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Entre la niebla, hacia la Torre de Mazariegos

15 abril, 2014

Mazariegos Paramo Tudela

Con un poco de retraso, publicamos esta entrada, que corresponde a la salida del domingo día 6 de abril, en la que nos acercamos hasta Mazariegos, en las proximidades de Piña por el valle Esgueva para volver por el páramo del Jaramiel y luego por el Canal del Duero. Cayeron unos 70 km. Resaltamos tres hitos o acontecimientos:

Niebla2

Primero, la niebla

Sí, a pesar de estar ya en abril, el día se presentó con niebla. En Valladolid era niebla alta, pero al embocar el valle Esgueva nos asustó una niebla más oscura y cerrada. Efectivamente, ya por Puente la Reina íbamos navegando entre brumas.

Menos mal que al pasar a la altura de Castronuevo, el sol consiguió hacer jirones la niebla y reducirla a bancos que querían quedarse atrapados entre los vallejos y picos de los páramos. Al final, como presagiábamos, brilló el sol. Pero asistimos a una lucha en toda regla entre la luz y la bruma mientras pedaleábamos.

Mazariegos

Luego, la Torre de Mazariegos

Nuestro objetivo era llegar a la denominada Torre de Mazariegos, que nos es otra cosa que lo que queda –la espadaña- de la antigua iglesia de Santa María, que perteneciera al poblado de Mazariegos, levantado en este lugar. Al parecer, se despobló en el siglo XVII. Milagrosamente queda esta espadaña que, a mayor abundamiento milagroso, ha sido hace poco consolidada para que no se la lleven el tiempo y los arados.

Piña

Al fondo, Piña

También nos acercamos al montículo en forma de teta en cuya ladera se asienta la torre. Sin duda hubo un castillo o torre de vigilancia: desde aquí se llega a divisar Valladolid al Oeste, y otro buen tramo del valle hacia el Este. En el lugar abunda la piedra de antiguas edificaciones y multitud de trozos de cerámica. Algo más al Este vemos la piedra caliza saliente y descarnada, y es que tal vez hubo aquí una cantera.

Villabáñez

Villabáñez

Y finalmente, el Pozo de la Solana de la Muela

De Mazariegos subimos directamente al páramo, donde los linderos de las tierras de cultivo son los restos –encina y roble- de antiguos montes. Por una estrecha lengua de páramo –Esgueva al Norte, Jaramiel al Sur- llegamos al Pozo, situado en el idílico lugar de la Solana de la Muela, ya en el término de Villabáñez. ¿Algún sitio mejor para que se refresquen nuestras bebidas, ya un tanto calentorras?

De vuelta, paramos un momento para ver los restos de la fuente de los Chopos, que resultó dividida –el manantial en la orilla derecha, la larga pila abrevadero en la izquierda- al construirse el Canal del Duero.

Pila de fuente los Chopos

Pila de fuente los Chopos

Y en el antiguo pinar de Jalón nos repusimos con una clara.

 

Entre el Jaramiel y el Esgueva (y3): Fuente el Olmo

1 julio, 2009

Camino de Villaco

¡Un poco largo nos ha salido este reportaje! Pero creemos que es interesante y con paisajes muy agradables para el viajero. Para tener a  mano el croquis, pincha aquí.

Entre el valle y el páramo

Salimos del barco de los Guardias y por los Lanchares, cruzado el prado pastoril, torcemos a la izquierda, hacia el Norte, para tomar el camino que acaba de nacer muy cerca de aquí, en los montes de Valdeherrera. Nos conducirá hasta Villaco.

Es otra ruta preciosa, llena de luz y de encanto. Son casi 6 km de navegación entre el valle y el páramo, pues aquí la falda de la paramera es suave, y forma como un segundo paramillo con valles tendidos y suaves ondulaciones en donde se puede cultivar la tierra. Hay que ir despacio para no perder detalle: a un lado el borde del páramo, con sus siluetas de árboles y las cañadas  que caen suavemente. Al otro, el valle del arroyo de San Juan y el pico de la Cuesta y, más de frente, se adivina el valle Esgueva. Y todo salpicado de zonas de pasto, y algunos pozos y fuentes más o menos próximas.

Pasamos por lugares como la Birlera, el arroyo del huerto Romero, bajo el barco de Valdeloberas que arriba tiene corrales y un chozo de pastor, las Peñuelas –donde mana una fuente entre peñas calizas-, el Hormigo –que también tuvo fuente, hoy cegada-, las Veguillas, hasta que después de ligereas subidas y bajadas…

Fuente el Olmo

¡Llegamos a otro sorprendente lugar: fuente el Olmo! (También conocido como la Fuentona)Ya desde el camino se deja ver abundante vegetación, propia de zonas húmedas, que delata la existencia de un hontanar. Nos desviamos por el camino que baja y vemos primero la fuente de los Baños, humilde pilón con un caño que gotea y a veces se seca.
Fuente el Olmo
Pero un poco más abajo se descubre un verdadero complejo de fuentes, arbolado, canalizaciones, estanques y abrevaderos. El agua sale abundante entre la piedra caliza, como en una cascada. Hay al menos tres caños y otras muchas  salidas de agua. No faltan mesas y sillas para sentarse y yantar mientras, bajo la sombra de los árboles, escuchamos el borbollar del agua. Curioso –y para nosotros- inesperado lugar. Si hubiera que hacer algún reparo se lo haríamos a las mesas: demasiado elegantes y complicadas para tan bucólico lugar. ¡Pero volveremos!

Reconfortados por tanta frescura seguimos camino hasta Villaco.  La bajada es fuerte y casi pasa desapercibido otro abrevadero. Podemos contemplar la mole de su iglesia encima de las casas y las simpáticas bodegas de la bajada. La vieja fuente del pueblo también tiene su encanto.

El valle Esgueva…

Volvemos a Piña vigilados por las estribaciones del páramo y el cauce del Esgueva, aquí todavía de aguas claras y frescas, pues hay pescadores de truchas. Los paisajes de este camino han pasado de la retina a la memoria y ahí seguirán por un tiempo, mientras nos movemos incluso por los altos e insulsos edificios de la ciudad.   ¡Y nosotros pensábamos que conocíamos toda la provincia…!
Valle Esgueva
Pero nos queda el epílogo, pues en Piña podríamos visitar las ruinas del molino que aún luchan contra el olvido, la maleza y los negrillos en el cauce viejo del Esgueva. Se levantan las paredes con las aberturas desnudas de ventanas y balcones, la balsa repleta de arbustos, y tres o cuatro piedras molineras tiradas entre los cascotes de lo que fue una potente fábrica que trasformaba el grano en harina.

…y cosas que ver en Villaco y en Piña de Esgueva

Villaco dependió hasta 1820 de Castroverde de Cerrato, siendo eximido en ese año el señorío del marqués de Aguilafuente, señor de la localidad. Destaca sobre el caserío la iglesia de San Sebastián, gótica del siglo XVI, de una sola nave dividida en cuatro tramos cubiertos cada uno de ellos con bóvedas de arista, mientras que la capilla mayor lo hace con bóveda de crucería con terceletes. A los pies se levanta una espadaña levantada en 1739.

Cerca se encuentra al ermita del Cristo del Humilladero, levantada en piedra con arco de medio punto de ingreso.

Dentro del núcleo urbano de Piña de Esgueva destacan en el caserío los edificios religiosos. La Iglesia de Nuestra Señora tiene dos naves, conservando el ábside semicircular de estilo románico del XIII apoyado en contrafuertes y ventanas decoradas con triple arquivolta. Vemos también los canecillos con decoración con cabezas de animales, piñas o liebres, así como los capiteles de la puerta de acceso al templo. En su interior contemplamos los retablos, uno de ellos del XVI con tallas de la Virgen, Cristo y San Juan de un imitador de Juan de Juni, mientras que el otro, también de finales del XVI, tiene pinturas San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santa Apolonia y Santa Lucía en el banco obra de Antonio Vázquez .

En la plaza, junto al Ayuntamiento de finales del siglo XIX se encuentra la Ermita de San Pedro, rescatada del olvido ahora utilizada como centro cultural, mientras que a las afueras está la Ermita del Cristo de la Buena Muerte.

El término municipal es pródigo en buenas excursiones y podríamos ver, entre otras muchas propuestas:

  • Los restos de una torre de la iglesia del despoblado de Mazariegos.
  • La casa del Monte, con magníficas vistas al valle Esgueva
  • Chozos de pastor en la ladera del páramo
  • El robledal de Valderrobledo
  • Los corrales del Raso y el comienzo del valle de San Pedro, junto a la cañada real burgalesa