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El valle del Hornija

1 octubre, 2011

El río Hornija nace en La Mudarra y muere en el Duero, cerca de Villaguer. Recorre algo más de 50 km, todos por la provincia de Valladolid y toma sus aguas de fuentes y arroyos del páramo de los Torozos. Es una de esas grietas que se abren en el páramo, dándole frescura y haciendo una inmensa planicie fracturada.

Vamos a recorrer sus primeros kilómetros, esos en los que su valle está siempre verde, aun en los peores momentos del verano más seco. Lo vemos salpicado de mimbreras y chopos, con las rocas de color rosa del páramo que se asoman, curiosas, a contemplarlo. Es un río en el que no falta el rumor del agua y el canto de los pájaros. También se dejan caer por sus prados y matorrales –no es difícil verlos- gamos, jabalíes y zorros.  Excelente lugar para perderse… y para dar un paseo en bici o andando.

Torre, Peñaflor, la Mudarra

Tres localidades se levantan en la primera parte del Valle del Hornija. La primera es La Mudarra, que se encuentra en el mismo ras del páramo. Lo mejor aquí es dar un paseo por el Hornija niño, sus muchas fuentes y abrevaderos, prados, sauces y choperas. Pocos pueblos poseen tantos y tan caudalosos manantiales.

Peñaflor, por su parte, se encuentra en un mirador, en un cabezo, sobre el valle. Nada mejor que dar un paseo por el borde para contemplar el valle desde diferentes puntos de vista. A vista de pájaro veremos las hileras de chopos, palomares, y las tierras de labor, como divididas en mil pedazos.

Y Torrelobatón, sobre un teso en medio de los valles de Hornija y Ontanija, que aquí se juntan. Si Peñaflor se encuentra donde el Valle empieza a abrirse, Torre está donde termina definitivamente de abrirse. Sólo le queda al valle recorrer un breve camino entre suaves caídas del páramo para llegar a Vega de Valdetronco, donde se pierde en la llanura. En Torre todo el mundo ve el castillo de los Comuneros, pero hay otras cosas que merecen también la pena. Por ejemplo, las muchas casas blasonadas; la plaza del Ayuntamiento, porticada y con un arco; la alberca vieja y otras fuentes; la arruinada iglesia de San Pedro que con sus altas columnas y arcos apuntados debió ser tan hermosa como esbelta. Hoy se cae poco a poco.  Y la iglesia de Santa María, aun viva, de peculiares arcos de medio punto que van de la cabecera a los pies conformando tres airosas naves.

De manera que La Mudarra, Peñaflor y Torre forman parte del paisaje del Valle e incluso puede  decirse que lo completan y perfeccionan.

Corrales y cañadas

El valle lo atravesaba un concurrido ramal de la cañada leonesa oriental. Venía de Medina de Rioseco y aparecía a la altura de la fuente de Umayor: siguiendo por el canto derecho, bajaba al valle para subir de seguido al páramo de  y bajar de nuevo a Torre. Ya se ve que los pastos del valle estaban vetados al os merinos, y que les hacían subir y bajar de los páramos. Claro que así también podían abrevar en el Hornija. Luego, se dirigía hacia Tordesillas en línea más o menos recta.

Muy cerca del Vallejo de Umayor vemos unos viejísimo corrales –piedra ennegrecida por el paso del tiempo- con un sencillo chozo en el centro. Antaño, los pastores no dejaban la majada en todo el verano.  En el arroyo de la Reguera vemos un curioso y amplio corral: tapia alta de piedra coronada por  una especie de vertiente a dos aguas. Es una construcción poco común por aquí, y no sé si sirvió para huerta –un arroyo lame la tapia-  o para recogida de ganado. ¿La vertiente es por razones de conservación? ¿O para evitar asaltos de los lobos?

Restos de corrales, algunos con pozos y abrevaderos, los vemos por los páramos contiguos.

Molinos y palomares

El Hornija era –es- un río con abundante agua, razón por la cual se llenó de molinos harineros. Podemos verlos todavía en Torre (estuvo funcionando hasta hace poco, restaurado) o en La Mudarra, donde confluye el arroyo del Gorgojón (el molino utilizaba el agua de las dos corrientes). Cerca de Umayor, en una intrincada alameda con dificultad llegamos a un viejo batán.

Bajo Peñaflor distinguimos varios palomares en buen estado que adornan el Valle. Pero también los veremos en las cercanías de La Mudarra y de Torre.

 Fuentes, navas y manantiales

El valle lo formaron sus fuentes y manantiales. Y muchos de ellos aun se encuentran vivos. La Mudarra se asienta en la mismas fuentes que dan luz al Hornija, y conforme bajamos junto al río distinguiremos más. Todas con agua. Y numerosos manantiales que surgen en ese lugar que vemos excepcionalmente verde, lleno de juncos.

Una de las fuentes más famosas es la de la Salud, en la carretera que sube desde Peñaflor a la Espina. Su chorro es generoso. De la de Umayor queda el abrevadero, pues ha sido captada para consumo. Se la oye fluir con fuerza en su caseta.  Y si bien bajo Torrelobatón no hay fuentes, en sus alrededores –sobre todo hacia el Sur- no faltan.

Y en el páramo que queda entre Torre y Peñaflor, al Este del Hornija, se suele formar dos inmensas laguna en momentos de lluvia abundante y persistente, pues el páramo no es rasante, sino en forma de nava. Todo un espectáculo digno de verse.

Poco antes de llegar a Torre recibe las aguas del arroyo Antanal que viene de San Pelayo y se surte de una de las fuentes mas caudalosas de toda la provincia. Y es que en las interioridades de la paramera existe verdadero embalse de regulación natural.

Miradores

Conforme se va abriendo, el valle muestra toda su belleza. Tal vez lo mejor de Peñaflor sea la placita mirador al final de la calle del Sol, sobre las bodegas. La línea recta que aquí parece seguir el río hace que la vista pueda contemplar una gran extensión de valle. Pero no es el único lugar. Las rocas calizas entre el valle del Hornija y los arroyos de la Reguera y son sitios excepcionales para la contemplación. También son excelentes observatorios de aves. Cuando los buitres se acercan por estos lares, suelen acabar reposando en estas rocas, pues dominan un amplio panorama.

Aerogeneradores (!)

Hasta hace unos años, estos molinillos estaban en el monte San Lorenzo, pero últimamente han llegado hasta el canto del páramo para asomarse al Hornija. La cañada real leonesa, que atraviesa ríos, montes, ciudades y tierras de labor pasa ahora bajo estos gigantes. ¡Qué le vamos a  hacer! Una cosa es cierta: el Hornija ha perdido parte de su poesía…

Despedimos, por el momento, al Hornija y a su Valle. Tiempo habrá de acompañarle hasta Vega y luego hasta su desembocadura cerca de San Román

Parameras de Torozos

20 junio, 2010

Esta ruta se inica en La Mudarra, típica localidad del páramo de los Torozos. En ella predomina la piedra para construir, vemos abundantes palomares y algún chozo de era, además de cercados de piedra. Pero lo más agradable de todo tal vez sea el hontanar donde nace el río Hornija. En el mismo pueblo tenemos, en primer lugar, la fuente Porras, con un esquema del río y un poema de Godofredo Garabito, poeta nacido en la localidad; pero también nos podemos resfrescar en la fuente Oliveti, en la de San Antonio, o incluso en la de los Cuatro Caños. Además, el pequeño vallejo que da inicio al Hornija es fresco y acogedor, especial para guarecerse una tarde de verano…

Ya en camino, la primera parte del trayecto discurre por el ras del páramo. Por los restos de corrales entendemos que esta llanura fue, en otro tiempo, monte de abundantes pastos. A esa misma conclusión nos lleva la abundancia de pozos, que seguramente servirían para que abrevara el ganado. En el término de Castromonte la boca de los pozos se encuentra a ras de tierra; para evitar peligros ahora han colocado encima grandes anillos prefabricados en cemento. Les quita todo su encanto, pero así se evita que algún despistado se caiga.

Pasamos junto a la fuente de las Panaderas, que es el manantial donde nace el río Bajoz. Justo al lado, uno de los pozos.

En Castromente vemos más palomares y más fuentes, y simpáticos senderos junto al río. También se asienta al lado de un agradable vallejo. En su término se encuentra el monasterio de la Santa Espina. Si fuéramos allá, antes nos toparíamos  con un pequeño embalse donde abundan tencas, gallipatos y tritones. Pero no nos lleva en esa dirección nuestro sendero de hoy.

Seguimos navegando por el ras del páramo dejando el nacimiento de otro escondido vallejo entre Castromonte y Valverde y nos asomamos a Tierra de Campos: Tordehumos, Villabrágima,Medina de Rioseco y las inmensidades horizontales de esta tierra inabarcable e inacabable, con el cielo que le infunde luz y tonalidades diferentes en cada estación del año y en cada momento.

Nuestro camino, luego de pasar junto al vértice  de la Calva, no encuentra salida y debemos recorrer un corto lindero hasta dar con el camino que cae hacia Valverde de Campos, que tiene también palomares y una fuente de aguas frescas en la plaza.

Subimos de nuevo al páramo -suave y corta subida- por el camino previsto, o bien por el firme del Tren Burra. De una forma u otra, llegamos a la carretera que une Valladolid con Medina de Rioseco, si bien antes podemos acercarnos a otro mirador sobre Medina de Rioseco por un camino que sale haci el Norte. Al llegar, un extenso prado o erial se extiende entre restos de corrales.

Y dejamos para la próxima entrada un paraje distinto que tiene algo de mágico: ¡Valdescopezo! Pero no adelantemos acontecimientos…