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Los alcornoques del monte Cano

22 mayo, 2017

El monte Cano, que se localiza en Torrecilla de la Orden junto a la raya de Zamora, es lo que nos queda de un monte que en otros tiempos debió ser mucho más extenso. Hoy se ha reducido a una superficie que no llega a un kilómetro de largo por una anchura de poco más de cien metros, algo casi simbólico. Ocupa las laderas y la pequeña cima de una colina, es decir, el único lugar no apto para cultivos: menos mal, pues de otra forma hubiera desaparecido por completo. Hay otra colina –La Huesa– paralela por el norte donde se conserva monte bajo con algunas encinas, pero solo en las laderas, pues la cima es plana relativamente ancha y está cultivada, además de ofrecer sustento a una antena de telefonía. Por el lado sur, también en paralelo pero más lejos, vemos otra colina mucho más suave que tiene en lo alto algunas matas de encina.

A la izquierda del camino Zamora, a la derecha Valladolid

Hasta aquí nada de excepcional. Pero lo mejor del monte Cano es que posee –además de encinas- un importante número de alcornoques de buen porte, sobre todo en la zona próxima a la vaguada cultivada. Es un monte limpio, cuyos ejemplares se olivan con cierta regularidad, según ponen de manifiesto los montones de leña que encontramos. Sin embargo, parece que los alcornoques no se encuentran en explotación, pues no había ninguno al que se le hubiera extraído la corcha recientemente. Pero ahí están. Es el segundo monte de alcornoque en la provincia, después de Valdegalindo.

Al fondo, el monte Cano

Otra particularidad que le hace atractivo es que su cima, alargada, con una altura de unos 825 metros, constituye una estupenda balconada desde el oeste para contemplar el valle de La Guareña. Desde aquí, el terreno va perdiendo altura de manera suave hasta el río; al fondo se distinguen los picos y los caminos que suben hacia Torrecilla y, más cerca, los chopos que señalan el río y los arroyos tributarios. Un paisaje diferente al del resto de la provincia, compartido desde aquí con Zamora y Salamanca.

* * *

Alcornoque. Detrás, La Huesa

El trayecto

Salimos de Castrillo de la Guareña y pasamos al otro lado de la autovía. Podemos acercarnos al molino del Pico, e incluso al mismo Pico, pues quedan a poco más de un kilómetro, la excursión de hoy no es muy larga y parece que nos están llamando. Del Pico ya hemos hablado hace no mucho y del molino no mucho tuvo nada menos que tres piedras, una balsa grande ocupada ahora por una tupida alameda, amplias zonas dedicadas a almacén, cuadras, etc. Según la raya provincial, se encuentra más en Valladolid que en Zamora; el ayuntamiento de Torrecilla lo incluía en su término a la hora de rellenar la encuesta para el Catastro de la Ensenada. Si el Pico es descarnado y seco, la ribera está salpicada de prados y arboledas, llena de vida y frescura. Un buen contraste.

Desde el monte Cano

Pero seguimos nuestro itinerario para tomar un camino cuya orilla derecha pertenece a Zamora y la izquierda a Valladolid hasta la primera curva a la izquierda. Luego seguimos por un camino que no viene señalado en los mapas pero que nos conduce directamente al monte Cano. Si el propio camino y no digamos los cultivos son abundantes en arena, el monte no, su suelo es firme, apelmazado. Se puede rodar bien si te lo permite la maleza. Esta es otra: el monte no ha tenido primavera; el suelo cruje como el pleno verano, todo está seco y de color marrón. Si seguimos el lindero del monte con la tierra de cultivo de la vaguada, iremos pasando junto a los alcornoques, y veremos que los hay de todo tipo y tamaño.

La casita “perdida”

Después de contemplar el valle desde los miradores, bajamos hasta el caserío del Monte, que ahora está sin habitantes. En otro tiempo vivían las familias que cultivaban estos campos y cuidaban del monte; todavía podemos ver la casa principal, la era empedrada al modo de la comarca, las muros de buena piedra, y una simpática casa en medio de los campos de cultivos que se ha quedado sin accesos por los cambios de caminos. Hora sólo está habitada por las golondrinas.

Vuelta a subir, ahora por el camino de Cañizal, dejando a la izquierda el valle de los Lobos y a la derecha el de los Juncales. La cuesta es suave, y la bajada a cañizal, rápida y fuerte. Visitamos el pueblo; la iglesia está abierta y a su alrededor se agrupan las bodegas. El arroyo del pueblo tiene un poco de agua, pero parece un gran río por la abundancia y altura de su vegetación. Lo cruzamos por un vado que tiene al lado un simpático puentecillo para peatones. Antes de salir por el camino de Fuentelapeña tomamos agua en la fuente del Caño en cuyo pilón nadan barbos y carpas.

En Fuentelapeña

El camino que rodamos hasta Fuentelapeña es una línea recta de 7 kilómetros. Sobre el mapa parecía que iba a ser muy aburrida, pero luego no lo fue. Porque si bien es recta, las subidas y bajadas cruzando valles y arroyos –casi todos secos- la hicieron llevadera y agradable. El campo aparecía como un conjunto de lomas de todos los colores –desde el marrón oscuro de algunas tierras al verde de diferentes cultivos-, con adornos de árboles solitarios o en hilera, algún manchón de pinos, pequeños prados y grandes arboledas en los valles. Al este, la línea de los páramos que forman el valle.

Saliendo de Fuentelapeña

Entrando por una zona de bodegas, llegamos a Fuentelapeña, pueblo relativamente grande y de variada arquitectura, con predominio de la popular. Algunos letreros de comercios nos hacían pensar que aquí se había detenido el tiempo. Bella iglesia; al otro lado del arroyo del Caño, prados alargados donde pastan las ovejas.

La vuelta hasta Castrillo fue también por un camino recto y con cuestas hasta casi el final. Nos acercamos al río Guareña: seco.

El pico del Molino

Continuamos: bajada a La Guareña y vuelta por el Duero

2 abril, 2017

Fuente Sevillana

Por si fuera poco la fuente Sevillana, a la que ahora llegamos, también está en medio de otro majuelo, y alejada de los caminos. Por un lado vemos un monte de encina y pino, como protegiéndola del viento del noroeste y, por el otro, abierta al amplio y luminoso valle de la Aguada, al sureste. No sabemos de dónde sacaría el agua –ahora está seca- pues se levanta sobre un nivel prácticamente raso. Se trata de otro hermoso ejemplar: más pequeña que la anterior del Cantador, posee un arca con bóveda de ladrillo y un portillo rectangular. A su derecha un pequeño pilón labrado de una pieza en granito. Se encuentra en estado ruinoso. No sabemos cuánto tiempo tardará en desaparecer pero, de momento, ahí la tenemos por si queremos repararla y conservarla. A mi me pareció oírla gritar que no quiere desvanecerse en el olvido…

Fuente de Paradinas

Bajando hacia el río Guareña, en una zona dedicada a cultivo de regadío y viñedo descubrimos, oculta entre la maleza, la fuente de Paradinas, invisible mientras no te acerques a ella. Tiene abundante agua, si bien parece que está sucia. A tres metros, el abrevadero, roto y oculto entre la maleza.  Muy cerca, en la otra ribera, se encuentra el molino de Paradinas y la fuente del Cuco, que no encontramos bien por situarse dentro de una finca vallada o entre los abundantes zarzales.

Fuente del Camino Ancho

Después de rodar hasta el puente del AVE que atraviesa el río, giramos hacia el sur por el camino de los Valles, para tomar una cañada que se interrumpe precisamente por el AVE. Pero a los ciclistas todo terreno nada nos impide el paso, de manera que acabamos cruzando al otro lado hasta encontrar la fuente del Camino Ancho o de la Jara, levantada en los comienzos de una mancha pinariega. Estaba seca, aunque húmeda su arca. Se trata de otra preciosa fuente mudéjar, con un amplio pilón de buenos sillares en el lado derecho. Su estado apunta ruina y los majuelos que nacen entre las uniones de las piedras no le van a ayudar. Un optimista ha plantado algunos álamos en una pequeña pradera a sus pies. Pero no sé yo si queda algo de agua en estos manantiales… Otra fuente elegante y señorial que vamos a perder. ¡Qué pena!

La Malena

Un poco más subiendo una suave cuesta y damos con la fuente de la Malena, imperceptible desde el camino pero señalada por unas matas de almendro (y por una pequeña nave, blanca, de Numanthia). Tenía un poco de agua y debió gozar de abundante caudal a juzgar por las señales del arroyo –ahora seco- que de ella nacía. Está construida en buenos sillares de piedra, con un arca cuadrada y abierta, y pilón a la derecha, pegado al muro. Mira hacia un majuelo.

Fuente de la Coscojosa

Otra vez nos topamos con el AVE. Otra vez debemos avanzar a campo traviesa. Otra vez los caminos de los mapas no responden a la realidad –la construcción del trazado del AVE los ha cambiado- pero acabamos encontrando la fuente de la Coscojosa, oculta entre los pliegues de una ladera y su abundante vegetación. Tiene agua pero no fluye. Su forma es similar a la última que hemos visto y a la de la Quintana. Es de piedra, con estructura sencilla: al exterior, un gran sillar horizontal se asienta sobre otros dos verticales y así está enmarcada el arca. A unos metros, un abrevadero de ladrillo que seguramente sustituyó a otro de piedra. El paraje –un perro muerto entre la fuente y el abrevadero- parece abandonado. Otra fuente en peligro de extinción. Antaño, esto era un cruce de concurridos caminos.

Fuente de Jacinto

Bajamos hacia el Duero por un agradable valle con pinos y encinas. Antes de llegar a una inmensa parcela dedicada a almacén de vehículos de desguace (!), torcemos a la izquierda para buscar la fuente de Jacinto y, efectivamente, la encontramos en una zona húmeda contigua a una pequeña mancha de monte de encina y pino. Es otra fuente que impresiona por sus dimensiones. Tiene agua, un pilón y un amplio abrevadero con una barra metálica encima de él, a lo largo, y una gran arca de piedra y ladrillo. Lo malo es que la estructura se está cayendo a grandes pedazos: de momento, buena parte de muro de ladrillo que protege el pilón se ha desprendido por efecto de las raíces de un arbusto… Es el sino de estas fuentes que cumplieron su cometido y ya nadie quiere cuidar. El sitio es también un buen mirador hacia el noreste, por donde antaño cruzaba un concurrido camino.

Majuelo

Es hora de dejar las fuentes y bajar por el valle de Magarín hasta el río Duero. Todavía nos queda tiempo para acercarnos a sus orillas y contemplar sus anchurosas aguas en la divisoria provincial. Un poco más y, dejando a un lado un simpático palomar y la pesquera de peña natural, llegamos a Villafranca, donde se funden verdejo y tinta de Toro.

¡Qué pena que mueran en el olvido y desamparo quienes tanto nos ayudaron en otro tiempo y que han conservado hasta hoy mismo su belleza! Total, su conservación es más rentable –proporcionalmente- que el mismísimo AVE, paradigma del Progreso. Pero nadie caerá en la cuenta…

La Guareña

Cortados y miradores en La Guareña

3 noviembre, 2016

mapa

El río Guareña bordea la provincia de Valladolid por el suroeste, creando un desnivel de aproximadamente 100 metros, razón por la cual podemos acceder a buenos miradores para contemplar el panorama hacia el oeste, a la vez que disfrutar de un paisaje casi vertical, poco abundante en nuestra provincia. Cierto que sólo uno de nuestros municipios –Torrecilla de la Orden- se mete en el río e incluso llega hasta 4 km más allá. Otros –Alaejos, Castronuño- se acercan a la divisoria de aguas.

Casa de Los Llanos

Casas de Los Llanos

Además, todo este terreno tiene otra peculiaridad: es el único, en nuestra provincia, que procede del Paleógeno, en concreto del Oligoceno. El resto es más moderno. Según los expertos, el cauce del río Trabancos señala una falla que separa ambos terrenos.

Esta vez vamos a dar un breve paseo –unos 10 km- andando, sin necesidad de tomar la bici. En primer lugar, subimos desde Castrillo de la Guareña por Valhondo, siguiendo el cauce –seco, claro- del arroyo de los Batanes. Ya en el páramo, nos acercamos a la Casas de los Llanos. ¡Y tan llanos, que al fondo, a 10 km, se ven las torres de Alaejos! Pero nos vamos al cerral, desde donde divisamos un amplio y profundo panorama de La Guareña: Cañizal, Castrillo, Vadillo, Fuentelapeña, Guarrate…  A pesar de que el río que da nombre a la comarca no lleva agua, son muchas y muy abultadas las alamedas que se aprovechan de la humedad del subsuelo y de la misma compañía gozan los arroyos que atraviesan este ancho dominio, de manera que el paisaje no muestra una excesiva aridez.

Desde Los Llanos

Desde Los Llanos

En fin, desde Los Llanos, el páramo desaparece casi cortado a pico, y podemos descubrir cómo son los grandes escalones que sujetan las laderas del valle: si bien predominan conglomerados cuarcíticos, en algún momento aparecen otras formaciones, más fuertes, que sostienen el conjunto de arena y piedras.

Tomamos un camino hacia el sur que, cruzando la autopista, nos acerca a la Zorrera. Es una zona con pequeños barrancos y abundante maleza, ideal para escondites de zorros y conejos. Continuamos en el término de Castrillo pero a muy pocos metros de la provincia de Valladolid.

El Pico

El Pico

Por fin, nos asomamos al pico de la Cuesta o del Molino o, simplemente, al Pico. Es un recio espolón que sale del páramo, baja unos metros, se vuelve a elevar, y se adentra hacia el oeste en el valle unos 300 metros, dejando como dos grandes circos a derecha e izquierda (o al norte y sur). Y la verdad es que parecen dos circos no sólo por la forma semicircular, sino también por los grandes escalones, que recuerdan graderíos. Lugar perfecto para un mirador, pues vigila tres puntos cardinales. Poco antes de llegar, habíamos visto, a casi 7 km, la torre y el caserío de Torrecilla.

Y de nuevo a disfrutar del paisaje. Aquí ya no vemos tantos pueblos no porque la vista sea menor, sino porque hay muchos menos. Seguimos contemplando Castrillo y Fuentelapeña, pero al sur se pierde la vista en el valle ilimitado y profundo –al fondo, la sierra de Ávila y Salamanca- y al oeste tenemos las cimas de la divisoria de aguas de la propia Guareña. El río se ve señalado por los bosquetes que le acompañan y por prados donde pasta ganado bravo.

Valle de La Guareña

Valle de La Guareña

Vemos con detalle las paredes que caen hacia el valle: son areniscas de diverso tipo y conglomerados; también aparecen estratos de caliza. Predominan los colores ocre, gris y amarillo, y forman paredes con artísticos entrantes y salientes que ya querría para sí un escultor moderno, a pesar de que son millones de años de trabajo atribuidos a personajes tan viejos y tradicionales como el agua, el viento y los cambios de temperatura.

Además, en el Pico se han encontrado restos de la Edad del Hierro y es que nuestros antepasados ¡sabían donde establecerse! Hoy vivimos de espaldas al Pico: por la contigua autovía pasan millones de personas y nadie se fija ya en este espolón en los escarpes de La Guareña…

Laderas

Laderas

Casi en la misma falda del Pico, en la raya provincial, encontramos el molino que, a su vez, llaman Molino del Pico. Asombra la capacidad de moler que tuvo: una profunda balsa con tres bocines y sus tajamares, una gran fábrica de dos plantas al menos, establos, otras dependencias, un palomar cerca…y ahora, ¡ni corre el agua por el río! ¿Por qué nos portamos tan mal con nuestros ríos, que más que corrientes de agua fueron –son- corrientes de vida? En fin, es una cuestión para pensar. Ahora, varios municipios han dicho que ya está bien de dejar seco el Cega en verano. ¿Por qué no un política integral sobre las aguas?

Vista del molino

Vista del molino

Aquí lo dejamos. En excursiones anteriores por La Guareña hemos pasado por otros cortados, como los de Villabuena del Puente –aguas abajo- o los del Molino Nuevo o la Calderona, aguas arriba. Ninguno nos ha defraudado.

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La baja Guareña

27 febrero, 2014

Castronuño Guareña

Nos quedaba por recorrer la última parte de La Guareña. El día no fue malo, salvo por el fuerte viento que nos dio de cara durante buena parte del trayecto. Salimos de Castronuño para caer en La Bóveda de Toro; de aquí fuimos hasta la desembocadura en el Duero cerca de Toro y, finalmente, desde el puente romano volvimos por la senda del Duero.

De fuente en fuente

 Después de bajar desde el mirador de La Muela hasta la fuente de la Salud, en la misma orilla del río, enfilamos rumbo a La Bóveda con la idea de pasar por la Casa de los Cantadales y visitar algunas fuentes del camino. Y es que esta casa se encuentra justo en la vertiente entre La Guareña y el Duero. Pero no adelantemos acontecimientos.

J alonso

Balsa del manantial de Joaquín A.

Lo primero que hicimos fue cruzar la línea del AVE bajo un puente. Y enseguida dimos con la primera fuente, en la ladera de Las Cárcavas. Es más bien un manantial que recoge las aguas en dos balsas protegidas por manzanos. No nos detuvimos en la fuente de Vanieto pero sí en el manantial de Joaquín Alonso, que nace en la peña y se represa en otras dos buenas balsas. Al lado, un prado en el que pueden pastar los rebaños.

Ahora dejamos la carretera para seguir el camino de los Cantadales. Es una subida larga y suave. Casi uno no se entera; sufrimos más el viento que el continuo desnivel. Además, el paisaje era especialmente ameno: chopos aislados, pinarillos, motas, picos; y el cereal que verdea con cierta fuerza. Además, encontramos un pozo tradicional en piedra caliza con su caseta y su pila.

Casa de los Cantadales, hace 3 años

Casa de los Cantadales, hace 3 años

Bueno, pues la casa de los Cantadales ya no existe. La han tirado. Sigue existiendo el lugar donde se asentaba, que mira ya hacia el aquí inmenso valle de La Guareña por un lado y, por el otro, hacia los campos ondulados o llanos del término de Castronuño.

Cuesta abajo entre peñas y almendros nos plantamos en la fuente del Burro, con su largo abrevadero. Otro poco más, cruzando el teso de la Nariz  y estamos en la fuente de los Herreros. Las dos con agua corriente.

Fuente del Burro

Fuente del Burro

La Guareña

 Y, de fuente en fuente, nos dejamos caer por la carretera hasta La Bóveda. ¡Buen caudal llevaba el río! Siempre habíamos visto el Guareña o seco o con agua sucia y maloliente. Esta vez era un río auténtico.

Seguimos por la ribera hasta la fábrica de luz, en ruinas. Para variar, nos acercamos a la fuente Nueva, en la entrada de Villabuena. ¡Qué falso es eso de que Villabuena ni es villa ni es buena ni tiene puente! Su puente  es uno de los más hermosos que hemos visto en muchos ríos. Es de sillería a hueso, de color anaranjado, con cinco ojos cubiertos con bóvedas de cañón. El encanto le viene también por el paso alomado y porque posee una fuente –estaba seca- unida al estribo de la orilla izquierda. Esta obra daba servicio a la calzada que unía Toro y Salamanca.

El puente

El puente

Además, la villa se encuentra protegida al Oeste por unos potentes cortados en los que hay un mirador al que no subimos. Lo dejamos para otro momento.

Montes, valles y collados

Decidimos continuar camino por la ribera izquierda, alejándonos un poco del cauce del río. Empezaron los toboganes entre picos, mesas y collados. La encinas adornan, moteándolas, las laderas. En los valles, cultivos. Por aquí abundan las viñas. De hecho, almorzamos en un majuelo denominado en el plano Viña del Señor.

Al fondo, el Risco

Al fondo, el Risco

Los caminos son nuevos, trazados más por ingenieros que por agricultores. Uno de los que tomamos pasaba justo por medio de un pico en el que se había realizado el correspondiente desmonte. Nunca mejor dicho.

Cuando nos cansamos ya de rodar cual saltamontes, decidimos bajar al valle para seguir a la vera del río. Entre las bodegas que cruzamos destacó la de Estancia Piedra con sus cuidados bacillares.

...y aquí desemboca.

…y aquí desemboca.

Y, al fin, pudimos saludar al Guareña donde entrega sus aguas al Duero. Dos kilómetros más y nos plantamos en el puente romano de Toro. Pero la vuelta por la senda del Duero la dejamos para la entrada siguiente. Hay sorpresas. En total, nos hicimos 70 km. ¡No está nada mal! Y aquí el track de Miguel Ángel.

¡Ah, y asistimos a la apertura de las primeras flores de los almendros! Véase:

22 febrero 032

Paisajes de La Guareña

7 febrero, 2014

Torrecilla de la Orden

La Guareña es una comarca natural que toma su nombre del río que la atraviesa, que desemboca en el Duero cerca de Toro. La mayor parte de su territorio pertenece a la provincia de Zamora, pero también a la de Salamanca y, en menor medida, a la de Valladolid. No es el primer paseo que le dedicamos en este blog.

Pastos, aguas, perros y ganados

La Guareña es rica en pastos: un paseo por sus riberas nos descubrirá ganaderías variadas, sobre todo de vacuno, también bravo. Y los pastos abundan porque es zona de hontanares: tal vez por el descenso de nivel que se produce desde las tierras altas de Alaejos y Torrecilla de la Orden, lo cierto es que en los prados y repliegues vemos fuentes y manantiales que originan arroyos. Asunto diferente es que tanto el río como los arroyos lleven agua o no, todo va a depender de si el año es húmedo porque, si es seco, el regadío se habrá bebido toda el agua.

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Pero damos fe de que el pasado domingo llevaba agua. Tres ciclistas cruzamos el Guareña por el vado de Olmo sin problema, pero el cuarto, ¡ay! puso los pies en el suelo –es decir, en el agua- antes de llegar a tierra. Aun así, hubo suerte, pues alguien llevaba recambio de calcetines, lo que unido a unas bolsas de plástico entre el calcetín seco y la bota mojada, salvó una situación que podía haber llegado a ser molesta.

Otro incidente fue que un grupo de tres perritos pastores cortó el paso a cuatro aguerridos ciclistas que nos tuvimos que subir  hasta Olmo para retomar la bajada del valle por la ribera izquierda. Y todo porque uno de los ciclistas estaba seguro de que le iban a morder. No sé, pensaría que su carne es de categoría superior.

Vado

Contrastes

Dejando aparte anécdotas, el paso de la llanura de Alaejos a La Guareña es todo un contraste: del horizontal –remarcado por la verticalidad de las torres de las iglesias- a las suaves ondulaciones; de la austeridad del cereal a la diversidad de prados, arboledas y arbustos. Además, parece como si los humildes cortados de Guareña cincelaran el perfil de la provincia de Valladolid por el Oeste al sur del Duero; así, el viajero ve un buen desnivel al entrar en la provincia viniendo por la carretera de Salamanca.

Laderas

La propia Guareña tiene dos riberas bien diferentes: la Este cortada en muchos sitios a pico con paredes donde aflora la caliza, o perfectamente inclinada, y la Oeste, suavemente tendida, con tierras feraces para los cultivos y algunas manchas de bosque. Y, en las proximidades del cauce, hileras de sauces y álamos, y buenos prados para el ganado.

Antaño, además, se aprovechaba el agua del río para fabricar harinas. Hoy, los viejos molinos, están arruinados.

El mirador de Carboneras

Vadillo desde Carboneras

Vadillo desde Carboneras

Todo esto, y más, pudimos ver –o experimentar- en esta ruta. Como colofón, al salir de La Guareña desde Vadillo subimos a los cerros de Carboneras, magnífico balcón calizo sobre el anchuroso valle desde el que se divisan al menos 8 o 9 pueblos de Zamora y Salamanca. De Carboneras bajamos hasta el manantial de la Hormiga, convertido en pozo con abrevadero, y de ahí subimos definitivamente a la llanura, donde las torres de Alaejos y Torrecilla son referencias seguras para el viajero.

Todavía nos queda conocer la comarca desde la Bóveda a la desembocadura. Pero todo se rodará.

Para saber algo más de esta excursión, podéis ver el video y el track de Miguel Ángel.

De vuelta

De vuelta

La Guareña (y 2): de Olmo a Alaejos

8 diciembre, 2012

Molino de la Carrera

Continuamos con la excursión de la entrada anterior (habíamos salido de Olmo) y no nos resistimos a contar la sorprendente acción militar que aquí ocurrió durante la Guerra de la Independencia.

Y es que precisamente en esta zona que atravesamos, los ejércitos francés al mando del general Marmont y anglohispánico dirigido por el duque de Wellington, hicieron una marcha paralela teniendo al río Guareña en medio. Acamparan ambos a poca distancia para recuperar a las tropas después de una frenética marcha. Reanudan la marcha, el francés por la orilla derecha y el anglohispánico por la izquierda, dirigiéndose ambos hacia el sur, vigilantes el uno del otro, esperando la acción del contrario para entablar combate. Esta fue la famosa marcha de dos ejércitos en paralelo a no más de 500 metros el uno del otro y con unos 50.000 soldados cada uno. Al final, ambos ejércitos cruzarían el Tormes para enfrentarse en la batalla de Los Arapiles, siendo el francés fue derrotado por la tropas al mando de Wellington.

Chopo solitario

Pero sigamos nuestra particular marcha, que incluye parada y fonda en el molino de la Carrera, ahora metidos de nuevo en la provincia de Valladolid, término de Torrecilla. En realidad, este edificio tuvo dos molinos, a decir de los testigos que todavía hablan: los dos bocines separados por un tajamar, en la balsa, y los dos arcos de ladrillo donde estuvo el cárcavo con el rodezno. Hoy es un establo para el vacuno, tan abundante en La Guareña. De hecho, un inmenso prado, ahora verde brillante por la lluvia y el sol, se extiende entre los edificios del molino y el cauce del río.

Seguimos. A la izquierda, tierras de labor que suavemente se elevan hacia el Oeste. Al otro lado, prados, el bosque del río y, más allá, los cerros escarpados de los Regatones,  que suben hacia Torrecilla. Sabemos que la otra orilla cuenta con más recovecos, con escarpes, fuentes, huertos. Pero la dejamos para otra excursión.  También dejamos los restos del molino del Pico, en la raya de Castrillo.

Pico del Molino

Cruzada la carretera Valladolid-Salamanca nos plantamos en Castrillo (y en Zamora de nuevo) donde tomamos el camino de la ribera derecha. Al llegar a los restos del molino de Gómez Arias  –bocín cegado, balsa labrada y sembrada- ya cerca de Vadillo, dejamos La Guareña para subir por el Este hasta el Mojón del Fraile y disfrutar allí de otra panorámica increíble. Una fuerte subida en la que hemos compensado de golpe la larga bajada desde Torrecilla hasta Vadillo.

Y el camino nos señala al fondo las torres de Alaejos, donde al final llegamos.

Subida en la Urnia

Pero la excursión nos deparaba una última y grata sorpresa. Nos acercamos hasta la fuente del Caño. Pues bien, resulta que han limpiado y restaurado la fuente, el Arcamadre y las arcas secundarias. Y han construido un merendero y otras fuentes donde beber agua. ¡Hay que felicitar al Ayuntamiento alaejano! Las fotografías de aquel artículo de este blog son, gracias a Dios, pura historia.

Prado típico