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Entre el Duero y el pinar de la Nava

20 julio, 2017

Aunque estamos en pleno mes de julio, el día anterior a esta excursión había diluviado, de manera que era preciso rodar por un terreno más o menos arenoso para escapar del barro y diseñamos mentalmente la ruta Tordesillas-Pollos-Pinar de la Nava. Además, luego comprobamos que ese mismo día había vuelto a llover en casi todo el resto de la provincia: Torozos, Cerrato, Peñafiel, Pinares… ¡Nos habíamos librado de una buena!

Cruzamos hacia el sur el puente y, por el arenal de la Marota, nos acercamos a las aceñas de Zofraguilla. El río venía muy bajo y el paisaje desprendía esa luminosidad transparente típica del día después del temporal. Al pasar junto al Caserío de Trigos los perros nos saludan y nos acompañan ladrando unos cuantos metros; nos acordamos de Óscar. Al poco estábamos en Herreros, que también tuvo sus aceñas y hoy posee una centralita eléctrica. Los campos están encharcados y las cubiertas de las bicis se pegaban más de la cuenta al terreno, cosa que casi no hemos experimentado esta temporada. Más tarde veríamos anegados algunos majuelos.

Aguas abajo de Tordesillas

El camino nos lleva por el Caserío del Villar hasta rozar la ribera. Notamos que por aquí está limpia hasta que vemos un rebaño de ovejas haciendo ese trabajo. Hay varios en Pollos, y también una quesería que elabora un buen queso de oveja. En la iglesia de San Nicolás nos situamos justo debajo de su torre, cosa que nada fácil de hacer en otras muchas por el exterior.

Tomamos ahora el camino de los Evanes pero nos desviamos al llegar a la vía por un sendero que nos lleva a la fuente del arroyo o regato Valdecabras. Hoy es una fuente artificial, con depósito de agua, pero tiene unos inmensos y acogedores sauces que preservan del sol al sufrido caminante o rodador. Aquí el ferrocarril ha dejado un túnel al arroyo que hemos aprovechado nosotros. Si al norte está la fuente, al sur se sitúa una tupida y fresca alameda. Llama la atención este paraje tan verde y húmedo en unos campos ya agostados por el calor y la persistente ausencia de lluvias.

Fuente de Valdecabras

Seguimos el regato hasta llegar a las inmediaciones del Cortijo de Dª Manuela. No sabemos quién sería esta señora pero el cortijo iba bien servido: manantiales con álamos e inmensos sauces, charca, noria y balsa para la huerta, manzanos, cerezos, perales, nogales, y la casa con sus corrales. Hoy todo abandonado; una pena.

En la antigua Estación o apeadero de Pollos todo está igualmente abandonado. La estación y casa, el almacén, el pozo y el depósito, la dársena… Una estación fantasma si no fuera porque la vía sigue utilizándose, aunque no demasiado.

Charco en el majuelo

Con algo parecido nos topamos también en la Casa del Cura, ya en el término de la Nava y cerca del Pinar. Como este término es enorme, abundaron antaño las casas de labranza para atender las labores del campo. Hoy casi todas en ruina, pues diez kilómetros se hacen en un santiamén en cualquier vehículo motorizado. De hecho es lo que nos cuenta un pastor que tiene por aquí el encerradero de sus ovejas, y viene en moto (y alguna vez en bici). Como el tejado no está mal, esta casa se conserva relativamente bien, salvo sus corrales. Reponemos fuerzas sentados en el poyo junto a la puerta, que para eso está, contemplando el paisaje que se extiende hacia el noroeste. La cercana Casa del Bernardillo –a la que se accedía por un hermoso camino almendrado– fue demolida hace unos años.

En el pinar

Bueno, pues ya sólo nos queda rodar un poco por el Pinar. Nos dejamos llevar por la cañada de Pajares, que lo atraviesa en su parte norte hasta distinguir a lo lejos el pueblo blanco de Foncastín, en la ladera que baja hacia el Zapardiel. Los pinos son relativamente jóvenes, como si el pinar se hubiera talado por completo hace unos años, al menos en esta zona. Volvemos hacia el este hasta la casa forestal: han reducido a escombros la mayor parte de las construcciones pero han reforzado la casa principal. Este es uno de los puntos del pinar donde el arbolado es viejo y, por tanto, alto y con buenas copas, y se extiende hacia el noroeste.

En los Cuatro Caminos nos dirigimos hacia el norte por un sendero que se funde con el suelo del monte y, al llegar al canal de Pollos nos vamos por su vera hacia Tordesillas. En esta zona el pinar termina en la autovía o bien en los prados, siempre verdes, que  rodean la casa de los Abonales donde además de las vacas, pasta un numeroso grupo de cigueñas.

Prados para cigüeñas

Mientras contemplamos las aceñas del puente, en Tordesillas, nos caen unas tímidas gotas: parece que -al menos hoy- hemos elegido bien el momento y el lugar.

 

La nava de Torrelobatón

8 abril, 2014

Torrelobaton y sus navas

Después de recorrer las navas de Wamba y Peñaflor, nos quedaba otra en la misma zona de páramo: la de Torrelobatón. Y allá nos fuimos algunos.

Esta es distinta, pues los agricultores de la comarca han construido un desagüe para asegurar que sus cosechas no se inundan. Y ha sido relativamente fácil hacerlo, pues entre los bordes del páramo y de la nava, la distancia –o sea, el grosor del dique– tendrá como 150 metros. La conducción irá unos 12 o 15 metros por debajo de la superficie normal del páramo. Lo que no está claro es si los grandes agujeros desde los que se ve la conducción son naturales –dolinas en forma de embudo- o artificiales. Sea como fuere, lo cierto es que la nava ya no se inunda por mucho que llueva.

30 marzo 158

La nava tiene forma de óvalo irregular y, curiosamente, se encuentra rodeada de vías pecuarias, entre las que destaca un importante ramal de la Cañada Real Leonesa. La cruzan varios caminos que se adornan con hileras de acacias –de la época de la concentración parcelaria- y almendros. Ahora ofrece una idílica imagen pastoril pues parece una inmensa pradera, si bien no es otra cosa que el cereal creciendo. Quedan todavía los restos de un chozo de pastor, testigo mudo de lo que antaño significaron estas tierras.

30 marzo 078

Otra cosa que llama la atención en sus alrededores es la gran cantidad de piedra caliza, de todos los tamaños, que vemos sobre la superficie del páramo. Hasta parece imposible que pueda crecer algún cultivo. Además, los límites de las tierras de labor se parecen a los lindones de algunas zonas de Tierra de Campos pero sin encinas.

30 marzo 154

Vemos que los pozos –todos con su correspondiente abrevadero- tienen el ras del agua al mismo nivel del suelo que pisamos, tan alto está por aquí el nivel freático.

Finalmente, vimos un corral en forma de cuadrilátero –de una media hectárea de superficie- con una tapia en piedra perfectamente trabajada y ordenada. Parecía, más bien, el vallado de un huerto urbano.

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Ya de vuelta nos refrescamos en la fuente de los Cañicos y, después de disfrutar de otro agradable paseo por el páramo de la ribera izquierda del Hontanija, nos dejamos caer, rodando, sobre Castrodeza. Los almendros estaban perdiendo ya su flor.

Nava

Las navas de Wamba y Peñaflor

30 marzo, 2014

Navas de Wamba

El páramo de los Torozos es una inmensa llanura limitada por diferentes vallejos originados, con frecuencia, por alguna fuente o manantial que da lugar a un arroyo. Sin embargo, excepcionalmente localizamos extensas hondonadas no muy profundas, en forma de plato más o menos irregular, debidas al hundimiento o destrucción de la capa caliza que protege la superficie de la paramera a través de un proceso cárstico. Geológicamente son un tipo de dolina.

En una época normal no nos llaman la atención y, si pasamos por una de ellas no notaremos nada especial, a lo más, unas suaves ondulaciones. Sin embargo, en épocas de abundantes lluvias, veremos que en estas navas surgen charcas o lagunas de gran extensión. Es lo que ocurre, por ejemplo, entre Wamba y Peñaflor de Hornija.

23 marzo 095

La última vez que las recuerdo con agua fue en 2003, hace once años. Y a juzgar por el tiempo que permanecen con agua –algún año hasta bien entrado el verano- da la impresión de que, además de ser impermeables y alimentarse de agua de lluvia, también se nutren de pequeños y superficiales manantiales que están vivos después de épocas especialmente húmedas.

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Total, que ahora es un placer desplazarse hasta al término de Wamba donde veremos una de ellas con agua, la más pequeña. Si bien más que una laguna aquello son, simplemente, charcos salteados que inundan tierras de labor. No ha alcanzado, ni con mucho, la extensión de otros años ¿tal vez está, en parte, drenada? En un pozo ganadero vemos que el agua llega hasta el nivel del suelo; en él, dos cadáveres de gallipato flotan en la superficie.

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La otra nava, en el lado oeste de la carretera Wamba-Peñaflor y ya completamente en este último término, es más extensa y algo más profunda. No son charcos, sino una gran laguna de varias hectáreas de superficie. Levantamos varios bandos de patos y de otras aves acuáticas que no distinguimos en la lejanía.

23 marzo 168

Tanto en una como en otra han reforzado con piedra el firme de los dos caminos que las atraviesan, para facilitar el tránsito de los vehículos agrícolas. A nosotros nos vinieron muy bien, pues no tuvimos que rodearlas como en otras ocasiones hace años.

Completamos el paseo comprobando que todos los arroyos y manantiales estaban bien activos. El manadero del Hontanija borboteaba con ganas y unos metros más al norte, nacía un chorro de agua seco en cualquier otra ocasión. El campo rezumaba agua, la verdad. ¡Ah!, y también pasamos junto a varios molinos del Hontanija. Nos hicimos casi 70 km.

23 marzo 155

Las navas de Medina

11 abril, 2013

Medina y sus navas

¡Lo que cambia el paisaje después de una temporada de abundantes lluvias! Como del agua al vino, ya lo hemos apreciado en la entrada anterior y lo vemos de nuevo en esta, después de dar un paseo por los alrededores de Medina del Campo.

Y es que esta villa castellana se encuentra rodeada al sur y oeste por un cinturón de humedales y lavajos que ahora se encuentran esplendorosos, como nunca. Por aquí llaman navas a esas extensiones de terreno llano que se cubren de una lámina de agua en las épocas húmedas y en los que crece una hierba rala, sin casi flores ni cardos. En su interior también suelen aparecer lavajos más o menos grandes y calvas de tierra o limo gris o blanco. Sus aguas ahora están llenas de ranúnculos con sus flores blancas. Suele haber patos y vimos también cigüeñuelas.

Río -ahora sí- Zapardiel

Río -ahora sí- Zapardiel

Existen otros humedales más alargados y estrechos que suelen denotar una corriente de agua subterránea pero muy próxima al ras del suelo, que con frecuencia también se recubren de una lámina acuática.

Y, en fin, hemos visto enormes lavajos ocupando parte de tierras de labor. Se ve que hace años fueron eliminados por los agricultores y ahora, con las lluvias, vuelven por sus fueros perdidos.

Nava

Nava

Si bien da la impresión de que estos fenómenos son endorreicos, lo cierto es que se mantienen mucho tiempo después de las épocas lluviosas, y ello se debe a que son también puntos de desagüe del acuífero de los Arenales.

Junto a todos esto, pudimos comprobar que el Zapardiel llevaba aguas vivas -¡imposible de vadear sin una buena mojadura!-, que las zanjas siguen llenas de agua, que todo estaba verde como nunca, incluso los pinares tenían hierba en abundancia, y que crecen ya las setas y hongos de primavera. Además, algunas arenas de los pinares estaban verdaderamente movedizas, como si se fueran a tragar al ciclista que se había apeado de la bici después de quedarse con las ruedas hincadas.

Lavajo en tierras de labor

Lavajo en tierras de labor

Sin embargo, los caminos estaban secos y con buen firme; se rodaba bien. Bueno, estaban secos los que no estaban inundados con su correspondiente lavajo caminero. El viento no era fuerte y el cielo estaba gris, sin sol. Cayó un pequeño chaparrón que no llegó a ser molesto. Típico día de primavera.

Tomamos la salida junto al pozo de la Salud, en la ermita de San Roque de Medina y volvimos al mismo sitio pero sin ser exactamente los mismos, pues nos habían salido 50 kilómetros en cada rueda. O en cada pierna, según se mire.

Lavajo en el pinar

Lavajo en el pinar