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Adaja, Cega y pinares de Valdestillas y Mojados

24 noviembre, 2016

valdestillas-2016

Salimos de Valdestillas, el pueblo de las Cañadas, y nos introducimos en el pinar de la orilla derecha del Adaja, compuesto de pinos –piñoneros y negrales- de buen porte: Es uno de los pinares más extensos de la provincia y podemos rodar varios kilómetros sin salirnos de él. Ideal para días de lluvia –la arena mojada respeta a los ciclistas- y también para días ventosos –los árboles doman al viento.

Cortafuegos

Cortafuegos

Hay muy pocas setas; la tierra sigue sedienta a pesar de que la lluvia se ha dejado caer este otoño. Las poquitas que hay no parecen comestibles. A este suelo no ha llegado la otoñada, pues el color dominante es el marrón de la tamuja. A nuestro aguerrido guía se le ocurrió meterse por los cortafuegos -¡mira que hay caminos con buen firme en este lugar!- y nuestras piernas se resintieron. Sólo un poco, también es cierto. Pero el aire llevaba ese agradable aroma a tierra y madera mojadas.

Desde la fábrica

Desde la fábrica

Salimos a Mojados y nos paramos a contemplar esa maravilla que es el arenoso Cega con su puente de piedra. No casan puente tan largo e hilo de agua. Seguramente en otros tiempos fue mucho más caudaloso. Ahora, hasta lo secan en verano. Muy cerca, la triste y arruinada fábrica de harina llena de estériles ventanas… Eran otros tiempos que no volverán.

Por el Caño enfilamos el camino que nos conducirá a lo alto del páramo. Y otra vez a sufrir con la arena. La cuesta es muy empinada pero corta, de manera  que no tardamos demasiado en plantarnos en la ermita de San Cristóbal, que tiene una olmeda que quiere y no puede. Desde el cerral se domina Portillo y su raso, Valladolid, los bordes del páramo de Torozos, los pinares de Valdestillas y Mojados… El aire sopla fuerte y nos vamos cuando alguien empieza a preparar su parapente.

Riberas del Cega

Riberas del Cega

Por un camino resbaladizo nos dejamos caer casi sobre el Montón de Trigo –los nombres son lo que parecen- y hacemos parada y fonda en el vado de Megeces, pues tanta arena sobre la que hemos navegado nos ha dejado sin fuerzas y ahora las reparamos.

El día había amanecido con nubes o niebla alta pero ahora, después de comer, el sol se decidía a lucir un poco y provocar reflejos en las choperas del Cega. Todo se alegraba de repente, hasta nuestro ánimo, de manera que la vuelta hasta Mojados fue hasta más agradable. Laderas y cortados por el norte y pinares y riberas al sur. También, la ermita de la Virgen de Luguillas. Sin darnos casi cuenta, en uno de los charcos, embarramos las ruedas que acabaron por bloquearse.

Junto al Adaja

Junto al Adaja

Y de nuevo estábamos navegando por los pinares de Mojados y Valdestillas. Esta vez –con buen criterio- elegimos un camino con buen firme que hizo de la vuelta un entretenido paseo por un bosque húmedo y otoñal, con ondulaciones y curvas continuas y algunos corzos saltando al fondo.

Pinares

Pinares

Ya en Valdestillas nos acercamos a la presilla del Adaja que se utiliza para producción de electricidad. El agua limpia dejaba traslucir las figuras de barbos buscando comida y lo árboles reflejaban los últimos rayos del sol. Y un poco más abajo nos paramos para contemplar el salto de los tres puentes sobre el río. El más viejo de todos, heredero sin duda del romano que hubo cuando esta localidad era cruce de calzadas, tan antigua es Valdestillas.

Otoñal

Otoñal

Cortados y páramos del Cega y el Eresma

4 octubre, 2015

Paramo del Rey

Esta vez, nos ponemos en marcha desde Mojados para subir al páramo del Rey (ver entrada anterior). Dejando a la derecha el pico de San Cristóbal, tomamos un sendero en plena ladera para bordear el cabezo de San Pedro y atacar la cuesta arriba –los últimos metros nos bajamos de la bici- por el barco Valhondo. Desde arriba dominamos el valle del Cega y vemos cómo el río deja a un lado y a otro los páramos para salir a campo abierto e introducirse en los pinares que ya no abandonará hasta morir en el Duero.

Navegamos, con la brisa, por el ras. No queda nada de la cañada del Guardián, que venía desde la ermita de Luguillas, en la ribera. Rodeamos otro barco o vallejo para gozar del espectáculo natural nada menos que en el pico del Tormesado, al que llegamos por una estrecha lengua, y seguimos rodando hacia el SE. Después de cruzar la cañada real –o la carretera- nos metemos en el Encinar y acabamos pasando por el Hoyo de los Chozos. No es un páramo totalmente enrasado, pues hay cuestas muy suaves provocadas por las navas. No vemos rebaños de ovejas, pero sí una vacada pastando en la zona noreste. Aunque ovejas y cabras debió de haberlas en abundancia, pues tenemos algunos topónimos como el Carcavón de la Borrega o Chiviteras.

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Arriba, los campos de labor son pedregales

Nos asomamos de nuevo al Cega en El Hoyo. Se ve abajo Cogeces y, en primer plano, al comienzo de la ladera, una inmensa encina. En un momento estamos abajo. Un paseo por el pueblo para ver la iglesia de San Martín con su portada románica y algunas casas, muy viejas, de ladrillo, que son verdaderas obras de arte

* * *

Ahora subimos por un buen camino de grava al otro páramo, que hace de divisoria entre el Cega y el arroyo del Henar. Antes, hemos podido pasar junto a la desembocadura del Pirón, perdida en un terreno irregular y asfixiado por la maleza. Pero goza de cierto encanto.

Al fondo, Tierra de Pinares

Al fondo, Tierra de Pinares

Ya arriba nos asombra la formación geológica cincelada por estos ríos sobre el páramo calizo. En una pared abierta a los aires y a la vez resguardada –porque no han arremetido directamente contra ella las corrientes del Cega y del arroyo del Henar- la gruesa capa de piedra caliza se cae a grandes pedazos. Vemos perfectamente sus diferentes capas, de color, grosor, textura y firmeza diferentes, y de unos 6 o 7 metros de potencia. Debajo, una capa de arena y limos, de color marrón claro que se va deshaciendo a causa de la humedad, del viento y ¡los conejos! Consecuencia: que la caliza se va partiendo en grandes bloques que caen de golpe hasta casi el fondo del valle, o se quedan en equilibrio inestable hasta que la lluvia mueve el terreno y de nuevo se deslizan o caen de golpe. Impresionante.

Valle del Cega

Valle del Cega

Arriba, en el páramo, los pinos parecen danzar, inclinados a un lado y al otro, como si estuvieran especialmente contentos, pues aquí disfrutan de un paisaje excepcional. Porque esa es otra, los escarpes se encuentran en un recodo del Cega desde el que se ve Mojados e Íscar, así como los pinares que hay al fondo de estas localidades. Y si nos desplazamos por el cerral hacia el SE, vemos la gran alfombra de pinares tras el Cega y, al Este, Mata de Cuéllar y Vallelado, éste recostado sobre una ladera.

Pinos

Pinos

* * *

 Otra posibilidad hubiera sido bordear el páramo por el sur. Allí tenemos –por Alcazarén- las laderas, en su parte más baja, salpicadas de majuelos y pinarillos. Al ciclista le será un poco incómodo rodar por la abundancia de arena. Pero la línea de las vargas en lo más alto conforma un hermoso paisaje y, al contemplarlo, te olvidas de las dificultosas pedaladas. Las subidas –o bajadas, todo depende de donde nos encontremos- podemos hacerlas por el camino de Mojados, donde estuvo la fuente de Malnombre, o bien por el camino de Los Caños o bien por fuente Milla. Ya se ve que todos tuvieron una fuente o manantial. Eran otros tiempos. Hoy vemos, todo lo más, zonas con negrillos enanos o juncos.

Pedrajas al fondo

Pedrajas al fondo

Una zona más atractiva todavía es la que cae dentro del término de Pedrajas de San Esteban. Empiezan a abundar los robles –incluso los hay grandes, a los que se les ha perdonado la vida- y los miradores. Por ejemplo, el picón de Valdelaguna. Desde él podemos contemplar perfectamente el último páramo al sur del Duero –La Cuesta- que se levanta entre el Eresma y Olmedo, las tierras de labor de Alcazarén y Pedrajas, y la inmensa Tierra de Pinares…Además, el pico termina en un cantil en el que aparece descarnada la piedra caliza de nuetro páramo. ¡Ah! Y también vemos el esqueleto del Pino Señorito, lejos, en la finca de nombre también Valdelaguna. Desgraciadamente, esta seco.

Un poco más al Este podemos descender hasta Pedrajas por una larga pista de varios kilómetros. Subiendo, casi no nos enteramos de la cuesta; es una de las más fáciles en toda la provincia para ascender a un páramo.

Íscar

Íscar

Después, desde el pico de la Envidia –sobre Pedrajas- podemos ir por el sendero que bordea la ladera de la Longaniza hasta casi el castillo de Íscar. En todo momento nos acompaña una impresionante vista sobre los extenso pinares de esta tierra. La vuelta atravesando robledales tampoco la olvidaremos fácilmente.

Así es este páramo –pedregal y roble- que se encuentra a caballo en los confines de las tierras de Íscar y Olmedo.

En Valdelaguna

En Valdelaguna

 

El páramo del Rey

2 octubre, 2015
Por el fondo del valle discurren las aguas del Cega

Por el fondo del valle discurren las aguas del Cega

El Cega y el Eresma han modelado un curioso páramo de unos 27 km cuadrados de superficie que pertenece a los términos de Íscar, Pedrajas de San Esteban, Alcazarén, Mojados, Megeces y Cogeces de Íscar. Su forma tiende a ser redondeada con una lengua ciertamente bífida en dirección a NW.

En el extremo Este se levanta el castillo de Íscar, cuyo suelo calizo ha resistido los embates del Cega y el Eresma, en otros tiempos de aguas encrespadas, y a las que, sin embargo, ha dividido. ¡Cómo son los de Íscar! También tuvo una torre del telégrafo en el término de Mojados, que hacía guiños a las de Cuesta Redonda (Olmedo) y Boecillo. Hoy está en ruinas, claro. Hay una cantera industrial de caliza en territorio de Megeces, y en distintos puntos restos de pequeñas canteras que se utilizaron hace años. También quedan algunas yeseras y hornos de cal.

Yesera

Yesera

En la zona de Megeces-Pedrajas quedan buenas manchas de encinar en las que se distinguen algunos robles de buen porte; antaño todo el páramo fue monte, después, gran parte se taló y ahora algunas zonas se están repoblando con pinos. También abundan las navas u hondonadas, que en época lluviosa se convierten en lagunas, dándole a nuestro páramo un aspecto peculiar y mágico. Tenemos, por ejemplo la Hoyada del Calvillo ¿o del Castillo?, el Hoyo del Pozuelo, y Navalpinar.

Y en sus laderas, al sur, se encuentran los últimos majuelos de la DO Rueda por el Este, más en Alcazarén que en Mojados y siempre soleadas.

Bacillar en la ladera

Bacillar en la cuesta

Pero vayamos también a la historia. Aquí cazaron los reyes. Por ejemplo, en cierta ocasión se dispusieron guardas durante tres meses antes de la cacería para que nadie molestara antes de tiempo a la caza:

…como el dicho señor rey don felipe que se abía de venir a holgar al lugar de coxeces e al dicho monte a cazar, que les rogara le diesen licencia para poner guardas en el dicho monte por dos o tres meses, para guardar la caza dél, para quando byniese el dicho señor rey…

O sea, así se las ponían a Felipe II.

Ladera

Ladera

Mucho antes, al alcaide del castillo de Íscar fue ajusticiado por negarse a acoger a Alfonso XI, que andaba de caza por allí.¿A quién se le ocurre? ¡Cómo son los de Íscar! Y en el siglo XVIII se permitió disparar con arcabuz a los toros bravos de Pedrajas que destrozaban los sembrados de Megeces. Nada de lanza, como en Tordesillas, pero… ¿quien tendría un arcabuz en casa en aquellos años? Y no un rey, sino un todo un califa, Abderramán III, desde aquí pudo hacerse una idea de la situación exacta de Portillo, Simancas y el amplio valle del Duero configurando su maniobra de cara a la batalla de Simancas.

Cogeces de Íscar

Cogeces de Íscar

No seguimos pero, por todo esto, le podríamos llamar páramo del Rey. Y también porque pedaleando por su ras yladeras llegas a sentirte como un rey, de los de antes, eso sí: a tus pies una inmensa alfombra de pinares, al fondo, el Guadarrama y Navacerrada. Y muy cerca, el cielo, pues estar en el páramo es como estar en una cima montañera. Lo dijo Unamuno:

Es todo cima tu extensión redonda

y en ti me siento al cielo levantado,

aire de cumbre es el que se respira

aquí, en tus páramos.

Lo atraviesa un ramal de la Cañada Real Leonesa, justo por donde ahora discurre la carretera de Megeces a Alcazarén. En aquella época los pastores no tenían problemas con el Rey, al revés, la Corona protegía a la Mesta, que producía la mejor lana del mundo.

Robles a medio día...

Robles a mediodía…

Aunque hoy es un páramo muy solitario, debió estar muy humanizado, por lo que hemos contado y porque es fácil encontrar restos variados de cerámica. Hoy, además de los campos de labor y la cantera, sólo tenemos una cervecería tradicional, en el castillo iscariense: La Loca Juana anda perdida entre las encinas y navas de esta paramera. También hubo lobos, sobre todo en sus laderas; ahí están los topónimos barco de los Lobos y Amansalobos.

...y a la puesta del sol

…y a la puesta del sol

Pinares, páramos, valles… y su luz otoñal

13 diciembre, 2014

Valdestillas Megeces

El día amaneció soleado; no había helado por la noche, a pesar de que lo hizo la noche anterior y volvería a helar la próxima. O sea, una jornada ideal para pedalear.

Habíamos elegido el trayecto desde Valdestillas a la ermita de San Cristóbal, en el término municipal de Aldea de San Miguel, en el borde mismo del páramo.

Pinares

Piñoneros

Piñoneros

Teníamos un poco de miedo: resulta que con el sol tan estupendo que hacía, nos íbamos a introducir en un pinar que, con las copas de los piñoneros, nos iba a dar sombra. Pero nuestros miedos se disolvieron enseguida: en la pista por la que rodábamos, en dirección sureste, nos daba el sol de frente. ¡Perfecto! Y luego, al tomar otros caminos, resulta que el pinar se aclaraba un poco: seguíamos recibiendo, agradecidos, los rayos del sol.

¡Espléndido el espacio pinariego! El aire estaba muy claro y luminoso, sin vahos ni neblinas, transparente. Los pinos estaban lustrosos, casi brillantes, como si las últimas lluvias los hubieran limpiado a fondo, tanto en su corteza como en sus afiladas hojas. Y el suelo, con abundante tamuja, tenía también un tapiz de hierba, cosa nada habitual porque, o bien está reseco o bien –en pleno invierno- se cubre de una capa de musgo.

Negrales

Negrales

No faltaron las setas de todo tipo, aunque ya un poco mustias por las primeras heladas del otoño. Utilizamos para rodar el kilómetro de la pista de aviones del Corbejón. Pero, como otras veces, las bicis no despegaron.

Y los caminos estaban ideales, la poca arena hacía un ruido agradable al contacto con las cubiertas de las bicis. Bueno, salvo a la salida de Mojados, ya a la vuelta, que nos quedamos trabados en dos o tres momentos.

Mojados

El Cega en Mojados

El Cega en Mojados

Fuimos a dar a la carretera de Valdestillas y, a los pocos kilómetros nos presentamos en Mojados, donde compramos un pan excelente. También dimos una paseo por el pueblo: las iglesias mudéjares, el palacio del Conde Patilla (uno de los pocos edificios todo en piedra), las numerosas casas en ladrillo tradicional, el puente sobre el Cega, la fuente de Carlos III. A la vuelta, pasamos por la ermita de la Patrona, la Virgen de Luguillas; pero estaba cerrada. Todo mereció la pena.

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En el centro, Aldea de San Miguel; a la derecha, Portillo

El páramo

Superado el pinar, en campo abierto, la luz era todavía mayor. Al fondo Portillo, encima de su cerro y abajo, la Aldeílla con la torre de su iglesia entre altos cipreses. Un poco de arena antes de acometer la subida al páramo y ¡qué subida!, corta pero muy dura. Claro que, una vez arriba, se nos olvidaron los sufrimientos de la cuesta. Un inmenso panorama con Pedrajas de San Esteban en primer plano, el Raso de Portillo, la Cistérniga y su cerro, Parquesol y Valladolid, los pinares, el valle del Duero… Pues sí, ha merecido la pena el esfuerzo.

Ermita de San Cristóbal

Ermita de San Cristóbal

Una pena que la ermita de San Cristóbal esté cerrada a cal y canto. Otra vez que subimos al menos el atrio de entrada no tenía puerta y en sus bancos se podía descansar, pero ahora una puerta metálica (fea, claro) nos impedía el paso. Menos mal que no había viento. En la pradera de jóvenes álamos descansamos un poco para seguir en dirección a Megeces, por campo abierto con algún roble.

En el páramo

En el páramo

Y el valle

Bajamos al valle por una umbría con firme un tanto resbaladizo; alguno se apeó. Unos peculiares montes en forma de pico –el Montón de Trigo, se llama uno- nos recibieron abajo. Currantes sembrando ajos y, cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en Megeces, cruzando el Cega por el puente de un solo arco que de manera tan limpia salta el río.

Bajando, que es gerundio

Bajando, que es gerundio

Por la ribera –pinares, campos recién sembrados, ganado pastando, algún roble- dejamos muy cerca la cueva del Tío Botas y cruzamos la granja de Tablares para salir a la carretera. Desde Luguillas, por el carril bici rodamos hasta Mojados. Nos quedaba todavía el placer de atravesar el pinar hasta Valdestillas, de respirar nuevamente luz y aromas de arena y tamuja mojadas…

¡Qué buen día de invierno todavía en otoño! Salieron algo más de 50 km.

A la vuelta, el tiempo se arrugó un poco

A la vuelta, el tiempo se arrugó un poco

 

Camino de Santiago

12 mayo, 2012

Como los suelos han estado mojados y con abundante barro, había que buscar terrenos de arena y grava para pasear en bici. Y contando con extensos pinares nada mas salir de la ciudad, no es preciso buscar muy lejos. Conocemos los pinares que se extienden por las riberas del Adaja y Eresma, y a ellos podemos volver una y otra vez aunque nos parezca que ya los hemos rodado mucho.

De manera que la salida la hacemos desde Valdestillas por la ribera izquierda del Adaja. A pesar de las lluvias caídas, el río no viene con excesivo caudal, y prueba de ello es que podemos cruzar el puente –casi a ras de agua- de la ermita de Sieteiglesias. A muy poca distancia el Adaja ha recibido las aguas del Eresma, a cuya cuenca nos pasamos ahora.

El camino que estamos siguiendo –primero por el Adaja y ahora por el Eresma- es el camino de Santiago que viene desde Madrid, cruza nuestra provincia de sur a norte, para conectar en Sahagún con el camino Francés. Y es que todos los caminos llevan a Santiago; no es necesario ir hasta Roncesvalles para tomarlo. Tampoco es el único que cruza por esta provincia, también lo hacen otros dos que vienen de Valencia y Alicante. Por eso vemos las típicas flechas amarillas que indican el Camino.

Cruzamos junto al caserío de Brazuelas y llegamos, por fin, siguiendo el Camino inverso, a Alcazarén, de resonancias árabes, mudéjares e incluso bandoleras, pues aquí –detrás de la iglesia de San Pedro- vemos la posada donde se hospedaba Luis Candelas cuando le capturaron. Por si fuera poco, en otra de sus casas sigue escribiendo Jiménez Lozano, autor que entiende como San Juan de la Cruz o como Miguel Delibes el alma de Castilla. Ya se ve que no es esta una localidad cualquiera.

Pero como estamos dispuestos a no dejar tan pronto el Camino, por él nos vamos al Molino Nuevo –con su puente en ruinas-, al caserío de Valviadero –de enorme iglesia y pequeño caserío- y al puente del Pisón, ya muy cerca de la ermita de Sacedón. Y a partir de aquí se impone desandar lo andado, pero por la otra orilla de Eresma.

De nuevo Alcazarén y el caserío de Brazuelas para introducirnos en las profundidades del pinar de los Hornos que acaba en la urbanización del mismo nombre.

Después de Mojados, la pista forestal que nos devuelve a Valdestillas es larga, empedrada y los pinos no nos conceden respiro alguno. Pero los aromas que exhalan pinos, tierra y tamuja mojados nos animan a respirar profundamente. En otoño, crecen aquí abundantes nícalos. Como novedad, han colocado un crucero poco después de cruzar la pista que lleva a Viana. Y después de la cruz, vemos un llamativo pino en forma de Y. Cuando nos queremos dar cuenta, hemos llegado a Valdestillas sin prácticamente mancharnos de barro. ¡Qué limpios son los pinares!

Nos hemos hecho unos 60 km aproximadamente.

La cueva del tío Botas o atrapados en el barro

9 marzo, 2012

Algo menos de 40 km

Arena y barro

A la salida de Mojados el camino estaba perfecto, a pesar de que había llovido de firme el día anterior. Conforme nos acercábamos a Aldea de San Miguel, la arena estaba mas suelta, y llegó un momento en el que a pesar del plato pequeño y el piñón grande, avanzábamos con gran esfuerzo. Lo peor se presentó en la última parte de la subida por Valdelamuerta. La greda se pegaba a las ruedas y nos impedía rodar: quedamos atrapados.  De manera que a quitar el barro con paciencia y ¡bici al hombro! hasta el Llano y su pinar.

El valle del Cega a vista de pájaro

El pinar estaba excelente para rodar. Caminos con algún charco, pero sin casi barro y con la piedra caliza a flor de suelo para apoyar las ruedas limpiamente. Así llegamos a asomarnos al valle del Cega, primero por la zona de los cortados de caliza: Cogeces de Íscar al fondo, Megeces más cerca y con explosiones de cohetes porque la Asociación la Fe de Socorros Mutuos de la clase obrera sacaba en procesión al Santo Ángel de la Guarda, la hilera de chopos del Cega, el pinar de Hernando, el Montón de Trigo, el barco de los Mellizos… ¡Qué descansada vista, después de tan cansada subida!

Puente y molinos

Luego, bajamos hacia el valle pero sin llegar a cruzar el Cega por el vado: todavía estamo sen invierno, con el agua demasiado fresquita. Nos acercamos también hasta el molino de Arriba, en el arroyo milagroso del Henar, como se le conoce por aquí. Aunque da la impresión de que el molino está totalmente arruinado, todavía puede verse su larga y estrecha balsa, sus dos bocines y sus dos cárcabos, dos palones, una cabria, la llave del bocabocín, y diversa maquinaria entre la que destaca un cernedor.

El molino de Abajo por ser privado está mejor conservado, pero no se encuentra visitable.

Y llegamos al viejo puente que salva el Cega con un solo y limpio arco, muy aéreo y esbelto. A su lado, una fuente en la que reponerse. En verano los chopos de la ribera dan sombra y frescor al río y al caminante que aquí quiere detenerse y descansar.

La cueva del tío Botas

En la ribera del Cega, aguas arriba de la presa que construyeron hace poco descubrimos la cueva del tío Botas, agujero construido por el hombre o la naturaleza en una de las pocas zonas de arenisca. Según  nos contaron en Megeces, el tío Botas tenía una fábrica de achicoria en Cuéllar, se deshizo de su mujer metiéndola en el horno de la fábrica e hizo esta cueva para esconderse. De poco le sirvió, pues acabó con sus huesos en la cárcel. Esto dice al menos una versión de esta leyenda. Otra, con alguna variante, la podéis leer aquí.

Y el páramo

La vuelta la hicimos subiendo al páramo del Esplegal para tomar la dirección suroeste y llegar a Mojados. Las ruedas se pegaban demasiado al camino, pero sin llegar a impedirnos la rodadura. En la línea del horizonte se dibujaban robles desnudos y en algún momento vimos Portillo y también las proximidades de Olmedo.