Ladiego de Renedo y Dehesilla de Olmos

El recorrido en ladera ha sido tan corto como intenso. En Renedo se toma la carretera de Villabáñez y nos salimos por la antigua a la izquierda y de ella, en la primera revuelta, surge el sendero a la izquierda que nos va a conducir entre toboganes, pinos y arbustos, a media ladera, hasta conectar con el camino que viene de Castronuevo hasta el páramo.

En total, son como unos 5 km, que se hacen un tanto largos por momentos a causa de la sorpresa y dureza de algunas subidas. También, hay que rodar con cierto cuidado para no salirse del sendero y caer ladera abajo.

Cruzamos por pinarillos cerrados, con zonas en las que abundan los juncos aunque sin llegar a ver ningún manantial. En otros momentos se sale a ladera abierta, e incluso a algunos sembrados, lo que facilita estupendos panoramas del valle Esgueva.

Acabamos por conectar con el camino carretero que sube al páramo. Poco después nos presentamos en la  solana de la Muela, idílica pradera en la que, en otros tiempos, se podía contemplar, desde sus cerrales, cómo jugaban las liebres y evolucionaban los escribanos… Ahora no, ahora hay matas de roble y pimpollos creciendo y ya no es una pradera. Pero sigue siendo un lugar agradable, especialmente por la fuente y por los quejigos que en esta época aparecen repletos de gallaras de los tonos más variados entre el verde, el rojo y el amarillo.

Luego tomamos el camino de los Carriles hasta desviarnos hacia el cerro o muela de la Dehesilla, que domina la localidad de Olmos de Esgueva. Se trata de un estupendo observatorio sobre el Valle Esgueva, tanto hacia el oeste como hacia el este, si bien, en primer plano, contemplaremos Olmos con sus campos de labor, almendreras, vallejos y laderas.

Después de una fulgurante bajada, tomamos la conocida senda verde para retornar a Renedo. Aquí, el trayecto, de unos 37 km.

El Cerrato de Piña, Población y Esguevillas

Día gris con un ábrego fortísimo que a punto estuvo de hacer insufrible el paseo; en todo caso, el recorrido por esta parte del Cerrato fue corto, lo suficiente para estirar las piernas y desengrasar de la semana. No apetecía una excursión larga.

Desde Piña subimos al páramo hasta alcanzar la casa del Monte, en cuyo cielo navegaban buitres, estampa que ya es habitual en esta provincia. De allí fuimos, por el mismo cerral, hasta el denominado barco de Valladolid, en el término de Esguevillas. El valle Esgueva lucía un incipiente verde adornado de esas motas blancas que son, en la lejanía, los almendros en flor. Un tractorista dibujaba bandas paralelas en la cebada recién nacida de los barcos y rebarcos. Arriba, restos de chozos y corralizas de pastor.

Roble en el barco del Perro

Después, atravesamos la cañada real burgalesa para rodar por la zona palentina e incluso bajamos a campo traviesa por la recóndita boquilla de Valdemoraza para subir enseguida por el barco del Perro. Aquí nos paramos para contemplar que aún quedan robles inmensos en algunos puntos del Cerrato. Y, ya casi arriba, descubrimos cómo las capas de piedra caliza forman ondulaciones que no habíamos visto hasta entonces, o al menos no las recordábamos. En la llanura de la paramera seguía habiendo buenos robles. A pesar del día gris, la sensación de soledad y libertad te embarga en estos montes tan apartados.

Alguna vez, la caliza se ondula

Dejando al sur la torre de vigilancia de incendios bajamos hasta Esguevillas. Y por el valle nos fuimos acercando a Piña pero, antes de llegar, visitamos las ruinas del viejo molino, para lo cual tuvimos que cruzar el cauce de la Esgueva Vieja.

Aquí, el recorrido, de unos 30 km.

 

 

Pisuerga de chocolate

Ayer mismo cruzaba por el puente Mayor y me llamó la atención lo transparente que estaba el agua del Pisuerga. La verdad es que en invierno -no sé la razón, tal vez tenga que ver con las temparaturas de decantación- si no hay riadas, las aguas vienen muy claras en todos nuestros cauces.

Pero esta mañana, al dar un paseo por la ribera, me sorprende un Pisuerga de color chocolate intenso, que contrastaba con las verdes -y relativamente transparentes- aguas de la Esgueva, como puede apreciarse en la fotografía. ¿Cual de los cuatro ríos -Arlanza, Arlanzón, Pisuerga, Carrión- será  el causante de este color? El nivel era el normal en invierno… Por cierto, también se aprecia la humana porquería que dejó la crecida de diciembre de 2019 en las ramas de los arbustos ribereños; en primavera y verano no se apreciaba.

Niebla

Hoy llueve sobre Valladolid, ayer hizo sol, pero lo que no es muy normal es que en el mes de abril tengamos niebla, tal como la tuvimos aquel 6 de abril de 2014 en que salimos a dar una vuelta por el valle Esgueva. Cierto que la niebla levantó en cuanto llegamos a la espadaña de Mazariegos, en Piña, y disfrutamos de una jornada espléndida de sol y calor. (Prefiero la niebla al confinamiento, y ¡mira que es aburrida para el ciclista!)

Almendros del Esgueva

La franja temporal de floración del almendro en nuestra provincia es muy amplia, y depende en buena parte de la climatología. Algunos años he visto que empiezan a florecer muy a finales de enero y otros, como éste de 2006, a primeros de abril están en plena floración. La foto está tomada desde la Casa del Monte, en Piña de Esgueva, y muestra una ladera del páramo y parte del valle. Las parcelas de cultivo se encuentran separadas por hileras de almendros; en los páramos suelen desempeñar esta función los robles. (2.04.2006)