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El cocodrilo de Simancas

12 junio, 2020

 

Después de seis días de búsqueda sin captura, del cocodrilo ni rastro. Parece que encontraron sus huellas (o muy parecidas), le dejaron comida con trampas, sembraron el río de cámaras, navegaron rastreadores, peinaron el río, volaron drones… y nada, que no se le vio el pelo (o la piel). Todo lo más, avistaron bichos compatibles con la morfología de un cocodrilo. Así que a lo mejor no era un cocodrilo. O sí. Pero no merece la pena todo un dispositivo de búsqueda para esto, de manera que ha parecido mejor suspenderla.

Al menos nos queda que el Pisuerga por Simancas es un río precioso, repleto de arbolado y vegetación variada. Pero precisamente eso ha hecho difícil un encuentro con el reptil. Desde la ribera, desde la tierra, es imposible descubrir o saber lo que acontece en las orillas, dada la cantidad de zarzas, arbustos, espadañas y carrizo que crecen como si estuviéramos en el mismísimo Amazonas. El Pisuerga por aquí no tiene playa y se cuentan casi con los dedos de una mano los lugares por los que se accede al río con cierta facilidad. Eso ha puesto las cosas a favor del animal.

Desde el agua, con una barca, es algo más fácil conocer los acontecimientos que oculta el carrizo, pero aquí también el medio juega a favor de un cocodrilo. Además, si se diera cuenta de que lo están buscando, con sumergirse donde hay maleza tendría muy fácil dar una higa a sus perseguidores.

Todo esto sin contar que hay zonas y recodos del río donde se acumulan el carrizo y los troncos arrastrados por las crecidas a los que no se puede llegar prácticamente de ninguna manera, a no ser que te la juegues. O también podría ocultarse bajo la abundante pecina del río. En fin, por esta vez, parece que las estrellas se han aliado con el lagarto, lo que ha hecho la búsqueda más emocionante. Tan empocionante que no lo han encontrado. Todo esto en el caso, claro, de que realmente hubiera un bicho de ese tipo, pues todavía quedan en el Pisuerga enormes carpas que, cuando las temperatura de las aguas sube, cortan la superficie con su gran chepa emergida y, por tanto, visible. Y grandes machos de nutrias cuyo nadar pudiera recordar al de un reptil.

De todas formas, hay algunos accesos y merece la pena acercarse a ellos, tal vez mejor en épocas en que el (supuesto) cocodrilo esté dormido, bien porque ha bajado la temperatura del agua o bien porque nos hayamos olvidado de él. Estos accesos suelen coincidir con restos o vestigios de construcciones humanas, como las aceñas de Gallo, las de Mazariegos o las fuentes de la Tina o de Mosquila

Por cierto, siempre me llamó la atención la cantidad de restos de cerámica antigua que ha arrastrado por aquí el río y que te encontrarás entre los cantos rodados del lecho si te pegas un baño. Aunque ahora, antes de meterse en el río hay que pensárselo dos veces: ¿y si está?

Los pucelanos somos muy poco dados a misterios y leyendas, pero me da que acabamos de ser testigos del nacimiento de una.

¿Reaparecerá?

De momento, Cocodrilo 1, Simancas 0.