Posts Tagged ‘La Parrilla’

El Montecillo

19 julio, 2013

Santibañez el Montecillo

El paisaje ha cambiado, vaya si ha cambiado. La paja –y por tanto ese color amarillo mortecino- empieza a estar omnipresente: en el suelo de los pinares, en algunos herbazales, en los perdidos, en el monte bajo, en el cereal. Bueno, si te acercas al cereal –sobre todo al trigo- verás todavía espigas verdes, sobre todo en lugares donde el agua se acumuló formando charcos, bajo las encinas y en otros lugares húmedos. Las flores o, al menos, la abundancia de flores es ya un recuerdo de la pasada primavera. No hemos visto en el pinar ni las tardías jaras.

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También han aparecido, terribles, las chicharras. Lo de terribles es por el espantoso ruido que producen . No sé por qué me recordaban a esos momentos inmediatamente anteriores a las antiguas batallas cuando los tambores de un ejército intentaban amedrentar al contrario con ruidos ensordecedores. Pero bueno, las cigarras en formación de ataque no aparecieron. A Dios gracias. Aunque sí hubo otros insectos ¿coleópteros? que revoloteando bajo los pinos chocaban contra nuestro cuerpo. Los ratoneros, águilas calzadas y aguiluchos estaban cazando pero no se acercaron a nosotros. Cernícalos hay pero muy pocos este año.

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¡Ah! Pero qué buen año de frutas. Al pasar por las cercanías de Traspinedo, ¡qué en sazón estaban las cerezas! Repusieron las fuerzas de cansados ciclistas… Y, en las laderas, las endrinas maduraban al sol. Este otoño habrá materia abundante para elaborar pacharán. Los majuelos ya se adivinan cargados de pesados de racimos, a fecha de hoy de mínimas dimensiones.

Buena parte del recorrido del pasado domingo discurrió por terrenos bien conocidos, de excursiones anteriores: la vía de Ariza, las laderas y el páramo de La Parrilla.

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Otra buena parte discurrió por el Montecillo, monte no muy grande situado en una lengua de páramo entre los arroyos de Cogeces, Valcorba, Valdecas y Valimón, que han producido empinadas cuestas hoy tapizadas de pinares.  Era el típico lugar perdido en ninguna parte, pues no pilla de paso hacia ningún sitio. Pero ahora los senderistas han señalado un sendero –con su mirador y todo- para subir y bajar, de manera que está algo más concurrido. Magníficas vistas al valle del Valcorba, al Valimón, a las localidades de Traspinedo y Santibáñez… incluso asoma, en el ras de enfrente, la torre de la iglesia de Montemayor de Pililla.

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Aunque en las laderas hay pinos, arriba predominan las encinas carrasqueñas, y de tal manera que llegan a impedir el paso por su densidad. También hay unos pocos y grandes robles, y algunas sabinas. Otra amplia zona, que hasta hace no mucho fue bosque, se encuentra dedicada al cereal.  Un camino lo atraviesa a lo largo, desde Santibáñez hasta que, por el lado contrario, baja hasta el Valimón después de pasar junto a una nave agrícola con una piscina y columpios en desuso.

De vuelta, además de saborear cerezas, pudimos apreciar la preciosa calle porticada de Traspinedo con pies de madera, las ruinas de la ermita y su crucero, aun en pie. Y después de chocar contra la valla de Tovilla, pasamos por el desierto industrial de Tuduero, para recalar en Tudela por la vía de Ariza.DSCN5633

Laderas de La Parrilla

13 julio, 2013

Laderas de Tudela

El Duero deja los páramos de la orilla izquierda al pasar por Tudela. La cuesta popularmente conocida como de La Parrilla será la última que encuentre por esa orilla, pues por la derecha le acompañan hasta Tordesillas. El páramo de La Parrilla se dirige desde el Duero hacia el sur, al encuentro del río Eresma entre Alcazarén y Olmedo.

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Ya hemos dado hace poco un paseo por esta falda, pero no habíamos tomado el sendero en su inicio. Hay que subir desde Tudela por el camino que hay junto a la carretera de la Parrilla, paralelo, que acaba conectando con la carretera antigua. En la primera revuelta, seguimos de frente por un camino y tomamos enseguida la senda que sale a la derecha atravesando el curso de un minúsculo arroyo seco. Ya estamos encaminados.

Ahora pasamos encima de un majuelo que al fondo nos presenta Tudela, luego por un pinarillo. Lo mejor es el paisaje que nos acompaña, tanto en primer plano como de fondo: el valle del Duero, los páramos lejanos, los pinares de Tudela y Herrera… También pasamos entre viejos almendros abandonados.DSCN5537

El sendero hace continuas curvas, subidas y bajadas. Es alegre y vivo, nada aburrido, con cambios continuos de paisaje. Alguna subida es fuerte pero, como es corta, si hemos tomado carrerilla podremos con ella. Si nos obliga a bajar de la bici tampoco se nos hará larga.

Pasamos junto a antiguas minas de yeso, también por caleras ya destruidas,  y por los restos de unos colmenares. Al final, entre pinares, llegamos a La Parrilla.

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Sendero de Ariza, laderas de Ontorio, pinar de las Arenas

15 junio, 2013

Herrera de Duero La Parrilla

Cierto que todas las excursiones son diferentes, aunque sólo sea por la época del año, que hace distinto cualquier paisaje aunque se haya pasado por el mismo lugar un montón de veces. Pero es que esta vez hemos ido por estrechos senderos, ideales para pasear en bici aunque eso lleve consigo ir más despacio de lo normal. No importa.

Sendero de Ariza

Los senderos empezaron junto en el puente de hierro del ferrocarril de Ariza, entre Hererra y Tudela. Hasta ahí hemos ido desde Herrera, por una pista asflatada entre pinares dejando a la izquierda una ribera con los árboles ya totalmente cubiertos de hoja. La única pena es que el cielo estaba cubierto; no se puede pedir todo.

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A partir del puente tomamos, en el cruce del pasao a nivel,  un sendero –o sea un caminillo por el que sólo puede pasar un solo caminante o un solo ciclista, y los demás en filia india- entre maleza verde, flores, robles y encinas. A pesar de que va siguiendo la vía de Ariza no lo hace siempre en paralelo perfecto, sino que gira suavemente y a veces se aleja para volver más tarde. No vas por campo abierto, sino metido en una especie de bosque tupido, el mismo que ha ido invadiendo y comiendo poro a poco esta línea de ferrocarril. En otro momento vas como a media ladera, divisando buena parte de la llanura pinariega. Por cierto, que aunque el suelo del pinar sigue estando hermoso, ya van apareciendo algunas tonalidades amarillentas que anuncian la proximidad del verano.

Laderas del Lagar y de Ontorio

DSCN4965Podíamos seguir, sendero adelante, por el sendero. Pero tomamos a la derecha un buen camino que cruza y salimos a la carretera de las Maricas; por ella rodamos unos pocos cientos de metros hasta que en la desviación de Aldeamayor tomamos de nuevo un camino entre pinares. Es el que va de Tudela a Portillo, asfaltado en parte debido a que en las proximidades ha habido graveras en explotación hasta hace poco.

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Pero de nuevo nos desviamos hacia… ¡nuevos senderos! Estos se encuentran a media ladera, entre el páramo y el  pinar, y supongo que han sido hechos por moteros. No importa, si en la mayoría de los casos las motos han destrozado caminos (como los que van junto a las riberas del Cega o del Adaja) en este caso han trazado senderos que luego pueden aprovechar caminantes y ciclistas. Y es que es una maravilla ir por un estrecho sendero, por verdes laderas y divisando a un lado la alfombra de copas de pinos a tus pies (o a tus ruedas). Eso sí, a veces hay un fuerte repecho y no lo subes sin tomar carrerilla; y, cuando lo bajas, cuidadín. En el horizonte al fondo se veía Pozaldez. También Aldea de San Miguel, Mojados, La Pedraja, Aldeamayo, Boecillo…

Además, pasamos junto a los restos de un viejo horno de cal, por graveras abandonadas y repobladas, por corrales donde hubo colmenas, por zonas de monte, junto a lenguas sembradas de trigo o cebada, todo iba cambiando a nuestro paso.DSCN4996

En estas laderas no faltaron a la cita con la primavera el lino blanco y azul, la salvia, el tomillo salsero, los socarrillos y las coronillas, entre otras muchas.

Pinar de las Arenas

Al final, salimos al Pinar de las Arenas que ya conocemos bien por otras excursiones. Pinar curioso, con zonas verdes por la humedad de la fuente de Sangueño y otros manantiales desaparecidos. A pesar de lo seco y arenoso que es este monte, todavía está verde. Y entre la tierra mojada y las plantas aromáticas, da gusto respirar en él: el tomillo y el cantueso están casi en plenitud.

Y en estos pinares –y en los atravesados por la vía de Ariza- pudimos contemplar extensiones amarillas de zumillo, violetas de clavelinas silvestres y cantuesos, además de nazarenos o la simpática flor de la hierba turmera (amarilla con manchas oscuras), arenarias, asperillas, jaguarcillos, tomillo blanco, retama amarilla, genista y otras muchas de las que desconocemos los nombres.

Pinar

Por cierto que los parrillanos estaban celebrando las fiestas en aniversario de la canonización de San Francisco de San Miguel, hijo del pueblo martirizado en Japón, y los todos habían pasado la noche en la fuente del Sangüeño, en medio del pinar. Luego fue el encierro y finalmente los toros recorrieron las calles de La Parrilla.

La vuelta incluyó un buen chaparrón con su correspondiente mojadura y una agradable -por continua- cuesta abajo hasta la ribera del Duero. Dejamos las burras en Herrera.

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Páramo de La Parrilla

20 abril, 2013

Herrera de Duero

El domingo pasado fue el primer día de verano, después de una larga temporada de lluvias. Sol radiante, alta temperatura. La piel se nos chamuscó un poco, no estábamos acostumbrados a tanto sol. Los campos estaban relucientes, por todas partes el color dominante era un verde vivo y brillante. Partimos de Herrera de Duero para volver al mismo sitio

Pinares junto al Duero

De Herrera tomamos el camino a Tudela atravesando pinares tapizados de hierba bastante alta y, por supuesto, verde. De vez en cuando, nos asomamos al Duero, que había removido muchos árboles de sus orillas. Luego lo contemplamos desde el puente de hierro del ferrocarril de Ariza y más tarde desde un talud pinariego. Aún venía fuerte y marrón.

Subiendo

El páramo

La subida tuvo su aquél. Nos hizo vernos como somos, o sea, con poca fuerza, pues nos bajó de la bici más de una vez. Una cura de humildad, vamos. Pero desde la ladera, ¡qué bien se veía el valle del Duero! Por una vez, totalmente verde.

Y por arriba, daba gusto pasear. También todo verde y brillante. Agradecimos el calor, que siempre ayuda al ciclista. Campos de cereal, prados de hierba rala, encinares, algún pinarillo con sus procesionarias. La fuente de Arriba manaba agua en su escondite.

Traspinedo

Traspinedo

Nos asomamos al valle del Valcorba desde la Talaya de Traspinedo que también domina Santibáñez. Un verdadero encanto. Esplendoroso. ¡Qué día tan perfecto!, que exclamaría Jorge Guillén.

El Compasco

Desde La Parrilla en agradable bajada por dos valles y rodeando la Dehesilla, llegamos a Casa Blanca y luego a la ermita del Compasco. Tuvimos la suerte de que algunos cofrades estaban almorzando en los alrededores y nos abrieron la ermita para saludar a esta Virgen Pastora, pues ha tiempo tuvo un rebaño de ovejas, aparte de que lo de Compasco hace referencia precisamente a pastos.

Por la Dehesilla

El Raso

Y del Compasco, por el Raso de Portillo –atravesando ahora una urbanización- nos presentamos en Aldeamayor. Creíamos que los humedales tendrían abundante agua, pero nos equivocamos: había de todo. No obstante, nos acercamos al pinar próximo a los pastos de la ganadería del Raso y vimos que alguna laguna tenía agua. Una zona pantanosa nos quiso cortar el paso pero, dando un pequeño rodeo, llegamos a Herrera donde nos esperaban viandas reparadoras. Fin.

Contemplando el Valcorba

Contemplando el Valcorba

Rasos y pinares

17 febrero, 2013

La Parrilla Viana de CegaUna agradable ruta no lejos de Valladolid: de La Parrilla a Puente Duero cruzando rasos y pinares, montes y lavajos. Pasaremos por una especie de hondonada o cazuela. Bajando por las laderas de La Parrilla caemos al Raso de Portillo, zona pantanosa y pastoril hasta finales del siglo XIX en que se saneó. Y es que por el Sur y por el Este se levantan los páramos de La Parrilla y de Portillo; por el Norte una colina u otero obstaculiza la salida natural de la llanura al río Duero. Y por el Oeste se eleva suavemente. Total que hasta que la sanearon mediante un sistema de zanjas de desagüe en el XIX, era un conjunto de lagunas, charcos y barrizales que pretenden volver a sus fueros perdidos cuando llueve en abundancia.

Puente de Carramedina

Y pastoril. Ahí está la Virgen del Compasco, en su ermita pinariega, que hasta hace unos años contaba con rebaño de ovejas propio, que administraba una cofradía. Y el origen de Aldeamayor o la Pedraja se encuentra ligado a que eran aldeas para los pastores de Portillo.

De Aldeamayor salimos hacia el Oeste atravesando uno de los arroyos por el puente de Carramedina, verdadera joya en piedra que nos recuerda el puente Grande, también en Aldemayor, o incluso ese otro puente en la lagunas de Villafáfila, también -por cierto- en unacomarca salitrosa. No se notan, no levantan del suelo, unen sin proclamarlo los dos planos de las riberas. Pocos puentes tan humildes como éstos.

Negrales en el Cardiel

Negrales en el Cardiel

Cruzado el puente del Cardiel sobre el Cega salimos del Raso, y nos internamos en un sombrío pinar de negrales. El susto dura poco: de repente nos topamos con nada menos que ¡una pista de aterrizaje! Un poco más allá, en un alto, las ruinas de la casa de los Guardas.

De nuevo pinares, esta vez abiertos y luminosos, poblados de piñoneros. Se rueda bien por ellos en estos inviernos húmedos. Cruzamos Viana, para internarnos en otro pinar y llegar a Puente Duero entre las matas de encina del monte Blanco. Fin de trayecto.

Pinar de Viana

Pinar de Viana

El pino de los Llanillos y la sima

1 febrero, 2013

Cueva Aldealbar

Esta vez hemos rodado durante un luminoso día de enero. Después de varías jornadas lluviosas y nubladas, estos días en los que el sol nos acaricia con sus rayos resultan especialmente atractivos, pues la luz del invierno saca los colores al paisaje con más nitidez que la del verano, cuando todos los colores son planos, sin contraste.

Como ya es costumbre estos meses, elegimos entre las arenas de los pinares y las gravas de los majuelos y, esta vez, nos quedamos con las primeras.

Junto al Pino

Desde la Parrilla nos acercamos, entre toboganes, al pino de los Llanillos, oculto en un monte de arena entre otros pinos, pimpollos y matas de roble. Fue difícil encontrarle, pero esta vez no se resistió. Después, cruzamos un pinar con excelente firme gracias a la lluvia caída, hasta dar entre dunas con la pista forestal que nos condujo a Montemayor de Pililla.

Y de Montemayor nos decidimos a tomar el valle del Valcorba aguas arriba. Lo de aguas arriba es un decir, porque de agua, nada. La bajada al valle fue rápida y técnica, por un estrecho y oscuro sendero entre piedras, robles y pinos.

Pinar de la Parrilla

Claro en el pinar de la Parrilla

¡Y a pasear por el valle!: una plaza de toros de piedra, molinos, corrales, viejas casas de labor fuimos contemplando desde el camino de arena que, al final, nos dejó en Aldealbar. ¡Qué rico en historia es este valle; antaño debió serlo en vida y actividad! Ahora a subir junto a la cueva y fuente de la Mora y las ruinas de la ermita de la Virgen de los Remedios, patrona del Valle.

En el cerrado pinar descubrimos la entrada a una pequeña joya: una sima que discurre a pocos centímetros por la capa de caliza bajo el suelo del páramo. Tiene de largo unos 150 metros. No nos atrevimos a entrar porque, sin cuerdas, la salida sería poco menos que imposible, y para qué molestar al 112 (seguramente sin cobertura). Pero prometimos hacerlo más adelante con la ayuda de algún amigo aficionado a la espeleología. Al parecer es la única sima conocida en la provincia.

Asomándonos a la sima

Asomándonos a la sima

Reanudada la marcha no dejó de asombrarnos la cantidad de montones de piedra en este pinar. Antaño, tal vez no fuera un pinar, sino tierras de labor. Muchos de estos majanos tenían las piezas perfectamente ordenadas, otros pretendían formar anchos tapiales. En otras zonas, efectivamente, construían vallas que delimitaron campos, hoy tomados por el pinar.

Aunque algunos de los caminos que atravesamos habían sido recientemente ensanchados, otros se encontraban protegidos por la exuberancia de arbustos y matas. Era como avanzar por una selva tupida. La jara, aquí, es muy abundante.

Negral y piñonero

Negral y piñonero

Antes de llegar de nuevo a Montemayor cruzamos un ramal de la cañada real Burgalesa. Y en Montemayor descansamos tomando las genuinas cortezas de cerdo de Antolín Sanz regadas con un botellín de cerveza.

Como se nos hacía tarde, no tuvimos mas remedio que tomar la pista forestal que, en poco más de media hora, nos dejaba en La Parrilla. Al oeste ya estaban apareciendo las primeras nubes que en arrebol nos despedían de uno de los mejores días de invierno.