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Robles

20 mayo, 2010

En el término de Valdenebro de los Valles podemos pasear por el monte de las Liebres, único en nuestra provincia pues ya no abundan los montes de robles, de buenos robles. En los Torozos de Mucientes también los hay, pero no los han dejado crecer tanto. Y en la dehesa de Monte Alto (Pesquera de Duero) aunque abundan, los vemos mucho más espaciados.

Y ahora precisamente este monte se encuentra en un momento único: la mayoría de los robles han echado ya la hoja, si bien hay algún rezagado, y el suelo está cubierto de una tupida alfombra verde que a veces deja ver remansos de flores blancas o amarillas. O sea, perfecto para dar un reconfortante paseo.

Estos robles son como las nubes: tienen mil formas diferentes. Esponjados, tiesos, inclinados, con más o menos hoja más o meno sbrillante, delgados, abiertos, altos, achaparrados; juntos, aislados, formando hilera, en cultivos… Cada uno sugiere mil ideas diferentes a la imaginación. Los paseos en invierno -y no digamos con niebla- se auguran sin embargo tenebrosos, pues en esa estación y entrada la época de los hielos, el roble pierde las hojas y parece esqueleto de árbol.

El roble de esta zona -y de todos los páramos de Valladolid- es el denominado quejigo, Quercus faginea: de corteza fisurada y grisácea con líquenes anaranjados, hojas duras y dentadas, produce bellotas y suele tener globosas gallaras, que  un urbanita podría confundir con simples frutos.

Este bosque de hoja caduca está dedicado al pastoreo, por eso no hay matorral. ¡Ojo, nos podemos encontrar con algún rebaño acompañado de sus mastines! Aunque son pacíficos, mejor no acercarse; nos pueden ladrar y asustarnos. Cerca del encerradero del ganado veremos la Cruz de los Caberos, casi hundida en la tierra.

Y un pero que ponerle a este precioso monte: ¡que lo están repoblando con pinos! Algunos robles ya están asfixiados, rodeados de una densa pimpollada. ¿Qué costaría utilizar robles en la repoblación? Sí, tardarían unos años en hacerse pero quedarían para siempre, o casi . De otra manera, estamos estropeando esta joya. ¡Y tenemos tantos pinares!


Acceso: Desde la carretera que comunica La Mudarra con Valdenebro o bien desde la carretera que va desde esta última localidad a Villalba de los Alcores. Yendo por la primera dirección veremos a la derecha un pozo –a unos cien metros de la carretera- y, al fondo, una nave blanca con una caseta al lado. Siguiendo ese camino llegamos, recorridos unos doscientos metros desde la nave, a la Cruz de los Caberos. En dirección a Villalba, tomamos para introducirnos en el bosque el primer camino a la derecha nada más subir al páramo desde Valdenebro. El monte de las Liebres está aquí.

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