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Parameras de Torozos

20 junio, 2010

Esta ruta se inica en La Mudarra, típica localidad del páramo de los Torozos. En ella predomina la piedra para construir, vemos abundantes palomares y algún chozo de era, además de cercados de piedra. Pero lo más agradable de todo tal vez sea el hontanar donde nace el río Hornija. En el mismo pueblo tenemos, en primer lugar, la fuente Porras, con un esquema del río y un poema de Godofredo Garabito, poeta nacido en la localidad; pero también nos podemos resfrescar en la fuente Oliveti, en la de San Antonio, o incluso en la de los Cuatro Caños. Además, el pequeño vallejo que da inicio al Hornija es fresco y acogedor, especial para guarecerse una tarde de verano…

Ya en camino, la primera parte del trayecto discurre por el ras del páramo. Por los restos de corrales entendemos que esta llanura fue, en otro tiempo, monte de abundantes pastos. A esa misma conclusión nos lleva la abundancia de pozos, que seguramente servirían para que abrevara el ganado. En el término de Castromonte la boca de los pozos se encuentra a ras de tierra; para evitar peligros ahora han colocado encima grandes anillos prefabricados en cemento. Les quita todo su encanto, pero así se evita que algún despistado se caiga.

Pasamos junto a la fuente de las Panaderas, que es el manantial donde nace el río Bajoz. Justo al lado, uno de los pozos.

En Castromente vemos más palomares y más fuentes, y simpáticos senderos junto al río. También se asienta al lado de un agradable vallejo. En su término se encuentra el monasterio de la Santa Espina. Si fuéramos allá, antes nos toparíamos  con un pequeño embalse donde abundan tencas, gallipatos y tritones. Pero no nos lleva en esa dirección nuestro sendero de hoy.

Seguimos navegando por el ras del páramo dejando el nacimiento de otro escondido vallejo entre Castromonte y Valverde y nos asomamos a Tierra de Campos: Tordehumos, Villabrágima,Medina de Rioseco y las inmensidades horizontales de esta tierra inabarcable e inacabable, con el cielo que le infunde luz y tonalidades diferentes en cada estación del año y en cada momento.

Nuestro camino, luego de pasar junto al vértice  de la Calva, no encuentra salida y debemos recorrer un corto lindero hasta dar con el camino que cae hacia Valverde de Campos, que tiene también palomares y una fuente de aguas frescas en la plaza.

Subimos de nuevo al páramo -suave y corta subida- por el camino previsto, o bien por el firme del Tren Burra. De una forma u otra, llegamos a la carretera que une Valladolid con Medina de Rioseco, si bien antes podemos acercarnos a otro mirador sobre Medina de Rioseco por un camino que sale haci el Norte. Al llegar, un extenso prado o erial se extiende entre restos de corrales.

Y dejamos para la próxima entrada un paraje distinto que tiene algo de mágico: ¡Valdescopezo! Pero no adelantemos acontecimientos…