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Por el valle del Pisuerga y el Canal de Castilla

7 diciembre, 2013

Dueñas Cabezón

Salimos de Cabezón de Pisuerga –o de Cerrato-  con la idea de llegar hasta las cercanías de Palencia por el Canal y luego volver por el páramo. Pero no llevábamos  una ruta trazada en ningún mapa, menos aun en un GPS, de manera que no nos sentimos obligados a seguir ninguna línea.

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Palazuelos

Para empezar, nos paramos un momento en el Monasterio de Santa María de Palazuelos y como allí nos encontramos con Justino, tuvimos la gran suerte de que nos enseñara la iglesia, o lo que de ella queda. A la vez que una maravillosa luz inundaba la nave desde la cabecera, nos habló de la historia del monasterio y nos mostró detalles muy interesantes: los enterramientos, las pinturas que han ido saliendo al limpiar el enfoscado de las paredes, diversas inscripciones tanto cultas como populares de hace siglos… En fin, se ve que los vecinos de Cabezón aman su patrimonio histórico artístico y quieren recuperarlo. ¡Ojalá lo consigan!

Todavía recuerdo un día, hace ya unos 20 años en que también pasé en bici y entré en este recinto: anduve recogiendo huesos esparcidos y medio quemados –humanos, claro- y depositándolos en un hueco que consideré mínimamente digno…

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Entre el Pisuerga y el Canal

Después de Palazuelos, el siguiente lugar visitado fue Aguilarejos. Es una pena que no se pueda bajar a la fuente y soto del Pisuerga, antaño lugar delicioso para pasar las tardes de verano pescando bogas y cachos. Ahora estas dos especies sólo se encuentran en la memoria de los pescadores y alguien ha infectado los ríos de todo tipo de peces que nunca nadaron por aquí. No importa, a algunos lo único que les preocupa es que no se diga en los medios que los lagos (Sanabria, por ejemplo) y ríos están sucios. Si lo están, o están llenos de especies foráneas, pero nadie dice nada, ¡estupendo!

Al fondo, en la otra orilla, brillan los cortados de San Martín. Aquí, a pesar del ruido de la autovía o del ferrocarril, podemos disfrutar de hermosas praderas y sotos, o del brillo del sol reflejado en el Pisuerga, que culebrea en sus meandros.

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Hasta la estación de  Valoria la Buena fuimos entre el río y el Canal; cruzamos la vía en los andenes y seguimos por el camino junto al ferrocarril, hasta que una nave nos cerró el paso y aconsejados por los perritos  seguimos definitivamente por la sirga. El viento era tan fuerte que llegaba a provocar un pequeño oleaje. El agua estaba trasparente –como en invierno- y azul debido al reflejo del cielo.

Soto de Albúrez

Cruzamos Dueñas y diferentes esclusas, junto a una de ellas se levanta la fábrica de harina La Estrella de Castilla, y atravesamos las choperas del valle del Carrión. Cada vez estamos más cerca del páramo: se dejaron ver algunas cuevas en los cortados. Al fin, al soto –o barranco- de Albúrez, lugar acogedor y sotavento. Tres esclusas juntas significan que el Canal está cambiado fuertemente de nivel. Aquí estuvieron detenidas las obras del Canal durante años: vemos que la primera esclusa es de planta ovalada, o sea, de las que se realizan en el siglo XVIII, y las otras dos son de planta cuadrada, construidas ya en el siglo XIX. Y sólo aquí encontraremos unidas dos esclusas rectangulares.

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Por lo demás, desde el barranco se divisa bien el soto del Carrión, la casa del esclusero es –al menos los buenos días de primavera- un bar, y tenemos fuente, mesas y barbacoa. Buen lugar para descansar.

Páramos, valles…

Desde el soto subimos hacia el ras del páramo. Detrás de nosotros se va alejando y agrandando el valle del Pisuerga, que aquí está unido al del Carrión pues es lugar de confluencia. Arriba nos cruzamos con uno de los ramales de la cañada real Leonesa, que va bordeando el páramo y saltando de pico en cuesta y de cuesta en pico para no molestar demasiado a los agricultores.

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Las tierras son rojas –lo cual es frecuente en estas parameras- y se encuentran salpicadas de matas de encinas. Enseguida una bajada técnica nos conduce al amplio valle de San Juan que nos lleva a Dueñas.

… y laderas

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Siempre es agradable rodar por una carretera no transitada, como es el caos de la que conduce a Quintanilla de Trigueros. El sol va de caída y pasamos por los corrales de Rascaviejas. En los Tres Pinos tomamos rumbo a Cabezón y saltando entre majuelos, campos de cereal, hileras de almendros y alguna cascajera llegamos a nuestro destino. El sol que nos ha calentado durante la excursión se acaba de ocultar y el frío arrecia.

Hemos rodado algo más de 60 km, he aquí el track.

¡Ufff! (Desafío 2012 Canal de Castilla)

17 junio, 2012

Felices, como los años anteriores, subíamos al camión las bicis y al bus los ciclistas en la Feria a eso de las 7:30 de la mañana. Bastantes caras nuevas ¡pobres, lo que les espera!; algunos habían venido de otros puntos de España llamados por el Canal que, como luego contaban, no les defraudó.

En Alar alguno quería llevarse una bici mejor que la suya, pero no lo consiguió. Visita ritual al punto donde nace nuestro amigo y… ¡a rodar!

El tiempo y el paisaje nos acompañaron: temperatura ideal, nubes y sol, ausencia de lluvia, campos verdes o amarillentos de cereal, y todos los colores del arco iris en la plantas y flores que pisábamos. La sirga estaba esplendorosa. Un pequeño detalle en contra, sólo uno: el viento. Claro que en 150 km se hace un poco pesadito. Pero solo para algunos. Otros volaban: lo necesitaban para sustentarse mejor y tomar mas fuerza, como los aviones al despegar. Que se lo digan al que llegó primero a la dársena de Valladolid. Corrió tanto que la banderita de España que llevaba para animar a la Selección estaba destrozada de ondear tanto y tan fuerte.

Y pinchazos. Como nunca. Era el precio a pagar por el firme tan duro que tuvimos durante la primera mitad de la excursión. Se rodaba de maravilla. Luego, en la segunda parte la grava hizo mas pesado el avance.

Descanso en Frómista, en la fuente de siempre para reponer fuerzas. Y en la dársena de Palencia.

¡Y qué manera de volar! Parece ser –ya nos lo confirmarán los expertos- que ha sido el año más rápido, a pesar del viento en contra. Al menos esa era la sensación que teníamos muchos ciclistas. De hecho, algunos fueron recogidos por la organización y tirados directamente a la trasera de la furgo; ni fuerzas tenían para sostenerse sentados.

Y la organización, como siempre, perfecta, a pesar de que este año se han metido por medio las Administraciones y hemos tenido que pedir permisos y esas cosas, y solo hemos podido salir 50. ¡Qué tiempo el de las quedadas! Muchas gracias a Carlos y a Isaac, siempre pendientes de los ciclistas, a las fotógrafas y fotógrafos, a los de las furgonas, a los que señalizaban los cruces con las carreteras y, sobre todo, a esas jóvenes animadoras que nos facilitaban agua antes de pedirla.

¡Hasta el desafío que viene!

Web Desafío

Desafío del Canal de Castilla, 2011

20 junio, 2011

Ayer, por segundo año consecutivo, unos cuantos locos que cabíamos en dos autocares, hemos hecho la ruta del Canal de Castilla, de Alar del Rey a Valladolid. En kilómetros:

  • Ramal Norte completo: 75 km
  • Ramal de Campos: 13 km (De Calahorra de Ribas al Serrón)
  • Ramalillo de Palencia, ida y vuelta: 3 km
  • Ramal Sur completo: 55 km

Total, que salen unos 146 km más lo que cada uno haya añadido para llegar (y venir) de su casa. Algunos, como Luis, terminaron la jornada con la Subida a Parquesol  pero no se adjudicó el Premio de la Montaña, que recayó sobre un ciclista de Villanubla: después de la paliza, una subidita de nada al páramo. Por cierto, que no era un jovencito.

¿Diferencias con el año pasado? Primero, la participación, que subió al doble, o sea, casi 90. Después que el terreno estaba mejor –más duro- pero, a cambio, hizo más calor y, en ocasiones, un molesto viento en contra. También, que la velocidad media fue más elevada. Pero llegamos casi todos.

Los pinchazos fueron pocos pero fastidiaron bastante ¿no, Didier? aunque siempre había alguien dispuesto a echar una mano. Y los veteranos estuvieron pendientes de los desafiantes noveles. Todo salió bien gracias a la coordinación de Carlos, que estaba en todas partes. Isaac hizo el paseo con su modelo de bici años 80 y dos arrobas de peso, pero tenía el mejor de los motores y la gasolina más sofisticada (chorizo casero esta vez). Hubo un tándem (la gente dudaba si la de atrás daba pedales) y un loco (más zumbado que la media, quiero decir, porque cuerdos no había ninguno) que en vez de hacer el viaje de ida en bus lo hizo en bici por los caminos de sirga esa misma noche.

Si a las 10:00 salíamos en Alar, entre las 19.00 y las 20.00 estábamos, felices y algo cansados, en la dársena de Valladolid.

También puedes ver la página oficial, la noticia en Diario Crítico de Castilla y León y en el Día de Valladolid, o la entrada del año pasado en este cuaderno.

El Canal de Castilla de un tirón

15 junio, 2010
Es lo que algunos ¿locos? hicimos el domingo pasado: bajar desde Alar del Rey hasta Valladolid, unos 150 km. Casi 45 ciclistas en bici de montaña (más Isaac en una bici mixta de carretera y no se sabe qué), viento a favor o de costado, parte del trayecto con barro pegajoso, sol y sombra, temperatura agradable, lluvia amenazante. Como casi todos sufríamos un poco -o un mucho- nos íbamos animando unos a otros y nadie cayó en la tentación de tomar el tren. Además, si los males hubieran ido a mayores, la furgoneta llevada por los padres de Carlos estaba en todos los cruces clave.
La serpiente multicolor se fue alargando y estirando en diferentes grupitos, cada uno a su ritmo. Los primeros iban como locos, los últimos más despacio. A pesar de todo, la cabeza de carrera se despistó antes de llegar a Frómista y algunos se fueron a Boadilla del Camino (!) en su afán de devorar kilómetros y kilómetros a cualquier precio. Pero a la hora prevista, todos estábamos comiendo en la fuente Tejar, junto a la única esclusa cuádruple de la Ría y saludando a los peregrinos jacobeos. Eso sí, Isaac no nos invitó a la fabada que se metió entre pecho y espalda y por eso, después de comer, no corría, volaba, mientras los demás hacíamos lo que buenamente podíamos.
Total, un día para disfrutar en pleno campo entre las riberas del Canal, las amplias llanuras de Tierra de Campos, los valles del Pisuerga y del Carrión… y también hubo tiempo para visitar el románico de Frómista.
Contamos con un cámara que, aparato en ristre, o sea, en oreja, se paseaba por la serpiente -arriba y abajo- como si nada. Pero las fotos le habrán salido algo movidillas, me temo.
La segunda parada fue en Villamuriel, para merendar un poco. La gente no estaba supercansada (todavía).
A la altura de Cabezón, Carlos e Isaac nos adelantan tan deprisa que casi nos caemos por la fuerza del aire desplazado, aunque no nos tocaron. ¡Lo que hacen las fabes!
Hacia las 8 pm entraban los primeros en la dársena de Valladolid y los últimos llegaban hacia las 8.30, todos felices.
Muchos no nos creíamos que habíamos superado la prueba pero era cierto: ¡estábamos en Valladolid! ¡El Canal nos había desafiado y le habíamos vencido!
¡Qué gran día!
Ver crónica completa en la web oficial ; también hemos salido en los papeles

Valdeginate y Retortillo: por la Tierra de Campos palentina

4 junio, 2009

Valdeginate plano41 Km aprox.

Hacemos una excepción en este blog que recorre tierras pucelanas para pasear por la provincia de Palencia. Al menos por proximidad y -en este caso- por semejanza, bien nos lo podemos permitir.Iremos desde la ciudad de Palencia hasta el Valle del Retortillo.

Salimos de Palencia -que tal vez sería la capital de Tierra de Campos si ésta fuera una provincia- para buscar el río Valdeginate, que antaño no era aquí río, sino más bien el emisario de la gran laguna de la Nava. Nace de la confluencia de múltiples arroyos en el término de Población de Arroyo y lleva su curso por Arroyo, Villalcón, San Román de la Cuba, Cisneros, Mazuecos, Frechilla, Autilla de Campos, Abarca, Castromocho y Baquerín, desde donde tuerce hacia el SE por la Nava para desaguar en la margen derecha del Carrión, al norte de la capital palentina.

Campos

Su nombre proviene de vallis ginginnati, genitivo del nombre personal de Ginginnatus. Parece que no tiene más misterio.

Vemos que es como una gran zanja, con las orillas en las que se ha ido amontonando la tierra de sucesivos dragados. Pero trae agua en abundancia -al menos en esta época- lo que hace el trayecto especialmente agradable. Procuramos ir por su orilla izquierda para, más adelante, poder tomar el río Retortillo. De todas formas, hay unos cuantos puentes.Al sur nos acompaña la ladera del páramo de los Torozos, con el mirador de Autilla en primer plano.

Valdeginate

Y arriba el cielo, siempre luminoso en estas tierras que reciben toda la luz sin que la amortiguen árboles; ni tan siquiera arbustos…

Pasamos cerca de Grijota y, luego, de Cascón de la Nava, pueblo de colonización nacido a mediados de los sesenta del siglo pasado . Todo esto fue, antaño, la gran laguna de la Nava, de varios kilómetros cuadrados de extensión. Salvó muchas vidas durante la guerra civil, pues era un lugar seguro -a la par que incómodo- para esconderse entre espadañas, carrizo y… aguas pantanosas. Siempre se tuvo por paraje insalubre, por sus abundantes mosquitos que podían trasmitir enfermedades infecciosas. De hecho, los Reyes Católicos ya pensaron en desecarla, pero el plan no se llevó a la práctica hasta los años 40 del pasado siglo. El lugar sirve ahora para labranza: la tierra es buena y abundante el agua. No obstante, hace unos años se ha vuelto a llenar una pequeña parte de la laguna, cerca de Fuentes de Nava, y en ella se han instalado todo tipo de aves acuáticas.

Acueducto sobre el Valdeginate

Llegamos a la confluencia con el Retortillo y ahora nos vamos siguiendo esta ribera. Sigue trayendo buen caudal hasta que descubrimos la causa: al pasar bajo el Canal, éste le suelta un buen chorro de agua.De por sí, el Retortillo es un río demasiado pacífico y tranquilo, tiene de río lo justo para que vivan cuatro pececillos y unos cuantos cangrejos.Nace en Abastillas y desembocaba originariamente en la laguna de la Nava, aunque en los años sesenta le hicieron desembocar de manera artificial en el Valdeginate, para así desecar la laguna y ponerla en producción agrícola. Su nobre siginifica algo así como río torcido (ripus tortiellus)

El Canal, que salva este cauce con un elegante y corto acueducto, es, por el contrario, caudaloso, sin juncos ni espadañas y con altos chopos. Pero no deja de ser tranquilo. Al Este dejamos Paredes de Nava, con sus torres, especialmente la de Santa Eulalia, -y su silo- inconfundibles.

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Vamos llegando al final de nuestro trayecto,que es el auténtico Valle del Retortillo. Aquí se encuentran, casi en fila india cinco pueblecitos perdidos de esta olvidada Tierra de Campos, que forman el municipio del Valle del Retortillo: Villalumbroso, Villatoquite, Añoza, Abastas y Abastillas. ¡Qué nombres tan hermosos, castellanos y sonoros!Tal vez aquí, entre sus casas de adobe, sus palomares, y sus gentes, encontremos la quintaesenca de Tierra de Campos.

Y parece que, en las proximidades, quiere acabarse esta Tierra, a juzgar por el paramillo próximo -con molinillos-, la mayor abundancia de arbolado -chopos- y los “barrancos” de la otra orilla. Y es que, un poco más allá, pasariamos a la comarca de La Cueza.

Añoza

Otoño en el Canal

21 octubre, 2008

El domingo pasado nos dimos una vuelta por Medina de Rioseco. Bajamos por la parva del río Sequillo hasta Villanueva de San Mancio y de ahí fuimos hasta la Sexta, para volver por el camino de sirga. Poco se puede decir del Sequillo -aunque tiene algún agradable soto y un puente con los soportes doblados- y mucho del canal, a pesar de que éste es natural y aquel artificial.

El aire estaba muy limpio y la luz se reflejaba en los campos con una fuerza especial, con particular claridad. Era la luz del otoño. Además, las hojas secas mullían la parva del canal y las ruedas de las bicis producían un peculiar murmullo. Los tapaculos llenaban los rosales silvestres de un bermellón intenso. Las zarzas ofrecían sus moras. Las ranas, asustadas, se tiraban al agua a nuestro paso: las molestamos en uno de sus últimos días soleados antes de que se retiraran a invernar… Y los árboles ¡qué altos! se desnudaban nada más vestirse de amarillo.

Era –es- el otoño. Aunque la estación se resistía a manifestarse del todo, pues el calor y las moscas nos hicieron el paseo un poco menos agradable.

No hay que perderse estos días tan llenos de luz que sacan todo su color y hasta el brillo a estos campos nuestros, con frecuencia grises y siempre sobrios.

El canal se encontraba cortejado por sus chopos y álamos blancos: se les veía inclinados y con sus hojas como queriéndole arropar… ¿para conservar el calor de sus aguas?

Pronto empezará la lluvia y, con ella, otro fruto del otoño: las setas.

Por cierto, la Sexta ya tiene su esclusa operativa.