Algunos corrales en el páramo sur de Fombellida (y 2)

27 julio 062

Desde Fombellida los ganados accedían al páramo del sur por distintas cañadas o, por mejor decir, coladas. La primera y más utilizada –hoy es también el camino más usual y con mejor firme- es la de la Nava, luego, en dirección al este vienen: la de los Vallejos, pues llega a tres distintas colas o nacimientos de arroyos, la de Valdoma, que cuenta con algún manantial en la subida y se acaba justo al llegar al páramo, si bien antes continuaba hasta los corrales de Valdoma y la de Santa María, que sube por el vallejo divisorio con Canillas.

Los corrales de Valdoma siguen parcialmente en pie en las Hoyadas, a escasos metros del vallejo por el que sube la colada. Se encuentran rodeados de tierras destinadas al cereal, lo que indica que antes no todos sus alrededores eran puramente agrícolas. Desde ellos divisamos el paisaje de este peculiar páramo, con sus quejigos y encinas que señalan lindes y caminos.

En las Viñas
En el Hogazo

Al comienzo de la caída de la cuesta de la Vela, a pocos metros del camino de San Llorente, se esconden unos humildes corrales. Asentados en el último escalón de su valle o cuesta, no levantan casi del ras del páramo, por lo que pasan desapercibidos. Además, son de ese color gris oscuro que les hace confundirse con el resto de las piedras de la comarca. Distinguimos, a duras penas, chozo de lo que parece un montón de piedras. Ahí siguen, desafiando al olvido. ¿Cuántos años más?

No es que sea muy definitdo este mapa, pero da una idea de la situación de estas construcciones pastoriles
No es que sea muy definitdo este mapa, pero da una idea de la situación de estas construcciones pastoriles

Al comienzo del valle de Valendero, que cae hacia Torre de Esgueva vemos dos grupos de corrales. El de la izquierda conserva muy bien dos de sus vallados; no se distingue ningún chozo, pero pudo haberlo. El de la derecha, bien metido en las tierras de labor está reducido a un puro montón de piedras, pero podemos ver la entrada al chozo que hubo, sólo la entrada.

Desde el corral de Matacaderas, en el cerral del páramo, se contempla una bonita imagen de Torre. Fueron grandes estos corrales, pero ya están totalmente arruinados. O sea, ruina de ruinas.

Torre desde Matacaderas
Torre desde Matacaderas

No situamos por un momento en el término de Torre. A escasos metros de la raya de Fombellida para ver los corrales de Las Viñas, en un picón sobre el Valle Esgueva desde el que se vuelve a contemplar Torre. Mantienen un chozo en buen estado. Y a 300 m al sur, en un valle que se abre hacia Castroverde, que vemos al fondo, tenemos los restos de otras corralizas. Tuvieron chozo: una puertecilla abierta en un muro circular lo confirma.

Caño
En el barco del Caño

Otro chozo no muy derruido lo vemos en los corrales del Hogazo, a la vera de la colada de la Nava. Muy cerca, en el barco del Caño tenemos un curioso corral de planta cuadrangular, también en buen estado de conservación. Lo de curioso lo digo porque es el único de esta forma en la zona (hay otro similar en el páramo del norte). Está, además, en una suave ladera junto al camino, cerca de un bosque de robles. Desde aquí mismo vemos otros corrales, en el inicio del barco, bien protegidos por la ladera y los robles, que podríamos denominar de la Mañera, por el lugar en que se encuentran. Tuvieron al menos dos chozos.

En el barco del Caño
En la Mañera

Y, para finalizar, citaremos los corrales de la Isilla, en una llanura del páramo cuando éste va a caer por el barco de San Antonio hacia el arroyo del Charcón. Con robles alrededor son, seguramente, los más extensos del término. Con la ayuda de Google Maps hemos contado más de 30 departamentos o corrales menores en los que está dividido. Tiene también un chozo de buen porte.

En el valle, junto a la colada de Santa María
En el valle, junto a la colada de Santa María

Curiosamente, abajo, en el mismo valle del Esgueva, Fombellida posee un chozo, justo al lado de la colada de Santa María, cuando ésta inicia la ascensión al páramo.

Estos son algunos de los corrales al sur de la localidad. Más adelante, en otra entrada, procuraremos hablar de los que se levantan en el páramo del norte, que no son pocos.

 

Corrales de Fombellida (1)

27 julio 031

Cuanto más ascendemos por el Valle Esgueva más estrecho se hace y, por tanto, ganan espacio y relevancia en detrimento del valle mismo los páramos que lo bordean, que normalmente se encuentran abiertos por vallejos secundarios. De esta forma, se hace más importante la ganadería –propia del páramo y vallejos- que la agricultura, que siempre ha buscado las vegas de tierra suave y fértil. ¿Siempre? Bueno, siempre hasta ayer, que hoy las cosas han cambiado gracias a la maquinaria agrícola que llega a todas partes y, aunque las tierras no sean amorosas, algo sacan.

El caso es que el término de Fombellida está plagado de corralizas y chozos de pastor. O mejor, de ruinas de esos elementos. Antaño tuvo mucha importancia la ganadería, sobre todo de ovino. Los pastores llevaban el ganado al monte y ahí permanecía largas temporadas, pues no lo bajaban mientras hubiera pasto. Y para eso debían usar una estructura mínima, con el fin de guardarlo por la noche, de ahí las corralizas, y para guarecerse el pastor, los chozos. Hoy, ya digo, todo ello es una ruina. En Fombellida algunos vecinos de más de 60 años recuerdan haber utilizado estas corralizas.

Refugiados
Refugiados

El páramo al sur del pueblo no es el típico raso, pues está compuesto por pequeños vallejos, barcos, navajos, lomas y hoyadas. Además, todavía conserva cuarteles y rodales de monte de encina y roble con algunos enebros. Los caminos y linderas están señalados, con frecuencia, por hileras de quejigos. Y en los campos de cultivo se han respetado algunos robles y encinas solitarios. Todo esto le da al paisaje un aire distinto y peculiar. Sólo por contemplarlo merece la pena dar un paseo por aquí. Se supone que hace muy pocos siglos el bosque se extendía por toda la paramera, la agricultura era mínima y la ganadería lo llenaba casi todo. Además, la tierra no es excesivamente buena, está llena de piedras, tantas que a veces la tapan, y algunos majanos son muy recientes.

Vallejo
Vallejo

Las corralizas suelen encontrarse allí donde comienza un vallejo, aprovechando el espacio existente entre el cerral y el bocacerral. Así, se protegen con la ladera de las posibles inclemencias atmosféricas. Esto ocurre en la mayoría de los corrales que vemos en los páramos de la provincia. Quizá lo que les distingue de otras comarcas es la piedra utilizada, que no está tallada ni mínimamente trabajada. Las piedras usadas, en su mayoría, están recogidas directamente del suelo, o de la cuesta del páramo. Por eso, es siempre irregular y tiende a ser de tamaño más bien pequeño. Es de un gris muy oscuro, con abundantes manchas negras debido a la acción del clima extremo al que se ve sometida. También esto da a los corrales una fisonomía propia, como más pobre o humilde que en otros páramos.

Corrales
Corrales

¿Cuál es el mejor momento del año para visitarlos? Sin duda, la primavera. Podríamos decir que, en ella, lucen con todo su esplendor y aparecen como lo que son, construcciones pastoriles en un momento de bucólica alegría. El verano no es buen momento: con las hierbas ya resecas y altas parecen construcciones abandonadas y arruinadas por completo –y eso son- caídas en una especie de basurero perdido y olvidado. Aparte de que se hace costoso avanzar entre tanta maleza para verlos de cerca.

Sea como fuere, lo cierto es que forman parte de nuestra historia menor y que están cayendo por los rápidos del impetuoso río del olvido. ¿Recuperaremos alguno? ¿Será demasiado tarde cuando empecemos a valorarlos? Misterio. De momento, forman parte de ese paisaje que, sí, habla a los poetas pero también, en otro lenguaje, nos habla a todos de lo que fueron y cómo vivieron aquellos hombres que, hasta hace casi un siglo, lo sacaban todo, y todo lo esperaban, del campo y de la lluvia, del ganado y de los montes…

Chozo
Chozo

Como nos ha quedado un poco larga esta primera parte, dejamos la segunda para otra entrada en la que hablaremos de algunas corralizas en concreto.

El moral de Santa Lucía y el embalse de Tórtoles

Embalse Tortoles(1)Pensamos que una buen recorrido sería partir desde Fombellida para llegar hasta el embalse de Tórtoles, en el valle de un arroyo tributario del Esgueva, ya en la provincia de Burgos y después de haber atravesado el término palentino de Castrillo de Don Juan. Pero nos equivocamos. Lo mejor estaba un poco más allá.

 Cañada de la Nava

Precioso pueblo, Fombellida, asentado en la ladera del valle. Todavía quedan casas típicas, construidas al modo tradicional, fuentes y sotos llenos de verdor. También, según salíamos, pudimos contemplar la hilera de bodegas mirando al sur, como para recoger el sol en las tardes de invierno.

20 septiembre 019

Subiendo al páramo hicimos un pequeño alto en una fuente que manaba con ganas bajo unos chopos. El camino –hoy pista- se ha olvidado de la vieja cañada, de la que aun quedan algunos restos. De hecho fuimos por una estrecha vereda sorteando pedruscos caídos de viejas vallas. Pasamos por los extensos corrales y chozos de Valdelacasa.

 La Nava

Y, en directo, llegamos la Nava. En medio de los campos sembrados recorrimos los restos de otras inmensas corralizas, situadas donde el páramo comienza a descender por recios terrenos ondulados, bien salpicados de pequeñas piedras y alguna encina. Un poco más arriba estuvo la Nava, hoy repoblada con pinos. Pero también quedan algunas manchas de roble y encina.

20 septiembre 062

Entre el cielo y el suelo

Demasiadas piedras. No se sabe cómo los agricultores cultivan estas tierras, pero lo cierto es que ahí están las rastrojeras del cereal. Más corrales, más pequeñas manchas de monte; adecuada zona para el austero ganado lanar.

Hasta que dimos con el camino de Hérmedes a Tórtoles. Más que camino, autopista para las bicis. Buen firme para rodar y, esta vez, con un suave viento a favor. Total, que nos presentamos en un santiamén y después de atravesar el término de Castrillo, en la asomada de Tórtoles .

20 septiembre 074

El embalse

Bordeando el páramo por las eras llegamos a lo que suponíamos un vallejo que caía al embalse. Y así fue: campo a través descendimos hasta la orilla. ¡Espléndida lámina de agua de color azul turquesa! Estaba lleno hasta el borde. Parece que los agricultores de la comarca no han tenido necesidad de regar mucho últimamente. En dimensiones y tipo de presa es bastante parecido a su hermano el embalse de Encinas. Sólo unos pescadores vigilaban las aguas.

 Santa Lucía y su moral

Teníamos que empezar a dar la vuelta pero decidimos subir al páramo para presentarnos en la ermita de Santa Lucía y, si se terciaba, dar un salto hasta el convento de los Valles. La sorpresa es que, además de la Santa, nos esperaba también un increíble moral a rebosar, eso sí, en su parte alta, de sabrosísimas y dulces moras negras. La parte inferior, a la que se llega con solo extender el brazo, estaba esquilmada. Lógico.

20 septiembre 115

Es un árbol singular, al parecer catalogado, de gran envergadura, con un alcorque de piedra que ha sido empujado y movido por sus poderosas ramas. De hecho el tronco ha desaparecido y son más de una docena de ramas cada una del tamaño de un buen árbol, las que nacen del suelo proviniendo de un mismo punto. Encaramados a ellas algunos comimos hasta casi saciarnos. ¡Qué gusto! Luego pasamos a agradecer a Santa Lucía los cuidados que pone en su morera y a lavarnos las manos en el pozo de al lado. Nos olvidamos de las ruinas del convento, que se veían a unos tres kilómetros: ¡para otro día!

En Villovela, pueblo donde está el árbol, hay también una preciosa iglesia, muy limpia y cuidada –como todo el pueblo- de estilo gótico con un ábside románico.

20 septiembre 102

Continuará en la próxima entrada. En total, nos hicimos casi 60 km; aquí tenéis el track de Miguel Ángel.

Entre el Jaramiel y el Esgueva (2): Casas de los Guardias

La casa de Quintanilla

Desde el pozo de Ávila, en las Dehesillas, ponemos rumbo al barco de los Guardias.

Nos encontramos en el raso y no spresentamos en la casa de Quintanilla.  Esta zona estuvo más poblada de lo que parece. Buena prueba es esta casa y las (muchas) de los Guardias, a las que enseguida llegaremos. Aquí, los viejos muros de piedra y barro parecen elevar, desolados por tanto abandono, sus brazos al cielo, en medio de la ancha paramera. La casa debió ser muy grande. ¡Demasiadas cosas que fueron grandes! ¡Qué cantidad de pasado! Pero también queda el presente: un paisaje natural y limpio por el que limpiamente rodamos.
Casa de Quintanilla
Junto a la casa un abrevadero con su pozo, y su bomba extractora que puede ser usada. ¡Qué agua tan fresca de las entrañas del páramo!

Seguimos rodando. Al fondo se divisa una gran mancha de robles. Al llegar cerca, hay también algunos piñoneros. Cambiamos de dirección y rodamos por un paisaje distinto, por el monte que también se encuentra salpicado de ruinas de viejas casas, de pastores seguramente.

(Para ver el croquis pínchame)

Casas de los Guardias

Y llegamos al Barco de los Guardias, densamente poblado de encinas, robles, escobas, endrinos y plantas aromáticas. Pero también de hierba y vegetación típica de zonas húmedas. Un pozo –esta vez candado- y su abrevadero aprovechan la humedad del vallejo. Y todo sembrado de ruinas. La casa principal parece que estuvo en el borde del páramo, pues sus muros son los más anchos y sus piedras, grandes y labradas. ¿Quién habitó este barco hoy hundido? ¿Guardias? ¿pastores? ¿monteros? Si alguien lo sabe, que por favor deje un comentario. Pertenece al término de Fombellida y linda con el de Valbuena de Duero.

Jaramiel desde las casas de los Guardias

Este paraje tiene un encanto especial, y no sabemos explicar exactamente el por qué. Cae de los rasos hacia el valle del Jaramiel.  Este monte no se une al de enfrente -Monte Alto- de Pesquera de Duero, sino sólo por algunos ejemplares de roble aislados o en hilera que quieren actuar de mediadores. Antaño fue todo un extenso robledal. Al menos hoy quedan unos cuantos kilómetros cuadrados por los que pasear.

Páramo

Nos vamos con pena. De nuevo en el páramo. Cruzamos los Lanchares donde vemos un amplio prado con abundantes restos de corralizas. Curiosamente un corral, con sus muretes en perfecto estado, parece resistir el paso del tiempo. El aroma de espliego llena los aires y nuestros pulmones.

Pozo y bomba