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Romería a la Virgen de Alconada (o de Valladolid a Ampudia con vuelta)

16 mayo, 2017
Valladolid Alconada 035

Caótica e incompleta foto de grupo

Como estamos en el mes de mayo, desde la Escuela Deportiva Niara se planteó de nuevo, como el año pasado, una rodada hasta un santuario de la Virgen. Se eligió el de Alconada, que está a unos kilómetros de Ampudia, en Palencia, y el día 13 de mayo. Para que hubiera éxito en el empeño teníamos que atravesar el páramo de los Torozos, por lo que Chucho y Juan B. se dedicaron la semana anterior a recorrer las pistas, caminos y sendas a fin de conducirnos por la ruta más adecuada. De manera que Chucho nos pastoreó perfectamente por las majadas, prados y montes de Torozos, con algún que otro despiste que no tuvo mayores consecuencias, pues estábamos deseosos de hacer kilómetros y kilómetros.

Otra más completa, clica para verte

Primero atravesamos Valladolid por toda la avenida de Salamanca, respetando siempre el código de circulación y, sobre todo, a los paseantes y ciclistas que venían en contra. No sé por qué se apartaban en cuanto nos veían; ¿lo sabes tú, Apon? ¿O tal vez fue por las continuas eses de Lolo?

Subimos por el derrame del Canal de Castilla hasta la Concha, donde continuaba la excursión sin ningún tipo de tráfico (salvo el nuestro) y nos empezábamos ya a deleitar con el acuático paisaje. Nadie se cayó ni se tiró al Canal –aunque Lolo lo intentó varias eses, digo veces y a Pepe alguno hasta lo empujó- y en el puente de madera nos hicimos la primera y caótica foto de grupo.

Por la sirga del Canal

En la Santa María de Palazuelos se nos unió José que venía con su flamante chaqueta de Sueños en Alforjas: nos contó sus últimas andanzas y el porqué de su afición a la bici. Por cierto algunos ciclistas hemos hablado de que estas salidas hay que hacerlas con más frecuencia, aunque sean un poco más cortas. Así que habrá noticias próximamente. También aquí, en Palazuelos, dejamos el camino de sirga para poner rumbo a Corcos. También olvidamos -¿dónde?- la cámara con la que Juan P. nos estaba convirtiendo en protagonistas de una epopeya de cine. ¿Apareció?

Aproximación a Corcos

La segunda –y última- foto de grupo nos la hicimos en el chozo del Cuquillo: es un chozo de pastor muy esbelto, recientemente restaurado, de manera que lo pudimos ver en perfecto estado y hacernos una idea de cómo vivieron durante siglos los pastores. Algunos –Mencía, Josete, Fosco, Santi, Apon, Alex V.– además de contemplarlo por dentro y por fuera ¡lo escalaron! creyendo que se trataba de un rocódromo. Íñigo cogió una pájara: antes de salir, había jugado un partido de fulbito y tan emocionado estaba que se había olvidado de desayunar. De manera que recibió de todas partes barritas energéticas, chocolate y pijadas así, hasta que la pájara se escapó: a partir de ese momento se puso en cabeza de carrera con Apon, dejando a Joaquín tirado en la cuneta.

Dos campeones

Una cuestecita más y nos encontramos en Corcos. ¡A reparar fuerzas! Además de dar cuenta de lo que llevábamos, nos esperaban Pino, Emilio y Diego con material suplementario. (Tuvo gran éxito la tortilla de patatas de Noe y la ensalada de pasta de Pino)

Esta vez tres, sorteando charcos

Ahora quedaba lo más duro: la subida al páramo. Pero no fue para tanto. Ascendimos sin problemas, especialmente Alex V. y Luis B., que no pesan nada. A Josete y Rafa se les atragantaban un poco las cuestas, pero sin mayores consecuencias. Como Chuchín siempre andaba sobrado, subió a más de uno por el popular método de la palma en la espalda. Pero no mencionaremos a los complementos directos subidos. (Nos hemos enterado que al día suguiente Chuchín se hizo con Mingo otros 100 km de nada; dicen las malas lenguas que estaba un poco cansado)

Llucha en la cabeza de carrera

Otras menciones: Luis F. se vino con una bicicleta antediluviana, con tuercas en los ejes  y pinchó varias veces. Menos mal que Javier siempre tiene la llave adecuada a mano en su bici-taller. Rafa consiguió llegar a Alconada con una bici enana, ultrapesada, sin desviador y con el cambio cristalizado en el sistema poliédrico: fue declarado ¡campeón de la jornada! por unanimidad. Catalina se nos vino –con unos kilómetros de más, desde Simancas- con un tanque-bici que bajaba muy bien las cuestas, pero rodar lo que se dice rodar a una mínima velocidad por llano o cuesta arriba, pues que no. En el páramo se la cambió a Adolfo, de forma que este se hizo al momento con la cola del pelotón hasta la meta. El premio al pundonor se lo llevó Teresa que no dejó de dar pedales y sonreir en ningún momento –a pesar de alguna indirecta- y llegó en plena forma a la meta. Como tenía otras obligaciones no pudo volver en bici, como hubiera sido su deseo. El trofeo a la perseverancia fue a parar Javier, el de la bici-taller, que explicaba a los más bisoños una y otra vez para qué estaban los cambios, cómo cambiar y esas cosas, pero la gente no estaba por la labor y prefería pedalear con el corazón antes que con la cabeza.

Ya en el páramo

Rodamos bajo las aspas de los molinillos, pasamos junto al pozo de la Esquila, nos topamos con algún rebaño de ovejas, hasta que nos dejamos caer al monasterio de la Virgen de Alconada. Bueno, algunos como Juan M., Juan B., Mariano, Ilde o Joaquín– se tiraron ladera abajo a campo traviesa.

Queda poco

Los demás –Fátima (muchas felicidades, que era tu santo), Mencía, Luis B., Nico, Edu– rodaron como si en vez de hacerse 54 kilómetros se hubieran dado un paseíto de nada por el Campo Grande.

En la pradera nos esperaban los que habían llegado en coche; enseguida visitamos a la Virgen (que a eso vinimos) y repusimos fuerzas con empanadas, bocadillos, pastas, un pote enorme de arroz con leche…

Parada técnica

Alguno fue devuelto a Pucela en la furgona. Pero bastantes volvieron en bici a Valladolid: Álvaro, Alberto, Tigre… En la categoría féminas, el primer premio se lo llevó Elena, con más de 100 km a la espalda, y el segundo fue para Isa, que llegó hasta Cigales, o sea, 82 km. También hizo la ida y vuelta Alex V., con una bici pesada y pequeña que si se la dan a Induráin se queda clavado. Llegando a Cigales, después de contemplar un hermoso roble y sufrir una aparatosa caída sin consecuencias, a Óscar se le reventó el cambio trasero cadena incluida y tuvimos que llamar a los coches de apoyo: se presentaron Noe, Antonio y Diego, -¡mil gracias!- los que quedaban escaparon a Valladolid cobardemente sobre dos ruedas. El primer grupo llegó a las diez y pico y el segundo poco después de las once.

Uno de los grupos a la vuelta, cerca de Cigales

Resumen: ¡gran excursión! Todos teníamos un poco de miedo, unos de no llegar a Arconada y otros pensaban que no regresarían -ni de broma- a Valladolid en bici pero…  nos hemos medido y ha habido sorpresas…  ¡buenas!

Valladolid Alconada 160

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Tímida primavera en el páramo

11 mayo, 2017

Los agricultores ya lo han anunciado: este año no habrá cosecha en Valladolid y Palencia debido a la persistente sequía. En esta excursión lo hemos comprobado: uno de los terrenos más frescos y suaves de ambas provincias –el páramo de los Torozos- se encuentra en una situación desoladora. Las plantas de cebada ya han empezado a espigar, a pesar de que no levantan –no pueden- más allá de palmo y medio. El trigo todavía no ha espigado, es más tardío, y todavía podría salvarse –al menos aquí- si llueve pronto y en abundancia.

A la salida de Corcos

En los perdidos la situación era similar. Ninguna mala hierba levantaba más de un palmo. Las amapolas y otras flores se pueden contar –nada de innumerables- en esta primavera de finales de abril y comienzos de mayo; solamente una parcela sin sembrar se había pintado de amarillo gracias al humilde picapollos. O sea, daba pena ver el campo, como nos dijo un agricultor con el que charlamos un momento. Sólo las zonas de regadío se habían salvado… de momento, pues también acabarán cortando el agua en muchas debido al estado de los pantanos. Tal vez la ventaja de todo esto sea que este año las espiguillas y cardillos no nos invadirán los calcetines y zapatillas y, por tanto, no vamos a notar esa persistente molestia en nuestros próximos paseos. Bueno, ya veremos.

Cebada junto al chozo del Cura

A pesar de todo, muchos campos de cebada y trigo estaban esplendorosos, con esas tonalidades variadas que tiene el color verde según los distintos tipos y momentos del cereal. Los robles se encontraban echando la hoja y muchos espinos albares, vestidos de blanco, en plena floración.  El monte tenía el suelo seco o sin hierba y los perdidos, con un color entre gris y verde oscuro, como devastado por la sequía. Sólo los aerogeneradores florecían con sus tres pétalos blancos de gigante y en continuo movimiento, pues soplaba un fuerte airón.

Robles en el sembrado de cereal

El trayecto lo hicimos por el antiguo camino de que va de Corcos a Valoria del Alcor y Ampudia. Sale detrás de la iglesia, donde acaban de poner indicadores de diferentes rutas a los caminantes. Dos cruceros descansan junto a la pared de la iglesia y un pozo tradicional aún no ha sido clausurado. Dejamos un a un lado el palomar y al otro el antiguo cementerio y ascendemos suavemente entre campos de labor hasta que damos con los primeros retazos de monte. Ya en el páramo vemos los corrales y chozo del Cura, en situación lamentable.

Otro roble

El camino va desapareciendo hasta que efectivamente lo hace en la raya de Palencia. Antaño se dividía por aquí en dos ramales: uno a Valoria y el otro a Ampudia. Malamente seguimos por donde fue el segundo hasta que, después de dos kilómetros a campo traviesa por un suelo duro por la sequía, nos encontramos con una buena pista que ahora sirve a los gigantescos aerogeneradores. Seguimos un poco más sin llegar a bajar a Ampudia. Durante todo este trayecto hemos disfrutado contemplando los viejos y enormes robles que aún quedan en Torozos. Esperemos que por muchos años.

Volvemos atravesando un intrincado monte mixto en el que predominan dos especies de reforestación (arizónicas  y pinos de Alepo) pero en el que también hay robles, encinas y almendros. Antaño debió ser zona de viñas a juzgar por la abundancia de piedras calizas del páramo, de buen porte, que bien pudieron servir de muro en las diferentes parcelas. Esta densa vegetación protege muy bien del viento en contra, como era el caso.

Contrastes

Al salir del bosque, nos acompañó una línea de chopos, álamos y olmos arbustivos, como si señalaran una corriente subterránea, precisamente hasta que nos introdujimos de nuevo en otro bosque, éste más autóctono, de encina y roble. A todo esto, los molinillos seguían, altivos, dominando el paisaje.

Por fin llegamos a la divisoria provincial, señalada por el camino de Villalba a Corcos, pasamos por el caserío de La Barranca y, tras culebrear un poco por el monte del Borbollón, caímos en Corcos, de donde habíamos salido. Corto –casi 30 km- y atractivo paseo en un día que fue especialmente agradable porque habían anunciado (?) lluvia abundante, y no se presentó, como en toda esta tímida primavera.

Corcos del Valle, cruce de caminos

13 junio, 2015

CorcosEl término municipal es una estrecha franja que va desde la provincia de Palencia hasta el Pisuerga. Lo conocido de Corcos se encuentra cerca del río: el monasterio de Palazuelos, el castillo de Aguilarejo y el Canal de Castilla, además de las agradables riberas. Como mucho, puede aparecer en las guías la iglesia de Santa María la Mayor, cuya torre en piedra y ladrillo reluce con el sol poniente. Pero Corcos es mucho más que todo eso.

Corcos al fondo

Corcos al fondo

Además de la ribera, tiene dos tipos de paisajes claramente definidos: el páramo y las terrazas onduladas que caen hacia el río. En el primero se asienta o asentaba el monte y en las segundas, esos viñedos que destilan un excelente clarete. Pero entre medias existe un tercer paisaje que participa un poco de ambos: terraplenes, ondulaciones, laderas y terrazas de conglomerado.

O sea, que es ideal para rodar en bici: cuestas suaves con agradables panoramas y excelentes caminos de arena y grava en los que no se forma barro.

Atardecer en el páramo de Corcos

Atardecer en el páramo de Corcos

El nombre de Corcos

No sabemos el origen de este nombre, pero en algunas comarcas de Palencia, Valladolid y –sobre todo- Burgos, a los patos se les llama corcos, onomatopeya que hace referencia al graznido de estas aves. Tal vez abundaron por aquí, país de riberas, arroyos y lagunajos. O tal vez provenga de quercus, pues en algunas comarcas asturianas llaman corcos a los robles, y aquí los hubo en abundancia. O, según otros, podría provenir de un antiguo término que significaba cruce de caminos.

Caminos del páramo

Campo amapolado cerca de la Barranca

Campo amapolado cerca de la Barranca

Pues nada, demos un paseo por esos ramales desde la cruz. El primer camino al oeste es el de la Mesilla y, efectivamente, allá nos lleva. Tiene la pega de que nos encontramos al terminar la subida con una escombrera, pero luego serpentea por la llanura hasta caer al barco de la Barrera, ya en el término de Cigales. Enfrente, vemos las Casas de la Mesa, y a ellas podemos acceder por cualquiera de los sentidos del camino al que hemos caído.

El segundo –siguiendo el sentido de las agujas del reloj- es el camino de la Barranca o de Villalba, que a los dos lugares nos lleva, si bien este último nos queda lejos. ¡Qué subida tan cómoda! El primer kilómetro se encuentra incluso asfaltado. Hasta la Barranca cruzamos campos de cereal en los que se elevan buenos robles y, más al oeste, vemos las encinas del monte de Corcos, o lo que queda de él. Toda esta paramera fue antaño monte; hoy quedan robles y encinas aislados, y algunos rodales interesantes.

Chozo del Cura

Chozo del Cura

El siguiente camino sale ya detrás de la iglesia, junto a las tapias ruinosas del viejo cementerio. Es el camino de Valoria o de Ampudia, que también fue vereda de ganados. Nos lleva cerca del corral y chozo del Cura que a duras penas sigue en pie: una enorme grieta lo recorre de arriba abajo, está medio desmochado y tiene el dintel partido. Pura ruina, vamos. Pero podrían rehacerle, como se ha hecho con un guardaviñas que luego veremos.

y cañadas

Ahora vamos por la cañada Leonesa, pues a través de Corcos cruzaban los ganados merinos de la montaña de León y de Palencia. Podían llegar por la cañada de la Mendoza y cruzaban hasta Cabezón y luego a Renedo. O bien seguían por la cañada que venía de Dueñas e iba hacia Valladolid. La verdad es que toda nuestra provincia estaba atravesada por una densa red de vías pecuarias. Por esta vía llegamos, siguiendo el arroyo del Prado, hasta el monte donde se asientan las ruinas de la casa de Villegas. Ahora, no son más que restos de barro y piedra. Al lado, una nave y una antena.

Cañada Leonesa

Cañada Leonesa

Tomando hacia arriba esta cañada podemos desviarnos a la izquierda por el camino del Puerto, por el que llegaremos a un buen encinar. Y si nos desviamos un poco más adelante a la derecha, nos presentaremos en la casa de Villegas.

Y, si continuamos de frente, llegaremos a una de las cañadas más genuinas y entrañables de la Provincia, que se halla justo entre las provincias de Valladolid y Palencia. Hoy no se usa, salvo para pasto de los rebaños de Corcos, y es una franja no muy larga de monte, entre tierras de labor. Tiene un poco de todo: encinas, robles, escobas, variadas plantas aromáticas, hierba… Eso sí, nos vigilan a un paso los molinillos gigantes. Se llama vereda de la Raya.

Encinas

Encinas

También detrás de la iglesia y atravesando una chopera sale el camino de Trigueros, que sube -corto y pindio- al páramo para dividirse en otros cinco caminos que nos llevan a través de monte bajo hacia la cañada de la Raya, a Quintanilla, a Trigueros y hacia el sureste. Pero en cuestión de metros ya nos hemos salido del término municipal.

Si queremos darnos un atracón de pedaleo breve e intenso, tenemos también la subida de las bodegas, recostadas en una empinada ladera. Pero parece que últimamente no se utiliza demasiado.

Majuelo

Majuelo

Campos y bacillares

Y, finalmente, podemos rodar por los caminos que van hacia el sur y que salen de la carretera que va hacia la autovía o de la que va a Trigueros. Aquí predominan los campos de cereal y los viñedos, las subidas y bajadas, las hileras de almendros, algunos pinos y encinas aislados, y tímidas choperas que señalan algún manantial.

Destacaremos dos simpáticos guardaviñas, de tipologías bien diferentes: uno en la carretera hacia el sur, un kilómetro antes de llegar a la fuente de San Pedro, en un alto. Es como un cubo de piedra, con bóveda de cañón al interior y relativamente amplio, de unos 2,5 m de altura y anchura.

Guardaviñas

Guardaviñas

Y el segundo en la zona que llaman del Hechizal, cerca ya del término de Trigueros. Es como un chozo de pastor pero más alto de lo habitual. Las piedras son más bien lajas relativamente estrechas, todo lo cual le da un aspecto un tanto estilizado y esbelto. Hace años estaba desmochado, pero alguien lo ha restaurado. ¡Bien!

Así es Corcos: una franja estrecha de terreno que cae poco a poco, sin barrancos ni taludes, desde la paramera de Torozos hasta el mismísimo Pisuerga. Pero si saltásemos el río nos encontraremos con un talud de más de 100 metros. Lo que ha bajado durante más de 15 km, aquí sube en unos pocos metros. Enigmático Pisuerga.

Camino entre avenas y bacillares

Camino entre avenas y bacillares