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Montes Torozos

1 junio, 2013

Castromonte Urueña(1)

Castromonte se encuentra en las orillas del río Bajoz y rodeado de palomares; aunque está en pleno páramo, le llegan los aires de Tierra de Campos, donde se criaban tantas palomas para producir abono y… buenos pichones.

Vamos a dar un paseo por el corazón de los Montes Torozos. Desgraciadamente, sólo queda el rastro de lo que fueron, cuando el hermano montero de la Santa Espina cuidaba el monte, haciendo cortas seculares, de tal manera de siempre había corpulentas y altas encinas, que todavía hoy se conocen como talayas, pero en otros lugares de la provincia, claro. Hoy es, más bien, un monte de matas –de encina y roble-, más que de árboles. Pero estamos en primavera, y si no resplandecen los árboles, sí las matas, los matorrales, y hasta la hierba rala con su retahíla de florecillas de mil colores.

Palomar

Tomamos el camino de la ribera derecha del río en dirección a Valverde. Por tierras de labor despejadas, llegamos al monte y, como una puerta nos impide el paso hacia el interior, en dirección a unas granjas abandonadas, seguimos el camino que sale a la izquierda y que nos lleva en dirección a la Santa Espina entre matas de encina. En muchos de sus tramos aflora la caliza. A pesar de que la soledad casi se toca, nos cruzamos con un ciclista.

cebada verde

Siempre por el monte, cruzamos la carretera de Villagarcía y tomamos la que se dirige a Urueña durante un pequeño tramo, hasta enlazar con un camino que sale a la izquierda.  Ahora rodamos por campos de labor salpicados de encinas aisladas o formando pequeños grupos. Por fin, salimos al borde del páramo y conectamos con la carretera que nos lleva a Urueña. De nuevo por la carretera, tomamos el primer camino a la izquierda para ir a ver la Casa del Páramo, en ruinas, con un palomar de planta cuadrado del que solo quedan tres paredes y su interior lleno de vegetación.

La fábrica de miel

Y por el interior del monte nos encontramos un colmenar, precisamente donde el camino se pierde por unos momentos. Bajamos hacia el valle del Bajoz buscando la fuente de los Galgos que no encontramos, tal vez ya desaparecida o tapada por la tupida vegetación.

Torozos

De San Cebrián nos vamos por un camino paralelo al Bajoz, dejando a nuestra izquierda los restos de un antiguo molino. En la Ermita de Santa Marta hay gente comiendo sobre la pradera, a la sombra del inmenso moral, del que empiezan a salir las hojas. Subimos al páramo para llegar a la carretera de la Santa Espina hasta Peñaflor, y luego tomamos el Camino de Santiago y GR-30. Nos desviamos a nuestra derecha por un bonito camino al que acompañan hileras de árboles a los lados y vegetación en el suelo. Finalmente nos presentamos en Castromonte.

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Parameras de Torozos

20 junio, 2010

Esta ruta se inica en La Mudarra, típica localidad del páramo de los Torozos. En ella predomina la piedra para construir, vemos abundantes palomares y algún chozo de era, además de cercados de piedra. Pero lo más agradable de todo tal vez sea el hontanar donde nace el río Hornija. En el mismo pueblo tenemos, en primer lugar, la fuente Porras, con un esquema del río y un poema de Godofredo Garabito, poeta nacido en la localidad; pero también nos podemos resfrescar en la fuente Oliveti, en la de San Antonio, o incluso en la de los Cuatro Caños. Además, el pequeño vallejo que da inicio al Hornija es fresco y acogedor, especial para guarecerse una tarde de verano…

Ya en camino, la primera parte del trayecto discurre por el ras del páramo. Por los restos de corrales entendemos que esta llanura fue, en otro tiempo, monte de abundantes pastos. A esa misma conclusión nos lleva la abundancia de pozos, que seguramente servirían para que abrevara el ganado. En el término de Castromonte la boca de los pozos se encuentra a ras de tierra; para evitar peligros ahora han colocado encima grandes anillos prefabricados en cemento. Les quita todo su encanto, pero así se evita que algún despistado se caiga.

Pasamos junto a la fuente de las Panaderas, que es el manantial donde nace el río Bajoz. Justo al lado, uno de los pozos.

En Castromente vemos más palomares y más fuentes, y simpáticos senderos junto al río. También se asienta al lado de un agradable vallejo. En su término se encuentra el monasterio de la Santa Espina. Si fuéramos allá, antes nos toparíamos  con un pequeño embalse donde abundan tencas, gallipatos y tritones. Pero no nos lleva en esa dirección nuestro sendero de hoy.

Seguimos navegando por el ras del páramo dejando el nacimiento de otro escondido vallejo entre Castromonte y Valverde y nos asomamos a Tierra de Campos: Tordehumos, Villabrágima,Medina de Rioseco y las inmensidades horizontales de esta tierra inabarcable e inacabable, con el cielo que le infunde luz y tonalidades diferentes en cada estación del año y en cada momento.

Nuestro camino, luego de pasar junto al vértice  de la Calva, no encuentra salida y debemos recorrer un corto lindero hasta dar con el camino que cae hacia Valverde de Campos, que tiene también palomares y una fuente de aguas frescas en la plaza.

Subimos de nuevo al páramo -suave y corta subida- por el camino previsto, o bien por el firme del Tren Burra. De una forma u otra, llegamos a la carretera que une Valladolid con Medina de Rioseco, si bien antes podemos acercarnos a otro mirador sobre Medina de Rioseco por un camino que sale haci el Norte. Al llegar, un extenso prado o erial se extiende entre restos de corrales.

Y dejamos para la próxima entrada un paraje distinto que tiene algo de mágico: ¡Valdescopezo! Pero no adelantemos acontecimientos…