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El pico de la Frente, la Pared del Castro o la Plaza

11 enero, 2019

Los topónimos nunca fallan. Desde siempre, cada piedra tuvo su nombre, o sea, nullum est sine nomine saxum, que ya escribiera Lucano. Siempre fue necesario para moverse con propiedad por el campo, ya se tratara de pastores, militares, viajeros o agricultores. Y todavía nos vale hoy, cuando paseamos por placer por estos andurriales con un mapa o con las referencias de la gente del lugar.

Ahí están La Plaza, la Pared del Castro o el pico de la Frente, topónimos que hacen referencia a una cabeza o pico de páramo en el que hubo algo ¿qué? Pues un castro, una plaza fuerte, una muralla. Hoy no hay nada, salvo muchísima piedra caliza amontonada, de todos los tamaños y formas, y hubo más, pero se la llevaron en camiones hacia 1981 a modo de escombro para asentar el firme de una obra pública.

Estas piedras han criado musgo bajo las encinas

El lugar de por sí es impresionante: se levanta a horcajo de los arroyos de Cogeces y Valcorba, que lo han esculpido. Su una caída es casi vertical en la parte mas elevada y de gran inclinación en la parte baja, y ello en todo su perímetro salvo en los 200 metros que se une a la llanura del páramo, donde sus lejanos habitantes en el tiempo levantaron una gran muralla, a juzgar por los restos que dejaron. Que dejaron y que ya no vemos. Antes del año 81 del siglo pasado quienes visitaron el lugar vieron la muralla de piedra amontonada, de doscientos metros de larga por cuatro metros de altura y al menos otros tantos de anchura. Pero si en el siglo pasado todavía se levantaba 4 metros, después de 3.500 años, ¿qué no tendría entonces? Hoy solo vemos como el negativo de lo que fue, pues las máquinas han dejado expedita la cinta donde se levantó, con algunos montones de piedras a los lados, sobre todo al noroeste, donde podemos llegar a ver algún trozo más o menos original, con restos de arcillas que le dieron más consistencia… Los montones de piedras han sido colonizados por matas de encina y roble. Bien es cierto que todavía podemos ver alguna que otra piedra más o menos tallada, que seguramente perteneció a una entrada o ventanuco.

Restos de la muralla

Tras la muralla o pared o frente, la amplia llanura que protege, donde se levantó la ciudad. El cerral esculpe los escarpados cantiles en casi todos sus tramos tramos, lo que no hizo necesaria defensa artificial alguna. En otros, a pesar de la inclinación, se complementó con pequeñas paredes, a juzgar por los restos amontonados. Hoy el llano que estuviera habitado es parte monte, parte tierra para el cultivo, aunque esta última va a menos. En cualquier caso, impresiona la ingente cantidad de piedra que se ha subido hasta aquí y que todavía vemos. Si a eso le sumamos lo que se llevaron y ya no vemos, nos podemos imaginar la fuerza humana necesaria para levantar esta Plaza.

Caída del cerral

El castro, muy amplio, data de la Edad del Bronce; poco más se sabe. Si los restos indican que fue importante en su época, no sabemos cuando quedó deshabitado, pero parece un lugar eminentemente defensivo, que daría protección a pequeñas poblaciones, más o menos próximas, de pastores y agricultores. En épocas de paz no compensó vivir allí, pues el acceso era complicado y dificultoso, por sus vueltas y subidas. La gente se asentó en pueblos, muchos de los cuales han permanecido hasta hoy. De hecho, si vais en bici, hay que entrar y salir por el mismo camino de acceso, que viene de Cogeces. Pero no importa, es precioso, salpicado de monte y de carrascas aisladas.

Fuente de Peroleja

Las matas de encina y roble y algunas sabinas lo cubren todo: los restos que allí duermen, todavía desconocidos, y las piedras superficiales, que ahora nadie mueve y que se han recubierto de un musgo denso y brillante gracias precisamente a su protección. Entre el monte aparecen claros para cultivo. Las vistas no se regalan, hay que buscarlas, pues las ramas no dejan ver los valles. Al fondo, el valle del Duero. En fin, dejemos que sigan custodiando nuestra prehistoria hasta que los arqueólogos decidan desenterrarla…

Desde la fuente de Baitardero

Dos fuentes, a poco más de 2 km, sirven de complemento para este paseo. Ambas se encuentran en la cañada de Peroleja, que es como por aquí se conoce un ramal de la cañada real merinera que viene de la sierra de la Demanda. La primera fuente, llamada también de Peroleja, mira hacia el valle del arroyo de Cogeces, y mira muy bien, pues no está metida en ningún pliegue o estrecho rebarco, sino en la amplia ladera, sobre viñedos, almendros y prados de la propia cañada. Su generoso abrevadero tiene forma de T y en él se reflejan las laderas del Montecillo y el pico de la Mesilla, con el Valimón detrás.

Acceso a la Plaza

La segunda es la fuente de Baitardero, escondida en un barco del Valcorba. Rústica como pocas, oculta entre la maleza, tiene un frontis de piedra que amenaza caerse a pedazos sobre el mismo pilón. Ya no mana, y no manará si no se la arregla, a pesar de que en una ocasión hemos visto cómo su manantial se desbordaba en cascada sobre el valle. Más abajo, la cañada se pierde buscando el molino de los Álamos, si bien un mal camino acaba conectando con el caserío Valcorba.

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Al pico del Arenal desde Cogeces del Monte

28 julio, 2018

Se trata de una excursión por los páramos y valles de Campaspero y Peñafiel. Planicie casi perfecta encima de la capa caliza, y vallejos modelados por la acción del agua y del tiempo. La excursión no era más que dar una vuelta, sin rumbo fijo, pasando por Oreja, Langayo y poco más. Pero al llegar al pico o vértice geodésico del Brujo vimos a lo lejos dos mogotes, picos o tetones que sobresalían de la rasante de la paramera. Eran el pico del Arenal y el del Otero, cual dos hermanos bien avenidos.

Ahí tenemos que subir otro día, dijo uno

¿por qué no hoy?, contestó otro. Y allá que fuimos.

Iglesia de Molpeceres

Se levantan a 905 y 903 m de altura, encima de Molpeceres y sobre el arroyo que viene de Fompedraza, frente al pico del Moño, del que los separa un tajo de 100 m de profundidad. Es un buen lugar para observar el entramado de páramos, cerros y picos que se yergue sobre el Duero, el Duratón y sus arroyos. O para observar los buitres que anidan y descansan en sus verticales paredes de caliza. Abajo, Molpeceres con su hermosa iglesia, parece dormir la noche de los tiempos. O del tiempo contemporáneo, mejor dicho.

A este pico llegamos desde Fompedraza. El último tramo estaba impracticable debido a que los cardos, con las abundantes lluvias de primavera y las tormentas de verano se han crecido, y no respetan ni al ciclista -pinchos en los puños- ni a su burra, pues llegan a hacer resbalar la cadena sobre los piñones, al meterse por medio. La bajada -en directo hasta la iglesia de Molpeceres- fue casi vertical. Pero puede decirse que nos fue parando la maleza para no desplomarnos por el tremendo cantil. O casi.

Cantiles de los buitres bajo el pico del Arenal

¿Qué más? Pues que para estar a 21 de julio hacía un agradable día. Nada de calor. Brisa fresquita en los páramos. En el valle, si te parabas, notabas también fresco al cabo de un rato. Sol al comenzar; se acabó cubriendo a media excursión. Pues eso: nos pareció una agradable jornada de finales de abril.

Salimos de Cogeces en dirección sur buscando la mítica cañada de la Yunta. La acabamos encontrando después de cruzar campos en los que se cosechaba bien cebada, bien ajo. Y nos llevó hasta los restos de Oreja que se encontraban como en los últimos 40 años pero llenos de maleza. Las piedras de los muros están unidas como por un cemento especial que las hace mantenerse si los humanos no actúan para llevárselas como ocurrió, por ejemplo, no muy lejos de aquí con la Pared del Castro. También nos acercamos a la fuente de Oreja, que manaba como pocas veces, en un valle que parecía haberse olvidado de entrar en la estación veraniega.

Oreja

De nuevo a rodar, esta vez cuesta abajo, hasta la fuente de Vacentollo, entre el camino y un campo de cereal bien cuajado. Bella estampa en otro húmedo vallejo.

Otro poco más y llegamos a Langayo. Parada en la fuente de tres caños y en el humilladero del Cristo y salida, cuesta arriba, hasta los corrales del Brujo, ya arriba. Y de nuevo ante la amplitud del cielo. Nos acercamos al vértice del Brujo para contemplar mejor el paisaje. Retomamos por unos metros la cañada de la Yunta y nos desviamos hasta el embalse de Valdemudarra.

Embalse

Sus aguas estaban de ese color entre verde y azul que tanto contrasta con las tierras pardas y amarillentas del páramo. Dulcifican el paisaje austero -y más en verano- de Castilla. Por eso, es un descanso para la vista. Pero no hacía calor, ya lo hemos adelantado, y a pesar del ejercicio ciclista, no apetecía el baño. En la superficie saltaban las carpas y nadaban -con sus crías- fochas y patos de diferentes especies. En lo más alto, un águila real parecía vigilarlo todo.

Bajamos por el valle del embalse hasta un crucero donde tomamos la colada de Pajares en dirección sur, con una breve parada en los majuelos de la Asperilla para visitar los restos de una cuca casita de servicio que todavía conserva en sus paredes los resultados de algunas vendimias de mediados del siglo pasado con simpáticos dibujos.

Aquí podemos ver los resultados de la vendimia de 1953 en la Asperilla: mayoral, Rufo; mulero, Fernando; 9 vendimiadores; se extendió del 8 al 16 de octubre, con un día de lluvia (el 9), y se recogieron 244 comportas.

En Aldeayuso, como siempre, no dejó de llamarnos la atención el pico en forma de cuchilla que se dirige hacia el pueblo y que alberga las cuevas… pero no subimos. Nos conformamos con acercarnos a ver los restos de la vieja iglesia, construida en el siglo XVIII. Su nave está cubierta de maleza y sólo resta por caer la bóveda de la cabecera. Pero en las calles del pueblo se celebrarán, a primeros de agosto, las fiestas de los santos Justo y Pasto, titulares que fueron de lo que hoy es ruina. Es lo que queda de tiempos pasados. No le demos más vueltas.

En el Arenal

Al lado, la sencilla y hermosa iglesia de Molpeceres dedicada a la Asunción, libra una pelea a muerte con el tiempo y los hombres de nuestro siglo. Situada en un lugar inmejorable, junto a una umbría alameda y a los pies del pico de los Arenales, su entorno se ha llenado de maleza y con dificultad subimos las escaleras para acercamos a la puerta y al ábside románico. Otros detalles son góticos y la sólida torre, de dos cuerpos, completa el conjunto. Lo pasó mucho peor a finales del siglo pasado, cuando perdió toda su techumbre y fue reconstruida. Esperemos que termine por salir airosa de su personal crisis.

De Molpeceres subimos al páramo por el Camino Real Viejo, y nos encontramos con el vergel de la fuente del Cáliz, que en realidad son dos fuentes con sus manantiales respectivos, uno a cada lado del camino. Ya casi en el páramo, descubrimos otro manantial. Ya se ve que este año han surgido muchos de los antiguos hontanares.

En Fompedraza

En Fompedraza, además de visitar su iglesia, paramos en su fuente, extensa como pocas por sus amplios lavaderos. De aquí nos fuimos al pico del Arenal, como hemos visto y en Molpeceres pusimos rumbo al fin de la etapa de donde también habíamos salido. No pudimos volver en línea recta, de manera que dibujamos un zigzag en la cuadrícula de caminos de concentración, hasta que caímos en Cogeces por el barrio de las bodegas.

Aquí podéis ver el recorrido, de 65 km.

Ya estamos en invierno

18 noviembre, 2016

6-noviembre-023Después de un suave otoño se ha presentado el invierno: lluvia, frío, hielo, niebla. Ya está por aquí. En contra de la opinión general, no creo que estuviéramos en verano, sino en un otoño suave y agradable. Ahora estamos, sin embargo, en un otoño invernizo. Bueno, pues había que sacar la patita fuera y hacer una excursión corta, sin arriesgar demasiado.

¿Qué tal por el Llano de San Marugán? Inicio de la excursión en Arrabal de Portillo saliendo por  una zona de esbeltos cañaverales; para llegar a la primera estación, la Aldeílla. ¡Menuda iglesia la de esta aldea! Siempre es agradable penetrar en su atrio para contemplar de cerca unos rasgos románico-mudéjares tan sencillos como preciosos. También pudimos acercarnos al Barral de las Eras, con agua abundante, fochas y pollas de agua. Luego, la vereda de Bernardillo nos subió al páramo, donde unos galgueros cazaban liebres y otros almorzaban. En el pinar mixto del Llano, los robles amarilleaban.

El Montón de Trigo en el valle del Cega

El Montón de Trigo en el valle del Cega

Nos asomamos al cantil que muestra el valle del Cega a vista de pájaro, con el Montón de Trigo en primer plano y más allá, Megeces y Cogeces de Íscar con sus casas, naves y pinares, que de todo hay. Espléndido paisaje donde el río serpentea con su vestimenta de amarillo y ocre. Aquí arriba, el páramo se está cayendo a grandes trozos dejando al descubierto su interior. Menos mal que tarda mucho en caerse: miles, millones de años. Pero no dejan de impresionar estas paredes de caliza y yeso que se agrietan y derrumban.

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Los cortados

Ya abajo, nos acercamos a la ribera y a los dos puentes de piedra que saltan, limpiamente, de un tirón, el Cega. Como nunca lo habíamos hecho, nos acercamos a las dos yeseras que hay en la ladera del páramo entre el Cega y el arroyo del Henar. Y casi nos quedamos en la segunda con las ruedas atrancadas por el yeso. Pero no fue para tanto: aunque el día anterior había diluviado, la tierra lo absorbe todo después de un verano tan seco. Continuamos por el arroyo del Henar, hasta el molino o fábrica del Macho y, tras sufrir un poco en los arenales del pinar del Toro, entramos en Arrabal de Portillo por la fuente de estilo neoclásico.

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Yesera

El trayecto ha sido más duro de lo esperado: digan lo que digan, estamos en invierno y las ruedas se pegan a un firme que ya no lo es tanto. Y hay que darle a los pedales con más fuerza para despegarlas.

Pero bueno, tal vez cuando estas líneas vean la luz hayamos vuelto al suave otoño de hace unas semanas…

Y el recorrido.

Donde el sol vence a la niebla

25 noviembre, 2015

Cogeces del MonteLo mejor de esta excursión es que disfrutamos de un día templado y soleado –en manga corta- mientras en Valladolid sufrían las consecuencias de la niebla sin ver para nada al astro rey, enfundados en sus abrigos. Y es que en los páramos es frecuente que luzca el sol cuando en los valles se estanca la niebla.

Dimos un paseo desde Cogeces del Monte hasta las cercanías de Langayo y Peñafiel. Relativamente corto, porque a uno de los ciclistas se le rompió, sin posibilidad de arreglo, la unión entre la tija y el sillín, de manera que a partir de ese momento volvimos por el camino más corto a Cogeces. No fue para tanto: 10 km sin apoyar el trasero se aguantan bien.

En la loma de El Brujo

En la loma de El Brujo

También destacaremos el maravilloso lugar que nos sirvió para almorzar: la suave loma de El Brujo se eleva ligeramente sobre la llanura, de manera que es un perfecto mirador que te muestra todo el contorno superando la visión rasea del páramo. Además, allí nos esperaba una mesa de piedra caliza con poyos del mismo material. Al lado, un guardaviñas también de piedra y unos cuantos almendros; los recolectores de almendrucos habían dejado algunos y dimos buena cuenta. Así que, mientras almorzábamos, disfrutábamos de la sensación de tener el mundo a nuestros pies porque, en realidad, estábamos en lo más alto del monte. No nos olvidaremos fácilmente de este estratégico lugar desde el que dominábamos incluso el castillo de Peñafiel.

Oreja al fondo

Oreja al fondo

Nos movimos en el ámbito de la vieja Cañada de la Yunta, que unía a través del páramo dos localidades importantes en la Edad Media: Peñafiel y Cuéllar, y que fue muy transitada hasta el siglo XIX. Hoy está en desuso, salvo para ser utilizada como vertedero de las piedras que los agricultores sacan de los campos adyacentes.

Valdemudarra

Valdemudarra

Naturalmente, pasamos junto a las ruinas del monasterio de Oreja. Debió ser muy impresionante este convento, románico por sus trazas y ya abandonado en el siglo XV. Tan bien construido estaba que hoy todavía mantiene en pie algunas paredes e incluso parte de su ábside; algunas de sus piedras de sillería podemos verlas en las casas de Langayo.

Aunque todo este páramo está pelado de árboles, exceptuando la zona de las Quintanillas, atravesamos un curioso monte mixto de encinas y robles, de casi un kilómetro cuadrado de extensión. Seguramente hace siglos todo el páramo era, más o menos, como este monte relicto.

La niebla en el valle de Oreja

La niebla en el valle de Oreja

Antes de terminar, volvemos a insistir en lo que disfrutamos en esta excursión de las vistas: Peñafiel, Langayo, el embalse de Valdemudarra, todo desde arriba. Canalejas, Campaspero, al ras. Y la niebla borboteando en los valles del Duero y del Duratón, y con un quiero y no quiero, juguetona, ascendiendo y descendiendo por el valle de Oreja en Langayo.

De vuelta

De vuelta

Cortados y páramos del Cega y el Eresma

4 octubre, 2015

Paramo del Rey

Esta vez, nos ponemos en marcha desde Mojados para subir al páramo del Rey (ver entrada anterior). Dejando a la derecha el pico de San Cristóbal, tomamos un sendero en plena ladera para bordear el cabezo de San Pedro y atacar la cuesta arriba –los últimos metros nos bajamos de la bici- por el barco Valhondo. Desde arriba dominamos el valle del Cega y vemos cómo el río deja a un lado y a otro los páramos para salir a campo abierto e introducirse en los pinares que ya no abandonará hasta morir en el Duero.

Navegamos, con la brisa, por el ras. No queda nada de la cañada del Guardián, que venía desde la ermita de Luguillas, en la ribera. Rodeamos otro barco o vallejo para gozar del espectáculo natural nada menos que en el pico del Tormesado, al que llegamos por una estrecha lengua, y seguimos rodando hacia el SE. Después de cruzar la cañada real –o la carretera- nos metemos en el Encinar y acabamos pasando por el Hoyo de los Chozos. No es un páramo totalmente enrasado, pues hay cuestas muy suaves provocadas por las navas. No vemos rebaños de ovejas, pero sí una vacada pastando en la zona noreste. Aunque ovejas y cabras debió de haberlas en abundancia, pues tenemos algunos topónimos como el Carcavón de la Borrega o Chiviteras.

3 octubre 168

Arriba, los campos de labor son pedregales

Nos asomamos de nuevo al Cega en El Hoyo. Se ve abajo Cogeces y, en primer plano, al comienzo de la ladera, una inmensa encina. En un momento estamos abajo. Un paseo por el pueblo para ver la iglesia de San Martín con su portada románica y algunas casas, muy viejas, de ladrillo, que son verdaderas obras de arte

* * *

Ahora subimos por un buen camino de grava al otro páramo, que hace de divisoria entre el Cega y el arroyo del Henar. Antes, hemos podido pasar junto a la desembocadura del Pirón, perdida en un terreno irregular y asfixiado por la maleza. Pero goza de cierto encanto.

Al fondo, Tierra de Pinares

Al fondo, Tierra de Pinares

Ya arriba nos asombra la formación geológica cincelada por estos ríos sobre el páramo calizo. En una pared abierta a los aires y a la vez resguardada –porque no han arremetido directamente contra ella las corrientes del Cega y del arroyo del Henar- la gruesa capa de piedra caliza se cae a grandes pedazos. Vemos perfectamente sus diferentes capas, de color, grosor, textura y firmeza diferentes, y de unos 6 o 7 metros de potencia. Debajo, una capa de arena y limos, de color marrón claro que se va deshaciendo a causa de la humedad, del viento y ¡los conejos! Consecuencia: que la caliza se va partiendo en grandes bloques que caen de golpe hasta casi el fondo del valle, o se quedan en equilibrio inestable hasta que la lluvia mueve el terreno y de nuevo se deslizan o caen de golpe. Impresionante.

Valle del Cega

Valle del Cega

Arriba, en el páramo, los pinos parecen danzar, inclinados a un lado y al otro, como si estuvieran especialmente contentos, pues aquí disfrutan de un paisaje excepcional. Porque esa es otra, los escarpes se encuentran en un recodo del Cega desde el que se ve Mojados e Íscar, así como los pinares que hay al fondo de estas localidades. Y si nos desplazamos por el cerral hacia el SE, vemos la gran alfombra de pinares tras el Cega y, al Este, Mata de Cuéllar y Vallelado, éste recostado sobre una ladera.

Pinos

Pinos

* * *

 Otra posibilidad hubiera sido bordear el páramo por el sur. Allí tenemos –por Alcazarén- las laderas, en su parte más baja, salpicadas de majuelos y pinarillos. Al ciclista le será un poco incómodo rodar por la abundancia de arena. Pero la línea de las vargas en lo más alto conforma un hermoso paisaje y, al contemplarlo, te olvidas de las dificultosas pedaladas. Las subidas –o bajadas, todo depende de donde nos encontremos- podemos hacerlas por el camino de Mojados, donde estuvo la fuente de Malnombre, o bien por el camino de Los Caños o bien por fuente Milla. Ya se ve que todos tuvieron una fuente o manantial. Eran otros tiempos. Hoy vemos, todo lo más, zonas con negrillos enanos o juncos.

Pedrajas al fondo

Pedrajas al fondo

Una zona más atractiva todavía es la que cae dentro del término de Pedrajas de San Esteban. Empiezan a abundar los robles –incluso los hay grandes, a los que se les ha perdonado la vida- y los miradores. Por ejemplo, el picón de Valdelaguna. Desde él podemos contemplar perfectamente el último páramo al sur del Duero –La Cuesta- que se levanta entre el Eresma y Olmedo, las tierras de labor de Alcazarén y Pedrajas, y la inmensa Tierra de Pinares…Además, el pico termina en un cantil en el que aparece descarnada la piedra caliza de nuetro páramo. ¡Ah! Y también vemos el esqueleto del Pino Señorito, lejos, en la finca de nombre también Valdelaguna. Desgraciadamente, esta seco.

Un poco más al Este podemos descender hasta Pedrajas por una larga pista de varios kilómetros. Subiendo, casi no nos enteramos de la cuesta; es una de las más fáciles en toda la provincia para ascender a un páramo.

Íscar

Íscar

Después, desde el pico de la Envidia –sobre Pedrajas- podemos ir por el sendero que bordea la ladera de la Longaniza hasta casi el castillo de Íscar. En todo momento nos acompaña una impresionante vista sobre los extenso pinares de esta tierra. La vuelta atravesando robledales tampoco la olvidaremos fácilmente.

Así es este páramo –pedregal y roble- que se encuentra a caballo en los confines de las tierras de Íscar y Olmedo.

En Valdelaguna

En Valdelaguna

 

El páramo del Rey

2 octubre, 2015

Por el fondo del valle discurren las aguas del Cega

Por el fondo del valle discurren las aguas del Cega

El Cega y el Eresma han modelado un curioso páramo de unos 27 km cuadrados de superficie que pertenece a los términos de Íscar, Pedrajas de San Esteban, Alcazarén, Mojados, Megeces y Cogeces de Íscar. Su forma tiende a ser redondeada con una lengua ciertamente bífida en dirección a NW.

En el extremo Este se levanta el castillo de Íscar, cuyo suelo calizo ha resistido los embates del Cega y el Eresma, en otros tiempos de aguas encrespadas, y a las que, sin embargo, ha dividido. ¡Cómo son los de Íscar! También tuvo una torre del telégrafo en el término de Mojados, que hacía guiños a las de Cuesta Redonda (Olmedo) y Boecillo. Hoy está en ruinas, claro. Hay una cantera industrial de caliza en territorio de Megeces, y en distintos puntos restos de pequeñas canteras que se utilizaron hace años. También quedan algunas yeseras y hornos de cal.

Yesera

Yesera

En la zona de Megeces-Pedrajas quedan buenas manchas de encinar en las que se distinguen algunos robles de buen porte; antaño todo el páramo fue monte, después, gran parte se taló y ahora algunas zonas se están repoblando con pinos. También abundan las navas u hondonadas, que en época lluviosa se convierten en lagunas, dándole a nuestro páramo un aspecto peculiar y mágico. Tenemos, por ejemplo la Hoyada del Calvillo ¿o del Castillo?, el Hoyo del Pozuelo, y Navalpinar.

Y en sus laderas, al sur, se encuentran los últimos majuelos de la DO Rueda por el Este, más en Alcazarén que en Mojados y siempre soleadas.

Bacillar en la ladera

Bacillar en la cuesta

Pero vayamos también a la historia. Aquí cazaron los reyes. Por ejemplo, en cierta ocasión se dispusieron guardas durante tres meses antes de la cacería para que nadie molestara antes de tiempo a la caza:

…como el dicho señor rey don felipe que se abía de venir a holgar al lugar de coxeces e al dicho monte a cazar, que les rogara le diesen licencia para poner guardas en el dicho monte por dos o tres meses, para guardar la caza dél, para quando byniese el dicho señor rey…

O sea, así se las ponían a Felipe II.

Ladera

Ladera

Mucho antes, al alcaide del castillo de Íscar fue ajusticiado por negarse a acoger a Alfonso XI, que andaba de caza por allí.¿A quién se le ocurre? ¡Cómo son los de Íscar! Y en el siglo XVIII se permitió disparar con arcabuz a los toros bravos de Pedrajas que destrozaban los sembrados de Megeces. Nada de lanza, como en Tordesillas, pero… ¿quien tendría un arcabuz en casa en aquellos años? Y no un rey, sino un todo un califa, Abderramán III, desde aquí pudo hacerse una idea de la situación exacta de Portillo, Simancas y el amplio valle del Duero configurando su maniobra de cara a la batalla de Simancas.

Cogeces de Íscar

Cogeces de Íscar

No seguimos pero, por todo esto, le podríamos llamar páramo del Rey. Y también porque pedaleando por su ras yladeras llegas a sentirte como un rey, de los de antes, eso sí: a tus pies una inmensa alfombra de pinares, al fondo, el Guadarrama y Navacerrada. Y muy cerca, el cielo, pues estar en el páramo es como estar en una cima montañera. Lo dijo Unamuno:

Es todo cima tu extensión redonda

y en ti me siento al cielo levantado,

aire de cumbre es el que se respira

aquí, en tus páramos.

Lo atraviesa un ramal de la Cañada Real Leonesa, justo por donde ahora discurre la carretera de Megeces a Alcazarén. En aquella época los pastores no tenían problemas con el Rey, al revés, la Corona protegía a la Mesta, que producía la mejor lana del mundo.

Robles a medio día...

Robles a mediodía…

Aunque hoy es un páramo muy solitario, debió estar muy humanizado, por lo que hemos contado y porque es fácil encontrar restos variados de cerámica. Hoy, además de los campos de labor y la cantera, sólo tenemos una cervecería tradicional, en el castillo iscariense: La Loca Juana anda perdida entre las encinas y navas de esta paramera. También hubo lobos, sobre todo en sus laderas; ahí están los topónimos barco de los Lobos y Amansalobos.

...y a la puesta del sol

…y a la puesta del sol