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Pinos de la Comunidad de Villa y Tierra de Íscar

1 febrero, 2015

Iscar a SamboalDesde hace siglos, Íscar viene cultivando su riqueza forestal produciendo piñones, resina y madera. Hoy vamos a dar un paseo por los pinares de la Comunidad de Villa y Tierra de Íscar –a la que pertenecen Remondo, Villaverde y Fuente el Olmo, aunque estén en Segovia- y por los de otros términos colindantes, como Fresneda y Samboal.

El día estuvo claro y frío. Pero como daba el sol, en ningún momento llegamos a enfriarnos. El firme de los caminos se encontraba húmedo -sin llegar a embarrarse- por lo que las ruedas se pegaban al suelo más de lo que nos hubiera gustado, y nos costaba dar pedales. Una ligera brisa nos dio de frente durante los últimos kilómetros.

Asomado al claro

Asomado al claro

Pinos

El terreno es mezcla de arena y arcilla, bueno para estas coníferas. Vemos tanto piñoneros como negrales. Unos engordan piñas y otros destilan resina. Son de todos los tamaños: pimpollos, medianos, grandes y muy grandes, llamativamente altos o corpulentos. Y otro detalle importante de estos montes: están limpios. O sea, que si hay un incendio, el fuego se difundirá con cierta dificultad. Por esta razón, también es más fácil pasear por ellos. Ni qué decir tiene que en primaveras y otoños lluviosos, estamos en el reino de los aficionados a las setas.

Ya en el camino de la Picona, poco antes de cruzarse con la cañada de Merinas que viene de Puenteblanca, vemos unos enormes piñoneros lindando con tierras de labor. Pero esto no ha sido más que le aperitivo.

Perfecto parasol

Perfecto parasol

De Fresneda a Samboal tomamos la cañada de las Saleras, que va cruzando pinares y grandes claros de tierras de cultivo. Volvemos a disfrutar de todo tipo de pinos: negrales que se han estilizado por estar demasiado agrupados, o piñoneros que lucen la forma perfecta de copa o parasol. También cruzamos algunas alamedas.

Desde el Pirón a Fuente el Olmo rodamos por una pista forestal primero y luego por un camino, justo por la raya entre Coca y Samboal. Abundaban los grandes piñoneros en los claros o en el pinar; uno de ellos, de tres enormes ramas, había sido indultado por los quintos del 2008 2007 según reza la placa que luce en el mismo tronco. También vimos negrales de proporciones desconocidas, pues parece que igualmente hubieran sido indultados: en la parte baja se notan las antiguas cicatrices, ya restañadas, de los años en que fueron sangrados. Después, se han recuperado -¡y de qué forma!- y parece como que quisieran tocar el cielo. Y no hay ni uno ni dos, son multitud.

Indultado

Indultado

Y eso que no nos acercamos al Pino de la Cinco Gachas, cerca de Coca, ni tampoco al Pino de las Apuestas (o de las Mentiras), muy cerca de Fuente el Olmo. Los dejamos para otra ocasión.

Finalmente, poco antes de llegar a Íscar, nos salía al encuentro un grupo de viejos y enormes piñoneros, al salir del pinar de Marigarcía.

Laguna del Prado

Laguna del Prado

 Ríos y bodones

Pero no todos fueron pinos. También cruzamos dos veces el río Pirón, y el arroyo Malucas. Los dos tenían corriente pero no estaban excesivamente limpios. Todavía recuerdo cuando mi abuela, que era de Íscar, me contaba feliz cómo, de niña, jugaba con el agua transparente y los guijarros del Pirón, allá por los finales del siglo XIX. ¿Volverán esos tiempos?

Podíamos habernos acercado a varios bodones, pero no nos apartamos de la ruta que nos habíamos trazado al principio. Pasamos por alguno, como el que hay junto al cementerio de Samboal, que tenía las aguas azules; vimos otro, a un kilómetro pasado Fuente el Olmo, con el manantial – y su abrevadero y lavadero- del que se nutría. Antes, al llegar a Fresneda nos acercamos a la Gansera, formada gracias al Caz del Egido.

Vado en el arroyo Malucas

Vado en el arroyo Malucas

Samboal y otros pueblos

Pasamos por varias localidades. En Fresneda nos acercamos a la ermita de la Virgen de la Visitación que a través de la mirilla nos pareció gótica, de buen porte. Por cierto, desde esta ermita se contempla un amplio panorama.

Pero el pueblo que más nos llamó la atención fue, sin duda, Samboal: limpio, con casas antiguas rehabilitadas o nuevas construidas con buen gusto. Su iglesia de San Baudelio, recién restaurada, es una joya mudéjar. Una casa señorial, que tiene un balcón con un simpático tejadillo, parece arremeter contra el ábside de la iglesia, y la enorme chimenea le llega a tocar. Pero no sé, tampoco queda mal, es algo original. Recorrimos la calle mayor disfrutando de cada una de sus casas, pertenecientes a ese estilo de arquitectura tradicional –en ladrillo- de Tierra de Pinares.

Fue sangrado, y hoy se ha recuperado

Fue sangrado, y hoy se ha recuperado

También nos resultó atractivo el parque –parecía un museo de mojones- con viejos utensilios para la explotación de los montes, en Fuente el Olmo. Y en Villaverde, pasamos junto a un sencillo crucero con un tosco Crucificado esculpido sobre la misma piedra –luego vimos otro delante de la iglesia- y, en una placita, aun conservan la fuente con elevador que surtiera de agua al pueblo durante muchos años.

Al final, cuando uno de los ciclistas quiso tomar dirección suroeste desde Villaverde, el castillo de Íscar salió al quite desde lo alto y nos señaló el rumbo seguro. Nos faltó degustar una Loca Juana donde la elaboran para poner un final redondo a esta excursión.

Cayeron 40 km.

Balcón en Samboal

Balcón en Samboal

 

Entre el Jaramiel y el Esgueva (y3): Fuente el Olmo

1 julio, 2009

Camino de Villaco

¡Un poco largo nos ha salido este reportaje! Pero creemos que es interesante y con paisajes muy agradables para el viajero. Para tener a  mano el croquis, pincha aquí.

Entre el valle y el páramo

Salimos del barco de los Guardias y por los Lanchares, cruzado el prado pastoril, torcemos a la izquierda, hacia el Norte, para tomar el camino que acaba de nacer muy cerca de aquí, en los montes de Valdeherrera. Nos conducirá hasta Villaco.

Es otra ruta preciosa, llena de luz y de encanto. Son casi 6 km de navegación entre el valle y el páramo, pues aquí la falda de la paramera es suave, y forma como un segundo paramillo con valles tendidos y suaves ondulaciones en donde se puede cultivar la tierra. Hay que ir despacio para no perder detalle: a un lado el borde del páramo, con sus siluetas de árboles y las cañadas  que caen suavemente. Al otro, el valle del arroyo de San Juan y el pico de la Cuesta y, más de frente, se adivina el valle Esgueva. Y todo salpicado de zonas de pasto, y algunos pozos y fuentes más o menos próximas.

Pasamos por lugares como la Birlera, el arroyo del huerto Romero, bajo el barco de Valdeloberas que arriba tiene corrales y un chozo de pastor, las Peñuelas –donde mana una fuente entre peñas calizas-, el Hormigo –que también tuvo fuente, hoy cegada-, las Veguillas, hasta que después de ligereas subidas y bajadas…

Fuente el Olmo

¡Llegamos a otro sorprendente lugar: fuente el Olmo! (También conocido como la Fuentona)Ya desde el camino se deja ver abundante vegetación, propia de zonas húmedas, que delata la existencia de un hontanar. Nos desviamos por el camino que baja y vemos primero la fuente de los Baños, humilde pilón con un caño que gotea y a veces se seca.
Fuente el Olmo
Pero un poco más abajo se descubre un verdadero complejo de fuentes, arbolado, canalizaciones, estanques y abrevaderos. El agua sale abundante entre la piedra caliza, como en una cascada. Hay al menos tres caños y otras muchas  salidas de agua. No faltan mesas y sillas para sentarse y yantar mientras, bajo la sombra de los árboles, escuchamos el borbollar del agua. Curioso –y para nosotros- inesperado lugar. Si hubiera que hacer algún reparo se lo haríamos a las mesas: demasiado elegantes y complicadas para tan bucólico lugar. ¡Pero volveremos!

Reconfortados por tanta frescura seguimos camino hasta Villaco.  La bajada es fuerte y casi pasa desapercibido otro abrevadero. Podemos contemplar la mole de su iglesia encima de las casas y las simpáticas bodegas de la bajada. La vieja fuente del pueblo también tiene su encanto.

El valle Esgueva…

Volvemos a Piña vigilados por las estribaciones del páramo y el cauce del Esgueva, aquí todavía de aguas claras y frescas, pues hay pescadores de truchas. Los paisajes de este camino han pasado de la retina a la memoria y ahí seguirán por un tiempo, mientras nos movemos incluso por los altos e insulsos edificios de la ciudad.   ¡Y nosotros pensábamos que conocíamos toda la provincia…!
Valle Esgueva
Pero nos queda el epílogo, pues en Piña podríamos visitar las ruinas del molino que aún luchan contra el olvido, la maleza y los negrillos en el cauce viejo del Esgueva. Se levantan las paredes con las aberturas desnudas de ventanas y balcones, la balsa repleta de arbustos, y tres o cuatro piedras molineras tiradas entre los cascotes de lo que fue una potente fábrica que trasformaba el grano en harina.

…y cosas que ver en Villaco y en Piña de Esgueva

Villaco dependió hasta 1820 de Castroverde de Cerrato, siendo eximido en ese año el señorío del marqués de Aguilafuente, señor de la localidad. Destaca sobre el caserío la iglesia de San Sebastián, gótica del siglo XVI, de una sola nave dividida en cuatro tramos cubiertos cada uno de ellos con bóvedas de arista, mientras que la capilla mayor lo hace con bóveda de crucería con terceletes. A los pies se levanta una espadaña levantada en 1739.

Cerca se encuentra al ermita del Cristo del Humilladero, levantada en piedra con arco de medio punto de ingreso.

Dentro del núcleo urbano de Piña de Esgueva destacan en el caserío los edificios religiosos. La Iglesia de Nuestra Señora tiene dos naves, conservando el ábside semicircular de estilo románico del XIII apoyado en contrafuertes y ventanas decoradas con triple arquivolta. Vemos también los canecillos con decoración con cabezas de animales, piñas o liebres, así como los capiteles de la puerta de acceso al templo. En su interior contemplamos los retablos, uno de ellos del XVI con tallas de la Virgen, Cristo y San Juan de un imitador de Juan de Juni, mientras que el otro, también de finales del XVI, tiene pinturas San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santa Apolonia y Santa Lucía en el banco obra de Antonio Vázquez .

En la plaza, junto al Ayuntamiento de finales del siglo XIX se encuentra la Ermita de San Pedro, rescatada del olvido ahora utilizada como centro cultural, mientras que a las afueras está la Ermita del Cristo de la Buena Muerte.

El término municipal es pródigo en buenas excursiones y podríamos ver, entre otras muchas propuestas:

  • Los restos de una torre de la iglesia del despoblado de Mazariegos.
  • La casa del Monte, con magníficas vistas al valle Esgueva
  • Chozos de pastor en la ladera del páramo
  • El robledal de Valderrobledo
  • Los corrales del Raso y el comienzo del valle de San Pedro, junto a la cañada real burgalesa