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Excursión (fallida) de Gatón de Campos a Boadilla de Rioseco

17 abril, 2017

Pensamos  esta vez en dar un paseo por Tierra de Campos: abril acababa de empezar, no llovía y, si había un momento especialmente bueno para pasear por estos campos siempre atractivos, sin duda era éste. De manera que nos fuimos en coche hasta Gatón y desde allí nos dirigiríamos hasta Boadilla de Rioseco, pues hacía tiempo que no rodábamos por el límite con Palencia.

Así se planteó la jornada. Y lo primero que pudimos comprobar es que los campos estaban muy secos para la época. El cereal, en muchas zonas, mostraba unas calvas de mayor extensión que el propio sembrado donde, además, las plantas no levantaban un palmo y empezaban a ponerse mustias. ¡Menudo panorama se nos presenta, sobre todo a los agricultores!

Así estaba Campos…

Gatón, de nombre simpático, es pequeño y hermoso, con esa hermosura de las cosas sencillas y humildes. Tapiales, casas de barro, algunas incluso de piedra, muy originales. Y el Sequillo bordeándolo. Decidimos seguir la ruta por la orilla derecha de este río, que no mostraba camino pero se veía despejada de maleza y con hierba rala. El cauce es ancho y no hay un punto en el que no crezcan espadañas, ahora de un amarillo pajizo bastante feo. Pero a nuestra izquierda se extiende un gran prado todavía verde que contrasta grandemente con el cauce seco.

Restos del puente del ferrocarril

Nos cruzamos con la vía de un antiguo tren de vía estrecha: sobre el Sequillo se mantienen aún en pie las pilastras de piedra que sostuvieron el puente. No deja de ser curioso este paisaje del que parece que la civilización se ha ido retirando. Y ahora seguimos por el firme del ferrocarril hasta Villafrades, donde paramos un momento para beber agua de su viejo pozo que –esta vez sí- han sabido conservar.

Palomares

Salimos del pueblo por la carretera y la dejamos justo donde dos palomares bien conservados siguen ejerciendo su función, o eso parece. Ahora el paisaje cambia y los campos son alomados, con subidas y bajadas continuas. Pasamos por las fuentes de la Loma y las Tocinas, que surgen como de repente en medio del campo. Tal vez antaño, cuando se usaban, tuvieron su arca, pero ahora no. Al menos manan agua. Las avutardas -qué bien se dejan ver en esta época- se levantaban especialmente majestuosas.

Llegamos a El Muerto, una auténtica asomada sobre esta inmensa tierra desde la que podemos ver el ancho valle del Sequillo con sus pueblos y más allá, así como el extenso territorio hacia el este, donde distinguimos algunas torres de iglesias. Y sin bruma la vista hubiera alcanzado mucho más.

En El Muerto

Ahora bajamos hacia la fuente de los Arenales, perfectamente señalada en la lejanía por tres árboles, uno de ellos ya cubierto de hojas. Dejamos las bicis en el camino y justo al apoyar el pie dentro de la cuneta, ¡zas! siento una fortísima y dolorosa pedrada sobre la pantorrilla de la pierna derecha. Miro hacia atrás y nada ¿quién ha sido? En el suelo tampoco veo nada que haya funcionado como contrapalanca… Y aquí termina la excursión, al menos para mí. Rotura fibrilar de gemelo. Estaré varios días inmovilizado.

Fuente de los Arenales

Llegamos a Herrín de Campos, Javier empujándome un poco y yo pedaleando con la pierna izquierda. Comemos, Javier vuelve a por el coche y yo me quedo en el bar tomando un café y comentando la jugada con quien lo lleva, que me invita a un chupito de orujo para sobrellevar mejor la situación. Ya de vuelta, pasamos por el Centro Médico de Villalón donde me vendan la pantorrilla. El resto del fin de semana, a reposar, leer y escribir. Semana Santa tranquila. Gajes del oficio. Boadilla puede esperar.

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Palomares

2 mayo, 2010

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Hay elementos construidos por el hombre que se han asociado de tal manera al paisaje que ya forman parte de él. Es el caso de las corralizas en los páramos del Cerrato, los molinos y aceñas de los ríos, o los palomares en Tierra de Campos. Aunque son artificiales, no desentonan ni desagradan, al contrario, complementan las campiñas.

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Los orígenes son, al menos, tan remotos como los chozos de pastor. Tal vez ya existieran con los vacceos, pero con los romanos no parece que haya duda; los columbarios fueron una realidad hace dos mil años.

En el caso de Tierra de Campos, los palomares formaban parte de un ciclo vital y económico: la abundancia de cereal garantizaba la vida de las palomas, que a su vez producían un excelente abono para los campos, y que suponían también un complemento en la dieta campesina.

baquerin

Hoy la mayoría de los palomares ya no se utilizan. Y como son de barro en esta comarca, poco a poco pero irremisiblemente, están volviendo a la tierra. Muchos han desaparecido por completo. Otros, cuya forma se asemeja a un enorme muñón, están siendo literalmente absorbidos por la tierra. Otros, en fin, aun cumplen la misión para la que fueron construidos.

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Los hay para todos los gustos: pequeños y grandes, circulares y cuadrados y de mil formas poligonales; con patio interior y exterior, con torre y sin ella, austeros y con adornos, con cubiertas a un agua y a varias…

Al interior todos tienen los nichos para que las palomas aniden. Las paredes interiores suelen estar próximas unas a otras, para aprovechar bien el espacio. Además, así el dueño puede más fácilmente escalar por ellas para acercarse a los nichos más altos…

gaton

En las rutas que hagamos por esta comarca –que se extiende también por las provincias de Zamora, Palencia y León- encontraremos en el horizonte, como signo de identidad, la silueta de uno o varios palomares.

barcial