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Entre Wamba y las navas

9 junio, 2018

La primavera continúa en plena explosión: todo sigue verde salpicado, de mil colores diferentes. Por cualquier camino que salgas a rodar te vas a encontrar con ella y, como no termina de hacer calor, parece que se quedará unas semanas más. De hecho, otros años por estas fechas en nuestros campos había comenzado la siega. Éste año, según comentan los agricultores, se va a cosechar en julio, la cebada madura lentamente y el trigo más despacio todavía.

Esta vez hemos salido a última hora de la tarde un día entre semana. Paseo corto -25 km- desde Wamba hasta las navas de Torrelobatón. El sol cayendo entre nubes más o menos solitarias.

Wamba es una localidad que se encuentra relativamente elevada, próxima al ras de la paramera de Torozos. Por eso, subir hasta arriba cuesta muy poco: los caminos son cortos y suaves, además de contar con un firme excelente.

Ya arriba navegamos por el mar de verde oleaje, con las líneas de las amapolas bien señaladas. Salteadas, génivas amarillas y algunas malvas con su color característico. En los perdidos rocosos, lino, salvia y tomillo en abundancia. Dejamos al norte la nava de Peñaflor y seguimos en dirección oeste. En algún momento, atisbamos la hondonada del valle del Hontanija. Al fondo, las inmóviles aspas de los molinillos confirman la suave brisa que nos acaricia. Nos vamos acostumbrando, qué remedio, a este elemento artificial del paisaje, que seguirá creciendo según podemos leer en los anuncios oficiales de los boletines.

Por fin, llegamos a la enorme nava de Torrelobatón, toda verde de cereal y atravesada por caminos adornados de castaños de indias. Hace años que se saneó este espacio abriendo una zanja-túnel por la que desagua hacia el valle del Hornija. Por eso no llega nunca a inundarse. En todo caso, desde sus bordes se ofrece una buena perspectiva de esta curiosa llanura hundida. En otro momento, divisamos Torrelobatón con su castillo.

Ya de vuelta pasamos junto a dos pozos con originales abrevaderos: uno larguísimo, el otro en forma de Uy con varias pilas. Tienen agua, y se utilizaron en otra época para el ganado; hoy están en desuso pues, no se encuentran en terreno para ganado ni de regadío. Antaño, pues, abundó por aquí el monte. También pasaba muy cerca un ramal de la cañada real leonesa occidental. Y en algunos baldíos hemos visto restos de corrales.

Por lo demás, no es un páramo totalmente raso, pues algunos caminos están adornados por hileras de acacias, que permanecen como testigos mudos de los antiguos trabajos de concentración parcelaria. Pero ya nadie repone los árboles muertos.

El sol se pone a nuestras espaldas y bajamos, casi sin enterarnos, hasta el humilladero de Wamba. Se empiezan a encender las primeras luces de la noche.

Aquí, las líneas del recorrido.

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Lavajos, lagunas, navas y boyones

23 abril, 2016

Lagunas Medina(1)Al sur de Medina del Campo son muy abundantes las lagunas, lavajos y navas. Por esas tierras, siempre se ha entendido por laguna una buena extensión de agua que veía reducido su tamaño en verano pero nunca se llegaba a secar del todo; al menos quedaba siempre un fondo de légamo y barro. Por lavajo se entendía algo parecido, normalmente más pequeño.  Lavajo viene de navajo que a su vez viene de nava que significa según el DRAE tierra sin árboles y llana, a veces pantanosa, situada generalmente entre montañas. Pero en tierras de Medina se llaman navas a zonas a veces alargadas, siempre irregulares, sin árboles, normalmente entre tierras de labor en las que crece una hierba rala con pequeñas calvas blancas por las sales, con frecuentes encharcamientos y algún lavajo, y con humedad permanente en el subsuelo. En nuestros páramos, una nava es una extensión más o menos amplia, hundida, en la que se suele acumular el agua en épocas lluviosas.

La más occidental de las Lagunas Reales

La más occidental de las Lagunas Reales

Las Lagunas Reales estaban sin agua pero preciosas. Cada una con su un enorme e irregular redondel dibujado por hierba joven y flores de diferentes tonalidades. Un poco  más oscuro en los bordes, bien señalados también por la hierba alta de la pradera contigua. Menos brillante y con pequeñas flores de tono amarillo en el interior del círculo. Daba gloria ver tanto verde y tan vivo, hasta el punto de olvidarnos que de agua –de laguna, por tanto- no tenían nada. Y es una pena, pues precisamente estas lagunas que eran prácticamente permanentes, hoy día no se recuperan ni en temporadas de diluvio. Seguramente porque su terreno absorbe el agua que cae del cielo y el manantial -procedente del acuífero de los Arenales- ya no les llega.

Lavajo Rabiosa

Lavajo Rabiosa

Exactamente lo mismo ocurría con otro gran lavajo, antaño permanente: el lavajo Rabiosa, que descubrimos –de repente- en  medio de un pinar. A su lado, otro lavajo más grande ha desaparecido trasformado en un campo de cereal. Como ya no se alimenta del manantial, los agricultores lo utilizan para sus fines. También estaba sin agua la laguna del Simplón, que debió tener un origen artificial, o los muchos restos de antiguos lavajos que encontramos a lo largo del curioso arroyo del Malpaso. Lo de curioso va porque en muchos tramos no tiene cauce definido, es una lengua verde con algunas hondonadas en las que debió registrarse algún lavajo, a juzgar por la forma y los restos.

Lavajo de la Juncia

Lavajo de la Juncia

Pero la jornada nos deparó otras muchas sorpresas con agua:

  • El lavajo de la Juncia y otros próximas en los pagos del Dornajo y el Voleo habían vuelto por sus fueros perdidos a ocupar zonas en actuales campos de labor. Estaban llenos de esas pequeñas flores blancas, propias de estos encharcamientos.
  • Al oeste de los anteriores y al este del Raviosa, la zona de los Chirivines –verdadera nava en lucha con el agricultor- se veía salpicada de multitud de encharcamientos, sobre todos de pequeño tamaño.
  • La Navilla, en el límite de Velascálvaro y Rubí, y rodeada de pinares parecía que no tenía agua, pero al acercarnos, sí que la había, entre hierba alta y juncales.
  • las charcas de los Salmuerales, que se habían juntado todas para celebrar la lluvia caída. Además, cazaban las cigüeñas y cantaban la ranas.

    En las Navas, Rubí de Bracamonte

    En las Navas, Rubí de Bracamonte

Pero también encontramos con agua el lavajo de los Boyones y su fuente respectiva, en Rubí, y seca la laguna de Arahuete, en las navas al norte del mismo término municipal. Y desaparecida, la laguna boyón de Ruiz. (Y aquí tenemos una variante de bodón, emparentada con bayón y bayona… Ya se ve que en toda esta zona de Pinares-Olmedo-Medina hubo muchas y muy variadas lagunas; desgraciadamente parece que ya sólo conservamos los nombres)  

También tuvimos la grata sorpresa de encontrar con abundante agua las Navas, al este de Rubí de Bracamonte y al oeste del arroyo de la Valenosa. Se trata de una larga –casi 1 km-, ancha e irregular lengua con abundantes encharcamientos, hierba, ranúnculos y zonas de calvero. Para recorrerla despacio, disfrutando a cada paso del espléndido panorama cercano.

Arroyo

Arroyo de Malpaso

Nos olvidamos –a propósito- algunas navas más por las que anduvimos, o casi navegamos. Y es que todo rezumaba agua después de una intensa temporada de lluvias. Tampoco hemos contado que nos fue muy fácil avistar patos, cigüeñuelas y avutardas. ¡Y ojalá terminen por llenarse las Lagunas Reales!

Laguna Boyones

Laguna Boyones

¡Agua va!

2 abril, 2013

IMG-20130328-00004Agua. Es lo que viene cayendo del cielo durante los últimos meses. Parece como si la naturaleza fuera sabia y, después de que el año pasado hubiera sequía, éste se esfuerza en traernos precipitaciones por los dos ejercicios. Así que, cuando hagamos la media, no nos alejaremos mucho de lo que suele ser habitual.

Pero algunos están nerviosos. No es de extrañar. El Jueves Santo pasamos por el puente sobre el Cega en Viana y los de protección civil acababan de rescatar en barca a los vecinos de esta casa que ya estaba siendo ocupada por las aguas, al menos en su planta baja. La foto es del móvil.

Pero pocos días después, los vecinos de Puente Duero estaban preocupados viendo como el agua del río no dejaba de subir. Aquí, al menos una casa era lamida por la corriente.

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Unos kilómetros más arriba, en Herrera, el Duero quería desbordarse y la depuradora empezaba a correr peligro. No sabemos hasta donde está llegando ahora.

También el Pisuerga  cruzaba amenazante por Valladolid, Arroyo o  Simancas y el Adaja estaba totalmente desconocido. Nunca se le vio con tanto caudal.

Fuente de Aguanverde

Fuente de Aguanverde

Pero al dar un paseo por el campo vimos de todo, como esta fuente a punto de sumergirse en las aguas. Tantas han caído que ya no se recatan y pueden salir oentrar en los mismos manantiales. Les da igual.

Ciclista

Los ciclistas tuvimos que ejercitarnos y hacer todo terreno auténtico, como al cruzar por este camino totalmente encharcado y tapado por una gran laguna.

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Algunos arroyos, que llevaban varios lustros dormidos, resucitaron y el agua discurría reestrenado con fuerza el viejo cauce.  Siempre conocí esto como un campo de cereal entre pinares pero, realmente,  fue un arroyo. La lluvia lo reanimó.

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Por todas partes renacían charcos y lagunas. Los había que parecían auténticos lagos con oleaje y todo.

Cigueña

Las navas que hubo entre Medina del Campo, Moraleja de las Panaderas y Gomeznarro también estaban de fiesta, como ésta, con su cigüeña y todo. Un verdadero renacimiento.

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O esta otra, por la que cruzamos en bici, como si nos transportaran máquinas anfibias.

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O esta que cortaba dos caminos justo en su cruce.

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Y las zanjas de desagüe se emplearon a fondo. Nunca tuvieron tanto trabajo.

Pero volverá de nuevo la sequía y después nuevas inundaciones. La naturaleza es cíclica y el clima cambiante. De eso podemos estar seguros. Al menos, ahora da gusto ver los pinares: alfombrados de hierba brillante, y los pinos con la corteza y las hojas limpias y relucientes. Como si estuvieran con el traje de fiesta.

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