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13 de mayo en Valladolid

13 mayo, 2020

 

Hoy  es fiesta en Valladolid y Laguna de Duero: celebran a su Patrón, celebran a San Pedro Regalado. La primera porque le vio nacer y crecer, la segunda, porque fue prior en el convento del Abrojo.

También hoy cumpliría 90 años nuestro José Jiménez Lozano, poeta, escribidor y pensador y, sobre todo, amante de la vida, los pájaros, el ser, las matinales neblinas o los membrillos olorosos, que supo, como nadie, vivir porque vivir era, para él recibir la vida que se nos da:

Matinales neblinas, tarde rojas,
doradas; noches fulgurantes,
y la llama, la nieve;
canto del cuco, aullar de perros,
silente luna, grillos, construcciones de escarcha;
el traqueteo del tren, del carro, niños,
amapolas, acianos, y desnudos
árboles de inviernos entre la niebla;
los ojos y las manos de los hombres, el amor y la dulzura
de los muslos, de un cabello de plata, o de color caoba;
historias y relatos, pinturas, y una talla.
Todo esto hay que pagarlo con la muerte.
Quizás no sea tan caro.

 

Todo esto vale mucho más que el poder, el dinero o el placer descontrolado, pues

Tranquila y blanca,
mañanera, iba la garza,
entre el cristal del agua y el del cielo,
dominando el mundo.
Claudio emperador quedó maravillado,
comenzó a tartamudear más desde entonces.

Por su parte, Francisco Pino -poeta del Pinar de Antequera- escribe en la Vida de San Pedro Regalado sobre las cosas, esas que tantas veces vemos paseando:

El árbol, ¿no es un supiro?
Cerros, ríos, pinares, se unen.
Sobre las agujas de las ramas de un pino, el puente.
La piedra del puente como el aire: aire.
Y en difícil equilibrio, sobre el piar de los vencejos, la cal del teso.

 

 

Adiós a Jiménez Lozano

9 marzo, 2020

Pero de repente se paró y, luego, volvió sobre sus pasos, porque se dio cuenta de que había pasado por los almendros silvestres que estaban floreciendo, sin mirarlos. Y llegó junto a ellos, y estuvo allí mirando su blancura, y arrancó una flor para ver más de cerca el color rosa que parecía una herida. Pocos años habían estado tan cuajados de flores como éste los almendros…

Valga esta cita para decir adiós a este castellano que se nos ha ido hoy, cuando todavía florecen los almendros en los páramos y valles y hay gente para contemplarlos, aunque en un primer momento pasemos sin darnos cuenta.

En otra cita del mismo libro (El cogedor de acianos) escribe sobre un pocero al terminar de mondar un pozo de noria:

Pero la sacaban [el agua] otras tres o cuatro veces hasta que el señor Juan el pocero pedía un vaso, cogía con él un poco de agua y decía:

-Como Dios y como la vida eterna.

-¿Por qué? -le preguntaban.

-Porque es así.

Ahora, José, ya sabes todos los porqués.