Posts Tagged ‘Cubillas’

Ben vennas, maio, e con alegria

11 mayo, 2018

Después de la molesta salida de abril, mayo ha entrado con buen pie. O con buena temperatura, aire en calma, cielo bastante despejado y caminos firmes, sin barro. Así que le damos la bienvenida con alegría, como hiciera Alfonso X -que era sabio- en sus Cantigas.

Esta vez, partiendo de Torrecilla de la Abadesa vamos a recorrer los Villaesteres, el lomo de del Hornija y el Bajoz, la Requejada, Cubillas y las riberas de Castronuño.

Parte I: de Torrecilla a Villaester de Arriba

Viñedo

El camino hasta Villaester de Arriba es una línea recta -con algunos toboganes suaves al principio- en la que vas contemplando las diferentes tonalidades que ofrece ahora mismo el cereal: desde un verde oscuro –se supone que es trigo- hasta el verde pajizo de algunas cebadas, algunas espigadas. Todo un momento que hay que aprovechar, pues este espectáculo sólo es posible en mayo, y no todos los mayos. Además, parece que ¡al fin! estamos estrenado la primavera, después de las borrascas abrileñas; ¡qué bien se rueda hoy! También divisamos –al sur- algunas manchas de pinares y encinares y –al norte- los cerros, picos y colinas en que los que se rompe el páramo de los Torozos. Y, conforme avanzábamos para entrar en la denominación de Toro, la proporción de viñedo va en aumento.

Echamos en falta en este camino un artístico pozo de planta cuadrangular. A la vuelta nos comentaron que su brocal fue retirado del pozo hace un año y trasladado a Torrecilla, donde lo pudimos ver delante de la ermita. No es lo mismo, claro.

Valle del Bajoz

Villaester de Arriba es ahora una moderna bodega; la de Abajo conserva su aire tradicional con la ermita de siempre y otras construcciones de marcado aire popular. En una de ellas, por ejemplo, contemplamos el arranque de una gloria, sistema de calefacción que ya nadie utiliza.

Parte II: de Villaester de Abajo a La Rinconada

Y de nuevo a rodar. Desde la carretera de Toro, buscamos el lomo que separa los ríos Hornija y Bajoz para rodar por sus caminos. De nuevo el cereal y el viñedo. Bajamos del lomo por las bodegas: merece la pena recorrerlas despacio, pues son muy diferentes a las del resto de la provincia, al menos sus portadas son más grandes y pretenden ser más artísticas. Tal vez se deba a que siguen una tradición más zamorana, tal vez por las características del terreno horadado. O por las dos cosas.

Puente del ferrocarril sobre el Hornija

En San Román, además de aprovisionarnos de agua, visitamos lo que queda –poco- del molino de Arriba y de la estación del ferrocarril. De esta última sólo queda un almacén arruinado. Al menos por estos raíles pasa un tren al día, lo que no es poco dado estos tiempos en los que vuela el AVE.

Ahora, rodamos junto al canal de Toro, que viene del embalse de San José. A un lado, nos miran atentos precisamente los toros y vacas que pacen la extensa pradera de la Requejada. Al otro lado, la inmensa dehesa de Cubillas. Precisamente en la Requejada se descubrió una tumba con restos de tres individuos y utensilios y adornos metálicos de la Edad del Bronce.

La Requejada

Y llegamos a La Rinconada, donde el Duero se arrincona haciendo un giro de 90 grados, pues gira de suroeste y a noroeste. En sus orillas estaba a punto de comenzar un campeonato de pesca. Dejamos a los pescadores con sus aparejos y nos vamos ahora a cruzar la dehesa.

III y última parte: de la Rinconada a Torrecilla de la Abadesa

La dehesa de Cubillas está como pocas veces la vemos. Habitualmente es un áspero arenal con, todo lo más, hierba seca y abundantes abrojos. Hoy estaba con abundante hierba verde –tal que una pradera pero sobre arena- y florecillas de todos los colores, especialmente amarillas, moradas y rojas. Hasta llegar al caserío de Cubillas el camino es malo, la mayor parte de él cuesta arriba y con molestos cantos rodados que las ruedas disparan al pisarlos. Desde las proximidades del caserío hay buenas vistas sobre el Duero, una de ellas tiene por fondo Tordesillas y sus torres. También se contempla bien Bayona y la dehesa de Cartago , en la otra ribera.

Dehesa de Cubillas

Nos acercamos más al Duero para llegar al barco de Diana. De hecho vamos por el borde de un precipicio, que nos muestra la vega del Duero y gracias al cual podemos contemplar un nido de cigüeña desde arriba. Hemos pasado otras veces por aquí, pero lo luminoso del día y el colorido de la campiña muestran un paisaje distinto, con recodos diferentes.

Por el arroyo del barco y entre los majuelos del Barrio del Convento, significativo nombre que se refiere, seguramente, a que fue propiedad de las Claras de Tordesillas, subimos hasta Torreduero. Este caserío, que data al menos del siglo XIII –Sanctae Mariae de Ripa Dorii- perteneció al obispado de Zamora, a la Orden del Temple, a la del Santo Sepulcro, a la de San Juan, al Convento de las Claras… por lo que, sorprende que con historia tan larga, quede algo en pie, cuando los españoles tendemos a tirar lo que han hecho –habitualmente mal, claro- nuestros predecesores. Aunque lo que queda en pie es precisamente el Cubo, un ábside románico mudéjar de la vieja iglesia –dedicada más tarde a la Virgen de los Dolores y luego a la del Rosario- que parece que fue construido, por el grosor de sus muros, a modo de torre fortaleza. De ahí sus nombres: Torre Duero o Ribera del Cubo. Hoy es un caserío privado: al exterior cruzamos un pequeño laberinto de vallas de maderas y prohibidos el paso hasta que nos asomamos a un camino que nos baja a las riberas.

Bajo el fresno está la fuente y -en la foto- el pequeño Javier

En la misma bajada nos refrescamos en una escondida fuente, de esas que a veces aparecen en sueños cuando echas la siesta tras un largo y cansado camino, tal como le ocurriera a Gonzalo de Berceo:

yendo en romería acaecí en un prado
verde , y bien sencido, de flores bien poblado,
lugar apetecible para el hombre cansado.
Daban olor soberbio las flores bien olientes,
refrescaban al par las caras y las mentes;
manaban cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.

Aun así, no sé qué más llama la atención, si la fuente con su pilón de piedra, cuadrado, o el altísimo fresno de enorme tronco que sube desde sus pies. Desde luego el lugar es uno de esos pocos refugios en los que te olvidas del calor del día y del camino. Desde el pilón vemos, más abajo, la ribera con sus vegas, tamarales y choperas. Todo de un verde joven, brillante. Bueno, no todo, pues luego vimos que los chopos que acompañaban el canal de Tordesillas se están secando ya que la Confederación ha cambiado el sistema de riego y ya no circula el agua por su cauce.

Duero

Abrimos y cerramos varias puertas ganaderas en nuestro camino, acompañados de fresnos hasta que salimos a la carretera de Torrecilla, entre pinares y nogales. Luego cambiamos de nuevo a la sirga del viejo canal y, casi sin darnos cuenta llegamos a nuestro destino entrando por las eras, donde siguen en pie dos viejos chozos de cónico perfil.

A lo largo de todo el trayecto nos hemos hecho unos 62 km; he aquí el recorrido.

Ben vennas, maio, | e con alegria;
poren roguemos | a santa Maria
que a seu fillo | rogue todavia
que el nos guarde | d’ err’ e de folia.
Ben vennas, maio.


Anuncios

Valoria y Valvení

5 octubre, 2016

valoria-la-buena-2016

Esta excursión discurre por los últimos valles y cerros del Cerrato, cuando éste desaparece cortado por el caudaloso río Pisuerga. Valoria se encuentra a unos 2 km de la desembocadura del arroyo Madrazo en ese río, bien protegida por el pico del Águila al norte y por las laderas de Aguileras, al sur. Posee una original iglesia de planta exagonal, un viejo molino, palacios, una quesería, bodegas modernas y tradicionales…

Las bodegas

Empezamos la excursión por éstas últimas, y nos acercamos a la Bodega Grande, que en realidad es un grupo de bodegas de las de toda la vida especialmente cuidadas. Merece la pena dar un paseo por sus senderos para contemplar de cerca estas construcciones tradicionales. Son muchas, y las hay de todo tipo, tal vez las más llamativas sean esas con la fachada construida en piedra de tonalidades rosadas. Ideales para pasar una agradable tarde en compañía de amigos o familiares. Delante del montículo en el que se agrupan vemos una pradera en la que hasta hace poco hubo una fuente que ahora está clausurada.

11-septiembre-024

En la Bodega Chica

La denominada Bodega Chica no tiene nada que ver. Hubo menos bodegas y ahora no hay ninguna, pues todas están reducidas a escombros: o bien hundidas o bien saturadas de tierra y porquería.

De manera que subimos al páramo por el camino de San Millán. Bueno, pues este camino se acaba sin previo aviso cuando queda un kilómetro hasta arriba. Se ve que en otra época fue utilizado, pues el firme –destrozado por la escorrentía y lleno de maleza- puede adivinarse. Pero… como somos ciclistas todo terreno, llegamos al páramo como buenamente podemos. Al final, con la bici al hombro.

11-septiembre-078

Desde arriba

Una lengua de páramo

Como siempre, ha merecido la pena. Estamos en una lengua, o istmo más bien, pues dominamos tanto el valle del norte –del que venimos- como del sur. La parte más ancha se aprovecha para cultivo de cereal y la más estrecha es perdido con alguna encina. Pasamos junto al vértice Senderillo que también da nombre a las laderas hacia Valvení, o Miralrío, si miráramos hacial el Pisuerga .

11-septiembre-082

Pico de la Muedra

Navegando entre dos valles nos acercamos al pico de la Muedra o del Castillo. Desde luego, es un lugar perfecto para un edificio defensivo, pues domina un amplio territorio. Pero no queda rastro. Hacia Valvení las laderas, de tonalidades blancas, están acarcavadas por efecto de la lluvia y otros elementos.

Descendemos a campo traviesa. Desde abajo también impresiona la falda de este cerro: potente, proporcionada, blanca, formando una especie de circo acogedor, con un resalte de caliza más oscuro tres metros por debajo de la rasante del páramo…

11 septiembre 105.jpg

Laderas

Valvení, benigno ¡y largo!

Una suave subida y descendemos, esta vez, a San Martín, donde iniciamos un largo ascenso de 10 km hasta llegar de nuevo al páramo. El valle se irá, poco a poco, estrechando. A la derecha, hazas que ascienden suavemente; a la izquierda, laderas empinadas y mogotes desprendidos. Cada pocos metros, el paisaje cambia.

Pasamos por la Granja San Andrés donde pensábamos saludar a sus mastines, que suelen salir al encuentro de los ciclistas, pero deben estar trabajando con sus ovejas. De todas formas, nos paramos en las ruinas de la Ermita Vieja, antigua parroquia de San Andrés en otros tiempos que, a duras penas, mantiene el cementerio en un cercado contiguo: Aquí también vemos la fachada de un antiguo palacete, casas de labranza, ruinas y una fuente.

11-septiembre-148

Fuente de Santiago

El valle es tan largo que no cuesta subirlo. Las laderas se van llenando de robles y en el fondo de la cuenca hay abundante humedad e incluso corren todavía hilos de agua. Y llegamos a la fuente de Santiago que se encuentra a media ladera no lejos del ras del páramo. Echa dos chorros de agua, lo que no está mal pues ya nos encontramos en septiembre y sin llover. La han limpiado y han ampliado un espacio llano ideal para descabezar una siestecilla.

Un poco más y pasamos junto al Roblón, alto, enhiesto, en mitad de lo poco que queda de vallejo. Ya arriba, conectamos con la cañada real Burgalesa, donde alguien ha colocado un cartel explicativo.

…y el valle del Madrazo

11-septiembre-204

Cubillas

¡Qué agradable y largo descenso hasta Población de Cerrato! Pero no paramos sino a coger  agua. Por la cañada de Dueñas subimos, a campo traviesa y cruzando un descuidado joso, al páramo de enfrente. De nuevo nos paramos a contemplar el paisaje y luego a examinar un chozo de pastor con su correspondiente corral.

La etapa siguiente nos lleva al Castillo y a las minas de cal que hay encima de Cubillas. Bueno del Castillo sólo queda el topónimo, como en la Muedra. Cierto que es el lugar ideal para levantar uno, pero lo edificaron y luego –piedra a piedra- se lo llevaron, de forma que no quedan ni las huellas. De la explotación de cal quedan las laderas blancas bien abiertas con entrantes y salientes. Y, debajo, las casas, campos y caminos de Cubillas en medio de este valle cerrateño. Destacan una enorme iglesia –desproporcionada para tan pequeña localidad- y una ermita ya en la afueras. Junto a la iglesia vemos las bodegas o cubillas.

11-septiembre-205

Restos de las viejas minas

Y aprovechamos la carretera para pedalear con menos esfuerzo y llegar a Valoria por la plaza del Hortal, donde ya no hemos encontrado el viejo pilón.

De Tordesillas a Castronuño por la Senda del Duero

2 septiembre, 2013
Cerca de Castronuño

Cerca de Castronuño

La Senda del Duero es uno de eso senderos de largo recorrido promocionados por la Federación de Montaña y Senderismo. Está perfectamente señalizada y, como recorre lo largo que es el río, cruza –con él- nuestra provincia desde Peñafiel a Villafranca. Tiene la gran ventaja de que es fresco en verano, pues buena parte del recorrido lo hace en compañía de los frondosos árboles de la ribera.

Este trayecto lo hicimos hace unos días, a finales de agosto, saliendo de Tordesillas para  llegar a Castronuño por  la orilla derecha, que es por donde va la senda,  para volver por la ribera izquierda.

Desde el canal

Desde el canal

En los primeros kilómetros, el camino se decide por el Canal de Tordesillas. Desde luego, es una buena opción, pues te permite ir contemplando el ancho territorio que se extiende hasta el río e,incluso más allá, pues el canal va relativamente elevado. Tampoco es mala esta época, pues los frutales –manzanos, nogales, higueras- abundan junto a la sirga.

Antes de Torrecilla de la Abadesa la senda abandona la sirga para tomar carretera y caminos y, ya fuera de la localidad, vuelve al canal, que ahora se introduce en un pinar. Al fondo, los feraces campos que riega nuestra acequia.

Cubillas desde Cartago

Cubillas desde Cartago

Al cruzarse con la carretera que muere en Torreduero la tomamos, y cruzamos por majuelos. Al fin, nos introduce en la dehesa de Cubillas que ya no dejaremos hasta cruzar el río en la presa. Pero no nos vamos  a aburrir: la dehesa es variada, con corpulentas y milenarias encinas, prados secos en verano, cultivos y, al final, espectaculares vistas al Duero. También pasamos entre Cubillas y sus eras. El camino conserva el firme secular, de enormes piedras rodadas, en su coincidencia con el  trayecto  de San Román de Hornija a Tordesillas.

La vuelta la hacemos entre las dehesas de Cartago, más pequeñas pero de buenas encinas, las ruinas del pinar de la Quebrada,  el caserío de Don Mauro en los prados del seco Trabancos y el despoblado de Bayona  en la desembocadura del mismo  río.

En Herreros

En Herreros

Después de Pollos, se impone parada, baño (pues el acceso al agua es bien cómodo) y fonda (fresca ensalada mochilera) en Herreros, que tuvo unas buenas aceñas  hoy trasformadas en centralita eléctrica. Los emergentes bancos de arena hacen el baño más agradable, si cabe. Se deja ver un grupo de cuatro garzas blancas. ¿Estarán de paso? Los que no están de paso son los gansos y patos que pasean por la pesquera.

Hacemos una pequeña parada para contemplar las aceñas de Zofraguilla y ya, por carretera, nos presentamos en Tordesillas: parada en la plaza Mayor para degustar una leche helada de Baonza.

Zofraguilla

Zofraguilla

De las tierras rojas de Font a la Sobrepeña

25 febrero, 2013
Encina

Encina

Viene de la entrada anterior

Cruzamos una lengua estrecha de monte –el Perdigón– y salimos a tierras rojas con linderos de roble y encina donde se cultiva el cereal. De la lengua pasamos a la manga, que vienen a designar lo mismo. Y es que ahora pasamos por la Manga de Font. Los caminos aquí se han perdido. Pero acabamos en los corrales y chozo del Cura, ya en el término de Santa Cecilia del Alcor. Ningún camino nos lleva; está cerca de un cordel de la Mesta, pero no lo seguimos. Nos vamos hacia el Sur por otra cañada que se está repoblando con pimpollos. De vez en cuando, enormes robles desnudos parecen saludarnos. Cada uno es diferente, según la disposición, forma y abundancia de sus ramas. Son algo así como un poema arbóreo. Como el oleaje del mar, como el fuego de una chimenea, como el nadar de los peces, también uno estaría contemplando horas y horas estas ramas contra el azul del cielo a pesar de que no se mueven. Sin embargo hablan quietas, como si nos quisieran trasmitir paz.

Mojón. Al fondo, caleras

Mojón. Al fondo, caleras

En el comienzo de un vallejo descubrimos las caleras de Font, inmensos hornos de color rojizo, medio excavados en la ladera del valle y completados con buenos muros de piedra. Bueno, descubrimos lo que de ellos queda. Enfrente de las caleras, un frondoso bosquete de roble cubre la ladera opuesta. Un poco más allá, pasamos junto a la Casa de Font, (de Julio Font y Canals, que compró estas tierras en 1882) desde donde se administraba este vasto dominio que ahora atravesamos.

Al fin el llano se nos acaba y bajamos al valle de San Juan. ¡Ojo: es una zona de caza! Mejor no pasar por aquí en temporada y, si lo hacemos como es el caso, es fundamental no salirse de los caminos. La Casa es eso, una casa de caza. Por el Este, el valle parece cortado casi a pico. Es un profundo surco por el que rodamos hasta que de nuevo subimos al páramo. Esta vez las bicis no nos llevan. No pueden. La cuesta es demasiado fuerte. Hay que estar muy cuadrado para subirla montado. Nosotros somos rodadores muy normales. Pero arriba, como  siempre, el paisaje del valle compensa el esfuerzo.

Ladera abierta del valle vista desde el cortado del lado opuesto

Nos dirigimos a la cañada real de merinas que une Dueñas con Palencia, donde descubrimos los dos chozos de Montevega –o de la Cañada- con sus corrales correspondientes. El primero se encuentra perfectamente restaurado. El segundo, en una hondonada de la vía pecuaria se levanta en el centro de un grupo de corrales. Pero un poco más allá, un mirador nos ofrece el paisaje del amplio valle donde se juntan Carrión y Pisuerga: a nuestros pies el Canal de Castilla y la Trapa, al fondo los valles, pueblos y cerros de la comarca del Cerrato. No contábamos con este panorama.

Chzo de la Cañada

La bajada a Dueñas es gozosa. Las fuerzas ya habían tocado fondo y ahora se han repuesto un poco. Pero el camino por el que nos dirigimos hacia Cubillas sube ligeramente y lo notamos.

No podíamos dejar de visitar la Sobrepeña, y menos ahora en que el sol de la tarde le pega de lado –o de frente, mejor, ya que es una ladera- y le saca las mejores tonalidades. Es como una visera de piedra bajo la cual hay pequeñas –o no tan pequeñas, que no nos hemos metido- cuevecillas. Encima, el paramillo. En otro tiempo seguro que fue la sede de un castro pues el lugar es perfecto para defenderse; sólo quedan los restos de un chozo de planta cuadrada y un murete que aprovecha el trazado de los bordes naturales. A nuestros pies, un pozo, el chozo de Bocarroyo que ya conocemos, la torre del telégrafo, los corrales de Valdelgada y el amplísimo valle pisorgano.

Sobrepeña

Sobrepeña

Poco nos queda ya. Volvemos a pasar por los corrales de Rascaviejas. Luego, dejamos a la derecha la casa  y corral de las Tudancas, cruzamos la cañada del Moral, amojonada, y por las viejas cuevillas bajamos a Cubillas. Las siluetas de los ángeles del cementerio se recortan contra la luz crepuscular. Estamos de nuevo junto a la ermita del Cristo. ¿Hace un clarete para completar el paisaje?

Ángel de la guarda

Ángel de la guarda

De Cubillas al chozo de la Chimenea

22 febrero, 2013

Cubillas Monte Dueñas

Cubillas de Santa Marta. El nombre, por las cuevas que aun pueden contemplarse en las cárcavas del páramo; el apellido, por haber pertenecido al conde de Santa Marta. Es un lugar perfecto -todavía dentro de la provincia de Valladolid pero limitando con la de Palencia- para iniciar una ruta por la parte oriental del páramo de los Torozos. Y es que esta inmensa paramera de unos 70 km de largo por 30 de ancho se introduce al oriente en la provincia de Palencia. También podríamos acometer esta zona oriental desde Trigueros del Valle o desde Quintanilla de Trigueros, colindantes igualmente con Palencia.

Chozo y torre

Chozo y torre

El páramo es aquí un complicado conjunto de valles profundos, vallejos cortos, lomas, picones y cerrillos cubiertos, a su vez, de monte de roble y encina, perdidos, cañadas, corrales y tierras de labor. O sea, el sitio ideal para pasear y perderse un día cualquiera sin necesidad de alejarse mucho de Valladolid… o de Palencia.

Nuestro camino sale de la ermita del Cristo y se acerca al arroyo del Prado hasta que lo cruza. Aquí el prado del arroyo sirve, sobre todo, para pasto del ganado caballar. Enseguida subimos ligeramente para rodear los restos de la torre del telégrafo. Como todas las torres con esta función, se levanta en un lugar estratégico, pues conecta visualmente con el cerro Altamira de cabezón de Pisuerga a unos 15 km hacia el Sur y con el de Tariego de Cerrato, 8 km al Norte. Atrás dejamos el amplio valle del Pisuerga, por el que circulan trenes y camiones y abunda la industria, para enfocar nuestras vistas y máquinas hacia el páramo.

Colmenar

Colmenar de Valdelgada

De repente, se hace la paz. Nos hemos introducido, sin querer, en un mundo donde el tiempo trascurre de otra manera, más lento. Y entramos en los corrales y chozo de Bocarroyo, protegidos por las calizas de Sobrepeña. Un poco más allá están los corrales y colmenar de Valdelgada, en un ancho valle que quiere entrar en el páramo. Merece la pena dejar las burras pastando junto al camino y acercarse a ver los restos de los colmenares. Definitivamente, hemos entrado en otra comarca y en otro tiempo. ¡Buen augurio para esta nueva excursión!

En el monte

En el monte

En suave subida llegamos al chozo de Rascaviejas; en el comienzo del vallejo vemos también un rústico pozo que todavía tiene agua, y dos gastados abrevaderos. Después de cruzar la pista de Quintanilla de Trigueros tomamos el camino del pico del Águila. Pasamos junto a los restos de los corrales de Bruno y llegamos al del páramo y a los corrales y chozo de Mínguez, muy arruinados. Ahora nos espera una larga rodada entre robles y encinas. ¡Qué lugares tan perdidos y solitarios! Algún jabalí se nos cruza. Hay rodadas de otros ciclistas. A pesar de que ha llovido en los últimos meses, da la impresión de que todo está demasiado seco. Un agricultor nos comentaba que, a pesar de las últimas lluvias, son muchos años de sequía. Algunos robles conservan aun todas sus hojas amarillentas. Otros, la mayoría, están totalmente desnudos.

Chozo de la Chimenea

Chozo de la Chimenea

En el comienzo de un suave vallejo descubrimos los corrales y chozo de la Chimenea, como tumbados en la ladera que da a poniente. También pertenecen, desgraciadamente, a la Castilla en ruinas. Están en el límite entre Quintanilla de Trigueros y Dueñas, entre el monte y los labrantíos, aunque seguramente no había aquí labrantío cuando los corrales estaban en pleno funcionamiento. Otra curiosidad: por aquí los límites administrativos entre términos municipales se marcan con buenas piedras en forma de pentágono con la punta hacia arriba y, en la parte plana va grabada la inscripción correspondiente. Hemos visto unas cuantas en esta excursión.

Pero para no hacer muy larga esta entrada, continuamos en la siguiente.

De Valladolid a Valoria la Buena (para volver en tren)

6 julio, 2009

Villanueva Infantes58 km aproximadamente

El tren es un complemento estupendo para el ciclista cuando el viento es fuerte. El tren no lo nota en contra y nosotros, los ciclistas, lo notamos a favor hasta que tomamos el tren.
Llanura

El páramo del Esgueva
Nos referimos a la lengua de páramo que se levanta entre el Esgueva y el Jaramiel. Después de subir la cuesta desde Renedo, avanzamos por tierras ligeras en las que abunda las piedras calizas. Los sembrados son de cebada, un poco de trigo y algo de girasol. De vez en cuando adivinamos el valle del Esgueva a nuestra izquierda. Y, conforme pedaleamos,se incrementa el número de robles -hay también algunas encinas- que adornan el paisaje. En otro tiempo toda la superficie del páramo por la que ahora rodamos fue monte.
Los caminos son buenos aunque tienen demasiada hierba para incomodar -un poco- al ciclista.

Aunque el páramo es uno, tiene diversos nombres conforme lo cruzamos: Valdehierro, la Encomienda, Valdeandrinos, Rozuelas…Finalmente, giramos hacia el norte por el páramo de la Dehesa.

Cruzando el Esgueva por Villanueva de los Infantes

Y el valle Esgueva aparece, de nuevo, ante nuestros ojos. Abajo, Villanueva, uno de los pueblos más pequeños de la comarca, asentado al pie de una ladera blanquísima salpicada de matas de encina y roble. La bajada es muy fuerte por aquí y en un minuto estamos en el puente del Esgueva, después de superado el campo santo.
Villanueva
Podemos ver la iglesia de trazas románicas y góticas, reponer las reservas de agua junto al Ayuntamiento y visitar alguno de sus muchos palomares arruinados. Pero enseguida tomamos el camino de las Victorias que sube lentamente -sin excesiva pendiente- hasta el páramo, a tomar la cañada real burgalesa.Al final cruzamos un montecillo de robles y junto al camino llama la atención un manantial -ahora seco- bien protegido con piedras.

Manantial

De nuevo el páramo

Ya estamos arriba. De aquí al pozo de los Pedrazos, con restos de viejas corralizas, hay menos de un kilómetro. De nuevo el paisaje amplio del páramo interminable. Aunque hay algunos viejos robles aislados y monte en otros parajes.A la derecha dejamos un chozo semienterrado en el campo de labor.

Y… ¡Oh, qué bajada entre el monte y tierras de labor en dirección a la Granja San Andrés! Pero cuando divisamos los altos chopos de la Granja, nos metemos por el valle del Picón de San Pedro para de nuevo ascender. Es otro vallejo tendido por el que se sube bien a pesar de que ya es nuestra tercera subida al páramo.

Junto al barranco del Venado

Desde el Barco del Portero cruzamos el paramillo y ya vemos Cubillas de Cerrato.No hay más que dejarse caer.

En Valoria la Buena buscamos las bodegas, donde una pradera sombreada por chopos nos acoge antes de acometer el último trayecto de esta excursión. En la ribera del Pisuerga tenemos, junto a un gran nogal, una fuente; luego pasamo por el puente desde donde se contemplan las tablas del río y… ya estamos en el apeadero de Cubillas.