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Las piedras del Valcorba

13 diciembre, 2018

Como no podía ser de otra manera, las piedras que encontramos en su valle y cercanías son calizas. Corrales, casas, molinos, acequias, fuentes… todo se construye con ese material. Los ladrillos son de ayer y el adobe casi no se conoce. Por eso, en Traspinedo, al empezar la excursión visitamos su hermosa fuente con amplio lavadero construidos ambos con esa piedra, al igual que el molino, cuyos restos se levantan al lado. Y, entre ambas construcciones, una pequeña laguna. Un lugar con encanto, uno de tantos.

Fuente en Traspinedo

Hasta el arroyo del molino -que en realidad es artificial, o sea, una acequia o caz y luego un socaz después de trabajar en la molienda- posee un precioso puentecillo de piedra con tres arcos, tan humilde -y tan fuerte- que no levanta dos dedos el camino al que da servicio. Siguiendo el arroyo dimos con otro molino, este ya en Santibáñez. Después, siguiendo el cauce del Valcorba dimos con otra fuente, de hermosa arca, en la que nace una reguera que se dirige a nuestro arroyo principal.

Y desde allí comenzamos la subida al páramo. Subida que nada tiene que envidiar a una de auténtica montaña, con su sendero de herradura que nos introduce como en un bosque de robles, con el suelo alfombrado de sus pequeñas hojas amarillas. Termina junto a la fuente de los Rasillos, oculta entre la maleza, que hace no mucho manaba.

El rasillo del Portillano

Y, en el primer rasillo, vemos la casa del Portillano o del Monte. Fuertes muros de caliza aun se mantienen en pie, después de que cayeran las cubiertas. Resalta con fuerza en medio de un campo en el que no se ve otro vestigio humano. Avanzamos hasta tomar el camino de la Pared que parece conducir hacia la Pared del Castro, pero sin llegar a ella, pues está por medio el mismo valle del Valcorba. Hermoso y perdido lugar, en el que se alterna el monte de roble y encina con algunos rodales de cultivo y con linderos diseñados con estos árboles y sus matas.

El camino nos lleva hasta Montemayor; de allí a La Fraila rodando por un camino entre pinares y, por una carretera tan recta como poco transitada, nos presentamos en el pinar de las Cercas, donde buscamos una de las pocas -¿la única?- simas conocidas que hay en la provincia, hasta que la encontramos. Naturalmente, la boca -y el interior, al que no bajamos porque no llevabámos equipo- es de piedra caliza. Seguramente haya muchas más bajo esta roca, pero o no tienen entrada o esta se encuentra taponada. Justo en la misma boca crece una pequeña mata de enebro: tal vez dentro de unos años oculte la entrada o, por el contrario, sus raíces sirvan para descolgarse al interior sin necesidad de cuerda. Aprovechamos para descansar bajo el templado sol de un diciembre recién estrenado.

Descansando en la boca de la sima

Bajamos no sin antes parar un momento en la fuente de la Mora, que suelta un buen chorro, y en la cueva de al lado, donde queda el recuerdo de la Virgen de los Remedios, Patrona del Valle.

Y tomamos el arroyo aguas abajo. Una cruz y un molino nos señalan el camino y después varios corrales levantados en piedra seca nos acompañan entre altos pinos, encinas, robles, sabinas. El valle está tranquilo, el sol lo ha templado. El agua corre por sus cauces y se estanca en los charcos; los cuervos aprovechan para graznar y vuelan ratoneros, milanos y palomas.

Una ladera del valle

Llegamos al molino de los Álamos, que es un molino diferente pues nos da la impresión de que tenía dos ejes: el de la rueda motriz, horizontal como en las grandes aceñas, con sus paletas que movía el chorro agua y el de la rueda molinera, vertical. Al llegar a casa, pudimos comprobar en el libro de Molinos de García Tapica y Carricajo que así era efectivamente, y que precisamente en el Valcorba estaban los tres ejemplares de este tipo de molinos en la provincia. Por eso, el recinto donde se asentaba la maquinaria era especialmente amplio y diferente a los habituales. Pero es que, además, el edificio se completa con la casa del molinero, un corral-ruedo y una balsa que recogía agua para regar la huerta próxima, o al menos esa impresión daba. Todo en piedra caliza, naturalmente.

Fachada del molino

En fin, solo quedaba seguir rodando por el camino del valle. Al llegar a la carretera de Montemayor pasamos a la otra ribera y nos metimos en un diabólico arenal. A pesar de lo que había llovido en días anteriores, la arena estaba suelta y hubimos de hacer varios tramos tirando de la burra. Pero no importó: la tarde estaba cayendo y el sol en horizontal le sacaba los mejores colores a los habitantes del valle.

Tierras y pinares del valle

Al poco estábamos junto a la iglesia de Traspinedo y enseguida rodando por la calle mayor, con sus típicos y agradables soportales. El aire todavía portaba las esencias de los pinchos de lechazo asados con sarmiento, típicos de la comarca.

Aquí tenéis el trayecto según Durius Aquae.

Ruta en Montemayor de Pililla

28 octubre, 2015
Poco antes de salir

Poco antes de salir

Antes de pasar a la entrada anunciada como siguiente –que continúa la anterior del Zapardiel- dejamos constancia de que el sábado pasado estuvimos pedaleando por Montemayor, haciendo la V MTB LA PILILLA.

El día fue estupendo aunque no lució el sol: buena temperatura, sin viento. El recorrido, por valles y páramos ya conocidos, pero no por eso menos sorprendentes. Los ciclistas iban como auténticas motos, a tragar y tragar kilómetros como si nada. Nosotros fuimos de los pocos lentos y tranquilos, y sólo adelantábamos en las cuestas a una pareja de dos, que luego nos adelantaba en el llano… hasta que pinchamos y se nos escaparon. Pero disfrutamos de lo lindo en cada páramo, en cada valle y, si me apuras, con cada encina, fuente, o casa… Los demás, mientras, a pedalear como locos.

En el páramo

En el páramo

Lo mejor, que el pueblo se volcó. Allí estaban, por ejemplo, Noelia y Vero repartiendo dorsales, o Alfonso controlando la prueba, o Ricardo dando paso en la carretera, o Luci animando los últimos metros de los esforzados que hacían meta. Y muchos más: parecía que todo el pueblo colaboraba.

Si no hay cuestas arriba aparece un pinchazo de nada

Si no hay cuestas arriba aparece un pinchazo de nada. Y a veces las dos cosas

Nosotros no nos pudimos quedar al sorteo-fiesta final, pero sí aprovechamos para tomar una Milana tostada y unas cortezas puras de cerdo, de Antolín. Por no hablar del orujo, también puro, de Moisés. Verdaderos manjares. Montemayor nunca defrauda.

Ascendiendo desde el valle

Ascendiendo desde el valle

Rodando por Montemayor de Pililla

21 noviembre, 2013

Camporredondo

Montemayor es una localidad luminosa y pinariega. Luminosa porque se encuentra en lo alto de un páramo, cerca del cielo, si bien cuenta también con valles en los que crecen alamedas y manan fuentes. Y pinariega, mayor por sus montes de encina, roble y negral.

En las fiestas de 2012 –en honor de la Santa Cruz, que luce en su escudo- el Ayuntamiento de la localidad editó un folleto: por un  lado el programa de fiestas y por el otro un mapa del término con todas sus fuentes, 15 en total. Una manera agradable de recorrer su territorio, pensamos, era ir de fuente en fuente. Y tiro porque me toca o –al menos- sigo porque me he refrescado.

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Por supuesto que contábamos con no encontrar la mayoría de ellas, pues todos sabemos que desde que existe el agua corriente, la gran mayoría de las fuentes ha desaparecido.

Dicho y hecho. Partiendo de Camporredondo nos introdujimos en el Pinar Blanco. ¡Qué cantidad de nícalos! Pero bueno, ¿vamos a fuentes o a setas? Busca que te busca dimos con lo que pudo ser el Barco del Agua, una especie de poza hoy totalmente enarenada con abundancia de vegetación juncial. Y un poco más al este con lo que pudo ser la fuente de Valdemoral, también con abundante vegetación y con una poza donde surgiría el manantial, lugar donde comenzó un reguero con un cauce todavía visible hoy.

La Hontana

La Hontana

Un poco más allá vimos el nacimiento del antiguo arroyo de la Dehesa. Hoy al menos esconde una hermosa pradera entre pinares, más abajo aprovechada como campo de cultivo.

Seguimos navegando entre campos luminosos y pinares de negrales. De la fuente del Caño sólo queda el topónimo, según nos dijo un joven pastor, que tampoco sabía ya nada de la fuente de la Peña, antaño situada en un barco al otro lado de la carretera de Camporredondo.

Lo que queda de la fuente del Horcajo

Lo que queda de la fuente del Horcajo

Conforme nos acercamos a Montemayor visitamos un chozo de pastor y los restos de una calera, que ya conocíamos. Y descubrimos los restos de otro chozo, o guardaviña, en medio del pinar. Y es que nos parece que parte de estos montes fue, antaño, viñedo.

Ya sabíamos de la existencia de la Hontana, situada junto a un prado y merendero que se llenan cuando hace buen tiempo y, siguiendo el consejo de nuestro amigo el pastor nos dirigimos a la fuente del Horcajo, en una fresca arboleda: ¡qué pena!, sólo unas piedras comidas por la maleza recuerdan el abrevadero y el arca que aquí hubo. Muy cerca, una caseta cerrada en la que se oye el fluir del agua.

Guardaviña

Guardaviña

Curiosa la fuente de Muñozgarcía, en el murete que sostiene unas tierras de labranza detrás del cementerio y camino del Prado Henar. Entre montes de recia encina, por el camino del Lancheral, nos acercamos al Valcorba y bajamos por el manantial del Barco de Ronda. Volvemos a subir por el camino del Molinillo y, de nuevo en Montemayor, bebemos aguas del Manadero, en la misma ladera del pueblo.

Para terminar, nos acercamos al arroyo que fluye frente al Manadero y bajo el Cotarro Castrejón, donde el último sol de la tarde quemaba las hojas amarillas de la chopera. Paramos un momento junto al crucero de la carretera y, cuesta abajo, nos dejamos caer en Camporredondo, que también podría llamarse campo rodeado de pinares. La noche empieza a caer y la claridad del día se troca en limpia noche que deja ver la luna.

El Manadero

El Manadero

 Después de esta excursión, son muchas las fuentes que nos quedarían aun por recorrer: manantial del Molinillo, poza de la Sombría, fuente del Perro, de las Pozas, de Valdemuñoz, de Valdebenito, manantial del Lancheral… Pero, ¿existen a fecha de hoy? Vamos a investigar quien confeccionó el mapa de las fiestas de 2012 para saber si tiene respuesta y nos acompaña a visitarlas o, al menos, nos dice el lugar exacto donde hace años estuvieron…

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El pozo Tasuguero y la Pared del Castro

8 febrero, 2013

EL HENAR

El domingo pasado hizo un día agradable y soleado, sobre todo hasta la hora de comer, con temperaturas muy llevaderas. Decidimos volver a nuestra pateada y rodada en las últimas semanas Tierra de Pinares. Y ello a pesar de que nos enteramos de que en el páramo ya no hay barro: el viento fuerte y seco de los últimos días ha dejado el firme de los caminos adecuado para rodar.

De manera que partimos de Montemayor de Pililla hacia San Miguel por la pista forestal. Comprobamos que se había restaurado un viejo chozo de pastor y en su interior vimos cuatro piedras a modo de banco y una perola en el centro. Como si los pastores se hubieran marchado hace poco tiempo. Después nos fuimos en busca del pozo Tasuguero, que estaba cegado, en medio de una hondonada con juncos.

Chozo

Y pedaleando llegamos al arroyo de Fuentes Claras y más tarde a Viloria del Henar; de allí fuimos al Santuario del Henar. Cruzada la Cañada de los Manes pasamos junto a un  refugio con su pozo, brocal, y dentro una hermosa chimenea para calentarse. Más adelante dejamos un corral y luego una vivienda en ruinas y otros dos corrales.

Al llegar a Torrescárcela nos encontramos con la ermita del Humilladero, en piedra con doble puerta de arco de medio punto, de la Cofradía de las Ánimas. Delante se encuentra una cruz con Cristo en piedra en cuya base poligonal se sobresalen talladas dos tibias cruzadas. Visitamos la fuente del pueblo con su lavadero desde donde parte un pequeño sendero señalizado por un bucólico paisaje con dos fuentes: la de la Pililla y la del tío Aniano.

Fuente, Torrescárcela

Fuente, Torrescárcela

El yacimiento de la Pared del Castro tiene una extensión de 28 ha. Y está situado justo en la lengua del páramo del Pico de la Frente, con un único acceso por el camino que llevamos. Encontraremos los restos de la muralla, como un amontonamiento de piedras, que tenía unos 150 m de longitud por unos 4 metros de anchura, completado en su parte externa por elementos defensivos de madera. De la antigua muralla apenas queda nada, pues en el año 1981 sus piedras fueron utilizadas para la construcción de una carretera. El yacimento está datado por radiocarbono hacia el 1325 a.C., a mediados de la Edad de Bronce.

Parada y fonda

Parada y fonda

Ya de vuelta comprobamos que la fuente de Baitardero estaba totalmente seca, lo mismo que el arroyo Valcorba. Después de una cansada subida –llevábamos una buena paliza encima- al páramo y un trayecto llano, nos presentamos en la salida, ahora meta, Montemayor.

El valle desde la Pared

El valle desde la Pared

-Fotos de Miguel Ángel

El pino de los Llanillos y la sima

1 febrero, 2013

Cueva Aldealbar

Esta vez hemos rodado durante un luminoso día de enero. Después de varías jornadas lluviosas y nubladas, estos días en los que el sol nos acaricia con sus rayos resultan especialmente atractivos, pues la luz del invierno saca los colores al paisaje con más nitidez que la del verano, cuando todos los colores son planos, sin contraste.

Como ya es costumbre estos meses, elegimos entre las arenas de los pinares y las gravas de los majuelos y, esta vez, nos quedamos con las primeras.

Junto al Pino

Desde la Parrilla nos acercamos, entre toboganes, al pino de los Llanillos, oculto en un monte de arena entre otros pinos, pimpollos y matas de roble. Fue difícil encontrarle, pero esta vez no se resistió. Después, cruzamos un pinar con excelente firme gracias a la lluvia caída, hasta dar entre dunas con la pista forestal que nos condujo a Montemayor de Pililla.

Y de Montemayor nos decidimos a tomar el valle del Valcorba aguas arriba. Lo de aguas arriba es un decir, porque de agua, nada. La bajada al valle fue rápida y técnica, por un estrecho y oscuro sendero entre piedras, robles y pinos.

Pinar de la Parrilla

Claro en el pinar de la Parrilla

¡Y a pasear por el valle!: una plaza de toros de piedra, molinos, corrales, viejas casas de labor fuimos contemplando desde el camino de arena que, al final, nos dejó en Aldealbar. ¡Qué rico en historia es este valle; antaño debió serlo en vida y actividad! Ahora a subir junto a la cueva y fuente de la Mora y las ruinas de la ermita de la Virgen de los Remedios, patrona del Valle.

En el cerrado pinar descubrimos la entrada a una pequeña joya: una sima que discurre a pocos centímetros por la capa de caliza bajo el suelo del páramo. Tiene de largo unos 150 metros. No nos atrevimos a entrar porque, sin cuerdas, la salida sería poco menos que imposible, y para qué molestar al 112 (seguramente sin cobertura). Pero prometimos hacerlo más adelante con la ayuda de algún amigo aficionado a la espeleología. Al parecer es la única sima conocida en la provincia.

Asomándonos a la sima

Asomándonos a la sima

Reanudada la marcha no dejó de asombrarnos la cantidad de montones de piedra en este pinar. Antaño, tal vez no fuera un pinar, sino tierras de labor. Muchos de estos majanos tenían las piezas perfectamente ordenadas, otros pretendían formar anchos tapiales. En otras zonas, efectivamente, construían vallas que delimitaron campos, hoy tomados por el pinar.

Aunque algunos de los caminos que atravesamos habían sido recientemente ensanchados, otros se encontraban protegidos por la exuberancia de arbustos y matas. Era como avanzar por una selva tupida. La jara, aquí, es muy abundante.

Negral y piñonero

Negral y piñonero

Antes de llegar de nuevo a Montemayor cruzamos un ramal de la cañada real Burgalesa. Y en Montemayor descansamos tomando las genuinas cortezas de cerdo de Antolín Sanz regadas con un botellín de cerveza.

Como se nos hacía tarde, no tuvimos mas remedio que tomar la pista forestal que, en poco más de media hora, nos dejaba en La Parrilla. Al oeste ya estaban apareciendo las primeras nubes que en arrebol nos despedían de uno de los mejores días de invierno.

Pinares de Montemayor y Torrescárcela

15 diciembre, 2012
Mapa

Mapa

Son pinares extensos, profundos, en los que abundan los negrales y también los piñoneros y están presentes las matas de robles y de encina, además de abundantes sabinas de buen porte y enebros, o sea, se trata de un bosque mixto y variado. En algunos momentos daba la impresión de que íbamos rodando por un bosque caducifolio, pues el suelo se encontraba recubierto de hojas secas –de roble- recién caídas. Ya casi no quedan setas.

Negrales y matas de robles

Negrales y matas de robles

La mayoría de los caminos están cubiertos de hierba o musgo, ahora verde gracias a las últimas lluvias. Y son estrechos y con curvas abundantes. De esta forma, te cansas porque las ruedas se pegan al musgo, pero no al dar continuamente curvas el trayecto se te hace mas llevadero y corto. Vimos corzos; también había hozaduras de jabalíes. Y cada dos por tres las torcaces nos distraían con su fuerte aleteo.

También pudimos comprobar cómo los negrales estaban, después de muchos años, de nuevo sangrados. Ya se ve que la crisis les ha vuelto a hacer rentables y vuelven a dar empleo en momentos de paro.

Ermita

Como este pinar crece en el páramo, resulta que con frecuencia se camina sobre roca caliza, que abunda por todas partes. Y hay muy poca arena en el suelo: más bien es tierra normal, aunque no se trata de arcilla que forme demasiado barro. También vimos restos de canteras y algún horno de cal.

Salimos en dos ocasiones del pinar. La primera para ver la cueva y fuente de La Mora, y los restos de la antigua iglesia o ermita en la que debió alojarse la Virgen de los Remedios, Patrona del Valle del Valcorva, en la bajada hacia Aldealbar. Curiosas ruinas que todavía conservan el porte de los que fue, curiosos muros y un no menos curioso capitel pegado a una de las paredes.

 Minguela

Y la segunda para descansar en Minguela, donde visitamos los restos de la iglesia (conocidos como el Castillo) y de la fuente, hoy seca. Y nos refugiamos en las cuevas que el tiempo ha esculpido en la ladera Este del valle. Pintoresco lugar como pocos.

Poco más hemos de contar, salvo que en el pinar pasamos por refugios o casas escondidas en lo más profundo del bosque, que disponían de todo para pasar unos días (pozo, abrevadero, chimenea…) aunque seguramente las utilicen cazadores, resineros y forestales para almorzar o poco más. También nos llamaron la atención las vallas de piedra caliza a lo largo de algunos caminos, los montones de piedras perfectamente ordenadas en algunos puntos del pinar y las pequeñas parcelas de monte delimitadas por hileras de piedra. Ya se ve que en otro tiempo hubo mucha actividad en este profundo pinar.

 SabinaLa vuelta la hicimos por la cañada de los Manes, que conecta Montemayor con las proximidades de Cuéllar. La verdad es que pudimos seguirla gracias al GPS, porque entre los pinos no se distingue. Claro que las ovejas no necesitaban camino, le bastaba al pastor con que le dejaran libre el paso. En total, casi 50 km de marcha cilista. Aquí, el track de Miguel Ángel.