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Pinares del Eresma

29 noviembre, 2018

Cega, Eresma, Adaja, son ríos de Tierra de Pinares; ríos con agua cristalina en verano, filtrada por la arena; ríos tajados en mitad de la llanura; ríos que se acompañan de cerca por chopos, álamos y sauces y, algo más lejos, por negrales -sobre todo-, piñoneros, alguna encina y algún roble.

El día tendría que haber estado cubierto, según los pronósticos, pero el sol, entre nubes, se dejó ver con frecuencia. El aire estaba limpio, la tierra húmeda. Aunque solo fueron 44 km, las piernas se resintieron como si hubieran rodado mucho más, debido a la arena de los caminos y senderos, no en vano el trayecto discurrió por Tierra de Pinares (que en realidad es arena).

Punto de partida: Alcazarén, una de las localidades más antiguas de la provincia, testigo de la invasión musulmana y a renglón seguido, de la reconquista. Fuimos al encuentro del Eresma, y durante unos pocos kilómetros rodamos por una senda -en continuo sube y baja- casi tocando sus aguas. Hasta que aquello nos pareció demasiado. No tanto el sube, sino la arena. Pudimos ver de cerca la presa del Molino Nuevo -remodelada hoy como toma de aguas- y los viejos pilares del puente de servicio. Las aguas venían algo crecidas y, por lo tanto, tomadas. Justo el lugar de la presa es adecuado para estudiar geología, por sus estratos bien diferenciados quedan al descubierto, empezando por areniscas rojizas.

Nos salimos del cauce a la altura de Valviadero para rodar por el pinar de Navarredonda, que exhalaba aromas de tierra mojada y resina, debido a esto último a que estaban de corta. Después, como dando la vuelta, para evitarla, a Pedrajas de San Esteban, dimos con el gran claro de Villaverde de Íscar. A lo lejos -casi a 8 km en línea recta- el castillo de Íscar lo dominaba todo, haciendo honor a la historia, pues era la localidad donde se asentaba era centro de su Villa y Tierra.

Giramos hacia el Eresma por pinares en los que todo era calma y tranquilidad. Ningún animal se quería hacer presente. Solo un buitre cruzó pesadamente a la altura de las copas de los pinos y un pito ¿mediano o menor? Dibujaba en el aire su característica trayectoria en forma de arco. Sin embargo, en la ribera, vimos un cormorán y varios martines pescadores: señal, además, de que hay peces. Estos pinares, tal vez en otros tiempos fueran monte bajo, pues abundan los topónimos -las Navas, Navarrubia, las Chopas- que no casan demasiado con el monte alto. Pero a saber. El pinar estaba limpio por las lluvias pasadas y por la atmósfera del día. Y solitario. Solo nos encontramos con un buscador de nícalos que sabía positivamente que no encontraría ninguno, pues no había. Sin embargo, se dejaron ver otros tipos de setas. En la mayoría de las zonas, los negrales estaban en explotación resinera.

Cruzamos junto a las ruinas del caserío de Castejón y luego tomamos un ramal de la cañada Real Leonesa hasta la ermita de Sacedón, donde algunos aprovechaban la tarde para respirar aire puro.

Atravesamos a la otra orilla por el viejo puente de Valdaba, dejando al lado las ruinas de un molino y tomamos dirección norte entre la ribera y el páramo. Aquí el río ha hecho un curioso roto en el páramo de seis kilómetros del ancho, para sortearlo a gusto.

Después llegaríamos a Valviadero, con la enorme torre de su iglesia en ruinas. El caserío se encuentra clausurado, pero llegaban a nuestros oídos los ladridos de sus perros, que lo guardan. A renglón seguido, la querencia nos llevó de nuevo a la orilla del Eresma, para conocer esa zona y sus pinares, hasta que aparecimos por segunda vez -pero ahora en la orilla buena- en el Molino Nuevo. De ahí por llanos cultivados y pinares hasta cruzar el río y aparecer en Alcazarén. ¡Mira que si llegamos a hacer caso a los pronósticos y nos quedamos en casa!

El trayecto, aquí.

En Camporredondo, con Gaude

13 octubre, 2015

Camporredondo 2015

Esta vez, la excursión prevista tenía un atractivo especial, pues además de rodar por páramos, valles y pinares, el objetivo era visitar a Gaude. Porque este blog es más que un blog: además de cumplir su función virtual, nos conecta realmente a unos con otros. (Tendríamos que escribir una entrada sobre este tema, y esperemos que así sea más adelante) Y como teníamos ganas, decíamos, de estar con Gaude, que nos ha hecho sabrosos comentarios, pues nos fuimos a Camporredondo. Primero, el paseo.

* * *

Antes de nada, hicimos una visita al inmenso negral que hay detrás del cementerio, del que ya nos había hablado Gaude. Portentoso. Sólo hemos visto unos pocos negrales de este tamaño en Coca. Aquellos llevaban placa. Aquí somos más austeros.

El negral

El negral

Bien, ahora, ¿hacia donde ir? Alguno señaló: -Aldealbar, a través de los pinares.

Y allá que fuimos. Salimos felices y montados en bici por el camino –vía crucis- de la ermita del Cristo del Amparo y la arena nos bajó de la burra recorridos unos cuantos cientos de metros. No importaba, estábamos impresionados por las mil formas de los negrales del pinar. Y charla que te charla un kilómetro y otro, subiendo las arenosas cuestas… ¡con la bici de la mano!

Por fin, el que había propuesto Aldealbar parece que se lo pensó dos veces:

-Bueno, a mi no me importa ir a otro sitio, ¿por qué no vamos hacia el oeste, hacia el Riscal?

La burra no se deja montar si hay arena

La burra no se deja montar si hay arena

Los demás no lo dudamos y, al unísono, cambiamos de rumbo, de manera que visitamos Santiago del Arroyo y la charca artificial preparada en la pradera. Después, ¡ascensión al Riscal! Arriba nos esperaban unos perros feroces, pero pasamos junto a ellos como valientes porque… ¡estaban bien atados!

Miguel Ángel se quejaba de cansancio, cosa lógica, pues llegaba el primero a todas las cimas. Después de inmortalizarnos junto a una sabina bajamos, para subir de nuevo, ahora suavemente, por el valle de Valseca. Una preciosidad.

Junto a los restos del Pino

Junto a los restos del Pino

Y ya estamos otra vez en el páramo formado por el arroyo del Henar y río Cega. Alguno sugirió que nos acercásemos al pico del Águila para contemplar paisajes, mas hubo división de opiniones (o sea, la gente tenía hambre) y lo dejamos para otro momento. Después de dar un desorientado paseo por el pinar de las Pintoras (Mata de Cuéllar), nos dejamos caer hacia Cogeces de Íscar, no sin antes beber agua rica y fresca en la fuente del Valle y visitar los restos del Pino Gordo.

Tentempié en Cogeces (¿o tentenbici?) junto a las viejas losas del camposanto y, vuelta ya, hacia Camporredondo.

Una de las bajadas

Una de las bajadas

Pero antes pudimos pasar por:

  • La Fábrica del Macho, antiguo e inmenso molino o fábrica sobre el arroyo del Henar. ¡Perecerán hasta las ruinas!, que dijo Unamuno citando a un clásico. Estas todavía no.
  • El molino del Valle, que conserva bien su estructura. ¡Ingenuo paraje entre álamos y pinos donde no ha llegado la prisa!
  • El lugar donde estuvo la -hoy desecada- laguna del Toro. Aquí sí que ha llegado, pues además de desecarla -¿tan insalubre era?- han plantado chopos de crecimiento rápido, que –por tanto- dan dinero más prontamente. ¡¿Qué bien?!
  • El puente –que tampoco encontramos- sobre el arroyo del Masegar. Se lo debió tragar la autovía. Ya se sabe, el progreso (ciego y glotón en este caso).
  • El piñonero retorcido junto a la cañada merinera, por la que bajaban los rebaños que venían de Tudela de Duero e iban a Megeces. Los negrales suelen, con frecuencia retorcerse, pero no los piñoneros. Éste es una excepción.
Molino del Valle

Molino del Valle

* * *

Y ahora ya sólo nos queda conseguir el verdadero objetivo de esta excursión: saludar a Gaude, al que no conocíamos personalmente, sino por los comentarios –divertidos y llenos de sentido común- que de vez en cuando nos deja en el blog .

Un camporredonchino camporredondés nos indicó donde vivía y ¡toc-toc!, llamamos a la puerta. Maribel –su mujer, a la que no conocíamos hasta ese momento- nos abrió y por Gaude que preguntamos. Pero con las pintas que traíamos de la excursión, notamos en su cara como un gesto de duda a la vez que nos preguntaba quienes éramos. –Amigos de Gaude de internet, dijimos, y entonces, con una amplia sonrisa, nos invitó a entrar .

Piñoneros cerca del camino

Piñoneros cerca del camino

El resto de la tarde se nos pasó charlando sobre los resineros, los pastores, el campo, el paisaje pasado y presente de Camporredondo, el vocabulario campestre, y tantas cosas más.

También pudimos ver ¡oh sorpresa! el magnífico museo de aperos de diferentes oficios que tiene en su casa. Cientos, miles de piezas perfectamente ordenadas. Podía ser un buen museo que atrajera visitantes, pues todo está a punto, pero… siempre hay un pero y, cuando el trabajo más difícil, el del particular, está hecho, falta esa otra colaboración digamos oficial que no terminó de llegar. En fin.

Con Gaude

Con Gaude

El tiempo se pasaba volando pero nos quedamos con lo mejor: el cariño de Gaude por los oficios de antes, por la sabiduría de los pastores, resineros y campesinos, por las palabras bien pronunciadas y dichas en su adecuado contexto… Gaude, lo pudimos comprobar, es un pozo sin fondo de sabiduría popular y, por lo tanto, humana. ¡Y otros que se pasan el día con la televisión y la tableta…!

Si quieres saber más de Gaude, o comunicarte con él, aquí tienes su Pizarra. Nosotros nos callamos y no hablamos más; por amigos, no seríamos objetivos.

Y gracias, Maribel, por las cervezas. ¡Irresistibles para cualquier ciclista cansado!

¡Hasta la próxima, Gaude!

¡Menudo lío!

¡Menudo lío!