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Los Infiernicos, entre Duero y Guareña

10 junio, 2020

El río Duero no se atreve a cortar la dehesa de Cubillas y tuerce su dirección hacia el suroeste, poniendo rumbo a Castronuño. Sin embargo, aquí da un giro de noventa grados hacia el noroeste. Y es que no ha podido con un macizo que se levanta 150 metros por encima de su superficie. No es mucho, pero sí lo suficiente para hacerle cambiar otra vez de rumbo en su discurrir hacia poniente.

Pues bien, por aquí, por estos montes que separan Duero y Guareña hemos dado el paseo de hoy. Primero hemos rodado por el mismo cauce –seco- del arroyo del Caño. ¿En qué momento pasó de arroyo a torrentera? No lo sé, pero tal vez en la misma época en que desaparecieron las aguas del Trabancos. No hay agua, pero sí verdor, pues forma un auténtico bosque de galería lleno de vida animal y vegetal. Pasamos bajo el puente del AVE, que parece volar, tan alto está, y luego bajo el puente de los Tres Ojos, de factura casi artesanal, sobre el que ya no pasa la carretera ni tampoco, claro, salva la corriente del arrollo. Son los tiempos. Tenemos AVE pero nos hemos dejado la naturaleza viva; es lo que queremos y así nos va.

No resistimos la tentación y subimos a las Zorreras, que ofrecen una buena vista sobre Castronuño y, como fondo, la dehesa de Cubillas y, más allá, las faldas y últimos cerros de Torozos. Después bordeamos la dehesa de Carmona, donde pasta ganado vacuno.

Cruzamos barcos, colinas y vaguadas hasta asomarnos a la Guareña. El campo está entre verde y dorado, y salpicado de todo tipo de colores azules, rojos, blancos y amarillos. Estamos entre la primavera y el verano, si bien el calor se agradece un día como hoy. La Guareña, sin embargo, nos parece más dorada que verde, como si aquí hubiera llegado antes el estío y los campos ya estuvieran preparados para la siega. Aunque lejanos, distinguimos los característicos tesos de la comarca con sus nombres peculiares. Y el río, con sus praderas y arbolado.

Volvemos por el camino del Cambizo y los restos de la casa de Cantadales –otro estupendo mirador-, paramos en la fuente del Burro, cortejada por infinidad de cardos de las mas variadas clases, todavía verdes, y nos paramos en los Infiernicos para contemplar el paisaje. Por supuesto, en el horizonte destacan las agujas de Alaejos, que sólo están a diez kilómetros.

Desde aquí, ya todo es bajada hasta Castronuño, donde nos espera la tranquila -por embalsada- superficie del río Duero con su Florida.

Asomada a la Guareña

2 mayo, 2019

Torrecilla de la Orden se encuentra en el extremo suroccidental de nuestra provincia, lindando con las de Zamora y Salamanca. Perteneció a León –o pertenece, en el caso de que verdaderamente seamos Castilla y León, también perteneció a la Orden de San Juan y se incluyó en la extinta provincia de Toro hasta principios del siglo XIX. Estos son parte de sus rasgos desde el punto de vista político, el menos importante para nosotros.

Desde un punto de vista más natural y geográfico, esta localidad se asienta sobre una amplia llanura, gracias a lo cual la torre de la iglesia de Santa María del Castillo se puede distinguir desde varios kilómetros a la redonda, por lo que sirve de referencia al caminante o ciclista. Pero esta planicie se ve repentinamente quebrada por la acción del río Guareña, más al oeste. No nos lo esperábamos, acostumbrados a las llanas tierras de Medina, pero así es. Además, el corte es abrupto salvo en los vallejos que se dirigen al río, por lo que el canto sirve de mirador para contemplar el amplio valle que aparenta no tener ladera por la otra orilla ya que, en realidad, es mucho más tendida y, por tanto, extensa.

Desde Castillejo

Pues aquí nos acercamos para contemplar la Guareña. Como ya estuvimos en el pico del Molino, vamos hasta el pico del Castillejo, que se adelanta hacia el oeste para así contemplar mejor el ancho valle y las localidades de Vadillo y Fuentelapeña. Bajo el pico hay varias terrazas que constituyen como grandes escalones; están adornados con almendros. Más abajo, los prados con sus puntitos de toros bravos, las alamedas del río y los campos abiertos, unos verdes por el cereal en crecimiento, otros marrones por la tierra al descubierto. Y, en la ladera, la piedra vieja, especie de caliza arenisca, de hace millones de años que parece deshacerse sólo con mirarla. El paisaje se completa con encinas solitarias, muchas de ellas en forma de carrasca.

Desde la Calderona. Al fondo, Olmo.

Recorremos el canto del paramillo para salvar luego un vallejo y subir de nuevo hasta el pico de la Calderona. Curiosamente es el punto más alto de la excursión (823 m). Y digo curiosamente porque la llanura se eleva ligeramente desde Torrecilla (787 m) hasta estos bordes, que caen hacia el río. De hecho, Torrecilla no está en la cuenca del Guareña, sino del Trabancos. Desde aquí se contempla un panorama similar al anterior. A nuestros pies, el molino de la Carrera, con sus amplios prados y el soto de Olmo de Guareña. Tras de nosotros, al este, la provincia de Salamanca con la localidad de Tarazona. Al suroeste, Zamora. Toda esta zona es, además, la más antigua de la provincia de Valladolid ya que las areniscas que aquí afloran datan del Oligoceno, o sea, de hace más de 30 millones de años. Casi nada.

Peña Redonda

Bajamos al valle y nos acercamos a las rocas verticales de Peñarredonda, que se están desmoronando como cualquier arenisca. Abajo, los caballos pastan en los todavía húmedos prados del río. Y por el desaparecido camino que unía el molino Nuevo –también desaparecido- con Tarazona, subimos al paramillo entre matas de encina y zarzales.

Pasamos por Tarazona –buenos edificios en ladrillo- y nos vamos acercando a Fresno el Viejo, sin llegar a él. En este término municipal los campos de labor están adornados con árboles frutales y abundan las parcelas de tamaño mediano con su correspondiente caseto o cabaña que hasta hace pocos años disponía de su correspondiente noria. También son frecuentes los pequeños pinares.

Lavajo -seco- de Socastillo. Al fondo, Torrecilla

Ya enfilando Torrecilla comprobamos que los lavajos como el de Socastillo y en la ida el de Carreordeño –en esta comarca pequeños y redondos- están bien secos. ¿Lloverá esta primavera lo suficiente para que se dé una cosecha normal en estos campos y para llenarlos?

Aquí tenéis el recorrido, de unos 38 km.

Pico Ordoño

Los alcornoques del monte Cano

22 mayo, 2017

El monte Cano, que se localiza en Torrecilla de la Orden junto a la raya de Zamora, es lo que nos queda de un monte que en otros tiempos debió ser mucho más extenso. Hoy se ha reducido a una superficie que no llega a un kilómetro de largo por una anchura de poco más de cien metros, algo casi simbólico. Ocupa las laderas y la pequeña cima de una colina, es decir, el único lugar no apto para cultivos: menos mal, pues de otra forma hubiera desaparecido por completo. Hay otra colina –La Huesa– paralela por el norte donde se conserva monte bajo con algunas encinas, pero solo en las laderas, pues la cima es plana relativamente ancha y está cultivada, además de ofrecer sustento a una antena de telefonía. Por el lado sur, también en paralelo pero más lejos, vemos otra colina mucho más suave que tiene en lo alto algunas matas de encina.

A la izquierda del camino Zamora, a la derecha Valladolid

Hasta aquí nada de excepcional. Pero lo mejor del monte Cano es que posee –además de encinas- un importante número de alcornoques de buen porte, sobre todo en la zona próxima a la vaguada cultivada. Es un monte limpio, cuyos ejemplares se olivan con cierta regularidad, según ponen de manifiesto los montones de leña que encontramos. Sin embargo, parece que los alcornoques no se encuentran en explotación, pues no había ninguno al que se le hubiera extraído la corcha recientemente. Pero ahí están. Es el segundo monte de alcornoque en la provincia, después de Valdegalindo.

Al fondo, el monte Cano

Otra particularidad que le hace atractivo es que su cima, alargada, con una altura de unos 825 metros, constituye una estupenda balconada desde el oeste para contemplar el valle de La Guareña. Desde aquí, el terreno va perdiendo altura de manera suave hasta el río; al fondo se distinguen los picos y los caminos que suben hacia Torrecilla y, más cerca, los chopos que señalan el río y los arroyos tributarios. Un paisaje diferente al del resto de la provincia, compartido desde aquí con Zamora y Salamanca.

* * *

Alcornoque. Detrás, La Huesa

El trayecto

Salimos de Castrillo de la Guareña y pasamos al otro lado de la autovía. Podemos acercarnos al molino del Pico, e incluso al mismo Pico, pues quedan a poco más de un kilómetro, la excursión de hoy no es muy larga y parece que nos están llamando. Del Pico ya hemos hablado hace no mucho y del molino no mucho tuvo nada menos que tres piedras, una balsa grande ocupada ahora por una tupida alameda, amplias zonas dedicadas a almacén, cuadras, etc. Según la raya provincial, se encuentra más en Valladolid que en Zamora; el ayuntamiento de Torrecilla lo incluía en su término a la hora de rellenar la encuesta para el Catastro de la Ensenada. Si el Pico es descarnado y seco, la ribera está salpicada de prados y arboledas, llena de vida y frescura. Un buen contraste.

Desde el monte Cano

Pero seguimos nuestro itinerario para tomar un camino cuya orilla derecha pertenece a Zamora y la izquierda a Valladolid hasta la primera curva a la izquierda. Luego seguimos por un camino que no viene señalado en los mapas pero que nos conduce directamente al monte Cano. Si el propio camino y no digamos los cultivos son abundantes en arena, el monte no, su suelo es firme, apelmazado. Se puede rodar bien si te lo permite la maleza. Esta es otra: el monte no ha tenido primavera; el suelo cruje como el pleno verano, todo está seco y de color marrón. Si seguimos el lindero del monte con la tierra de cultivo de la vaguada, iremos pasando junto a los alcornoques, y veremos que los hay de todo tipo y tamaño.

La casita “perdida”

Después de contemplar el valle desde los miradores, bajamos hasta el caserío del Monte, que ahora está sin habitantes. En otro tiempo vivían las familias que cultivaban estos campos y cuidaban del monte; todavía podemos ver la casa principal, la era empedrada al modo de la comarca, las muros de buena piedra, y una simpática casa en medio de los campos de cultivos que se ha quedado sin accesos por los cambios de caminos. Hora sólo está habitada por las golondrinas.

Vuelta a subir, ahora por el camino de Cañizal, dejando a la izquierda el valle de los Lobos y a la derecha el de los Juncales. La cuesta es suave, y la bajada a cañizal, rápida y fuerte. Visitamos el pueblo; la iglesia está abierta y a su alrededor se agrupan las bodegas. El arroyo del pueblo tiene un poco de agua, pero parece un gran río por la abundancia y altura de su vegetación. Lo cruzamos por un vado que tiene al lado un simpático puentecillo para peatones. Antes de salir por el camino de Fuentelapeña tomamos agua en la fuente del Caño en cuyo pilón nadan barbos y carpas.

En Fuentelapeña

El camino que rodamos hasta Fuentelapeña es una línea recta de 7 kilómetros. Sobre el mapa parecía que iba a ser muy aburrida, pero luego no lo fue. Porque si bien es recta, las subidas y bajadas cruzando valles y arroyos –casi todos secos- la hicieron llevadera y agradable. El campo aparecía como un conjunto de lomas de todos los colores –desde el marrón oscuro de algunas tierras al verde de diferentes cultivos-, con adornos de árboles solitarios o en hilera, algún manchón de pinos, pequeños prados y grandes arboledas en los valles. Al este, la línea de los páramos que forman el valle.

Saliendo de Fuentelapeña

Entrando por una zona de bodegas, llegamos a Fuentelapeña, pueblo relativamente grande y de variada arquitectura, con predominio de la popular. Algunos letreros de comercios nos hacían pensar que aquí se había detenido el tiempo. Bella iglesia; al otro lado del arroyo del Caño, prados alargados donde pastan las ovejas.

La vuelta hasta Castrillo fue también por un camino recto y con cuestas hasta casi el final. Nos acercamos al río Guareña: seco.

El pico del Molino

Continuamos: bajada a La Guareña y vuelta por el Duero

2 abril, 2017

Fuente Sevillana

Por si fuera poco la fuente Sevillana, a la que ahora llegamos, también está en medio de otro majuelo, y alejada de los caminos. Por un lado vemos un monte de encina y pino, como protegiéndola del viento del noroeste y, por el otro, abierta al amplio y luminoso valle de la Aguada, al sureste. No sabemos de dónde sacaría el agua –ahora está seca- pues se levanta sobre un nivel prácticamente raso. Se trata de otro hermoso ejemplar: más pequeña que la anterior del Cantador, posee un arca con bóveda de ladrillo y un portillo rectangular. A su derecha un pequeño pilón labrado de una pieza en granito. Se encuentra en estado ruinoso. No sabemos cuánto tiempo tardará en desaparecer pero, de momento, ahí la tenemos por si queremos repararla y conservarla. A mi me pareció oírla gritar que no quiere desvanecerse en el olvido…

Fuente de Paradinas

Bajando hacia el río Guareña, en una zona dedicada a cultivo de regadío y viñedo descubrimos, oculta entre la maleza, la fuente de Paradinas, invisible mientras no te acerques a ella. Tiene abundante agua, si bien parece que está sucia. A tres metros, el abrevadero, roto y oculto entre la maleza.  Muy cerca, en la otra ribera, se encuentra el molino de Paradinas y la fuente del Cuco, que no encontramos bien por situarse dentro de una finca vallada o entre los abundantes zarzales.

Fuente del Camino Ancho

Después de rodar hasta el puente del AVE que atraviesa el río, giramos hacia el sur por el camino de los Valles, para tomar una cañada que se interrumpe precisamente por el AVE. Pero a los ciclistas todo terreno nada nos impide el paso, de manera que acabamos cruzando al otro lado hasta encontrar la fuente del Camino Ancho o de la Jara, levantada en los comienzos de una mancha pinariega. Estaba seca, aunque húmeda su arca. Se trata de otra preciosa fuente mudéjar, con un amplio pilón de buenos sillares en el lado derecho. Su estado apunta ruina y los majuelos que nacen entre las uniones de las piedras no le van a ayudar. Un optimista ha plantado algunos álamos en una pequeña pradera a sus pies. Pero no sé yo si queda algo de agua en estos manantiales… Otra fuente elegante y señorial que vamos a perder. ¡Qué pena!

La Malena

Un poco más subiendo una suave cuesta y damos con la fuente de la Malena, imperceptible desde el camino pero señalada por unas matas de almendro (y por una pequeña nave, blanca, de Numanthia). Tenía un poco de agua y debió gozar de abundante caudal a juzgar por las señales del arroyo –ahora seco- que de ella nacía. Está construida en buenos sillares de piedra, con un arca cuadrada y abierta, y pilón a la derecha, pegado al muro. Mira hacia un majuelo.

Fuente de la Coscojosa

Otra vez nos topamos con el AVE. Otra vez debemos avanzar a campo traviesa. Otra vez los caminos de los mapas no responden a la realidad –la construcción del trazado del AVE los ha cambiado- pero acabamos encontrando la fuente de la Coscojosa, oculta entre los pliegues de una ladera y su abundante vegetación. Tiene agua pero no fluye. Su forma es similar a la última que hemos visto y a la de la Quintana. Es de piedra, con estructura sencilla: al exterior, un gran sillar horizontal se asienta sobre otros dos verticales y así está enmarcada el arca. A unos metros, un abrevadero de ladrillo que seguramente sustituyó a otro de piedra. El paraje –un perro muerto entre la fuente y el abrevadero- parece abandonado. Otra fuente en peligro de extinción. Antaño, esto era un cruce de concurridos caminos.

Fuente de Jacinto

Bajamos hacia el Duero por un agradable valle con pinos y encinas. Antes de llegar a una inmensa parcela dedicada a almacén de vehículos de desguace (!), torcemos a la izquierda para buscar la fuente de Jacinto y, efectivamente, la encontramos en una zona húmeda contigua a una pequeña mancha de monte de encina y pino. Es otra fuente que impresiona por sus dimensiones. Tiene agua, un pilón y un amplio abrevadero con una barra metálica encima de él, a lo largo, y una gran arca de piedra y ladrillo. Lo malo es que la estructura se está cayendo a grandes pedazos: de momento, buena parte de muro de ladrillo que protege el pilón se ha desprendido por efecto de las raíces de un arbusto… Es el sino de estas fuentes que cumplieron su cometido y ya nadie quiere cuidar. El sitio es también un buen mirador hacia el noreste, por donde antaño cruzaba un concurrido camino.

Majuelo

Es hora de dejar las fuentes y bajar por el valle de Magarín hasta el río Duero. Todavía nos queda tiempo para acercarnos a sus orillas y contemplar sus anchurosas aguas en la divisoria provincial. Un poco más y, dejando a un lado un simpático palomar y la pesquera de peña natural, llegamos a Villafranca, donde se funden verdejo y tinta de Toro.

¡Qué pena que mueran en el olvido y desamparo quienes tanto nos ayudaron en otro tiempo y que han conservado hasta hoy mismo su belleza! Total, su conservación es más rentable –proporcionalmente- que el mismísimo AVE, paradigma del Progreso. Pero nadie caerá en la cuenta…

La Guareña

Cortados y miradores en La Guareña

3 noviembre, 2016

mapa

El río Guareña bordea la provincia de Valladolid por el suroeste, creando un desnivel de aproximadamente 100 metros, razón por la cual podemos acceder a buenos miradores para contemplar el panorama hacia el oeste, a la vez que disfrutar de un paisaje casi vertical, poco abundante en nuestra provincia. Cierto que sólo uno de nuestros municipios –Torrecilla de la Orden- se mete en el río e incluso llega hasta 4 km más allá. Otros –Alaejos, Castronuño- se acercan a la divisoria de aguas.

Casa de Los Llanos

Casas de Los Llanos

Además, todo este terreno tiene otra peculiaridad: es el único, en nuestra provincia, que procede del Paleógeno, en concreto del Oligoceno. El resto es más moderno. Según los expertos, el cauce del río Trabancos señala una falla que separa ambos terrenos.

Esta vez vamos a dar un breve paseo –unos 10 km- andando, sin necesidad de tomar la bici. En primer lugar, subimos desde Castrillo de la Guareña por Valhondo, siguiendo el cauce –seco, claro- del arroyo de los Batanes. Ya en el páramo, nos acercamos a la Casas de los Llanos. ¡Y tan llanos, que al fondo, a 10 km, se ven las torres de Alaejos! Pero nos vamos al cerral, desde donde divisamos un amplio y profundo panorama de La Guareña: Cañizal, Castrillo, Vadillo, Fuentelapeña, Guarrate…  A pesar de que el río que da nombre a la comarca no lleva agua, son muchas y muy abultadas las alamedas que se aprovechan de la humedad del subsuelo y de la misma compañía gozan los arroyos que atraviesan este ancho dominio, de manera que el paisaje no muestra una excesiva aridez.

Desde Los Llanos

Desde Los Llanos

En fin, desde Los Llanos, el páramo desaparece casi cortado a pico, y podemos descubrir cómo son los grandes escalones que sujetan las laderas del valle: si bien predominan conglomerados cuarcíticos, en algún momento aparecen otras formaciones, más fuertes, que sostienen el conjunto de arena y piedras.

Tomamos un camino hacia el sur que, cruzando la autopista, nos acerca a la Zorrera. Es una zona con pequeños barrancos y abundante maleza, ideal para escondites de zorros y conejos. Continuamos en el término de Castrillo pero a muy pocos metros de la provincia de Valladolid.

El Pico

El Pico

Por fin, nos asomamos al pico de la Cuesta o del Molino o, simplemente, al Pico. Es un recio espolón que sale del páramo, baja unos metros, se vuelve a elevar, y se adentra hacia el oeste en el valle unos 300 metros, dejando como dos grandes circos a derecha e izquierda (o al norte y sur). Y la verdad es que parecen dos circos no sólo por la forma semicircular, sino también por los grandes escalones, que recuerdan graderíos. Lugar perfecto para un mirador, pues vigila tres puntos cardinales. Poco antes de llegar, habíamos visto, a casi 7 km, la torre y el caserío de Torrecilla.

Y de nuevo a disfrutar del paisaje. Aquí ya no vemos tantos pueblos no porque la vista sea menor, sino porque hay muchos menos. Seguimos contemplando Castrillo y Fuentelapeña, pero al sur se pierde la vista en el valle ilimitado y profundo –al fondo, la sierra de Ávila y Salamanca- y al oeste tenemos las cimas de la divisoria de aguas de la propia Guareña. El río se ve señalado por los bosquetes que le acompañan y por prados donde pasta ganado bravo.

Valle de La Guareña

Valle de La Guareña

Vemos con detalle las paredes que caen hacia el valle: son areniscas de diverso tipo y conglomerados; también aparecen estratos de caliza. Predominan los colores ocre, gris y amarillo, y forman paredes con artísticos entrantes y salientes que ya querría para sí un escultor moderno, a pesar de que son millones de años de trabajo atribuidos a personajes tan viejos y tradicionales como el agua, el viento y los cambios de temperatura.

Además, en el Pico se han encontrado restos de la Edad del Hierro y es que nuestros antepasados ¡sabían donde establecerse! Hoy vivimos de espaldas al Pico: por la contigua autovía pasan millones de personas y nadie se fija ya en este espolón en los escarpes de La Guareña…

Laderas

Laderas

Casi en la misma falda del Pico, en la raya provincial, encontramos el molino que, a su vez, llaman Molino del Pico. Asombra la capacidad de moler que tuvo: una profunda balsa con tres bocines y sus tajamares, una gran fábrica de dos plantas al menos, establos, otras dependencias, un palomar cerca…y ahora, ¡ni corre el agua por el río! ¿Por qué nos portamos tan mal con nuestros ríos, que más que corrientes de agua fueron –son- corrientes de vida? En fin, es una cuestión para pensar. Ahora, varios municipios han dicho que ya está bien de dejar seco el Cega en verano. ¿Por qué no un política integral sobre las aguas?

Vista del molino

Vista del molino

Aquí lo dejamos. En excursiones anteriores por La Guareña hemos pasado por otros cortados, como los de Villabuena del Puente –aguas abajo- o los del Molino Nuevo o la Calderona, aguas arriba. Ninguno nos ha defraudado.

15-octubre-102

 

La baja Guareña

27 febrero, 2014

Castronuño Guareña

Nos quedaba por recorrer la última parte de La Guareña. El día no fue malo, salvo por el fuerte viento que nos dio de cara durante buena parte del trayecto. Salimos de Castronuño para caer en La Bóveda de Toro; de aquí fuimos hasta la desembocadura en el Duero cerca de Toro y, finalmente, desde el puente romano volvimos por la senda del Duero.

De fuente en fuente

 Después de bajar desde el mirador de La Muela hasta la fuente de la Salud, en la misma orilla del río, enfilamos rumbo a La Bóveda con la idea de pasar por la Casa de los Cantadales y visitar algunas fuentes del camino. Y es que esta casa se encuentra justo en la vertiente entre La Guareña y el Duero. Pero no adelantemos acontecimientos.

J alonso

Balsa del manantial de Joaquín A.

Lo primero que hicimos fue cruzar la línea del AVE bajo un puente. Y enseguida dimos con la primera fuente, en la ladera de Las Cárcavas. Es más bien un manantial que recoge las aguas en dos balsas protegidas por manzanos. No nos detuvimos en la fuente de Vanieto pero sí en el manantial de Joaquín Alonso, que nace en la peña y se represa en otras dos buenas balsas. Al lado, un prado en el que pueden pastar los rebaños.

Ahora dejamos la carretera para seguir el camino de los Cantadales. Es una subida larga y suave. Casi uno no se entera; sufrimos más el viento que el continuo desnivel. Además, el paisaje era especialmente ameno: chopos aislados, pinarillos, motas, picos; y el cereal que verdea con cierta fuerza. Además, encontramos un pozo tradicional en piedra caliza con su caseta y su pila.

Casa de los Cantadales, hace 3 años

Casa de los Cantadales, hace 3 años

Bueno, pues la casa de los Cantadales ya no existe. La han tirado. Sigue existiendo el lugar donde se asentaba, que mira ya hacia el aquí inmenso valle de La Guareña por un lado y, por el otro, hacia los campos ondulados o llanos del término de Castronuño.

Cuesta abajo entre peñas y almendros nos plantamos en la fuente del Burro, con su largo abrevadero. Otro poco más, cruzando el teso de la Nariz  y estamos en la fuente de los Herreros. Las dos con agua corriente.

Fuente del Burro

Fuente del Burro

La Guareña

 Y, de fuente en fuente, nos dejamos caer por la carretera hasta La Bóveda. ¡Buen caudal llevaba el río! Siempre habíamos visto el Guareña o seco o con agua sucia y maloliente. Esta vez era un río auténtico.

Seguimos por la ribera hasta la fábrica de luz, en ruinas. Para variar, nos acercamos a la fuente Nueva, en la entrada de Villabuena. ¡Qué falso es eso de que Villabuena ni es villa ni es buena ni tiene puente! Su puente  es uno de los más hermosos que hemos visto en muchos ríos. Es de sillería a hueso, de color anaranjado, con cinco ojos cubiertos con bóvedas de cañón. El encanto le viene también por el paso alomado y porque posee una fuente –estaba seca- unida al estribo de la orilla izquierda. Esta obra daba servicio a la calzada que unía Toro y Salamanca.

El puente

El puente

Además, la villa se encuentra protegida al Oeste por unos potentes cortados en los que hay un mirador al que no subimos. Lo dejamos para otro momento.

Montes, valles y collados

Decidimos continuar camino por la ribera izquierda, alejándonos un poco del cauce del río. Empezaron los toboganes entre picos, mesas y collados. La encinas adornan, moteándolas, las laderas. En los valles, cultivos. Por aquí abundan las viñas. De hecho, almorzamos en un majuelo denominado en el plano Viña del Señor.

Al fondo, el Risco

Al fondo, el Risco

Los caminos son nuevos, trazados más por ingenieros que por agricultores. Uno de los que tomamos pasaba justo por medio de un pico en el que se había realizado el correspondiente desmonte. Nunca mejor dicho.

Cuando nos cansamos ya de rodar cual saltamontes, decidimos bajar al valle para seguir a la vera del río. Entre las bodegas que cruzamos destacó la de Estancia Piedra con sus cuidados bacillares.

...y aquí desemboca.

…y aquí desemboca.

Y, al fin, pudimos saludar al Guareña donde entrega sus aguas al Duero. Dos kilómetros más y nos plantamos en el puente romano de Toro. Pero la vuelta por la senda del Duero la dejamos para la entrada siguiente. Hay sorpresas. En total, nos hicimos 70 km. ¡No está nada mal! Y aquí el track de Miguel Ángel.

¡Ah, y asistimos a la apertura de las primeras flores de los almendros! Véase:

22 febrero 032