Posts Tagged ‘molinos’

Navegando entre dos ríos

1 febrero, 2018

-Continuamos la entrada anterior-

El paseo discurrió entre continuos toboganes. Prácticamente no recorrimos ninguna llanura, de manera que mantuvimos en acción las pantorrillas. Y es que navegar por Tierra de Campos es como zambullirse en alta mar, donde la superficie del agua nunca es plana, sino que las olas te mecen arriba y abajo y tan pronto estas en lo más alto como en la parte más hundida de la superficie…

Fuentes romanas

La fuente (abajo) de la Virgen (arriba)

Nos llamaron la atención algunas fuentes de estilo romano. La primera cerca de Aguilar, bajo la ermita de la Virgen de las Fuentes, oculta entre una de esas alamedas que abundan en la comarca es precisamente el lugar donde la Virgen se apareció a un pastorcillo. Forma una bóveda de medio cañón, hoy cerrada por una verja para impedir que se tiren animales muertos, que se han arrojado en ocasiones. Además, en esta alameda hay otros manantiales cuyas aguas caen al cercano Ahogaborricos (claro, si se llama así, señal que por aquí se ahogaban otros animales…).

Fuente de Ciriaco

La otra fuente romana es la de Ciriaco, en el término de Ceinos. Engrosa las aguas de un arroyo de esos que, en Tierra de Campos, da vida a un praderío con hierba pero también con chopos y matorrales variados. Posee una bonita bóveda de roca arenisca, se ha limpiado hace poco con una pala mecánica que se ha llevado por delante alguna piedra de la bóveda o del conjunto. Pero, de momento, ahí está; más vale así. Desde esta fuente continuamos hacia Villalán y nos encontramos con la fuente de Lauto, que es realmente un pozo junto al arroyo del mismo nombre. Se encuentra en una ladera que domina la localidad.

La última fuente por la que pasamos esta vez fue la de Valdeposadas, muy cerca ya del teso del Rey. Se trata de un pozo, protegido por un arca relativamente moderna, de ladrillo hueco, que mana y da origen a un regato, en mitad de los campos. Al menos esta vez las tres fuentes tenían agua.

Palomar cerca de Villalán

Rollos y molinos

Los rollos jurisdiccionales se encuentran en Aguilar de Campos –imponente, no desmerece en nada al lado de la grandiosa iglesia mudéjar de San Andrés- y en la plaza de Bolaños. Esta localidad fue villa señorial, de hecho el Señor de Bembibre lo era igualmente de Bolaños, pero gracias a Gil y Carrasco se divulgó la fama del berciano.

También pudimos acercarnos a un molino de viento –en Aguilar, restaurado- si bien nos quedamos con las ganas de entrar para conocerlo también por dentro. Y otro molino –éste hidráulico y arruinado- en Bolaños, cuyas piedras se nutrían de las aguas desviadas del Valderaduey. Se encuentra en un bucólico lugar, junto a un prado y una alameda. Está construido en ladrillo y barro, con la balsa de piedra.

Restos de la balsa del molino, Bolaños

Tesos

La comarca de Tierra de Campos es amplísima, extendiéndose por las provincias de Palencia, Valladolid, León y Zamora. En su centro, ligeramente desviada hacia el oeste, se encuentra la zona que hemos recorrido en bici, modelada por los ríos Valderaduey y Ahogaborricos con sus respectivos arroyos tributarios. Esto hace del paisaje un continuo sucederse de colinas, vallejos, lomos y pequeños cerros y tesos. Los asentamientos humanos han buscado, desde los albores de la historia, lugares estratégicos de fácil defensa para establecerse. Por eso las poblaciones por las que hemos pasado gozaban de las altitudes más elevadas del territorio.

Teso del Castillo, Aguilar

Es el caso de Aguilar de Campos. El caserío, perfectamente ordenado, se extiende a los pies de un cerro en el que destaca, al norte, la joya mudéjar de San Andrés, y al sur, las casas-bodega que han venido siendo utilizadas hasta ayer mismo y que todavía hoy se habitan en ocasiones determinadas. En lo más alto hubo un castillo –hoy no quedan ni los restos- que se mantuvo activo al menos durante los primeros siglos de la Reconquista. Es un lugar perfecto para contemplar el paisaje terracampino hacia los cuatro puntos cardinales, si bien no goza de la misma altitud que el teso del Rey.

Lo que queda del “Palacio”

Algo parecido ocurre con Bolaños de Campos. En un altozano enclavado en el centro de la localidad se levantó una torre o castillo, allá por el siglo X. No queda ni rastro. Mucho más tarde se levantó otro castillo o, mejor, palacio –queda este topónimo- del que podemos contemplar tres arcos de ladrillo. Hacia el este vemos la torre de la iglesia y algunas casas, pero hacia el oeste contemplamos el valle del Valderaduey.

En Ceinos hubo igualmente castillo pero lo único que queda es ese nombre en una calle que discurre muy cerca del punto más elevado de la localidad, donde antaño se asentó. No muy lejos también se levantó un convento o monasterio de la Orden del Templo pero sólo vemos tres arcos del claustro devueltos no hace mucho desde el Museo de escultura de Valladolid.

Hacia Villalán

Villalán no está en un alto, pero la torre de su antigua iglesia dentro de poco será un mirador abierto al público.

Otros paisajes

Cruzamos los dos ríos de esta pequeña comarca que venían escasos de agua y casi tapados por las espadañas, feas y secas. Pasamos junto a lo que todavía queda del caserío de Pajares y también por el desaparecido caserío de las Rozas. Multitud de palomares ya se confunden con la tierra de la que salieron.

Parecen intimidados en tierra tan despejada…

Si las bajadas y subidas fueron continuas, el último tramo lo hicimos ¡cuesta abajo! por el firme del Tren Burra, que llega a Villamuriel donde, además de la estación que malamente queda en pie, hubo una fábrica de ladrillos que conserva una torre estrecha y alta que nos dio la bienvenida.

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El Anguijón y sus molinos

23 abril, 2015

Anguijón

El río Anguijón tiene poco más de 25 km, nace en Fuenteungrillo, o sea, en Fontes de Angriellos. Lo de anc– podría ser una raíz indoeuropea con significado de dobladura, así en anzuelo (y en anga, asa de vasija), y lo cierto es que nuestro río tiene forma de eso, de un anzuelo desde que nace hasta la punta, cuando desemboca en el Sequillo por Villanueva de San Mancio.

Antaño fue un río muy trabajador, sus aguas molían y molían. No hay más que comprobar cómo, en sus primeros 10 km se escalonaban nada menos que 9 molinos. O 14 más una fábrica de harina, según cuenta Madoz. ¿Hay quien lo iguale? No se sabe cuál sería la razón, pero simplemente con ver la inmensa llanura de Tierra de Campos, donde crece el cereal, y las pocas y amansadas corrientes de agua que la surcan, es suficiente para darse cuenta de lo bien que se aprovechaban los pocos ríos con pendiente que existían.

Cárcavo del molino de Marujillo

Cárcavo del molino de Marujillo

Esta vez daremos una vuelta exploradora, para descubrirlos qué restos de molinos quedan y cómo están a estas alturas de la película. También paseamos por el monte de Las Liebres y por Tierra de Campos, pero lo dejamos para la siguiente entrada.

Ya hemos dicho que nace en las Fuentes, donde se puede visitar el despoblado medieval de Fuenteungrillo, en parte restaurado. Allí veremos una laguna de color esmeralda y empezaremos el descenso –por llamarlo de alguna forma- del río. Poco más abajo veremos otra laguna menor. En las dos, y en los pozos que vemos entre ambas, viven peces y cangrejos. También descubriremos un curioso pozo-fuente cerca de la ladera derecha. A esta altura, el arroyo marcha abriéndose paso entre grandes losas de piedra caliza.

M. de Matallana

M. de Matallana

Y un aviso para navegantes. La mayoría del trayecto hasta el molino del Cubo discurre por prados y senderillos mal señalados. O ni por eso: a campo traviesa.

Pero vayamos a por los molinos.

De Marujillo.- Fue el primero que encontramos. No hubiéramos dado con él si llegamos a pasar unos días más tarde, pues se oculta en medio de una alameda salvaje cuyos árboles empiezan a echar hoja precisamente ahora. Se veían con dificultad unas ruinas y al acercarnos comprobamos que, efectivamente, era ¡el molino de Marujillo! La cosa pintaba mal, pues la alameda está protegida por un ancho cordón de zarzas y arbustos con espinas. Pero mal que bien, a gachas, soportando arañazos y pinchazos, llegamos a la ruinas. ¡Increíble que aun quede algo!: los álamos han derrumbado literalmente el edificio, y los troncos surgen por todas partes.

Inspeccionando el molino de Calixta

Inspeccionando el molino de Calixta

El único sitio que resiste bien, el más noble, es el dique de la balsa: aunque también han conseguido nacer arbolitos, se han secado. Por el momento ha podido más la buena piedra que las raíces. También se conserva el cárcavo, cuya bóveda acabará cayendo por el empuje de los árboles. Salimos de allá con las piernas ensangrentadas. Y no es una frase.

De Matallana.- Su situación es muy diferente. Además de estar en la ladera opuesta, en la izquierda, se encuentra dominando un recodo del valle donde, precisamente, se forma una amplia pradera. Según los entendidos, es un molino de escorrentía, cuyas aguas no eran recogida por un caz proveniente del río, sino que caían por la ladera del valle, de manantiales y de la misma lluvia. Quedan tres paredes, una piedra y la balsa. Delicioso lugar: aquí descansamos un poco de las mataduras del anterior escarceo. ¡Uff, menuda excursioncita!

En las praderas del valle

En las praderas del valle

De Calixta.- Protegido por abundantes zarzas y arbolado, si accedemos por la ladera; por el otro lado –el Este- hay que vadear el río. Hay que elegir. Nos acercamos y pudimos ver el cárcavo y las ruinas de una caseta. Un manzano o peral estaba en flor y nos alegró la breve estancia. Otro lugar para perderse, no para perdérselo.

Y aquí una nota: Nicolás G. Tapia y Carlos Carricajo, en su libro de Molinos de Valladolid, llaman de Calixta al de Matallana, y de Marujillo al que está en el arroyo de la Reguera. Para no complicar la cosa, nosotros hemos tomado los nombres del mapa del I. Geográfico de 1932, pues nombra todos los molinos.

La piedra de los Clérigos.- Al llegar, siguiendo el caz, al sitio donde el mapa señala el ingenio, sólo vimos una gran piedra molinera, además de alguna otra que pudo servir a una construcción. Misterio. ¿Se lo llevaron todo? Se halla accesible, junto a un camino y en una zona de alamedas.

Detalle del cubo del molino

Detalle del cubo del molino

Del Cubo.- Es el que mejor se conserva de todos los que vimos. Un amplio y perfecto cubo, cilíndrico, cuya altura daba más presión y fuerza a las aguas que, a través del bocín, chocaban contra el rodezno. El cubo es un depósito que está empotrado en una verdadera torre maciza de planta rectangular. El cárcavo no lo vimos, está cegado. Aun subsiste la balsa y la planta de la casa aneja al molino. Al fondo, se divisa Montealegre. A los pies, un prado con álamos.

Y el puente del Val.- No encontramos nada. Muy cerca de donde estuvo, un sencillo puente de larga bóveda por el que debieron cruzar anchos y pesados carruajes cargados de grano o harinas, que está empezando a caerse y que, por las trazas, pudo dar servicio a este molino.

Por aquí estuvo el molino del Val

Por aquí estuvo el molino del Val

Según el mapa citado, al pasar el Anguijón a la vera del cerro del Castillo había un molino, y otro más, el de la Serna, apoco menos de un kilómetro aguas abajo. La fábrica de harinas que cita Madoz debió estar en el arroyo de la Reguera, antes de que desembocara en el Anguijón aguas arriba de todos estos molinos. La hemos visitado –desde luego, es la de ruinas más grandes- en otra excursión, hace años.

Hasta aquí el trayecto por el curso alto del Anguijón.

Molinos en el Cega o pelea entre Invierno y Primavera

2 marzo, 2013

Iscar a Chañe

La primera parte de la excursión discurre por un lugar perdido: como se encuentra a horcajo de los ríos Cega y Pirón es algo así como un pinar cerrado, para llegar a él hay que proponérselo, ya que no es sitio de paso. Se puedeincluso escuchar el silbido del viento entre las hojas afiladas de los pinos. La humedad y las heladas de los últimos días han endurecido la arena, ahora compacta, para que rodemos con cierta comodidad. Al comienzo,  veremos unos paneles informativos sobre los pinares y la resina.

Pasamos por los molinos del Pirón y del Cega: el Molino Rodero, los restos del Molino del Pino, el Molino de Minguela… Estas corrientes de agua, que no se secaban en verano, durante muchos siglos ayudaron a los agricultores de la comarca a transformar la materia prima en harinas de diferente calidad.

Molino del Alavarado

En el molino de Alvarado

En la pista forestal que lleva a Cuéllar nos encontramos con un refugio forestal en uso, con gente calentándose en su interior y almorzando. Poco después llegamos a la Casa de la Obra Pía de Beneficencia del Comendador Gómez Velázquez: en realidad son los restos de un caserío en el nacimiento, ahora seco, de la Arroyada que antiguamente dejaba sus aguas en el cauce del Cega. Cerca se encuentra también el despoblado de Ruy de Manzano, perteneciente a la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar. Todo esto nos habla de un territorio mas activo antaño que hogaño.

Y un poco más adelante, dejamos el pinar para adentrarnos en campos de labor y llegar a Chañe. Y, poco después, por la carretera llegamos a Fresneda de Cuéllar y luego a la ermita de Ntra. Sra. del Rosario, antigua iglesia del despoblado de Alcuerna.

Refugio

Refugio

Tras cruzar el Pirón, a nuestra derecha dejamos el Molino de Alvarado, que sus actuales propietarios están intentando recuperar. Y a la izquierda, junto a la carretera se encuentra en abandono la casa de los forestales.

De nuevo nos adentramos en los pinares y, en un claro con campos labrados, sorprendemos a tres corzos pastando.

Molino de Minguela

Molino de Minguela

Esta ha sido una excursión por Tierra de Pinares, donde todavía quedan muchos y altos ejemplares de negrales que dan resina, y con un tiempo que amenazaba nieve en buena parte del trayecto. A pesar de que al final cayeron algunos copos blancos, también pudimos contemplar almendros en flor. Pelea entre la primavera que quiere llegar y el invierno que no quiere irse. Y así estaremos unos meses. Es lo suyo.

(Fotos de Miguel Ángel)

Casa Forestal

Casa Forestal

La Cornejana y los molinos de la Guada y del Hontanija

8 octubre, 2011

Antaño Villanubla –o Fuentes Claras–  era conocida por la calidad de la piedra que daban sus canteras de caliza, y hoy lo es sobre todo por el aeropuerto y la cárcel. Aunque los nublenses recalcan que la cárcel está en Valladolid. Y los de Valladolid quieren que el aeropuerto sea conocido como de Valladolid.

Sea como fuere, lo cierto es que esta villa tiene otros tesoros que pasan desapercibidos. Aunque dentro de pocos años, ni eso; es posible que no quede mas que el rastro documental. Demos un pequeño paseo por sus cercanías. No señalmos ruta, pues seguimos rodando en buena parte a campo traviesa.

Salimos de la localidad por el camino de Tordesillas, en suave subida hacia páramo, y dejamos a la izquierda las ruinas del palomar de José Herrero, construido aprovechando la ladera. Es de barro blanco, que deslumbra con el sol, y de piedra caliza en la base y en la parte que da al vallejo.

Caminando por el páramo llegamos a una amplia hondonada señalada por un enhiesto chopo –luego vemos que son varios. Nuestro camino se cruza con el de los Panaderos, por que los de Zaratán o Valladolid acudían a los molinos que hay sobre el Hontanija y la Boada. En un herbazal fluye la fuente Cornejana. No da mucha agua pero, teniendo en cuenta que estamos al final de un seco verano, no está nada mal. Enseguida la reguera se la traga la tierra. Antaño daba origen al arroyo de su mismo nombre, que terminaba en el Hontanija después de refrescar el pago de santa Olalla.

Desde aquí podemos llegar, a campo traviesa, hasta el molino de Arriba. Pero no por el camino de los Panaderos, que no tiene salida, aparte de que la Finca de la Merced o de Santa Olalla tiene puerta que cierra el paso.

Este molino conserva una buena balsa en piedra caliza, pues donde se alojaba el molino propiamente dicho es una habitación de paredes de barro –blanco, como el palomar. El rodezno giraba bajo el típico arco de piedra, que también subsiste. Perteneció hasta la desamortización –al igual que el de la Merced, situado unos metros más abajo- a los Mercedarios de Valladolid que, por cierto, eran también propietarios de la Bambilla. El de la Merced está en una finca privada.

Casi en el mismo paraje vemos el molino de Santa Teresa, también en terreno privado, y el del Cubo, frente a aquel y en el arroyo de la Boada.

Para llegar a los otros dos hemos de seguir el cauce del arroyo de la Boada hasta los pies de la pista de aviación. El primero que nos encontramos es el de Monzón, que posee un perfecto cubo para potenciar la presión del agua y el segundo –superada ya la casa de la Boada- es el del Cabrito, del que solo queda –y en muy mal estado- la balsa de piedra caliza.

¡Ah, la Boada, o la Guada o, lo que es lo mismo, la Aguada! Es un amplio estancamiento natural producido por este arroyo situado  lo pies de la pista de aviación. Nace cerca de la carretera de Gijón, bordea la pista, recoge las aguas de la fuente del Caño y de otros dos arroyos más: uno que nace junto a esa fuente y otro que viene de Vzaco –kilómetro escaso- y desemboca a la altura de la casa de la Boada. Merece la pena pasear por las orillas de este humedal, descansar en sus prados, observar a sus inquilinos tanto del reino vegetal como del animal. Sobreelevado, cruza paralelo al arroyo el caz de los molinos del Cabrito y del Monzón, bien protegido por una hilera de arbolado.

Podemos llegar a la Boada bien desde los molinos de Santa Teresa y del Cubo siguiendo el arroyo, o bien por la vieja carretera que rodea la pista por el Oeste.

En la próxima entrada seguiremos por el páramo y sus casas.

Para saber mas de la historia y patrimonio de Villanubla, pinchar aquí.

…y el Valle Esgueva

15 julio, 2009

Valle EsguevaEn la entrada anterior hemos comentado, sobe todo, el paso de la Esgueva por la ciudad. Pero este río tiene unos 60 kms de valle  desde que entra en la provincia hasta que se hace Pisuerga. Es un valle alargado y sin curvas, o con muy pocas y suaves curvas. Da vida a quince pueblos como Encinas, Canillas, Fombellida… que llevan el apellido del río -de Esgueva- o de la comarca -de Cerrato.

El valle tiene forma de artesa:  alargado, con fuertes vargas y de  suaves vegas. En las vargas afloran las  calizas erosionadas y en las vegas los verdes cultivos, pues los agricultores suelen sacar el agua del subsuelo.

Se puede recorrer desde Valladolid a Encinas, primero a través del sendero verde y, después de Villarmentero, por una buena pista agrícola paralela al río en la ribera izquierda (la contraria a la  carretera), que además coincide con un sendero GR. Pero también podríamos ir elevados, por los caminos del páramo del Sur, que limita con el arroyo Jaramiel o por los del Norte, coincidentes en buena parte con la cañada real Burgalesa.

Encima de PiñaAlmendros en la vega

¿Qué podemos encontrar en el Valle Esgueva?

  • Un humilde río en el que viven barbos, gobios y cangrejos, pollas de agua y fochas, crían los azulones y gritan los carriceros. Un río con abundancia de carrizo pero con escasez de bosque de ribera: sólo algunos enormes sauces españoles se atreven a vivir junto a él. Un río, en fin, que hace las delicias de los cangrejeros y que desaparece si el verano es demasiado seco.
  • Restos de molinos harineros, con sus canales, balsas,  y piedras de moler. La mayoría se encuentra en un avanzado estado de ruina e invadidos por  la maleza. Uno, sin embargo, entre Castronuevo y Villarmentero, se utiliza como casa rural.
  • Pueblos de piedra: la arquitectura popular de esta zona usa la piedra caliza como materia prima. Es lógico, ya que abunda en los páramos tajados por el Esgueva. Pero la tonalidad y textura de la piedra cambia ligeramente en cada pueblo, según la cantera de donde procede. Por eso, tienen personalidades diferentes. El barro es un complemento constructivo.
  • Castillos, como los de Encinas o Villafuerte. O solamente los restos, como en Canillas. De otros casi ni los restos: Castroverde, Castronuevo… Y es que este río marcó fronteras entre moros y cristianos.
  • Despoblados. Este valle estuvo antaño más poblado que hogaño. Quedan restos de antiguas poblaciones en Mazariegos (Piña). O solo el nombre, como en Granadilla o Valdeloba. Y otras muchas.
  • Fuentes. Los vallejos tributarios del Esgueva poseen -o poseyeron, que muchas han desaparecido- fuentes y manantiales. En un mismo valle cercano a Villaco tenemos dos ejemplos antagónicos: la humilde fuente de los Baños y la fuente cascada del Olmo.
  • Por esos valles tributarios podemos buscar -y encontrar- paisajes perdidos a los que muy pocos se acercan ya…
  • Montes de roble. Es una de las zonas de la provincia donde más abundan. Son pequeños, pero ahí están: Valderrobledo, Arranca, Valdecarros…
  • Chozos y corralizas. El Cerrato -comarca que cruza el Esgueva- siempre fue pastoril. Todavía abundan los rebaños y los restos de viejas corralizas, chozos de pastor, abrevaderos y, por supuesto, cañadas y veredas. Sólo hay que dar un paseo por cualquiera de sus páramos. Además, cuenta entre Esguevillas y Piña con uno de los mayores chozos de este tipo, dedicado hoy a refugio de cazadores.
  • ¡Un embalse!: el de Encinas de Esgueva, que no es del Esgueva, de aguas transparentes, con peces, ranas y tortugas.
  • La vega y sus laderas,  siempre con abundantes almendros.
  • Y muchas más cosas y paisajes que cada uno descubriremos al sumergirnos en este mundo que parece pertenecer a otro tiempo, ¡y está al lado de Valladolid!

En Olmos de Esgueva

Las excursiones pueden ser muy diferente, no sólo porque el valle en sí lo es, también porque son muchos los caminos que, partiendo del centro del valle, nos conducen por vallejos, arroyos y cerratos que esconden verdaderas maravillas… naturales.

Así es el valle del Esgueva. Nos puede ayudar a descubrirlo el centro de interpretación, situado en el término de Renedo, junto al sifón del canal del Duero. Además, en este blog tienes varias entradas al valle desde la categoría Cerrato.

Ribera del Cea

21 abril, 2009

rio-cea

Para ir de Villacreces a la ribera del Cea hemos de atravesar por la provincia de León, en concreto por el término de Arenillas de Valderaduey, donde, cruzado este río, nos topamos  inesperadamente con un ábside románico que pertenece a la iglesia de Santo Tomás. También visitamos una vieja torre de uso civil. Además, conserva muchos y abundantes palomares de barro (pues seguimos en Tierra de Campos).

Cruzadas las carreteras, tomamos un camino que nos conduce -ahora sí- por la orilla del Cea. Alamedas con fresnos y chopos refrescan esta ribera que pone límite a los Campos de Tierra. De entre los muchos sitios de la orilla que merecen la pena, destacamos uno: allí donde el caz del molino toma agua del río. Cerca hay una fuente y, entre el caz y el río, prados y campos de frutales. Un vergel escondido.

molino-melgar-de-abajo

En Melgar de Arriba vemos el molino que funcionaba al menos hasta avanzado el pasado siglo  distribuyendo luz en el pueblo. Aprovechamos para contemplar el paisaje desde el mirador en la torre de la iglesia de Santiago.

Y de nuevo por la ribera nos llegamos hasta Melgar de Abajo. Pero antes de subir la empinada cuesta descubrimos, casi tapado por zarzales, las ruinas de otro molino harinero. Este Melgar también tiene su mirador, encima de las bodegas, en lo que debió ser una antigua era.

De Melgar podríamos acercarnos –son 4 km- a Monasterio de Vega, para ver un   enorme y perfecto monasterio. O el centro de interpretación de la avutarda, que de todo hay por aquí.

ribera-del-cea

Al fin volvemos hacia el Valderaduey cercano: el camino de Melgar de Abajo a Santervás lo han asfaltado. Además, es cuesta abajo por lo que llegamos en santiamén. Además de la iglesia de San Gervasio, junto a cuyo ábside románico hay un mirador hacia el valle, podemos acercarnos a los restos de otro viejo molino, junto a las ruinas de una ermita. Y de aquí a Zorita, un paseo. iglesia-de-san-gervasio