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Ben vennas, maio, e con alegria

11 mayo, 2018

Después de la molesta salida de abril, mayo ha entrado con buen pie. O con buena temperatura, aire en calma, cielo bastante despejado y caminos firmes, sin barro. Así que le damos la bienvenida con alegría, como hiciera Alfonso X -que era sabio- en sus Cantigas.

Esta vez, partiendo de Torrecilla de la Abadesa vamos a recorrer los Villaesteres, el lomo de del Hornija y el Bajoz, la Requejada, Cubillas y las riberas de Castronuño.

Parte I: de Torrecilla a Villaester de Arriba

Viñedo

El camino hasta Villaester de Arriba es una línea recta -con algunos toboganes suaves al principio- en la que vas contemplando las diferentes tonalidades que ofrece ahora mismo el cereal: desde un verde oscuro –se supone que es trigo- hasta el verde pajizo de algunas cebadas, algunas espigadas. Todo un momento que hay que aprovechar, pues este espectáculo sólo es posible en mayo, y no todos los mayos. Además, parece que ¡al fin! estamos estrenado la primavera, después de las borrascas abrileñas; ¡qué bien se rueda hoy! También divisamos –al sur- algunas manchas de pinares y encinares y –al norte- los cerros, picos y colinas en que los que se rompe el páramo de los Torozos. Y, conforme avanzábamos para entrar en la denominación de Toro, la proporción de viñedo va en aumento.

Echamos en falta en este camino un artístico pozo de planta cuadrangular. A la vuelta nos comentaron que su brocal fue retirado del pozo hace un año y trasladado a Torrecilla, donde lo pudimos ver delante de la ermita. No es lo mismo, claro.

Valle del Bajoz

Villaester de Arriba es ahora una moderna bodega; la de Abajo conserva su aire tradicional con la ermita de siempre y otras construcciones de marcado aire popular. En una de ellas, por ejemplo, contemplamos el arranque de una gloria, sistema de calefacción que ya nadie utiliza.

Parte II: de Villaester de Abajo a La Rinconada

Y de nuevo a rodar. Desde la carretera de Toro, buscamos el lomo que separa los ríos Hornija y Bajoz para rodar por sus caminos. De nuevo el cereal y el viñedo. Bajamos del lomo por las bodegas: merece la pena recorrerlas despacio, pues son muy diferentes a las del resto de la provincia, al menos sus portadas son más grandes y pretenden ser más artísticas. Tal vez se deba a que siguen una tradición más zamorana, tal vez por las características del terreno horadado. O por las dos cosas.

Puente del ferrocarril sobre el Hornija

En San Román, además de aprovisionarnos de agua, visitamos lo que queda –poco- del molino de Arriba y de la estación del ferrocarril. De esta última sólo queda un almacén arruinado. Al menos por estos raíles pasa un tren al día, lo que no es poco dado estos tiempos en los que vuela el AVE.

Ahora, rodamos junto al canal de Toro, que viene del embalse de San José. A un lado, nos miran atentos precisamente los toros y vacas que pacen la extensa pradera de la Requejada. Al otro lado, la inmensa dehesa de Cubillas. Precisamente en la Requejada se descubrió una tumba con restos de tres individuos y utensilios y adornos metálicos de la Edad del Bronce.

La Requejada

Y llegamos a La Rinconada, donde el Duero se arrincona haciendo un giro de 90 grados, pues gira de suroeste y a noroeste. En sus orillas estaba a punto de comenzar un campeonato de pesca. Dejamos a los pescadores con sus aparejos y nos vamos ahora a cruzar la dehesa.

III y última parte: de la Rinconada a Torrecilla de la Abadesa

La dehesa de Cubillas está como pocas veces la vemos. Habitualmente es un áspero arenal con, todo lo más, hierba seca y abundantes abrojos. Hoy estaba con abundante hierba verde –tal que una pradera pero sobre arena- y florecillas de todos los colores, especialmente amarillas, moradas y rojas. Hasta llegar al caserío de Cubillas el camino es malo, la mayor parte de él cuesta arriba y con molestos cantos rodados que las ruedas disparan al pisarlos. Desde las proximidades del caserío hay buenas vistas sobre el Duero, una de ellas tiene por fondo Tordesillas y sus torres. También se contempla bien Bayona y la dehesa de Cartago , en la otra ribera.

Dehesa de Cubillas

Nos acercamos más al Duero para llegar al barco de Diana. De hecho vamos por el borde de un precipicio, que nos muestra la vega del Duero y gracias al cual podemos contemplar un nido de cigüeña desde arriba. Hemos pasado otras veces por aquí, pero lo luminoso del día y el colorido de la campiña muestran un paisaje distinto, con recodos diferentes.

Por el arroyo del barco y entre los majuelos del Barrio del Convento, significativo nombre que se refiere, seguramente, a que fue propiedad de las Claras de Tordesillas, subimos hasta Torreduero. Este caserío, que data al menos del siglo XIII –Sanctae Mariae de Ripa Dorii- perteneció al obispado de Zamora, a la Orden del Temple, a la del Santo Sepulcro, a la de San Juan, al Convento de las Claras… por lo que, sorprende que con historia tan larga, quede algo en pie, cuando los españoles tendemos a tirar lo que han hecho –habitualmente mal, claro- nuestros predecesores. Aunque lo que queda en pie es precisamente el Cubo, un ábside románico mudéjar de la vieja iglesia –dedicada más tarde a la Virgen de los Dolores y luego a la del Rosario- que parece que fue construido, por el grosor de sus muros, a modo de torre fortaleza. De ahí sus nombres: Torre Duero o Ribera del Cubo. Hoy es un caserío privado: al exterior cruzamos un pequeño laberinto de vallas de maderas y prohibidos el paso hasta que nos asomamos a un camino que nos baja a las riberas.

Bajo el fresno está la fuente y -en la foto- el pequeño Javier

En la misma bajada nos refrescamos en una escondida fuente, de esas que a veces aparecen en sueños cuando echas la siesta tras un largo y cansado camino, tal como le ocurriera a Gonzalo de Berceo:

yendo en romería acaecí en un prado
verde , y bien sencido, de flores bien poblado,
lugar apetecible para el hombre cansado.
Daban olor soberbio las flores bien olientes,
refrescaban al par las caras y las mentes;
manaban cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes.

Aun así, no sé qué más llama la atención, si la fuente con su pilón de piedra, cuadrado, o el altísimo fresno de enorme tronco que sube desde sus pies. Desde luego el lugar es uno de esos pocos refugios en los que te olvidas del calor del día y del camino. Desde el pilón vemos, más abajo, la ribera con sus vegas, tamarales y choperas. Todo de un verde joven, brillante. Bueno, no todo, pues luego vimos que los chopos que acompañaban el canal de Tordesillas se están secando ya que la Confederación ha cambiado el sistema de riego y ya no circula el agua por su cauce.

Duero

Abrimos y cerramos varias puertas ganaderas en nuestro camino, acompañados de fresnos hasta que salimos a la carretera de Torrecilla, entre pinares y nogales. Luego cambiamos de nuevo a la sirga del viejo canal y, casi sin darnos cuenta llegamos a nuestro destino entrando por las eras, donde siguen en pie dos viejos chozos de cónico perfil.

A lo largo de todo el trayecto nos hemos hecho unos 62 km; he aquí el recorrido.

Ben vennas, maio, | e con alegria;
poren roguemos | a santa Maria
que a seu fillo | rogue todavia
que el nos guarde | d’ err’ e de folia.
Ben vennas, maio.


Primavera en la paramera

4 abril, 2016

Velilla 2016

Jueves Santo, día para estrenar la primavera. Hemos dado un paseo por los valles y páramos occidentales de Torozos: páramo de Velilla, valle de los Berceros, páramo del Monte, valle del Hornija. Esto facilita la contemplación de paisajes diferentes: raso, valles y vallejos, muelas y mamblas, y llanura de Villalar. Las piernas se resienten con las cuestas arriba pero se relajan cuesta abajo. ¿Qué más se puede pedir para una breve mañana de 35 km?

El Hornija

El Hornija

Y ya casi hemos comentado la excursión. Todavía podemos añadir que el firme de los caminos estaba en perfecto estado a pesar de las últimas lluvias y que el cereal aquí, en las alturas, no llegaba aun a la altura de un palmo. Pero lo que más nos impresionó fue ver el río Hornija en su ancho valle como pocas veces: con abundante y limpia agua corriente. Y es que estamos acostumbrados a todo lo contrario: hasta hace pocos meses era un cauce seco, sobre todo al salir del páramo, o bien tenía un hilillo de agua sucia. También contemplamos algas y ovas que ondeaban a la corriente cual banderas al viento. Y si a esto le unimos el precioso puente de Gallegos, pues está dicho todo. ¡Que dure así el año entero!

Dejando atrás Berceruelo

Dejando atrás Berceruelo

Pasamos por varios pueblos que parecían despoblados. En Berceruelo visitamos las ruinas de la iglesia románica y las bodegas junto a las eras. En Gallegos, el ábside de la iglesia parecía estar sujetado y elevado por los cipreses que le rodean. En Vega de Valdetronco nos refrescamos en la fuente, junto a la iglesia de original fachada. En Bercero, en fin, rodamos por sus calles que son una lección viva de arquitectura popular… Pero gente, poca.

Entre suaves laderas

Entre suaves laderas

También pasamos junto a la mambla de Vega, de donde antaño se extraía el Blanco España; en otra ocasión nos acercaremos a ver cómo están sus pequeñas canteras. Igualmente, nos quedamos con las ganas de asomarnos al valle de Bercero desde el pico de Fray Gaspar, y también lo dejamos para otra ocasión. La verdad es que el paisaje es siempre inagotable. No sólo porque es ancho y variado, casi inabarcable; también porque cambia con las estaciones del año, y hasta con el día y la noche. Menos mal que no se mueve y que aquí nos espera para otras excursiones…

Traseras en Bercero

Traseras en Bercero

El Hornija con niebla

7 enero, 2015
Palomar en La Mudarra

Palomar en La Mudarra

¡Brrrr…. qué frío! ¡y qué niebla! Y lo peor de todo es que a no demasiados kilómetros de Valladolid, luce el sol. Y nosotros metidos en el agujero. Esta mañana, por ejemplo, un amigo que iba hacia Riaza me comentó que ya en Cantalejo el sol daba hasta calor. Otras veces es más cerca y, en Cogeces del Monte la niebla levanta.

Pero todo tiene su encanto si vences la pereza de estar en casa un día de niebla y sales a dar un paseo. Por el valle del Hornija, pongamos por caso. En La Mudarra brota este río de varias fuentes. Un cartel anuncia que tiene 64 km de recorrido hasta su desembocadura en el Duero por San Román.

 

La senda

La senda

En el páramo la niebla es molesta, siempre corre una ligera brisa que se te mete hasta los entresijos, a pesar de que vayas protegido con gorro y las mejores prendas. Pero en el valle, no. En el valle todo es más tranquilo y silencioso, también la brisa. Además, sólo bajamos unos 8 o 9 km, los justos para recorrer en toda su longitud una preciosa senda, muy poco utilizada ya, cuyo firme empedrado se ha cubierto de hierba. Los árboles son frecuentes: bosquetes de álamos o de raquíticos negrillos, o chopos y sauces aislados. También abundan las salgueras.

¡Al rico helado de cardo!

¡Al rico helado de cardo!

En algunas zonas el Hornija estuvo encauzado por diques de piedra caliza, en otras movió molinos y vemos los restos de balsas, puentes y piedras de moler.

Todo parecía estar muerto o, más bien, dormido. Los hielos pendientes de las ramas acentuaban más esa impresión de parón y descanso. Todo propicio a la meditación. La paz reinaba en el valle. Para los raposos, sin embargo, no ha habido paz últimamente: dos, tendidos cerca de la senda, habían muerto hace unos días. El primero, de un tiro en el corazón. El otro aparecía sin ninguna señal.

No se veía demasiado...

No se veía demasiado…

 

Dimos la vuelta en la fuente de Umayor para volver por el páramo y soportar estoicamente el fresquito. Los molinillos parecían fantasmas terribles entre la bruma. Algo así debió ver don Quijote en una de sus aventuras…

¡Carámbanos!

¡Carámbanos!

San Román de Hornija, o el descanso de Chindasvinto

6 diciembre, 2014

San Román de HornijaSan Román se extiende por una ladera que mira hacia el oeste y cae hacia el Hornija, no lejos del amplio valle del Duero. Por su término municipal también atraviesa el río Bajoz. Hoy sus tierras sostienen muchas y buenas cepas de la Tinta de Toro, que dan un excelente caldo, modernas bodegas envejecen el mosto y el pueblo parece vivir una nueva pujanza económica donde las ruinas sólo se ven, por desgracia, en la vieja casa prioral. Pero vayamos por partes.

Los orígenes de San Román se pierden en la noche de los tiempos. En el prado de la Requejada ha escondido tres esqueletos de la edad del Bronce durante milenios. Y tuvo sus tiempos romanos, a juzgar por la columna que vemos en la iglesia.

Viñedo

Viñedo

El descanso de Chindasvinto

Vayamos ahora al priorato de los benedictinos, edificio del siglo XVIII -que se está cayendo al lado de la iglesia- donde vemos cinco columnas y tres capiteles mozárabes, en mármol, que nada tienen que ver con la austeridad castellana. Y es que precisamente aquí quiso descansar el rey Chindasvinto -¿qué tendría este lugar?- junto con su esposa -¿o hija?- Reciberga. Lo cuentan las fuentes y lo ratifica la tradición, y aún podemos ver restos en una capilla-museo de la iglesia.

No queda nada de aquel primitivo monasterio de Chindasvinto, enterrado aquí en el año 653. Se debió de construir otro mozárabe hacia el siglo X, que tal vez fue destruido por Almanzor y volvió a ser reconstruido hacia el siglo XI. De siglo IX-X vemos una piedra con inscripciones funerarias en el muro de una capilla del siglo XVIII que da precisamente al pórtico del priorato.

Casa del Priorato benedictino

Casa del Priorato benedictino

Y hacia el siglo XVI el antiguo templo fue demolido para construir el que hoy vemos.

En el siglo XIX el obispo de León Joaquín Barbagero, hijo del pueblo, coloca la famosa inscripción del texto compuesto por San Eugenio de Toledo para Regiberta, que leemos en la iglesia, junto a los restos de los reyes.

Capitel mozárabe

Capitel mozárabe

Todo esto parecen trasmitirlo las piedras. A juzgar por las columnas, capiteles y otros restos que se conservan en la capilla, ¡qué hermosura debió tener el monasterio mozárabe: lo nunca visto en Castilla! Incluso los estudiosos se atreven a decir, por los restos que quedan, que fue el más magnífico de los mosnasterios mozárabes leoneses.

La bodegas

Cruzando a la orilla opuesta del Hornija por el puente romano, como metidas en los pliegues del cerro, descubrimos las bodegas. Son diferentes a las que normalmente hemos visto en cualquier otro pueblo de la provincia. Grandes de portada, amplias por dentro, con una entrada o boca que va apartando la tierra para preparar la bodega. No se solucionan con una simple puerta, sino que muchas llegan a parecer la fachada de una casa.

Vieja bodega

Vieja bodega

En medio del conjunto, una alameda con mesas para almorzar. Hoy vemos una fuente moderna y los restos de la antigua, que se alimentaba de un manantial.

 Fuentes y lagunas

 En la localidad hemos de visitar el Caño Viejo, con la típica arca que recogía las aguas para beber; los animales podían beber en el mismo Hornija y en el pozo junto al puente.

También nos acercamos a la fuente del Caño, ya en el término de Morales de Toro. Este paraje sería agradable si no estuviera tan lleno de basura. Una pena. De la fuente todavía mana abundante agua.

Laguna de Enmedio

Laguna de Enmedio

En la zona del paramillo, las arenas parecen conservar bien el agua: ahí tenemos la laguna de Enmedio, y otros encharcamientos que surgen con facilidad en época de lluvias. Y ya abajo, en los valles, las últimas graveras han provocado lagunas artificiales debido a lo próximo al suelo que se encuentra el nivel freático. El prado de la Requejada se encuentra en buena parte encharcado.

 Miradores

 El cerro del Rebollar, que separa Hornija y Bajoz es ideal para contemplar los valles de ambos ríos, y el del Duero. Igual se puede decir del borde del páramo que va desde San Román hacia la dehesa de Cubillas: el amplio valle del Duero a nuestros pies.

Valle del Bajoz

Valle del Bajoz

Al Oeste se distingue la perfección vertical de la torre de la Colegiata de Toro y otras torres de pueblos zamoranos.

La dehesa y las viñas

La dehesa de Cubillas pertenece al término municipal de Castronuño, pero es más fácil acceder a ella desde San Román que desde aquel pueblo, en la otra orilla del Duero. No obstante, San Román también tiene monte, en su mayoría de pino y muy arenoso, para fastidio del ciclista. Pero es espléndido para contemplarlo.

Camino entre viñas

Camino entre viñas

El extenso terreno dedicado a viñedo nos llamará enseguida la atención por el enorme tamaño de los cantos rodados. La mayoría no se puede levantar con una mano y algunos, ni con dos. ¿Algún geólogo nos puede decir la causa de estas dimensiones? ¿O es que en la comarca las proporciones son otras, como en el caso de las bodegas?

 Duero, Hornija, Bajoz

 Lo que sí sabemos es que este paisaje ha sido diseñado, al menos durante los últimos millones de años, por tres ríos: Duero, Hornija y Bajoz. El Duero se dobla aquí hacia el sur, formando una gran rodilla en Castronuño, posee preciosas riberas y, en ellas, los restos de agradables casas de labor con prados y frutales.

Bajoz

Bajoz

Los otros dos, rompen el paramillo en pequeños cerros para entrar juntos y descansar en el padre Duero, cerca de la alameda de la Rinconada. El Hornija contó con dos molinos; hoy solo podemos visitar el de Arriba, convertido en un palomar arruinado. Con dos ojos y de dimensiones reducidas –proporcional al río- tenemos el denominado puente Romano, que evidentemente no es romano, pero seguramente alguno de sus antecesores en este mismo lugar sí lo fue.

El Bajoz movió la piedra de un molino muy cerca de la fuente del Caño, pero no queda ni rastro, sólo la huella del caz.

Recorrimos unos 36 km. Lluviosos los primeros, soleados algunos.

Puente Romano

Puente Romano

Algunos enlaces: excavaciones; el monasterio; poema de San Eugenio.

El valle del Hornija

1 octubre, 2011

El río Hornija nace en La Mudarra y muere en el Duero, cerca de Villaguer. Recorre algo más de 50 km, todos por la provincia de Valladolid y toma sus aguas de fuentes y arroyos del páramo de los Torozos. Es una de esas grietas que se abren en el páramo, dándole frescura y haciendo una inmensa planicie fracturada.

Vamos a recorrer sus primeros kilómetros, esos en los que su valle está siempre verde, aun en los peores momentos del verano más seco. Lo vemos salpicado de mimbreras y chopos, con las rocas de color rosa del páramo que se asoman, curiosas, a contemplarlo. Es un río en el que no falta el rumor del agua y el canto de los pájaros. También se dejan caer por sus prados y matorrales –no es difícil verlos- gamos, jabalíes y zorros.  Excelente lugar para perderse… y para dar un paseo en bici o andando.

Torre, Peñaflor, la Mudarra

Tres localidades se levantan en la primera parte del Valle del Hornija. La primera es La Mudarra, que se encuentra en el mismo ras del páramo. Lo mejor aquí es dar un paseo por el Hornija niño, sus muchas fuentes y abrevaderos, prados, sauces y choperas. Pocos pueblos poseen tantos y tan caudalosos manantiales.

Peñaflor, por su parte, se encuentra en un mirador, en un cabezo, sobre el valle. Nada mejor que dar un paseo por el borde para contemplar el valle desde diferentes puntos de vista. A vista de pájaro veremos las hileras de chopos, palomares, y las tierras de labor, como divididas en mil pedazos.

Y Torrelobatón, sobre un teso en medio de los valles de Hornija y Ontanija, que aquí se juntan. Si Peñaflor se encuentra donde el Valle empieza a abrirse, Torre está donde termina definitivamente de abrirse. Sólo le queda al valle recorrer un breve camino entre suaves caídas del páramo para llegar a Vega de Valdetronco, donde se pierde en la llanura. En Torre todo el mundo ve el castillo de los Comuneros, pero hay otras cosas que merecen también la pena. Por ejemplo, las muchas casas blasonadas; la plaza del Ayuntamiento, porticada y con un arco; la alberca vieja y otras fuentes; la arruinada iglesia de San Pedro que con sus altas columnas y arcos apuntados debió ser tan hermosa como esbelta. Hoy se cae poco a poco.  Y la iglesia de Santa María, aun viva, de peculiares arcos de medio punto que van de la cabecera a los pies conformando tres airosas naves.

De manera que La Mudarra, Peñaflor y Torre forman parte del paisaje del Valle e incluso puede  decirse que lo completan y perfeccionan.

Corrales y cañadas

El valle lo atravesaba un concurrido ramal de la cañada leonesa oriental. Venía de Medina de Rioseco y aparecía a la altura de la fuente de Umayor: siguiendo por el canto derecho, bajaba al valle para subir de seguido al páramo de  y bajar de nuevo a Torre. Ya se ve que los pastos del valle estaban vetados al os merinos, y que les hacían subir y bajar de los páramos. Claro que así también podían abrevar en el Hornija. Luego, se dirigía hacia Tordesillas en línea más o menos recta.

Muy cerca del Vallejo de Umayor vemos unos viejísimo corrales –piedra ennegrecida por el paso del tiempo- con un sencillo chozo en el centro. Antaño, los pastores no dejaban la majada en todo el verano.  En el arroyo de la Reguera vemos un curioso y amplio corral: tapia alta de piedra coronada por  una especie de vertiente a dos aguas. Es una construcción poco común por aquí, y no sé si sirvió para huerta –un arroyo lame la tapia-  o para recogida de ganado. ¿La vertiente es por razones de conservación? ¿O para evitar asaltos de los lobos?

Restos de corrales, algunos con pozos y abrevaderos, los vemos por los páramos contiguos.

Molinos y palomares

El Hornija era –es- un río con abundante agua, razón por la cual se llenó de molinos harineros. Podemos verlos todavía en Torre (estuvo funcionando hasta hace poco, restaurado) o en La Mudarra, donde confluye el arroyo del Gorgojón (el molino utilizaba el agua de las dos corrientes). Cerca de Umayor, en una intrincada alameda con dificultad llegamos a un viejo batán.

Bajo Peñaflor distinguimos varios palomares en buen estado que adornan el Valle. Pero también los veremos en las cercanías de La Mudarra y de Torre.

 Fuentes, navas y manantiales

El valle lo formaron sus fuentes y manantiales. Y muchos de ellos aun se encuentran vivos. La Mudarra se asienta en la mismas fuentes que dan luz al Hornija, y conforme bajamos junto al río distinguiremos más. Todas con agua. Y numerosos manantiales que surgen en ese lugar que vemos excepcionalmente verde, lleno de juncos.

Una de las fuentes más famosas es la de la Salud, en la carretera que sube desde Peñaflor a la Espina. Su chorro es generoso. De la de Umayor queda el abrevadero, pues ha sido captada para consumo. Se la oye fluir con fuerza en su caseta.  Y si bien bajo Torrelobatón no hay fuentes, en sus alrededores –sobre todo hacia el Sur- no faltan.

Y en el páramo que queda entre Torre y Peñaflor, al Este del Hornija, se suele formar dos inmensas laguna en momentos de lluvia abundante y persistente, pues el páramo no es rasante, sino en forma de nava. Todo un espectáculo digno de verse.

Poco antes de llegar a Torre recibe las aguas del arroyo Antanal que viene de San Pelayo y se surte de una de las fuentes mas caudalosas de toda la provincia. Y es que en las interioridades de la paramera existe verdadero embalse de regulación natural.

Miradores

Conforme se va abriendo, el valle muestra toda su belleza. Tal vez lo mejor de Peñaflor sea la placita mirador al final de la calle del Sol, sobre las bodegas. La línea recta que aquí parece seguir el río hace que la vista pueda contemplar una gran extensión de valle. Pero no es el único lugar. Las rocas calizas entre el valle del Hornija y los arroyos de la Reguera y son sitios excepcionales para la contemplación. También son excelentes observatorios de aves. Cuando los buitres se acercan por estos lares, suelen acabar reposando en estas rocas, pues dominan un amplio panorama.

Aerogeneradores (!)

Hasta hace unos años, estos molinillos estaban en el monte San Lorenzo, pero últimamente han llegado hasta el canto del páramo para asomarse al Hornija. La cañada real leonesa, que atraviesa ríos, montes, ciudades y tierras de labor pasa ahora bajo estos gigantes. ¡Qué le vamos a  hacer! Una cosa es cierta: el Hornija ha perdido parte de su poesía…

Despedimos, por el momento, al Hornija y a su Valle. Tiempo habrá de acompañarle hasta Vega y luego hasta su desembocadura cerca de San Román

Parameras de Torozos

20 junio, 2010

Esta ruta se inica en La Mudarra, típica localidad del páramo de los Torozos. En ella predomina la piedra para construir, vemos abundantes palomares y algún chozo de era, además de cercados de piedra. Pero lo más agradable de todo tal vez sea el hontanar donde nace el río Hornija. En el mismo pueblo tenemos, en primer lugar, la fuente Porras, con un esquema del río y un poema de Godofredo Garabito, poeta nacido en la localidad; pero también nos podemos resfrescar en la fuente Oliveti, en la de San Antonio, o incluso en la de los Cuatro Caños. Además, el pequeño vallejo que da inicio al Hornija es fresco y acogedor, especial para guarecerse una tarde de verano…

Ya en camino, la primera parte del trayecto discurre por el ras del páramo. Por los restos de corrales entendemos que esta llanura fue, en otro tiempo, monte de abundantes pastos. A esa misma conclusión nos lleva la abundancia de pozos, que seguramente servirían para que abrevara el ganado. En el término de Castromonte la boca de los pozos se encuentra a ras de tierra; para evitar peligros ahora han colocado encima grandes anillos prefabricados en cemento. Les quita todo su encanto, pero así se evita que algún despistado se caiga.

Pasamos junto a la fuente de las Panaderas, que es el manantial donde nace el río Bajoz. Justo al lado, uno de los pozos.

En Castromente vemos más palomares y más fuentes, y simpáticos senderos junto al río. También se asienta al lado de un agradable vallejo. En su término se encuentra el monasterio de la Santa Espina. Si fuéramos allá, antes nos toparíamos  con un pequeño embalse donde abundan tencas, gallipatos y tritones. Pero no nos lleva en esa dirección nuestro sendero de hoy.

Seguimos navegando por el ras del páramo dejando el nacimiento de otro escondido vallejo entre Castromonte y Valverde y nos asomamos a Tierra de Campos: Tordehumos, Villabrágima,Medina de Rioseco y las inmensidades horizontales de esta tierra inabarcable e inacabable, con el cielo que le infunde luz y tonalidades diferentes en cada estación del año y en cada momento.

Nuestro camino, luego de pasar junto al vértice  de la Calva, no encuentra salida y debemos recorrer un corto lindero hasta dar con el camino que cae hacia Valverde de Campos, que tiene también palomares y una fuente de aguas frescas en la plaza.

Subimos de nuevo al páramo -suave y corta subida- por el camino previsto, o bien por el firme del Tren Burra. De una forma u otra, llegamos a la carretera que une Valladolid con Medina de Rioseco, si bien antes podemos acercarnos a otro mirador sobre Medina de Rioseco por un camino que sale haci el Norte. Al llegar, un extenso prado o erial se extiende entre restos de corrales.

Y dejamos para la próxima entrada un paraje distinto que tiene algo de mágico: ¡Valdescopezo! Pero no adelantemos acontecimientos…