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De Carpio a la Guareña por la cañada de Salamanca

6 septiembre, 2017

La provincia de Valladolid se encuentra atravesada por una densa red cañariega. Una de las cañadas que parte de Medina del Campo es la denominada cañada de Salamanca, que toma la dirección suroeste y enfoca, precisamente hacia la ciudad que, según Unamuno, es  académica palanca para contemplar Castilla.

Fue cañada de 90 varas, hoy es cordel, pero no llega a las 45 varas en casi ningún punto del tramo que en esta ocasión hemos recorrido.

Hacia Fresno el Viejo

Tanto Medina como Salamanca constituyeron  dos núcleos importantes para la ganadería, con sus ferias y mercados correspondientes. Esto hizo que nuestra cañada fuera muy concurrida… en otros tiempos. Por aquí circuló el vacuno de las dehesas del Campo Charro. Y, por supuesto, también cruzaron las merinas de las sierras de León y Burgos. De hecho, al menos legalmente, también recibe el nombre de cañada real burgalesa. A efectos  de deslinde y amojonamiento porque, eso sí, se encuentra  perfectamente amojonada en su tramo vallisoletano.

Cauce del Trabancos en Fresno

 

Desde Medina el ferrocarril de Salamanca sigue el trazado de la cañada, ocupando parte de su superficie.  También la carretera de El Campillo le ha pegado un buen mordisco. Por no hablar de los campos colindantes. Pero no hay problema, la cañada es generosa y tiene para todos.

A Carpio del Campo llega desde el histórico lavajo de Lavanderas y cruza por la calle Real para salir hacia Fresno el Viejo, donde la carretera y los campos la han dejado esquilmada. De hecho la cañada es la carretera y sus cunetas, prácticamente. Para estos mojones no hacían falta alforjas. El ferrocarril deja de ir en paralelo a la cañada para atravesarla en diagonal y ésta cruza el arenal que hoy se denomina río Trabancos. Al menos conserva sus fresnedas y alamedas, algo es algo. Y un largo abrevadero para el ganado en la orilla izquierda. Cruza Fresno pasando muy cerca de la joya románica de San Juan y sale a campo abierto, manteniendo su rumbo, para atravesar el arroyo del Lanzón. Seco, claro. Menos mal que al lado hay otro pozo y abrevadero con agua.

Abrevadero

A partir de aquí continúa convertida en una amplia pista de buen firme. En algún momento quiere volver por sus fueros perdidos, pero no le dejan. Hasta los mojones se internan en campos de cultivo para señalar –teóricamente- hasta llega la cañada o cordel. Pero nada más.

Dejamos a la derecha un lavajo seco y señalado por árboles raquíticos; alguien lo ha hecho más profundo buscando agua, pero nada. Los restos de un abrevadero señalan que en otros tiempos sí hubo agua.

Hacia Salamanca

Por lo demás, esta cañada tiende a seguir una línea más o menos recta, va atravesando entre campos de labor y mantiene altura con subidas y bajadas suaves, casi imperceptibles. Campos abajo y cielos arriba. Y poco más; en algún momento sobresale la torre de la iglesia de Torrecilla de la Orden.

Llegamos a la fuente del Pocillo. ¡Qué pena!: seca, destrozada, degradada. Debió ser muy original, con su esbelta contera y un abrevadero doble y largo. Ya se ve que los ganados de aquellos tiempos tenían agua asegurada en este trayecto.

Fuente del Pocillo

Cruzamos la carretera de Torrecilla a Cantalapiedra y al poco seguimos justo por la raya de Fresno y Cantalapiedra, que es la misma que separa Valladolid y Salamanca. A la izquierda hubo un lavajo, hoy un amplio agujero seco y al entrar en la provincia de Salamanca ¡oh, sorpresa!, la cañada pierde el amojonamiento pero recupera su antigua anchura. ¡Curioso! Ya se ve que en unos sitios la han tratado mejor que en otros. A ver si la amojonan también por aquí, no sea que empiece a adelgazar sin remedio…

Tras una suave bajada en una zona de monte de encinas y pinos hemos llegado a nuestro destino: el caserío o finca de La Carolina, junto al menguado río Mazores, que desemboca a poco más de 3 km en el Guareña, a la altura de Olmos.

Los álamos del fondo señalan el río Mazores

Volveremos por Cantalapiedra, localidad por la que no pasa la cañada pero sí el tren, que se desvío de ella. Pero volverá a unirse con ella 7 km antes de llegar al Pedroso de la Armuña, para luego seguir juntos hasta la misma Salamanca.

 

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Lomos, ataquines, carpios

22 enero, 2011

Viene de la entrada anterior, donde puedes ver el mapa.

El Lomo y el lavajo de la Nava

Dejamos el idílico prado de Valdefuentes y su casa solitaria. No es difícil encontrar algún rebaño pastando.  Una preciosa cañada al abrigo de un vallejo nos va subiendo entre curvas hasta el llano. Al Norte vemos El Pedroso y, a la par que al frente se eleva la característica cuesta del Lomo. Los nombres, al menos en el campo, suelen responder a la realidad. Y los topónimos lo llenan todo: nullum est sine nomine  saxum, que registrara Lucano, poeta hispano romano. (O sea, que todo peñasco tiene nombre)

En fin, nos plantamos en lo más alto, en el vértice geodésico El Pedroso, con 780 metros de altura –no es lo más alto que hemos subido- y nos pasamos un buen rato contemplando los 360 grados del inmenso panorama. Se ven todos los pueblos de la plataforma suroccidental de la provincia y de las tierras de Medina; y con prismáticos se distinguen perfectamente, pero hoy no los llevamos.

Descendemos en la misma dirección que llevamos y, entre dos pinarillos, nos acercamos al lavajo de la Nava, que ha sido desecado, pero que –cuando llueve- vuelve a remanar agua debido al suelo arcilloso. Debió ser, en sus buenos tiempos, un gran lavajo.

Ataquines

¡Qué curioso! Al parecer, ataquines –aunque no viene en el diccionario- es nombre común. Conocemos los que dan nombre precisamente a la localidad de Ataquines y ahora nos encontramos estos otros: tres suaves montículos que forman colina. Y ya puestos, los mogotes de los Arapiles, de la famosa batalla contra las tropas francesas, ¿tendrán algo que ver? No coinciden las consonantes, pero sí las cuatro vocales perfectamente. Si algún filólogo leyera esto, que nos eche una manita…

Desde la encharcada y helada cañada del Toconal divisamos la silueta del Carpio, levantado alrededor de una mota (o de un carpio, mejor dicho, aunque no figure en el DRAE) donde antaño hubo otro torrejón –veríamos algunos restos si nos acercáramos- reafirmando así que nuestro paseo de hoy es pura tierra fronteriza. Y siguiendo por límites y rayas, llegamos al lavajo de Lavanderas, donde sentó sus reales el rey castellano cuando lo del tratado de Fresno-Lavandera, allá por 1183. Ha llovido.

Llanuras, fuentes y lavajos

Ahora el camino parece más llano y vemos algunos charcos donde se situó el lavajo de Aguasal, hoy tierras de labor un tanto empantanadas. Al otro lado del camino dejamos un escobedo.

La fuente Buena está en un pequeño promontorio antes de cruzar la vía. Es un arca con bóveda de medio punto en ladrillo. Desde aquí se ofrece una bonita estampa de Brahojos.

Fuentes, praderas y restos de lavajos mientras nos acercamos a Nueva Villa de las Torres, y luego campos abiertos donde la avutarda pasta protegida por estos horizontes que le permiten ver la llegada de posibles enemigos…

Paperas y Malpréndez

Atravesamos ahora un prado con suelo arcilloso –Paperas-, razón por la cual los charcos son abundantes y la bicicleta parece sumergirse más de lo normal. Pero el suelo es bueno, no hay barro y se avanza rompiendo el agua y quebrando el hielo. Curiosa sensación. Pero para eso están estos vehículos todo terreno, que superan la prueba.

Seguimos de frente hacia el Norte. Una simpática casita a la derecha, sobre un suave montículo. Y el lavajo de Malpréndez a la vera del camino, buen abrevadero para rebaños.

…y la Nava

Y ahora ya no queda más que seguir el camino y la ruta que nos señala la torre de la iglesia de los Santos Juanes, de la Nava. Vamos en realidad por una pista que se nos antoja aburrida después de todo lo que hemos visto, pero al llegar aprovechamos para callejear un poco y probar un vino añejo de la comarca. Nos lo hemos ganado.