnel con las paredes decoradas. A sur dejamos la granja Conchita, en cuyos terrenos se descubrió una necrópolis visigoda.

En fin, después de recorrer unos 14,5 km, llegamos al término de Fuentes, donde una enorme gravera se ha comido el camino y nos impide el paso. Hasta aquí hemos llegado rememorando antiquísimos tiempos. Pero podemos continuar en otro momento: al menos en Villabáñez y en Bocos quedan vestigios de esta vieja vía.

Campo en Fuentes

Campo en Fuentes

Para saber más,  podéis ver el texto y mapa de Moreno Gallo sobre esta ruta, que es de donde he sacado la información: ¡una maravilla sobre las calzadas romanas en Castilla y León!

30-diciembre-113

El puente de Carramedina

21 julio, 2009

Hace unos meses hablábamos del puente Grande, puente hoy fantasma en el término municipal de Aldeamayor de San Martín, que no lleva a ninguna parte ni viene de ningún sitio. Pues tenemos otro de similares características que da servicio -¡eso sí!- a un camino. Es fuerte, sencillo y humilde, pues salva el arroyo Viñuelas que es más bien una zanja o esgueva normalmente seca.

Puente Carramedina

Hace muchos años, hace siglos, Tudela de Duero y Medina del Campo eran dos importantes núcleos de población. Hoy todavía lo son, especialmente Medina. Tudela, además, podía considerarse la puerta del Duero, pues enlazaba nuestra llanura con Peñafiel, Aranda, Soria, e incluso Aragón y Barcelona (en Tudela aún le llaman de Barcelona a la carretera de Soria). Y bien, ¿qué camino unía Tudela y Medina? Pues precisamente éste en el que están nuestos dos puentes: el puente Grande, del que ya hemos hablado, y el de Carramedina, del que nos toca dar hoy una pincelada, al menos para divulgar un poco su actual existencia.

Se encuentra en el término municipal de la Pedraja de Portillo. La Pedraja, Aldeamayor y Aldea de San Miguel son localidades -con Ayuntamiento hoy- que dependieron de Portillo, pues fueron asentamientos donde se recogían los pastores del raso, que pertenecía a Portillo.

El puente de Carramedina se encuentra, pues, en el camino dicho, que también era cañada real merinera para los trashumantes que venían, sobre todo, de la sierra de la Demanda, en Burgos y Soria. Hoy han nacido multitud de chaletitos y miniurbanizaciones aprovechando la cañada y otros terrenos de pastos y que ya no se utilizan.

La vieja cañada cruza el puente

Se puede acceder al puente bien desde la carretera de Madrid -hay una indicación de Carramedina– o bien desde Aldeamayor. Desde aquí son 3,5 km y uno desde la carretera. No tiene pretiles ni casi lomo, razón por la cual no se le ve hasta que llegamos a él. Pero se une perfectamente a la cañada, pues los cimientos y empedrado -no visible- salen notablemente de la línea del cauce. Tal vez el empedrado era de unión a una calzada romana que también conectaba esta zona con la vieja Cauca.

Su origen puede remontarse a épocas romanas o medievales, pues a partir de la edad Moderna los puentes sobre zanjas y arroyos son más bien de ladrillo, y las caracterísitcas son similares al puente Grande. O sea, una pequeña joya perdida en la historia y en la llanura del raso de Portillo.

Compasquillo

El paseo puede completarse, siguiendo en dirección a Medina, con la visita al puente de Compasquillo, sobre el Cega, que sirvió a los pastores del raso para trasladar los rebaños a los pastos del Cardiel. También es un viejo puente, distinto al de Carramedina: esbelto y fino, apoyado en la peña salva limpiamente el barranco del Cega, y antiguo, si bien fue reconstruido en el siglo XVIII.

–Y si quieres dar una vuelra por el Cega contemplando su avifauna, pincha aquí

Un poco de historia: origen de la Tierra de Portillo

Esta zona vallisoletana cuenta con un pasado lejano, pues los primeros datos históricos con los que contamos se refieren a la aceifa que realizó Abderramán por estos territorios en el año 939, cuando se dirigía hacia la localidad de Septimancas, donde fue derrotado por los ejércitos cristianos. Este  ejército musulmán partió de Córdoba hacia Toledo, Coca, Íscar y Alcazarén, arrasando Portillo y susaldeas destruyendo cosechas, trastocando mojones y borrando sus vestigios.

Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI se intentó poblar estos amplios territorios al sur del Duero, formándose la Comunidades de Villa y Tierra, en las que se agrupaban un conjunto de aldeas en torno a una villa principal, en este caso Portillo. Su gobierno se organizaba mediante un concejo, en el que participaban todas las villas que lo componían, aunque con un mayor peso de la principal, rigiéndose por unas mismas normas(fueros). Se organizó esta Comunidad de Villa y Tierra de Portillo en cuatro sexmos que agrupaban a 18 aldeas, de las que en la actualidad quedan Aldea de San Miguel, Aldeamayor de San Martín, Arrabal de Portillo antes llamado Reoyo, Camporredondo, La Parrilla y La Pedraja de Portillo. El resto de aldeas, hoy desaparecidas, aún mantienen el nombre del pago correspondiente: Aldea de Martín Fernández, Compasquillo, Barcelona, Cardiel, Comeso, Juarros, Revilla, San Cristóbal, La Torre, El Campo de la Aldehuela, Espardidas y Renedo.

En un principio estas Comunidades dependían exclusivamente del rey, aunque con el paso del tiempo cayeron en la dependencia señorial. En 1465 Enrique IV concede el señorío a D. Alonso de Pimentel, Conde de Benavente, bajo cuya autoridad va a permanecer hasta mediados del siglo XVIII.

Araduey, o cuando el paisaje habla

26 abril, 2009

becilla-valderaduey37 km aproximadamente

Becilla de Valderaduey debió ser más de lo que es. Lo dicen sus dos iglesias, su cruce de cañadas –y de calzadas- y su puente. Su puente romano no sólo nos habla del carácter práctico, austero y organizado de aquel pueblo que nos enseñó a escribir, entre otras muchas cosas; nos cuenta que el cauce del Valderaduey no era como es hoy, una zanja, como lo son todos los cauces de los ríos y arroyos de esta Tierra, pues no hay más que ver la conexión de la llamada calzada con el puente para saber que el río iba más abierto y menos encajonado.

Curiosamente Araduey significaba -en lengua céltica- algo muy parecido a lo que hoy significa “Tierra de Campos“. Por su ancho valle vamos hasta Villavicencio, y en el camino nos encontramos el Caño de la Pita, que sale de una fuente ¡romana!, muy bien acompañada por una hilera de álamos blancos.

puente-romano

Del molino próximo ya no queda nada, lo cual significa que algunos hombres preferimos no tener memoria. Algo así como volver a la tabula rasa (sí, esta frase es latina, o sea, romana).

Pero en la localidad –Villaviencio- han conservado al menos la torre de la iglesia (de San Pelayo). Esperemos que sirva al fin de atalaya.

A la salida vemos las ruinas de otro molino. Su memoria se la quiere merendar, en este caso, una alameda. Pero las alamedas son más lentas -y más románticas- que los buldóceres.

hacia-valdunquillo

Subimos la suave cuesta hacia Valdunquillo, pueblo rico en alamedas y fuentes, para seguir hasta la loma del Espino, de buena altura para esta tierra, y de excelente vista. ¡Qué caminos de cascajo! Pero más vale así, que el barro es enemigo declarado de ciclistas.

En la Unión de Campos visitamos dos pueblos por el precio de uno y, ya a la salida, un campo de fútbol es la delicia de grillos y futbolistas. Y de asendereados ciclistas que nos tomamos un respiro mientras contemplamos el volar de las nubes.

por-villalogan

Otra vez ligeras subidas y bajadas, alamedillas y solitarios árboles como adornos del paisaje, y cruzamos entre suaves lomillas el territorio de Villalogán, que pertenece a Mayorga.

Y al fin el cercano Valderaduey nos conduce sin sobresaltos por su vega hasta Becilla, donde terminamos la ruta.

villavicencio