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La cuesta Gradera y otras especialidades del sur

3 noviembre, 2018

El pasado jueves, aprovechando la fiesta, hemos dado una amplia vuelta por el sur de la provincia de Valladolid: San Vicente del Palacio, Lomoviejo, Salvador de Zapardiel y Honcalada estaban situados en nuestro trayecto. El día, después del último temporal, se presentó especialmente claro, por lo que pudimos contemplar en lontananza pueblos como Rubí de Bracamonte –con la nave de su iglesia destacándose en la llanura-, Fuente el Sol –de la que sobresalía su castillo-, Muriel, Ataquines, Donvidas, San Esteban, Sinlabajos, incluso se recortaban muy al fondo, al oeste, las torres de Madrigal. Y, por supuesto, al sur se elevaban la Serrota y la sierra de Segovia, esta última nevada.

El puente

El sol lució durante la primera parte del trayecto y se ocultó tras una gasa de nubes que fue en aumento durante la segunda parte. Los camposantos, debido a la fecha, estaban abiertos y concurridos. En los otros campos corrían las liebres perseguidas galgos y galgueros.

Salimos de San Vicente del Palacio en dirección norte, para contemplar una joya de la ingeniería civil: el puente de la antigua calzada de Madrid a Galicia sobre el río Zapardiel. Muchos ojos y mucho puente para un río que ya no lo es. Pero no diremos más, sino que esperaremos a que Durius Aquae nos cuente algo de su historia y construcción en una de sus entradas próximas.

La llanura

Y desde allí cambiamos de rumbo, hacia el sur. Los caminos estaban húmedos –había llovido los días anteriores- pero las charcas, lavajos y humedales no tenían agua. Mucho tiene que caer todavía para que la tierra se recupere del verano pasado. Todo se había pintado de un color entre gris, amarillo y pardo. De hecho, los rebaños de ovejas –por no hablar de aves y pájaros terreros- habían desaparecido, camuflados.

Pasamos junto al lavajo y el torrejón de Serracín y seguimos un estrecho humedal en el que no faltaban lavajos… secos. Ni avutardas. Al llegar a las Navas, cruzamos la carretera de Ataquines para tomar el camino que nos llevaría, casi en línea recta, a Lomoviejo, pasando por otros humedales y lagunas, dejando a la derecha el arroyo de la Tajuña y a la izquierda el alto alomado de Pradillos, con su vértice geodésico. Por encima de nosotros voló, altísimo, un bando de grullas, fácilmente reconocibles por su griterío.

Tierra, avutardas, pivot…

Llegamos a Lomoviejo, que está junto a otro lomo. Nos acercamos a su iglesia, que tiene un precioso pórtico de arcos deprimidos isabelinos; las columnas que lo soportan son de granito -que aquí domina a la caliza- y el suelo está recubierto con antiguas lápidas sepulcrales.

Salimos hacia el este por la colada de las Canalizas. El lavajo del Tío Juan tiene agua, y las ovejas han bebido recientemente. No así el de la Caballera. En el inmenso prado de las Canalizas pastan las vacas, y el camino o cañada da un rodea para cruzar por un vado el seco Zapardiel.

Prado de la Reguera

En la Reguera vemos la fuente del mismo nombre, seca. El prado al menos está verde, apto para rodar por él. Entre nosotros y el Zapardiel, un lomo. En el lomo, un pinar de gigantescos negrales, limpios y luminosos gracias a las lluvias de los últimos días. También pasamos junto a una telera metálica sin ovejas. En el prado de las Gayanas nos ladran los perros, pero tampoco vemos ganado. Al fin, llegamos a otro pueblo sencillo, Salvador de Zapardiel. Su iglesia es similar a la que acabamos de ver en Lomoviejo, mudéjar, pero carece de pórtico. Tras ella, el pozo tradicional abastece ahora de agua corriente a los vecinos. Al fondo vemos Sinlabajos, que perteneciera a Salvador. Ahora es de otra provincia. Todo cambia, aunque no mucho.

La sierra desde la cuesta de los Canteros

Al este se levanta, a unos cinco kilómetros, una auténtica montaña para estas tierras llanas de Medina y Arévalo. Son los altos de la Gradera, del Guindo y de Donvidas que están cien metros por encima de nosotros. Habrá que subir, ¿no? Por Muriel y Salvador hemos pasado más de una vez, pero hasta allí nunca hemos llegado. Pues nada, tomamos la cañada de la Lámpara y nos colamos por la cuesta de los Canteros hasta el alto del Guindo. Todo indica que estamos en un lugar perdido y olvidado, justo en el límite de Valladolid con Ávila. Seguimos por la cresta hasta la cuesta del Caballejo de 870 metros y la cuesta Gradera, por la que bajamos a campo traviesa para tomar senderos y caminos que nos dejarán de nuevo en la llanura. Pero antes echamos la vista atrás para ver mejor las terrazas y gradas de la Gradera, sin duda obra humana para aprovechar mejor estas tierras tan perdidas como difíciles.

Cuesta Gradera

Rodamos por diversos caminos, cruzando cerca de humedales y lavajos secos, con los ataquines al este y las torres de Madrigal al oeste, hasta llegar a Honcalada, que a duras penas mantiene la torre mudéjar de su antigua iglesia. Después, pasamos junto al caserío de San Llorente, cuyos viejos edificios tienen también un inconfundible sabor mudéjar. Por aquí, todo lo humano refleja el aire mudéjar.

Finalmente, cruzamos entre los ataquines para tomar la cañada que aprovecha el trazado de la vieja calzada que nos dejará en San Vicente.

La ruta en wikilok según Durius Aquae.

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Lavajos

1 febrero, 2014

San Vicente Palacio

Amaneció un día primaveral. Buena temperatura para salir con la bici y día luminoso, pese a estar en pleno invierno. Condiciones óptimas para nuestra excursión. Salimos desde San Vicente del Palacio en dirección oeste hasta la confluencia con el río Zapardiel, que para nuestra sorpresa llevaba agua, cuando normalmente está seco casi todo el año. Cruzamos por el vado siguiendo el camino que hay sobre el cauce del arroyo Malpaso, ahora cubierto por una pradera verde gracias a las constantes lluvias del último mes. La humedad se nota en todo el campo, con abundantes charcos y lavajos llenos de agua, pero también en los caminos arenosos de la comarca, que hacen pesado el rodar de las bicis, frenando nuestro avance.

A lo lejos, a nuestra izquierda vemos los restos del torrejón de Serracín que se yerguen sobre la llanura, pero nosotros seguimos nuestra ruta hacia el sur, levantando el vuelo de un bando de avutardas. Paramos para fotografiar los numerosos lavajos que han renacido y de repente, a nuestra derecha, sale fugaz una enorme liebre que sigue corriendo por las tierras en paralelo a nuestro discurrir. Y no será la única. Parece que los animales están contentos y se animan a hacer acto de presencia a nuestro paso, como queriendo celebrar que es el último día de caza de la temporada.

1. Vado M A

Nos acercamos hacia Lomoviejo -que tenemos a la vista- pero damos un pequeño rodeo para ver las lagunas de la Caballera y del Tío Juan y las chumberas que han nacido junto al camino, mirando al caluroso sur. En esta localidad se mantiene una costumbre el día 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes, donde a los jóvenes del pueblo se les nombrará alcalde y alguacil y velarán por la paz del pueblo durante esas fiestas, otros recibirán el cargo de mozos de puertas encargados de pedir por las casas para tener vituallas con las que pasar la fiesta y los mozos de costumbres, cuya función es cobrar la costumbre o cuota por dejar que los jóvenes forasteros pueda hablar o salir con las mozas de Lomoviejo.

3. Chumberas

Seguimos ruta hacia el sur entrando en la provincia de Ávila, pues Lomoviejo, Salvador y Muriel de Zapardiel son los pueblos situados más al sur de la provincia de Valladolid. Cruzamos otra vez el río por el vado y antes de llegar a Salvador de Zapardiel nos sale una nutrida bandada de perdices y un poco más adelante otra liebre nos sorprende con su rápida carrera. Rodamos un trecho por la carretera que lleva a la localidad abulense de Sinlabajos, para enfilar por camino hacia Muriel de Zapardiel, haciendo un alto en la ermita de la Virgen de los Remedios. En esta localidad se han encontrado restos de una necrópolis medieval de los siglos XII o XIII de la misma época en la que se construyó la cabecera mudéjar de la iglesia de la Asunción, así como restos de muros hechos de cal, ladrillo y canto, de donde podría provenir el nombre del pueblo, como muros pequeños. Al lado del templo pero exenta se levanta la torre de la iglesia como vigía o atalaya defensiva. Aquí, en Muriel, vio la luz en 1881 el escultor Moisés de Huerta y Ayuso aunque a muy temprana edad se trasladó a Bilbao, donde obtuvo formación en esta disciplina artística.

6 honquilana

Honquilana

Volvemos al camino para toparnos con un grupo de galgueros que aprovechan para poner a prueba sus perros ante las escurridizas liebres, experimentadas en escapar con sus quiebros a los ligeros canes. Es mucha la afición que hay en esta zona por los galgos, caballos y liebres. Llegamos a lo que antaño fue Honquilana, hoy reducida a escombros por el abandono definitivo de sus gentes a mediados de los años ochenta. Todavía recordamos haber conocido su iglesia en pie, aunque hoy, como todo el resto del pueblo es pura ruina. En 1250 aparece en algunos escritos con el nombre de Fontquilana y perteneció a la Comunidad de Villa y Tierra de Arévalo, encuadrada en el sexmo de Sinlabajos, junto a otros pueblos de la zona como Muriel y Salvador de Zapardiel, San Pablo de la Moraleja y las Honcaladas. Nunca tuvo mucha población, pues a mediados del siglo XIX contaba con poco más de 20 vecinos. Como parroquia fue suprimida en 1911, aunque se mantuvo su iglesia, pero ante el abandono progresivo de su mermada población, aquellos objetos de más valor fueron puestos a buen recaudo por el Arzobispado de Valladolid. Hoy podemos contemplar su retablo en la vallisoletana iglesia parroquial de Nuestra Señora del Prado en el populoso barrio de Parquesol. De líneas renacentistas de mediados del XVI, sus trazas se debieron a Blas Hernández mientras que las pinturas sobre tabla son de Joaquín de Vargas. Por lo que antaño fue su calle principal que lo atravesaba de norte a sur, hoy discurre el Camino de Santiago de Levante, y nada más salir del pueblo, donde comienza la carretera que lo comunica con la modernidad, aparece un hito que así nos lo indica. A nuestra derecha vemos la fuente del Caño, de la que todavía mana agua, que abastece a varios pilones que antaño tuvieron función de lavadero y abrevaderos.

Continuamos en una próxima entrada. En total, la excursión son unos 60 km.

4. Puerta

Tormenta en Lomoviejo

28 mayo, 2011

Hace una semana dimos un paseo por Tierras de Medina, siguiendo en parte el curso del Zapardiel. Nos encontramos con varias sorpresas que contaremos en la próxima entrada, pero lo más llamativo fue que todo estaba empapado, como si durante la noche hubiera diluviado.

Y así fue efectivamente.  La noche anterior –del sábado 21 al domingo 22- cayeron 20 litros en Lomoviejo y, en la iglesia, un rayo. Vimos perfectamente cómo atravesó la bóveda desde dentro haciendo un buen agujero, después de que entrara por la ventana de la iglesia, y salió rompiendo una de las cuatro cubiertas más altas. De paso, se llevó por delante una cigüeña cuyo cuerpo reposaba junto al depósito de agua. En el pueblo estaban preocupados: ¡hay pocos nacimientos y encima muere la cigüeña!

Al margen del rayo, la iglesia de la localidad guarda un precioso Crucificado gótico (bizantino, comenta la señora que nos hizo de guía). Curiosamente, la cabecera se orienta al Oeste en vez de a levante, y es que al Este se orientaba la vieja iglesia, de arcos apuntados y bóveda decorada que se ha conservado bajo la torre. En Lomoviejo, además,  ya no hay piedra caliza como en el resto de la provincia: los arcos y cruces del recinto de la iglesia son de granito.

Al salir del pueblo en dirección Oeste entendemos el nombre de Lomoviejo. Al menos lo de lomo, pues desde él divisamos las abiertas Tierras de Medina y Madrigal, al frente, y los campos de Honcalada y Muriel con los ataquines al fondo. Uno podía pensar que en esta comarca no habría miradores elevados para contemplar tan amplios paisajes, pero…   ¡ya lo creo que los hay!

¡Ah! Y poco antes de llegar, vimos las lagunas de la Caballera y del Tío Juan, las dos con agua y con habitantes. ¿Se habrían llenado con la tormenta?