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Paisajes de Llano de Olmedo

16 junio, 2018

¡Qué poco valoramos los habitantes de nuestra provincia los paisajes en los que nos movemos! Tal vez porque los vemos todos los días, porque nos hemos acostumbrado a ellos, o porque todos pensamos que lo mejor son las iglesias, castillos y otras obras arquitectónicas. Haced la prueba con Llano de Olmedo: las guías del propio pueblo y otras informaciones que aparecen en la red os mandarán a visitar Coca, Olmedo, Medina del Campo, Arévalo, como si Llano no interesara para nada, no tuviera ningún encanto. Todo lo más habrá una mención a su templo parroquial. ¡Qué pena!

Más, como nosotros estamos en desacuerdo con esta práctica, vamos a dar un paseo por sus alrededores. Y eso que no vamos a recalar en bastantes de sus sitios interesantes, como el bodón Guarrero, o los restos de las fuentes Lavar y Carrasco.

Riberas del Eresma

De entrada, llama la atención el nombre de Llano, pues no está propiamente en un llano, sino que se asienta sobre una loma desde la que se divisa el pinar y las riberas del Eresma al este y las hondonadas de la laguna de Valdeperillán con los humedales de doña Pola al oeste. Aunque tal vez se deba a que la cima de la loma es, aunque pequeña, ciertamente llana.

Salimos -cuesta abajo- por el camino Ancho de Valandrinos. Dejamos a la derecha la fuente con su largo abrevadero y, un poco más abajo, un prado donde pastan caballos. Al fondo divisamos la llanura pinariega si bien nos entretenemos con varios humedales que cruzan nuestro camino: la Revilla, los Salgueros, hasta que cruzamos los prados del Cuadrón, totalmente verdes en esta estación. Sin embargo, parece como si ya no vinieran ganados a pastar aquí y, más que praderas, son ahora cardizales. Aquí estuvo también la fuente de los Carreteros, hoy desaparecida en virtud de las ansias de agua de tantos agricultores.

Lirios entre el pinar y la ribera

Nos introducimos en el pinar, que este mes de junio no parece un pinar sino un bosque de montaña, por su manto verde y abundantes flores. Hasta hay setas de diferentes formas y tamaños.

Llegamos al río Eresma. Un poco más abajo estaría, según el mapa, la fuente de Valandrinos. Pero como otra vez que pasamos por aquí no la encontramos, la volvemos a dejar escondida. Al otro lado, más pinares y campos sembrados de cereal. No vemos el agua del Eresma: los álamos forman una galería con bóveda que la protege y esconde. Pero seguimos por su orilla -su tajo, más bien- hasta que divisamos las torres de Coca y cambiamos de rumbo en dirección a Villeguillo tomando el camino de los Picones. Deberíamos haber visto el bodón Redondo pero, al parecer, ha sido desecado y en su lugar se cultiva el cereal.

Laguna del Caballo Alba

Hay jolgorio en las calles de Villeguillo y en la plaza se prepara una orquesta. Y es que están celebrando a san Antonio. ¡Viva!

Seguimos en dirección este hasta buscando las lagunas del Caballo Alba, que se encuentran a rebosar, con cigueñuelas, fochas y patos variados. Y empezamos a sufrir los efectos del barro en las ruedas. Aun así, damos un paseo por el Juncarral, salguero próximo a las lagunas que mantiene la típica hierba de estos lugares. Precisamente mientras pisamos hierba no hay problema, pero la tierra se pega que es un gusto. El agua rebosa por todas partes. En los canales y zanjas hay corriente… Si a la salida de Llano nos habíamos mojado, ahora brilla un sol que termina de secarnos.

Fuente de Santa Cruz

Nos acercamos a Fuente de Santa Cruz pero sin llegar al casco urbano; cruzamos la línea del AVE y de la antigua línea de Segovia, y las volvemos a cruzar de vuelta. Vemos cómo en el páramo de Íscar y Pedrajas se ha desencadenado una fuerte tormenta con abundante aparato eléctrico. Pero no sopla el viento desde allí. Estamos en una enorme hondonada; ¡qué paisaje tan cambiante!: lagunas y bodones; riberas y pinares; salgueros y cardizales; tierras de pan llevar, prados, lomas, arenales… ¿es necesario ver piedras en Coca o Medina? Conste que también nos gustan, pero…

Tras la lluvia, el aire se aclara y “limpia” el paisaje

Finalmente, por Valdeperillán, subimos hacia Llano, que se divisa en lo alto: entramos por las Eras, donde hubo un poblamiento prerromano. No vemos a nadie. La gente ha terminado de trabajar y parece descansar en sus casas… o se han ido todos a celebrar san Antonio y su orquesta a Villeguillo.

Aquí, el recorrido.

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La Luz de Hornillos y otras desapariciones

12 enero, 2016
Pradera y pinar en la Luz

Pradera y pinar en la Luz

Toda la semana lloviendo de lo lindo. Pisuerga y Duero vienen crecidos y de color chocolate. Hay barro y charcos por todas partes, por no hablar de los vientos huracanados que no dejan de anunciar… ¿qué hacer?

Pues la cosa está clara: hay que rodar por tierras de Serrada, Medina, Nava… porque en realidad no es tierra, sino grava, y no forman barro. Lo malo es que el viento nos da de lleno. Claro que por Olmedo, Mojados, Valdestillas, tampoco hay barros, sino arenas. Además, hay monte pinariego que nos evita el viento.

De manera que se impone un paseíto corto por los pinares y riberas del Eresma, entre Alcazarén y Hornillos, por ejemplo. Y el hilo conductor van a ser el barro y la luz, pero de distinta manera a la que imaginamos en este momento.

Playa en el Eresma

Playa en el Eresma

Salimos de Alcazarén, pero esta vez no nos detenemos a contemplar el arte mudéjar sino la sencilla artesanía –que no deja de ser arte- que construyó el exterior de las bodegas. Si toda localidad tiene bodegas diferentes, dependiendo sobre todo de su relieve, Alcazarén es un ejemplo de bodegas construidas en llano: como no tienen ladera que horadar, la boca da paso a un pasillo que recuerda un pozo, pues baja casi en vertical al espacio horizontal donde se elabora el vino. Pero para eso hay que construir por fuera algo que nos recuerda una caseta o choza y que se remata por una especie de bóveda, o por una cúpula piramidal. E ahí la simpática diferencia.

 Por la orilla izquierda

 Cruzando la carretera y pasando junto a la Cotarra, llegamos, a través de pinarillos, hasta las proximidades del vado por el que se atravesaba el Eresma para conectar con Hornillos en la ribera opuesta. Pero nos quedamos en un pequeño alto donde se levantaba la Casa del Vado. Sólo quedan varios montones de piedras de todos los tamaños. Llevan aquí amontonadas muchos años, no hay más que ver la cantidad de líquenes que han dejado su rastro…

Mapa indicando donde estuvieron la ermita y las casas

Mapa indicando donde estuvieron la ermita y las casas

Y seguimos por la orilla aguas arriba. Junto a un enhiesto piñonero vemos los restos –barro- de otra casa. Podemos llamarla Casa de la Tranca, pues unos metros más arriba desemboca el arroyo de ese nombre. Estaba justo donde comienza la ladera del río. Se distinguen los restos de varias estancias, corrales, cuadras, acequias… Mucha vida hubo aquí en otros tiempos. Ahora, la soledad.

Todavía nos queda la Casa de la Ribera del Tío Morlaque, un poco más arriba. Era una ribera rodeada de preciosos y centenarios almendros, hoy desmochados. Es lo que queda; y de la casa, dos trozos de arco de ladrillo tirados en el suelo.

Vieja carretera de Hornillos

Vieja carretera de Hornillos

A todo esto diremos que no hemos encontrado –ni encontraremos- nada de agua ni de barro en los caminos. Todo lo ha absorbido el arenoso pinar. Pero, eso sí, la arena está húmeda y cuesta bastante mover las ruedas.

La Luz

Cruzamos el Eresma por el Puente Viejo o Puente Mediana, bien conocido por otras excursiones. Ahí sigue, aguantando. ¿Cuánto tiempo tardarán los álamos en convertirlo en pura ruina? Pero todavía nos permite cruzar el río.

Y tomamos la cañada o camino de Carretas –que llega a Olmedo- con la esperanza de ver las ruinas de la ermita de la Virgen de la Luz. El camino cruza entre campos y pinares vallados donde hay ganado. De hecho, un precioso alazán se acerca a nosotros y nos acompaña al galope desde el otro lado de la valla (evidentemente nos adelanta, pero nos espera para dar otra galopada).

Aquí estuvo la ermita

Aquí estuvo la ermita

De la ermita de la Luz, nada de nada. En el mismo camino, dándole firmeza, pisamos unas piedras en el lugar donde se levantó. Es lo único que queda.

La historia es triste, pues la ermita quedó arruinada, llevaron la talla gótica de la Virgen –Patrona de Hornillos- a la iglesia del pueblo y allí, en 1979, fue robada. De todas formas, el pueblo sigue acudiendo devotamente a esta advocación de la Virgen de manera particular el día 1 de junio, con procesión y merienda. No sé el origen de esta advocación, pero se dice que la talla fue descubierta por un pastorcillo, ¿gracias a una Luz especial? Desde luego, el mes de junio está muy bien elegido, pues es precisamente cuando más luz hay en nuestros campos.    

Más barro

Pero no en el camino. Pasamos por la Casa de los Dieces, ¡con algún trozo de pared en pie! También hay un pozo y almendros centenarios que estarán bien guapos dentro de un mes o poco más. Curiosamente, se levanta en el punto más alto del pinar.

Los Dieces hace cinco primaveras

Los Dieces hace cinco primaveras

Y terminamos en la Casa Nueva. ¡Ja! Eso dicen los mapas antiguos. No es más que un montón de barro. Con esfuerzo, llegamos a distinguir algunos adobes. Nada existe ya. Y, claro, como era nueva, ya no debía regir la costumbre de plantar almendros. Está rodeada de pinos. Por cierto en estos pinares –limpios de maleza- abundan tanto los piñoneros como los negrales, estos explotados para resina.

En otra excursión de hace unos meses nos acercamos a la Casa Navilla. Menos mal que esa todavía está en pie y han respetado sus artísticos estucos. De momento.

Cerca de Hornillos

Cerca de Hornillos

Y el Eresma

El Eresma lleva –hasta la fecha- poco agua y transparente. Disfrutamos con las vistas de su tajo, que crea aquí no sólo auténticos desfiladeros para que el agua pase, sino también prados, sotos, playitas… paradisíacos lugares para sestear una tarde de verano tras un baño, o para merendar una tarde de primavera. Pero no es el caso, y nos conformamos con ver el trabajo realizado por el río durante los últimos milenios.

O sea, no nos hemos enterado (casi) del agua que ha caído, ni del viento huracanado que anunciaban para el mismo día de esta rodada. Gracias a la arena y a los pinos.

 

Cuando el Pisuerga tenía una orilla, el Voltoya y el Adaja pasaban por Serrada

16 noviembre, 2015
Valle del arroyo del Berral, en Serrada

Valle del arroyo del Berral, en Serrada

Por aquí, si algo es muy viejo o antiguo solemos decir que es de cuando el Pisuerga tenía una orilla. Pues bien, hubo un tiempo en que Eresma, Voltoya y Adaja nacían en la sierra –como ahora- y, después de un trayecto en paralelo, desembocaban en el Duero por el mismo orden, sin llegar a juntar sus aguas. Y, aunque parezca un lío, el Eresma desembocaba donde hoy lo hace el Adaja; del Voltoya era el cauce del actual arroyo del Berral, que pasa por Serrada y vertía sus aguas frente a San Miguel del Pino, y, el Adaja desembocaba haciendo suyo el cauce del arroyo del Perú –que pasa por La Seca- o tal vez más al oeste aún.

En un determinado momento, el Adaja fue capturado por el Voltoya y, juntos, se dirigen al Duero por el cauce del actual arroyo del Berral, que pasa por Rueda. Después, el Eresma capturó al Voltoya a la altura de Coca y lo hizo tributario suyo. Así, queda sólo el Adaja ocupando el cauce bajo antiguo del Voltoya hasta que, finalmente, fue capturado por el Eresma a la altura de la actual ermita de Sieteiglesias (Matapozuelos). Todo esto nos parece curioso, pues lo que se mueve de los ríos no suele ser el cauce, sino el agua. Aquí, a lo largo de muchos miles de años, también se han movido -hacia el Este- los cauces. De modo que no nos valdría aquella adivinanza popular:

Nazco y muero sin cesar,
no obstante sigo existiendo
y sin salir de mi lecho
me encuentro siempre corriendo.

adaja, eresma antiguosHasta aquí lo que cuentan los geólogos después de concienzudos trabajos y comprobaciones. Nosotros, en la última excursión, comprobamos que todo cuadraba. O eso nos parecía.

En primer lugar porque pudimos apreciar cómo las terrazas que el Duero dejó en su margen izquierda, de casi 800 metros de altura- estaban rotas desde más arriba de Matapozuelos hacia el Duero, dejando en el fondo del cauce la localidad de Serrada. Evidentemente, parecía difícil que el humilde arroyo del Berral las hubiera roto él solito. Por aquí habían pasado, en otros tiempos, Voltoya y Adaja. Además, en alguna excursión anterior nos llamó la atención cómo desde el cerro Carrecastro –justo enfrente, en la orilla derecha del Duero, entre Velilla y Matilla- se veía un gran corte en la línea del paramillo y, en medio, la torre de la iglesia de Serrada.

Valle del antiguo Adaja. Al fondo está Olmedo.

Valle del antiguo Adaja. Sobresale la torre de la iglesia de Matapozuelos. Más al fondo está Olmedo.

Pero es que cuando salimos de Serrada para subir a las lomas de San Pedro, veíamos al fondo Olmedo: un anchísimo valle –no muy profundo, es cierto- sin río bajaba desde la Ciudad del Caballero, pasando por Matapozuelos y Serrada para terminar en el Duero (o tal vez venía de más allá, pues no se veía). Debió pertenecer al cauce inicial del Voltoya. Al Este de Matapozuelos se observaba un rebaje, que utilizaría el Adaja cuando paseaba por este valle cuando fue capturado por el Eresma.

Otra perspectiva del valle

Otra perspectiva del valle

Total, que en estas tierras venció el Eresma, que fue capturando a las otras corrientes. Pero se ha quedado con la fama el Adaja al que, además, le cantan letrillas por atajar al Duero. Cosa normal en España: quien trabaja duro queda oculto y un oportunista se lleva el gato al agua o, como en este caso, el agua a su cauce.

En todo caso, cuando dimos el paseo, pudimos descubrir un valle muy peculiar, hermoso y amplio, con abundante grava y ahora cubierto de majuelos rojos y amarillos.

Actual desembocadura del Adaja en el Duero. Hoy lleva las aguas del Eresma y del Voltoya

Actual desembocadura del Adaja en el Duero. Hoy lleva las aguas del Eresma y del Voltoya.

Para saber más, ver el artículo de Tortosa, Arribas, Fernandez, Garzón y Palomares en la Revista de la S. Geol. Española en 1997. 

Entre Olmedo y el Eresma

24 diciembre, 2014

Olmedo Aguasal El Eresma entra en Valladolid como sin pedir permiso. Es un río poco conocido, pues sólo bordea una localidad: Hornillos. Antaño debió ser algo más famoso, pues un ramal importante de la Cañada Real Leonesa circulaba paralelo a él, por su margen derecha, y otra cañada real que se dirigía a Madrid lo hacía por la izquierda. Además, los despoblados de Valviadero o Brazuelas, también estaban en sus orillas. Hoy día, el Camino jacobeo de Madrid entre en la provincia juntamente con este río. Hasta que une sus aguas con el Adaja, atraviesa sobre todo tierras de pinares. Su cauce es un tajo relativamente profundo y estrecho; en muchos sitios nos hemos de acercar a él con cuidado, para no resbalar y sufrir una caída que podría ser mortal. El día de esta excursión llovía. No hicimos más de 30 km.

La Torre

La Torre

Un cerro diferente

El cerro del Telégrafo es un cerro diferente, pues ni su forma es cónica ni su cima es plana, sino afilada, como si fuera una tienda de campaña. Este cerro y el páramo que está al Este, separado por un collado, son de las pocas altitudes de la provincia que se han quedado entre el Eresma y el Adaja. La torre enlazaba con la de Almenara por el sur y con la de Mojados al norte. Queda muy poco: la base agrietada y una esquina en la que todavía vemos la escala por la que se subía a los pisos elevados del torreón. Su cima es buena para ver el paisaje en el que quiere adentrarse. No es perfecta, pues en demasiados puntos los pinos nos impiden la vista.

Panorama desde el cerro

Panorama desde el cerro

Y otro no tanto

No hay camino para subir o bajar del cerro del Telégrafo. Además, la densidad de la plantación de pinos alepensis hace más dificultosa la bajada. Sin embargo para subir al cerro contiguo no hay problema, pues tenemos una pista de cemento que se usa para acceder a las numerosas antenas que aquí se levantan. Este cerro ya es totalmente plano, de más de 2 km de largo, con la superficie de tierra buena dedicada al cultivo de cereal. Y en el extremo oriental, hay como un cabezo que quiere independizarse del paramillo, éste plantado de pinos y arizónica.

Parecían montañas en las que se quedaban las nubes lloviendo

Parecían montañas en las que se quedaban las nubes lloviendo

Bajamos por la ladera, pues el camino es puro barrizal donde cualquier bici se atascaría.

Pinar de Ordoño

La mayor parte de la superficie de este pinar se encuentra en el término de Aguasal, y limita al Este con el río Eresma. Abundan los pinos piñoneros, si bien podemos ver algún negral e incluso robles, que ahora resaltan por el color amarillento de sus hojas. Ni que decir tiene que el día de la excursión vimos multitud de setas. Está atravesado por multitud de caminos, todos muy agradables y con suelo más bien firme, no muy arenoso. Lo atraviesa también el arroyo del Cuadrón, que forma una especie de estrecho humedal con prados que se encharcan, los Prados del Cuadrón. Desemboca en el Eresma, sin salir del pinar.

Se adivina el tajo

Se adivina el tajo

Y en el límite vemos el Caserío de Ordoño, abandonado. Pero las ruinas manifiestan que fue un caserío con cierto carácter. Al lado vemos el Pino de la Tableta, uno de los árboles catalogados en la Provincia.

Lagunas y bodones

Como en toda la comarca de Olmedo y Medina, encontramos numerosos bodones en nuestra ruta. Desde la torre del Telégrafo se veían los más grandes, como la Charca de la Majada. El caserío de Ordoño se asienta sobre una extenso humedal: algunos bodones o lagunas tenían algo de agua pero otros –como la laguna de las Eras- estaban secos. Lo mismo puede decirse de los Prados del Cuadrón, que conforman otro gran humedal. Y tanto en el camino de entrada como en el de salida de Llano de Olmedo vimos bodones con agua, por no decir que en el mismo Aguasal, la Gansera y la Cárcava habían alcanzado un buen nivel.

Fochas en Aguasal

Fochas en Aguasal

Fuentes

Encontramos la famosa fuente del Avellano, en el borde mismo del desplome del Eresma. Fue remozada en 1991 y su agua tuvo fama de curar las enfermedades del estómago. No dimos con la fuente de Valandrino, que debe de estar –si no se ha perdido- en la misma orilla del río. Y la fuente de los Carreteros, en los prados del Cuadrón, ha debido secarse, pues en el mismo sitio hay ahora dos grandes pozos. Al pasar por Llano de Olmedo la fuente que hay en el camino de tenía abundante caudal y, ya en la Ciudad del Caballero, aprovechamos para lavar la bici en el caño Nuevo, una de sus siete fuentes. 14 diciembre 077

Camino de Santiago

12 mayo, 2012

Como los suelos han estado mojados y con abundante barro, había que buscar terrenos de arena y grava para pasear en bici. Y contando con extensos pinares nada mas salir de la ciudad, no es preciso buscar muy lejos. Conocemos los pinares que se extienden por las riberas del Adaja y Eresma, y a ellos podemos volver una y otra vez aunque nos parezca que ya los hemos rodado mucho.

De manera que la salida la hacemos desde Valdestillas por la ribera izquierda del Adaja. A pesar de las lluvias caídas, el río no viene con excesivo caudal, y prueba de ello es que podemos cruzar el puente –casi a ras de agua- de la ermita de Sieteiglesias. A muy poca distancia el Adaja ha recibido las aguas del Eresma, a cuya cuenca nos pasamos ahora.

El camino que estamos siguiendo –primero por el Adaja y ahora por el Eresma- es el camino de Santiago que viene desde Madrid, cruza nuestra provincia de sur a norte, para conectar en Sahagún con el camino Francés. Y es que todos los caminos llevan a Santiago; no es necesario ir hasta Roncesvalles para tomarlo. Tampoco es el único que cruza por esta provincia, también lo hacen otros dos que vienen de Valencia y Alicante. Por eso vemos las típicas flechas amarillas que indican el Camino.

Cruzamos junto al caserío de Brazuelas y llegamos, por fin, siguiendo el Camino inverso, a Alcazarén, de resonancias árabes, mudéjares e incluso bandoleras, pues aquí –detrás de la iglesia de San Pedro- vemos la posada donde se hospedaba Luis Candelas cuando le capturaron. Por si fuera poco, en otra de sus casas sigue escribiendo Jiménez Lozano, autor que entiende como San Juan de la Cruz o como Miguel Delibes el alma de Castilla. Ya se ve que no es esta una localidad cualquiera.

Pero como estamos dispuestos a no dejar tan pronto el Camino, por él nos vamos al Molino Nuevo –con su puente en ruinas-, al caserío de Valviadero –de enorme iglesia y pequeño caserío- y al puente del Pisón, ya muy cerca de la ermita de Sacedón. Y a partir de aquí se impone desandar lo andado, pero por la otra orilla de Eresma.

De nuevo Alcazarén y el caserío de Brazuelas para introducirnos en las profundidades del pinar de los Hornos que acaba en la urbanización del mismo nombre.

Después de Mojados, la pista forestal que nos devuelve a Valdestillas es larga, empedrada y los pinos no nos conceden respiro alguno. Pero los aromas que exhalan pinos, tierra y tamuja mojados nos animan a respirar profundamente. En otoño, crecen aquí abundantes nícalos. Como novedad, han colocado un crucero poco después de cruzar la pista que lleva a Viana. Y después de la cruz, vemos un llamativo pino en forma de Y. Cuando nos queremos dar cuenta, hemos llegado a Valdestillas sin prácticamente mancharnos de barro. ¡Qué limpios son los pinares!

Nos hemos hecho unos 60 km aproximadamente.

Cauca

14 abril, 2012

Está claro que si llueve todo está embarrado menos los pinares. De manera que nada mejor que acercarse desde Pedrajas de San Esteban hasta la romana Cauca –Coca- por los inmensos pinares que arropan al Eresma. Además, este tipo de monte tiene un no se qué relajante: tal vez sea el ruido de los neumáticos al rozar las arenas, o el silbar del viento en las agujas de los pinos, o la profundidad del espacio visto entre troncos de retorcidos negrales. O, simplemente, la soledad.

Sacedón

La ermita de Sacedón –de la sauceda, del sauce– fue la primera parada. Pudimos ver cómo lo estaban preparando todo para la romería, que se celebraría al día siguiente, lunes de Pascua. Y también contemplamos el inmenso Pino de la Virgen, al que han encaramado un piñonero pues no en vano es la Patrona de estos currantes que saben agradecerle mediante bailes y coplillas sus favores: con el amparo divino/ proteged a los piñeros/ que no se caigan del pino.

Ruinas en los pinares

De la ermita nos fuimos hasta el despoblado y finca abandonada de Castrejón, de la que sólo quedan las paredes caídas (base de piedra y pared de adobe) y por el monte continuamos hasta el claro donde se asienta el caserío de Bocos, devorado hace unos años por un incendio. Curiosidad: en la pared de la nave de piedra que mira a mediodía hay un reloj de sol. Son recuerdos de otros tiempos, cuando en este pinar se trabajaba con intensidad para extraer la resina de los negrales. Hoy sólo vienen, los otoños lluviosos, los buscadores de nícalos.

Pero de estos pinares están orgullosos los caucenses, pues tan limpios y cuidados los tienen que rara vez hay un incendio. Y eso que son muy extensos, pues aquí El Empecinado despistaba a los gabachos con suma facilidad. Por supuesto, el fuego de Bocos no afectó al pinar.

Eresma

Este río –como el Adaja- atraviesa la Tierra de Pinares haciendo un tajo limpio sobre la arena y la peña. Abajo vemos una transparente lámina de agua que da vida a choperas y álamos. Sus riberas cuentan también con agradables fuentes –como la de Sacedón- y praderas para el descanso. A su cauce nos asomamos cuando salimos de los profundos pinares o los bordeamos. Vemos un embalse para regulación de sus aguas.

Coca

Poco antes de llegar a Coca pasamos junto a un yacimiento romano ¡uno de tantos! y enseguida pudimos repostar en la fuente de los Cinco Caños. Parece ser que desde la época romana hasta ahora no ha dejado de ofrecernos agua. Al lado, puede visitarse una domus y, bajo el puente, una cloaca.Y es que Cauca fue toda una civitas ligada a la Urbe.

¡Y qué bien sienta un paseo tranquilo por Coca! Puedes saludar a Teodosio el Grande,  conocer –por dentro y por fuera- el castillo , acercarte a la torre de San Nicolás, subir a las murallas medievales, cruzar la Puerta de la Villa, o intentar imaginar cómo era la ciudad anterior a Roma tocando la piedra de los verracos lusitanos…

Como por aquí cruza el Camino de Madrid, lo tomamos para empezar la vuelta, cruzando el Voltoya y por él llegamos a Villeguillo y a Ordoño.

Pino de la Tableta

Por el denso pinar nos presentamos en la Casa de Ordoño, en ruinas, naturalmente. Muy cerca puede verse otro inconmensurable pino, el de la Tableta, o de Ordoño. Como el de la Virgen de la otra ribera, también está catalogado entre los árboles de especial interés en nuestra región.

Atravesado el Eresma por el viejo puente junto al Pisón -donde se trataban la lana de la ovejas-, tomamos el último camino, que nos dejó en Pedrajas.