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Mosquila

10 diciembre, 2016

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Mosquila es el nombre de un pago entre Simancas y Geria junto al Pisuerga. Pero también es un lugar mágico e histórico, de esos que tanto abundaron en nuestra provincia y que ahora están a punto de caer en la noche del olvido. Cuando las generaciones posteriores lo recuperen para traerlo a su memoria ya no será lo mismo…

¿Qué vemos hoy en Mosquila? Lo primero –que pronto se perderá salvo que los simanquinos lo remedien- es una vieja fuente, la fuente de los Tres Caños o de Mosquila. Curiosamente, se encuentra en la misma orilla del río Pisuerga. Ahora fluye sólo a unos centímetros por encima del nivel del río, lo cual quiere decir que cuando el nivel de las aguas es el normal o un poco superior, el pie de la fuente queda sumergido. Antes, evidentemente no fue así, pues la fuente es muy antigua y unos trescientos metros aguas abajo hay una represa que ha elevado dos o tres  metros el nivel del río a su paso por la fuente.

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La fuente hace 10 años. Las escaleras hoy se encuentran ocultas

Como nadie se ocupa ya de mantenerla -¿dónde andarán sus fontaneros?- los caños no fluyen, y el agua se escapa por debajo para engrosar seguidamente el caudal del Pisuerga. Además, el arca, construida en resistente ladrillo macizo, está ligeramente inclinada en sentido contrario a la caída del agua por los caños. Se observa, también cubierto por el barro, el pilón de piedra que recogía el agua. El espacio en el que se encuentra debió de estar especialmente cuidado y todavía conserva parte de su atractivo: se accede a él por unas escaleras semienterradas en la cuesta desde el lado opuesto a la fuente, pero a la izquierda del arca también hay otras escaleras, ahora ocultas por la maleza.

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Otro aspecto de la fuente y su entorno (hace 10 años). Por donde vemos la pared de la derecha -con drenaje- debía venir el arroyo del Prado

Es posible que este espacio difiera del de hace unos años: la fuente está muy arremetida en un esquinazo; tal vez el arroyo del Prado pasaba por delante para desembocar aquí y, al comenzar a despoblarse Mosquila, se niveló el terreno para su cultivo y se le desvió. Las escaleras citadas ayudarían a pasar de un lado a otro del arroyo justo en el lugar donde también hay unas lajas a modo de puentecillo…  En cualquier caso, ahora vemos un murete de mampostería con sistema de drenaje que contrarresta la presión del campo que hay por encima. Pero como los tractores de hoy son poderosos, me parece que la suerte está echada y cualquier día o año de estos nos encontraremos con la fuente enterrada para siempre. Y una fuente menos. Una obra de arquitectura popular más que cae en el olvido…

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El Pisuerga al pasar por Mosquila un día de niebla

Pero Mosquila, en otro tiempo, estuvo habitado. Vemos los cimientos en piedra de una casa, y las paredes de barro de otra construcción en el perdido, entre las tierras de cultivo y el camino que viene desde Simancas y que se dirige a Villamarciel. En estas casas, reducidas hoy a piedras y barro, nació, hace 67 años un buen amigo con el que he compartido agradables tardes de pesca en estas orillas del Pisuerga. Al año de su nacimiento, su familia se trasladó a Simancas, donde vive, y las casas de Mosquila quedaron totalmente vacías.

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Bajando hacia la fuente desde el camino

El paraje en su conjunto no puede ser más agradable: el río suaviza el clima extremo de nuestros veranos y facilita el crecimiento de alamedas y choperas. Desde el camino podemos contemplar un buen panorama del Pisuerga, en dirección al este: una ancha lengua de agua protegida de árboles de gran porte. Y a menos de un kilómetro aguas abajo disfrutamos de la confluencia de este río con el Duero. Hacia las Ventas de Geria, el terreno está salpicado de casas, huertas, majuelos y almendreras.

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Al otro lado del camino

El poblamiento viene de muy lejos, de la prehistoria nada menos. Unos metros más arriba, en la terraza contigua atravesada por el arroyo del Prado, se han encontrado restos de la Edad del Bronce y romanos. Pero el descubrimiento más importante ha sido una necrópolis datada entre los siglos IX y XI, lo cual quiere decir que fue uno de los primero lugares repoblados con motivo de la Reconquista, tal vez precisamente porque se trataba de una antigua localidad perfectamente conocida.

Y es que estos lugares también son de leyenda: el pago limítrofe se llama El salto del pellejero, que recuerda la historia de una zagala de Pesqueruela y un pellejero extremeño. Podéis leerla aquí.

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Restos de las casas de Mosquila

En fin, que por estos lares todo pasa y nada queda. Al menos, poco va a quedar de la fuente de los Tres Caños de Mosquila dentro de poco. A no ser que hagamos algo. Después de todo y de varios años…  ¿acaso no se han arreglado Los Zumacales y sus accesos?

Para llegar: por el camino de Simancas a Villamarciel, en el punto en que vemos restos de construcciones –primero en barro, luego piedras calizas- se abre ligeramente el camino a la izquierda por ahí debemos bajar hasta la ribera, atravesando por un sendero (con frecuencia virtual) un picón de tierras de labor.

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Agua de la fuente al Pisuerga y ¿antigua desembocadura del arroyo del Prado?

Rompepiernas

30 octubre, 2010

¿Quién dijo que Valladolid es llana? Claro que lo es, pero los ciclistas que lo deseen también pueden programar auténticas rutas rompepiernas, de esas que en pocos kilómetros salvan grandes diferencias de altitud. Como si estuviéramos en la montaña. Y traemos a colación un ejemplo, una ruta rodada entre los páramos y picos de Ciguñuela y Villán de Tordesillas. Al final, la diferencia salvada fue de unos 550 metros. Y podría haber sido más si hubierámos querido. Con solo alargarla unos pocos kilómetros…

Hemos incluido un perfil hecho con HeyWhatsThat Path Profiler para que se vea un poco mejor el carácter del recorrido.

Partimos de la iglesia -verdadera ermita en la ribera- de San Juan, en Arroyo de la Encomienda. Atravesadas las nuevas urbanizaciones subimos al páramo por un sendero utilizado, al parecer, en motocros. No esta mal la subidita (1). Arriba, después de contemplar el valle del Pisuerga-Duero que veremos más veces a lo largo de la ruta, cruzamos a campo traviesa hasta tomar un camino al borde de la estación eléctrica. Y de ahí otro camino nos lleva a Ciguñuela.

Ahora la bajada es a través del Camino de Santiago -pasando por las fuentes y prado del Arcellar– hasta Simancas. Larga bajada en comparación con la relativamente corta subida.

Y en Simancas de nuevo se inicia otra subida (2), esta por el camino de Robladillo, hasta coronar el páramo, para bajar en seguida por una cañada a Valdelorenzo. No son mas que unos metros de bajada.Casi no perdemos altura, de manera que en cuanto nos descuidamos estamos de nuevo en el páramo y, en concreto, al vértice de La Loba, fijado en 844 metros.

Ahora nos espera la bajada a Villán de Tordesillas, pueblecito que aun sobrevive en una escondida y fértil vega escondida entre la paramera. Merece la pena acercarse hasta la alberca, especie de fuente doble que aprovecha el ángulo de una casa, apoyándose en ella. Muy original: nada parecido hemos visto en nuestros pueblos.

Y de nuevo a subir (3) al páramo para bajar a Velliza, que cuenta con una señorial y amplia fuente de piedra. El lavadero anejo lo han protegido cubriéndolo con una pequeña nave para conservarlo mejor. Abundan las casas típicas, tradicionales, de piedra y adobe. En medio, imponente, la iglesia.

Y por fin nos dirigimos a la última subida (y ¡4!): el pico de Valdelamadre, por un camino blanco de yeso y pinos. Aquí sí que se domina bien el valle del Duero. De hecho, lo han aprovechado a la perfección las empresas de telefonía y lo han cubierto de antenas. Pero lo mejor será la bajada: tres kilómetros largos sin dar a los pedales y dejándose arrastrar suavemente por la fuerza de la gravedad…

Al fin llegamos a la ribera del Pisuerga (unos metros más allá la del Duero) para descansar.

De aquí a Valladolid son unos 18 km llanos y tranquilos. De Simancas a Arroyo hay un camino que se toma en la rotonda que hay entre la autovía y el puente del Pisuerga, y de Arroyo a Valladolid hay otro camino que discurre junto a la ribera.

Pesqueruela

19 septiembre, 2008

Es el lugar donde el Pisuerga desemboca en el Duero. La confluencia. Punto mágico que hay que conocer si nos atrae ese río que nace en el corazón de Iberia y muere en el Atlántico después de dar cobijo en su valle a cepas de calidad contrastada. Porque esos vinos son del Duero, le pertenecen: parte de las aguas han corrido, por el valle, al río. Otra parte no; se ha quedado en las cepas que la han trasformado en zumo de uva que luego han sabido aprovechar las bodegas…

El mejor acceso a la confluencia es por la finca Pesqueruela: hay que tomar, muy cerca del puente romano de Simancas, la carretera que lleva primero a la urbanización Entrepinos y luego a Pesqueruela. Y aquí, junto a una centralita hidráulica del Duero nos queda un kilómetro largo hasta la desembocadura, que se puede hacer caminando o en bici. También en todoterreno.

Vemos cómo llega el Pisuerga, ancho y caudaloso después de saltar la pesquera de Mazariegos, perteneciente al término de Geria. Fue una centralita eléctrica que hoy sirve para elevar el agua que llena un canal de riego. En medio, una selvática isla y enseguida se une al Duero hasta que la muerte los separe en el Atlántico.

Aquí el Pisuerga no sólo es más ancho, también más caudaloso: llega con mas de 80 m3/s y el Duero no alcanza los 40. Pero juntos forman esa corriente que al pasar por Tordesillas ha alcanzado su madurez. O al menos su mayoría de edad. Algo semejante le ocurrirá más tarde, en Zamora, con el Esla. La sabiduría popular lo tiene claro y todo el mundo sabe que el Pisuerga lleva el agua y el Duero la fama.

El Pisuerga poco antes de morir

Las aguas del Pisuerga tienden a ser verdosas, mientras que las del Duero vienen tintadas café con leche. Se aprecia bien la diferencia de tono y lo que tardan en fundirse.

También hay que decir, desgraciadamente, que ambos ríos –sobre todo en épocas secas, que son las abundantes- suelen venir sucios. En la orilla hay lugares suficientes para descansar un rato, merendar o, incluso, probar suerte con la caña. El paisaje es el río, sus reflejos, sus árboles, sus patos…

Otra posibilidad es acercarse desde Geria. En la autovía hay una salida hacia esta localidad. Esa salida, en dirección sur y a través de una buena pista de tierra nos deja en las inmediaciones de la centraliza de Mazariegos, desde donde vemos bien el Pisuerga y no tan bien el Duero, oculto por la vegetación. Hay un sendero –junto a una vieja caseta de barro- para bajar a la orilla. También descubriremos unas escaleras que nos llevan a las aguas y que deben formar parte del complejo del canal antes mencionado.

Este es el mejor punto para observar la confluencia: a la derecha son aguas del Pisuerga; a la izquierda llega -todavía solo- el Duero; al fondo, el Duero mayor de edad.

Si seguimos por este camino llegaremos a contemplar mejor el Duero cuando termina la galería de álamos. Y un par de kilómetros mas adelante, vemos –al otro lado- la desembocadura del Adaja en el Duero, que nos trae a la memoria el dicho: Yo soy Duero que de todas aguas bebo menos del Adaja, que me ataja.

Ya es más complicado acercarse a la confluencia desde Aniago, en la orilla izquierda del Duero. No hay camino en esta finca que tiene por caserío el viejo y derruido convento de Aniago. Si queremos ver de cerca la desembocadura del Adaja no hay más remedio que acceder desde Villanueva.

En relación con el comentario de Eduardo, aquí tenéis la imagen de google maps. Aunque los dos ríos se acercan a los 180 grados, se acerca más el Pissuerga ¿o no?

Geria

6 junio, 2008

Así estaba, hace unos días, este campo de cebada cercano a Geria, a unos 16 kms de Valladolid .

La mancha del fondo es la ladera del páramo de los Torozos. El campo de cereal está muy próximo a la desembocadura del Pisuerga en el Duero.

Y es que tenemos un tiempo ideal para salir a pasear, ya sea en bici, caminando o como se prefiera. A pesar del riesgo de chubascos