Posts Tagged ‘Hornillos’

La primavera va tomando cuerpo

29 abril, 2020

Cerca de Hornillos de Eresma, 29 de abril de 2018

Galerías de yeso en el Cerrato

3 julio, 2019

Siempre hay una excepción a la norma general, así como un refugio contra los elementos mas adversos. ¿Queréis estar fresquitos cuando en la ciudad llegamos a los 40 grados? Pues muy fácil, no tenéis más que introduciros en las yeseras del Cerrato. Cierto que también podemos refugiarnos en una bodega, sí, pero en las minas de yeso de Hornillos o Torquemada podemos incluso pasear tranquilamente, pues están constituidas por una verdadera red de galerías situadas en un mismo plano horizontal.

El sistema de explotación era simple, al menos en teoría: como los cerros del Cerrato provienen de la sedimentación de un inmenso lago interior, las vetas están paralelas al suelo, y no se han movido por presiones o movimientos a lo largo de millones de años. Existen vetas de yeso de unos seis o siete metros de grosor aproximadamente; se abrieron galerías paralelas entre sí a una distancia de uno cuatro metros desde la ladera del páramo que se van introduciendo en la montaña. Luego, se abren otras galerías perpendiculares a las primeras y todo el vaciado es el yeso extraído para uso en la construcción. La parte superior del cerro queda sustentado precisamente por las anchas columnas de planta cuadrada que quedan después del vaciado. El yeso es de primera calidad; cincuenta obreros extraían unas 150 toneladas al día desde 1914 hasta 1988 en que se agotaron.

Bueno, pues dentro de las yeseras hace para estar en manga larga por mucho calor que haga fuera.

Estas galerías las tenemos en la misma ladera en que se asienta Hornillos y también en el páramo del Mueso, en el término de Torquemada. Encima de estos páramos existe hoy otra riqueza: el viento, explotado por multitud de aerogeneradores.

Pero hubo más sorpresas a lo largo de este recorrido por páramos, laderas, valles y ríos. Salimos de Torquemada, donde pasamos por un precioso e impresionante puente de 25 ojos que salva el río Pisuerga. También visitamos un viejo molino, el barrio de bodegas muy bien conservado y la ermita románica de Santa María… por citar algo de lo mucho que posee esta villa.

Desde la subida al Mueso hasta más allá de la ermita de los Remedios en Herrera de Valdecañas, seguimos el trazado de la cañada real Burgalesa, que durante unos 20 km nos llevó por el páramo de los Angostillos (de los Molinillos, podríamos llamarle hoy); Hornillos y el castillo de los Enríquez; el monte Encinedo, lugar de donde todavía no se había retirado la primavera; el despoblado de Valdecañuelas donde nos acercamos a las ruinas de la ermita de Santa María; la larga cuesta de los Estepares hacia Herrera de Valdecañas y la ermita de la Virgen de los remedios en su lugar dominante y privilegiado sobre el valle. Es decir, fuimos atravesando los típicos paisajes cerrateños, pero siempre a la vista del amplios espacios de los valles de Pisuerga o Arlanza.

Bajamos a este último río en Quintana del Puente y a continuación nos trasladamos -esta vez por una cómoda carretera sombreada por encinas- a Cordovilla la Real, donde la fuente era un camión cisterna que descansaba junto al rollo jurisdiccional. Su puente es otra hermosa obra de ingeniería, arte y diríase que de la naturaleza también, pues se integra en ella a la perfección, y eso que el pobre Carlos III no contaba con ministros o consejeros de medio ambiente.

En fin, intentamos darnos un baño en la confluencia de los ríos Arlanza (¿o Arlanzón?) y Pisuerga pero no lo conseguimos. ¡Imposible acercarse a sus aguas!! y tuvimos que hacerlo ya en Torquemada, donde tampoco nos lo pusieron fácil.

Aquí, el trayecto según Durius Aquae.

La Luz de Hornillos y otras desapariciones

12 enero, 2016
Pradera y pinar en la Luz

Pradera y pinar en la Luz

Toda la semana lloviendo de lo lindo. Pisuerga y Duero vienen crecidos y de color chocolate. Hay barro y charcos por todas partes, por no hablar de los vientos huracanados que no dejan de anunciar… ¿qué hacer?

Pues la cosa está clara: hay que rodar por tierras de Serrada, Medina, Nava… porque en realidad no es tierra, sino grava, y no forman barro. Lo malo es que el viento nos da de lleno. Claro que por Olmedo, Mojados, Valdestillas, tampoco hay barros, sino arenas. Además, hay monte pinariego que nos evita el viento.

De manera que se impone un paseíto corto por los pinares y riberas del Eresma, entre Alcazarén y Hornillos, por ejemplo. Y el hilo conductor van a ser el barro y la luz, pero de distinta manera a la que imaginamos en este momento.

Playa en el Eresma

Playa en el Eresma

Salimos de Alcazarén, pero esta vez no nos detenemos a contemplar el arte mudéjar sino la sencilla artesanía –que no deja de ser arte- que construyó el exterior de las bodegas. Si toda localidad tiene bodegas diferentes, dependiendo sobre todo de su relieve, Alcazarén es un ejemplo de bodegas construidas en llano: como no tienen ladera que horadar, la boca da paso a un pasillo que recuerda un pozo, pues baja casi en vertical al espacio horizontal donde se elabora el vino. Pero para eso hay que construir por fuera algo que nos recuerda una caseta o choza y que se remata por una especie de bóveda, o por una cúpula piramidal. E ahí la simpática diferencia.

 Por la orilla izquierda

 Cruzando la carretera y pasando junto a la Cotarra, llegamos, a través de pinarillos, hasta las proximidades del vado por el que se atravesaba el Eresma para conectar con Hornillos en la ribera opuesta. Pero nos quedamos en un pequeño alto donde se levantaba la Casa del Vado. Sólo quedan varios montones de piedras de todos los tamaños. Llevan aquí amontonadas muchos años, no hay más que ver la cantidad de líquenes que han dejado su rastro…

Mapa indicando donde estuvieron la ermita y las casas

Mapa indicando donde estuvieron la ermita y las casas

Y seguimos por la orilla aguas arriba. Junto a un enhiesto piñonero vemos los restos –barro- de otra casa. Podemos llamarla Casa de la Tranca, pues unos metros más arriba desemboca el arroyo de ese nombre. Estaba justo donde comienza la ladera del río. Se distinguen los restos de varias estancias, corrales, cuadras, acequias… Mucha vida hubo aquí en otros tiempos. Ahora, la soledad.

Todavía nos queda la Casa de la Ribera del Tío Morlaque, un poco más arriba. Era una ribera rodeada de preciosos y centenarios almendros, hoy desmochados. Es lo que queda; y de la casa, dos trozos de arco de ladrillo tirados en el suelo.

Vieja carretera de Hornillos

Vieja carretera de Hornillos

A todo esto diremos que no hemos encontrado –ni encontraremos- nada de agua ni de barro en los caminos. Todo lo ha absorbido el arenoso pinar. Pero, eso sí, la arena está húmeda y cuesta bastante mover las ruedas.

La Luz

Cruzamos el Eresma por el Puente Viejo o Puente Mediana, bien conocido por otras excursiones. Ahí sigue, aguantando. ¿Cuánto tiempo tardarán los álamos en convertirlo en pura ruina? Pero todavía nos permite cruzar el río.

Y tomamos la cañada o camino de Carretas –que llega a Olmedo- con la esperanza de ver las ruinas de la ermita de la Virgen de la Luz. El camino cruza entre campos y pinares vallados donde hay ganado. De hecho, un precioso alazán se acerca a nosotros y nos acompaña al galope desde el otro lado de la valla (evidentemente nos adelanta, pero nos espera para dar otra galopada).

Aquí estuvo la ermita

Aquí estuvo la ermita

De la ermita de la Luz, nada de nada. En el mismo camino, dándole firmeza, pisamos unas piedras en el lugar donde se levantó. Es lo único que queda.

La historia es triste, pues la ermita quedó arruinada, llevaron la talla gótica de la Virgen –Patrona de Hornillos- a la iglesia del pueblo y allí, en 1979, fue robada. De todas formas, el pueblo sigue acudiendo devotamente a esta advocación de la Virgen de manera particular el día 1 de junio, con procesión y merienda. No sé el origen de esta advocación, pero se dice que la talla fue descubierta por un pastorcillo, ¿gracias a una Luz especial? Desde luego, el mes de junio está muy bien elegido, pues es precisamente cuando más luz hay en nuestros campos.    

Más barro

Pero no en el camino. Pasamos por la Casa de los Dieces, ¡con algún trozo de pared en pie! También hay un pozo y almendros centenarios que estarán bien guapos dentro de un mes o poco más. Curiosamente, se levanta en el punto más alto del pinar.

Los Dieces hace cinco primaveras

Los Dieces hace cinco primaveras

Y terminamos en la Casa Nueva. ¡Ja! Eso dicen los mapas antiguos. No es más que un montón de barro. Con esfuerzo, llegamos a distinguir algunos adobes. Nada existe ya. Y, claro, como era nueva, ya no debía regir la costumbre de plantar almendros. Está rodeada de pinos. Por cierto en estos pinares –limpios de maleza- abundan tanto los piñoneros como los negrales, estos explotados para resina.

En otra excursión de hace unos meses nos acercamos a la Casa Navilla. Menos mal que esa todavía está en pie y han respetado sus artísticos estucos. De momento.

Cerca de Hornillos

Cerca de Hornillos

Y el Eresma

El Eresma lleva –hasta la fecha- poco agua y transparente. Disfrutamos con las vistas de su tajo, que crea aquí no sólo auténticos desfiladeros para que el agua pase, sino también prados, sotos, playitas… paradisíacos lugares para sestear una tarde de verano tras un baño, o para merendar una tarde de primavera. Pero no es el caso, y nos conformamos con ver el trabajo realizado por el río durante los últimos milenios.

O sea, no nos hemos enterado (casi) del agua que ha caído, ni del viento huracanado que anunciaban para el mismo día de esta rodada. Gracias a la arena y a los pinos.

 

Casa Navilla

15 marzo, 2015

Hornillos de Eresma

Después de algunos encontronazos con el mal tiempo y el barro, ante la soleada previsión dominical decidimos desplazarnos a Hornillos de Eresma y desde allí realizar una ruta circular. Esto significaba un factor común: los pinares, pero, eso si, con algunas sorpresas.

Comenzamos dando un pequeño paseo por este acogedor pueblo, único bañado por el Eresma en la provincia. Salimos buscando el sur a través de un extenso pinar que nos reservaba la rareza de ver cruzar un arroyo por medio, e incluso llevaba agua, si bien su aspecto y olor no invitaban precisamente a la pesca.

Al poco encontramos los vestigios de la casa de los Dieces, adobe derretido en un precioso y soleado paraje con algunos almendros esperando la llamada de la primavera. Seguimos el paseo hacia el sur, el cual se vio interrumpido por una cerca que nos obligó a modificar el recorrido y caminar un trecho entre arenales y una extensa pradera ocupada en tiempos por la laguna de la Navilla.

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Aspecto exterior de la casa

Salimos a la carretera que desde Hornillos lleva a Olmedo y a unos 200 metros nos encontramos una casa abandonada, como otras muchas, en medio del campo. Se trata de la casa de recreo de la Navilla de Dueñas, mandada levantar por el banquero medinense del siglo XVI Rodrigo de Dueñas, que también construyó a las afueras de su ciudad natal, junto al Zapardiel, otra casa de recreo conocida como Casa Blanca, conservada perfectamente; ambas mantienen el mismo tipo de planta. En Valladolid fue propietario de la Casa de los Gallo, que en la actualidad lo ocupa el Hotel Imperial junto a la Plaza Mayor, además de poseer el Palacio de los Dueñas en Medina del Campo, todo ello respaldado por su poderío económico, pues fue una de las principales fortunas de su época debido a actividades en banca y comercio. Rodrigo de Dueñas estableció el Mayorazgo de Dueñas, adquiriendo el señorío de Tórtoles de Esgueva, así como el de Hornillos de Eresma, de ahí la ubicación del la Casa de la Navilla. Esta casa de descanso se

Interior

Interior

levanta en una pequeña elevación sobre la llanura pinariega con la intención de ver y ser vistos. Es de planta cuadrada de 16 x 16 metros de lado con una cruz griega en su interior, cuyos brazos son de diferente anchura, creando un espacio en el cruce de ambos que haría la función de patio interior, que nacía de cuatro pilares de ladrillo generando cuatro arcos de medio punto que soportaban la torre que se alzaba hacia el exterior a modo de linterna perforada con ventanales que permitía la iluminación interior. El material constructivo empleado es el ladrillo macizo empleado también para la cubrición de bóvedas de cañón en los brazos de la cruz y algunas estancias del interior, utilizando el ladrillo a sardinel (ladrillo colocado de canto en el que queda a la vista el lado largo y estrecho del mismo), cubriéndose el edificio de una sola planta al exterior con tejado a cuatro vertientes.

Estucados en sus paredes

Estucados en sus paredes

Siguiendo el recorrido, nos dirigimos hacia el este por caminos firmes y secos, lo cual hacía que el sonido del rodar sintonizara agradablemente con el paisaje. Así, tras cruzar el nuevo ferrocarril, nos encontramos frente a la pedanía de Calabazas, al otro lado del río Adaja. Y tomamos dirección norte, de nuevo entre negrales. Aquí fue, donde como una exhalación, se nos cruzaron dos cérvidos al galope, al alejarse pudimos observar sus blancas colas levantadas lo que indicaría que se trataban de corzos.

Calabazas desde la orilla opuesta

Calabazas desde la orilla opuesta

Seguimos por nuestros pinares de albares y negrales, y advertimos nítidamente la vida en el pinar: no sólo corzos, también aves, conejos y otras formas de vida, parásitos en los pinos, tales como el muérdago y el musgo. Y con la vida también encontramos la muerte, en este caso de los mismos pinos; cuando caen siguen siendo impresionantes, recordándonos a los restos de cualquier gigantesco paquidermo consumiéndose en el tiempo.

En Alcazarén

En Alcazarén

Tras el merecido ágape campestre, tirados entre la húmeda hojarasca de la ribera, continuamos hacia Alcazarén. Allí dimos con la casa donde hace ya algún tiempo fue detenido el bandido, romántico pero bandido, Luis Candelas, para poco después ser agarrotado públicamente en Madrid a sus 31 años. Sus robos en la capital le fueron saliendo bien hasta que realizó el robo en casa de la modista de la Reina Regente, María Cristina, lo que le llevó a salir a toda prisa, dirigiéndose hacia el norte con su amante con la intención de embarcar con rumbo al Inglaterra. Pero subir al barco fue imposible, así que dio media vuelta tomando la diligencia con dirección a Madrid. Al llegar a la altura de San Cristóbal en Segovia, fue reconocido por el mayoral de la diligencia así que tuvo que huir. Merodeó por la zona hasta que el Guardia Nacional de Olmedo, Félix Martín, le reconoció en el camino real cerca de Alcazarén. Así que se presentaron los guardias en la posada frene a la iglesia de San Pedro donde procedieron a su detención, pese a que el bandido decía llamarse León Cañida y dedicarse al comercio de granos. De ahí se le llevó a Valdestillas y a Olmedo y Valladolid, aunque finalmente fue conducido a la cárcel de El Saladero de Madrid, situado en la Plaza de Santa Bárbara, antiguo edifico mandado levantar por Carlos III como matadero de cerdos y saladero de tocino. De ahí el nombre.

La cueva

La cueva

La curiosidad por el asunto nos llevó a la búsqueda de su legendaria cueva por la tortuosa ribera del Eresma, cuando desistíamos de encontrarla, alguien, con muy buena vista e intuición la encontró próxima la puente Mediana. Arriba, junto a la carretera nacional se encuentra el merendero El Puente que antaño fue posada o venta donde estuvo el antiguo fielato del camino real de Toledo a Valladolid, las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías (el nombre oficial era el de estación sanitaria, ya que aparte de su función recaudatoria estaba la de ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos), recibiendo ese nombre del fiel de la balanza que se utilizaba para el peso de los productos.

Después de recordar este luctuoso hecho regresamos a Hornillos cruzando el hermoso paraje de Valdegüete cuando ya el sol se nos cae. Uno de los pintorescos rincones que ofrecen los arenosos ríos que cruzan la provincia, ofreciendo diminutas playas que fueron tan concurridas aquellos domingos de hace ya un par de generaciones.

La ruta, según Miguel Ángel. Las fotos son de Javiloby y de Miangulo

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