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Puente Duero, sus montes y ríos

18 mayo, 2020

Gracias a Covid-19 los pinares de Valladolid, especialmente el de Antequera, se han llenado de paseantes y ciclistas. Como no nos dejan salir de término municipal, la mayoría nos hemos dirigido hacia el sur (Antequera) llegando incluso hasta los montes de la ribera del Adaja, pues nuestro término se alarga en dirección sur unos 14 km, mientras que hacia el norte no llega más allá de 7aproximadamente, igual que al este y al oeste.

El Puente

Puente Duero es Valladolid desde muy antiguo. Seguramente su origen se lo deba al mismo puente sobre el Duero, ya que todos los viajeros que se dirigían desde Simancas y Valladolid hacia el sur debían pasar por él, y no les vendría nada mal alguna venta o mesón. También cruzaban las cañadas de la Mesta leonesas y burgalesas que previamente habían pasado por Simancas o Valladolid. No hay más que contemplar la disposición de las casas de esta localidad o barrio para darse cuenta de que es una gran calle cuyas casas guardan la anchura de la vía pecuaria, tanto a un lado del río –del puente- como al otro, es decir, en dirección Valdestillas y Valladolid-Simancas.

Y no es nada aventurado pensar que aquí en la época romana existiera un puente, si bien no hay duda de que el origen del actual se remonta a la Edad Media. Poco hay que ver en Puente Duero al margen de la belleza austera y equilibrada del propio puente; la antigua iglesia cayó en el siglo XIX a consecuencia de una riada, si bien restos del retablo podemos contemplarlos en la nueva. En la orilla del río está, abandonada, la fuente del Caño y muy cerca de la iglesia podemos beber de una nueva.

Vaguada en el monte Blanco

Puente Duero, en fin, a pesar de pertenecer a Valladolid tuvo alcalde pedáneo hasta 1960, en que pasó a ser un barrio de la ciudad a todos los efectos.

Al sur del Duero se extiende un territorio de casi 8 km de largo, de este a oeste, por unos 4 km de ancho en su parte central, de norte a sur.

Piñonero y negral

Pinar del Esparragal, cerca de Aniago

En la parte norteoeste podemos pasear por el amplio pinar del Esparragal, casi todo él llano, con muchos pinos de buen porte y dos caminos de excelente firme que los atraviesan, ideales para rodar. Uno es el denominado camino de Aniago y el otro se dirige también a Aniago entre el pinar y una franja de tierras de labor junto al Duero. También lo recorren diversos caminos secundarios que, si no tienen tan buen firme, se rueda muy bien por ellos. Por senderos se puede llegar a diferentes puntos de la ribera del Duero: la Vega o la pesquera de Pesqueruela. El término municipal se queda a sólo 300 m de la desembocadura del Pisuerga y a kilómetro y medio de las ruinas de Aniago y la desembocadura del Adaja.

Efectos del último temporal de viento

Monte Blanco, un lujo para Valladolid

En la franja central o sur podemos pasear por un idílico y pintoresco lugar que sí, sí está en Valladolid y es el monte Blanco. Es monte en las dos acepciones de la palabra. Por una parte su altura máxima está 80 m por encima de Puente Duero y cuenta, por tanto, con cuestas y vaguadas. El punto más alto –Eras denominado- está señalado con un vértice geodésico, pero lo que nos facilita su localización es la torreta de vigilancia contra incendios. Y por otra parte es un auténtico monte mixto de pinos y –sobre todo- de encinas con algún roble aislado. También descubriremos una amplia pradera que ataño estuvo dedicada a cultivo. Hasta la cima del monte podemos rodar por estrechos senderos, rozándonos con encinas y arbustos, que parten de una antigua gravera al sur de Puente Duero. O bien podríamos utilizar caminos más accesibles desde la urbanización los Doctrinos o desde la cañada de merinas, hoy carretera de Valdestillas.

El punto más elevado

Merece especialmente la pena la asomada sobre el Adaja y su valle, e incluso bajar por las curiosas hornías hasta el mismo cauce y cruzarlo por el vado Ancho. Se divisa igualmente Simancas y Ciguñuela, Valladolid, Laguna, las Mamblas de Tudela, Olmedo, Valdestillas, Matapozuelos, Villavieja del Cerro… Un lujo de observatorio.

Todos conocemos el refrán Soy Duero, que de todas aguas bebo, menos del Adaja, que me ataja. Pues bien, tal vez desemboque este río cabreado porque precisamente aquí, este monte lo detiene en su constante y rectilínea dirección norte para hacerle desembocar con rumbo oeste. Y muy enfadado por ello, ataja al Duero.

Uno de los muchos senderos

Y el Cega desemboca por aquí

Y al este tenemos el denominado Montico de Duero, otro precioso monte de pinos, encinas y abundante retama con suelo de grava y arena que se acerca hasta Viana o, para ser exactos, hasta la vía del AVE. En esta zona se encuentra la desembocadura del río Cega en el Duero, pero no se puede acceder a ella en bici, pues está todo vallado. Recuerdo que, de chavales, íbamos a pescar y pasar el día a ese idílico paraje, y ya entonces teníamos que cruzar por una estrecha franja, llena de maleza, entre el río y los gallineros y terrenos cerrados, desde Puente Duero. No hace muchos años pude llegar a ella caminando sobre las arenas del Cega en verano, aprovechando la buena temperatura y el exiguo caudal del río.

Entre Viana y Valladolid

Pues nada, a rodar por el término administrativo de Pucela. Es lo que hay. Si se tercia,  prepararemos  entregas administrativas: Pinar de Antequera, Arcas Reales, Esgueva, La Overuela, La Bambilla…  Claro que antes nos podemos morir de hambre o de pena –jamás por Covid- ya que la consejera parece dispuesta a mantener la fase 0 hasta Navidad.

El Monte Blanco y las Hornías

15 octubre, 2012

En la orilla derecha del Adaja, entre las carreteras de Valdestillas y Villanueva, se extiende este monte, especialmente querido por los ciclistas debido a sus particulares características: predominan las matas de encina, los senderos estrechos, los desniveles y las vistas profundas sobre los valles del Adaja, Cega y Duero. Además, no está lejos de Valladolid y el suelo es duro, sin arena. Por todo ello, es fácil que nos encontremos con algún otro deportista como nosotros. Pero tampoco será extraordinario que entre la maleza escuchemos chasquidos y algo parecido al galopar de un caballo; pero no se tratará de un equino, sino de un corpulento jabalí que cruza cerca de nosotros haciendo crujir las ramas de encinas.

Por el Oeste, podemos entrar desde la urbanización Los Doctrinos o por una senda que es continuación del camino que viene del pinar del Esparragal y por cuyo subsuelo discurre un gasoducto. Desde el Este, se entra por el camino que va de Viana a Villanueva. Estos dos caminos están, a su vez, comunicados por varios senderos sólo accesibles en vehículo de dos ruedas o caminando. Continuamente nos rozaran las matas de encina, pues es un monte cerrado. Aunque también hay algunas encinas de buen porte y pinos. Y también existe un sendero que viene desde una cascajera próxima a Puente Duero: durante el trayecto veremos, al frente, la torre de vigilancia contra incendios.

Tal vez lo de blanco se deba a que, en general, el color de vegetación, siendo verde, tiende a ser una tonalidad algo más clara que en un pinar o en un bosque de grandes encinas. Además, abunda el un musgo o liquen que, al secarse, toma un color gris blanquecino.

Otra característica que hace agradable al paseo este monte es la colina o cuesta que ha de subirse para asomarse al río Adaja. Pero cuando te asomas ves mucho mas que su ribera, pues el panorama no puede ser mas ancho y extenso: tras el Adaja, una inmensa llanura ocupada por las copas de los pinos. Al fondo, la mesetilla de Las Cotarras, donde viven buenas cepas de Serrada, más al Este, la inconfundible torre de la iglesia de Matapozuelos, luego –bien cerca- las iglesia de Valdestillas, Olmedo, el páramo que va desde Alcazarén hacia Portillo, las Mamblas de Tudela, Valladolid, Simancas, el cerro de Villavieja, Tordesillas… Todo esto a simple vista un día en el que se estaban produciendo continuos chubascos y claroscuros entre nubes… Y estrechos senderos nos conducen, cuesta bajo, por las espinas de este altozano hasta las aguas del Adaja.

En la caída de la pequeña colina hacia el vado Ancho del Adaja, descubrimos los restos en barro de la casa de las Hornías. Llama la atención este nombre. En Nava del Rey hay también otras Hornías, en un lugar donde aparece el mismo accidente: una cuesta pronunciada en terreno de gravas y como grandes chimeneas circulares y, lógicamente, abiertas al exterior. Lo único que cierto es que en algunas zonas del norte de Castilla hornía es el cenicero de la chimenea. En todo caso, la palabra está relacionada con horno, y en la forma se parecen mucho a unas inmensas hornacinas. Luego tal vez sean eso: hornacinas de tamaño natural, sin el diminutivo.

Este paisaje se completa con algunos prados entre el encinar y, en los límites, con tierras de labor. Al sur vemos la Dehesa de Hosada y al Este –ya al otro lado de la cañada real, hoy carretera, de Valdestillas- los restos del Lagar de Aniago, a casi un tiro de piedra de Viana y en un verdadero mirador de los que tanto abundan en la zona.