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Paisajes de Llano de Olmedo

16 junio, 2018

¡Qué poco valoramos los habitantes de nuestra provincia los paisajes en los que nos movemos! Tal vez porque los vemos todos los días, porque nos hemos acostumbrado a ellos, o porque todos pensamos que lo mejor son las iglesias, castillos y otras obras arquitectónicas. Haced la prueba con Llano de Olmedo: las guías del propio pueblo y otras informaciones que aparecen en la red os mandarán a visitar Coca, Olmedo, Medina del Campo, Arévalo, como si Llano no interesara para nada, no tuviera ningún encanto. Todo lo más habrá una mención a su templo parroquial. ¡Qué pena!

Más, como nosotros estamos en desacuerdo con esta práctica, vamos a dar un paseo por sus alrededores. Y eso que no vamos a recalar en bastantes de sus sitios interesantes, como el bodón Guarrero, o los restos de las fuentes Lavar y Carrasco.

Riberas del Eresma

De entrada, llama la atención el nombre de Llano, pues no está propiamente en un llano, sino que se asienta sobre una loma desde la que se divisa el pinar y las riberas del Eresma al este y las hondonadas de la laguna de Valdeperillán con los humedales de doña Pola al oeste. Aunque tal vez se deba a que la cima de la loma es, aunque pequeña, ciertamente llana.

Salimos -cuesta abajo- por el camino Ancho de Valandrinos. Dejamos a la derecha la fuente con su largo abrevadero y, un poco más abajo, un prado donde pastan caballos. Al fondo divisamos la llanura pinariega si bien nos entretenemos con varios humedales que cruzan nuestro camino: la Revilla, los Salgueros, hasta que cruzamos los prados del Cuadrón, totalmente verdes en esta estación. Sin embargo, parece como si ya no vinieran ganados a pastar aquí y, más que praderas, son ahora cardizales. Aquí estuvo también la fuente de los Carreteros, hoy desaparecida en virtud de las ansias de agua de tantos agricultores.

Lirios entre el pinar y la ribera

Nos introducimos en el pinar, que este mes de junio no parece un pinar sino un bosque de montaña, por su manto verde y abundantes flores. Hasta hay setas de diferentes formas y tamaños.

Llegamos al río Eresma. Un poco más abajo estaría, según el mapa, la fuente de Valandrinos. Pero como otra vez que pasamos por aquí no la encontramos, la volvemos a dejar escondida. Al otro lado, más pinares y campos sembrados de cereal. No vemos el agua del Eresma: los álamos forman una galería con bóveda que la protege y esconde. Pero seguimos por su orilla -su tajo, más bien- hasta que divisamos las torres de Coca y cambiamos de rumbo en dirección a Villeguillo tomando el camino de los Picones. Deberíamos haber visto el bodón Redondo pero, al parecer, ha sido desecado y en su lugar se cultiva el cereal.

Laguna del Caballo Alba

Hay jolgorio en las calles de Villeguillo y en la plaza se prepara una orquesta. Y es que están celebrando a san Antonio. ¡Viva!

Seguimos en dirección este hasta buscando las lagunas del Caballo Alba, que se encuentran a rebosar, con cigueñuelas, fochas y patos variados. Y empezamos a sufrir los efectos del barro en las ruedas. Aun así, damos un paseo por el Juncarral, salguero próximo a las lagunas que mantiene la típica hierba de estos lugares. Precisamente mientras pisamos hierba no hay problema, pero la tierra se pega que es un gusto. El agua rebosa por todas partes. En los canales y zanjas hay corriente… Si a la salida de Llano nos habíamos mojado, ahora brilla un sol que termina de secarnos.

Fuente de Santa Cruz

Nos acercamos a Fuente de Santa Cruz pero sin llegar al casco urbano; cruzamos la línea del AVE y de la antigua línea de Segovia, y las volvemos a cruzar de vuelta. Vemos cómo en el páramo de Íscar y Pedrajas se ha desencadenado una fuerte tormenta con abundante aparato eléctrico. Pero no sopla el viento desde allí. Estamos en una enorme hondonada; ¡qué paisaje tan cambiante!: lagunas y bodones; riberas y pinares; salgueros y cardizales; tierras de pan llevar, prados, lomas, arenales… ¿es necesario ver piedras en Coca o Medina? Conste que también nos gustan, pero…

Tras la lluvia, el aire se aclara y “limpia” el paisaje

Finalmente, por Valdeperillán, subimos hacia Llano, que se divisa en lo alto: entramos por las Eras, donde hubo un poblamiento prerromano. No vemos a nadie. La gente ha terminado de trabajar y parece descansar en sus casas… o se han ido todos a celebrar san Antonio y su orquesta a Villeguillo.

Aquí, el recorrido.

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Adiós, abril

4 mayo, 2018

¡Qué manera de despedirse abril! Con cara de pocos amigos, fresquito, lluvioso y ventoso! Y es que el día 29 salimos a dar un paseo entre Villalba de Adaja y Olmedo. ¿Qué ocurrió? Pues que nos mojamos, nos embarramos y nos quedamos un poco helados gracias al vientecillo, a pesar de que estamos en plena primavera. Lo del cambio climático lleva unos meses sin funcionar, la verdad. Y es que es tan cambiante el tiempo…

Salimos en dirección a Pozaldez y a mitad de camino nos encontramos con que la fuente del Artillero, habitualmente seca, había renacido. Ahora se encuentra junto a un olivar (y nos es que haya cambiado de sitio, es que lo han plantado cerca). Paramos un momento en la estación del ferrocarril (788,8 metros sobre el nivel medio del Mediterráneo en Alicante) y nos fuimos por el cordel de Vallesmiguel en dirección a ese molino. Antes hicimos parada obligada en la fuente de Aguanverde, que tenía el segundo pilón totalmente sumergido en el agua. Los renacuajos, felices, coleaban entre las ovas y ranúnculos. Y aquí nos cayó el primer chaparrón.

Nubes de abril

Pasamos Calabazas y bajamos hasta las aguas del Adaja. Una vez más, nos convencimos de que el molino de Vallesmiguel ya no existe. Queda alguna piedra del molino o del puente y poco más. Las aguas venían recias y la maleza impedía llegar a ellas. Por el pinar nos dirigimos hacia el puente del Negral. Mientras, caía un segundo aguacero con abundante granizo. En la desembocadura en revuelta del arroyo Torcas, ya en la orilla derecha nos paramos a contemplar el río y sus numerosos puentes.

Los Eriales

El siguiente paso fue cruzar junto a la charca o bodón de los Eriales. Las cigueñuelas estaban de fiesta y no hacían más que gritarnos y volar a nuestro alrededor. Los patos salieron volando sin contemplaciones y algún avefría nos observaba de lejos, al igual que algún que otro limícola lejano. Poco después, pasamos junto a otra zona encharcada cercana a una gravera.

La Vega, con el cerro del telégrafo al fondo

En Olmedo paramos en la fuente de la carretera de Hornillos, que tenía agua, y nos acercamos al cementerio para contemplar los restos consolidados de una hermosa ermita románicadel siglo XII que estuvo dedicada a Nuestra Señora de las Nieves o de la Vega.

Pusimos rumbo a Valviadero y ese fue nuestro error, pues hubimos de darnos la vuelta al intentar cruzar por el collado que separa el monte del telégrafo del páramo de El Alto. La pegajosa y molesta arcilla bloqueó las ruedas de las bicis y salimos como pudimos de allí, mientras una nube cruzaba sobre nuestras cabezas descargando el tercer aguacero de la jornada. Como hacía bastante viento nos secamos enseguida, al igual que con los dos primeros.

En la ribera del Adaja

Vuelta a Olmedo. Tomamos la tranquila carretera de Hornillos que discurre entre la Vega y la Majada, con charcas, bodones y abundantes prados donde pasta ganado vacuno. Otra parada en la casa Navilla y otro tirón hasta Hornillos, donde nos asomarnos al Eresma. Después, por el camino de la Higuera del Judío, ya sin aguaceros, acabamos en Villalba, que se estaba secando gracias al viento. En el cielo quedaban amplios jirones de nubes algodonosas que reflejaban la luz de un sol en pugna por dejarse ver. En los lejanos horizontes parecían ganar, sin embargo, las nubes grises que seguían descargando chaparrones…

Entre Hornillos y Villalba

Para nosotros, el refrán se cumplió en exceso: abril abrilero, cada día dos aguaceros… Claro que donde dice dos bien podemos decir tres. Aquí, el recorrido en Wikiloc

Adiós, abril…

La Soterraña, en Olmedo

8 octubre, 2015
Arco, torre y fachada de San Miguel

Arco, torre y fachada de San Miguel

En el principio era una colina que dominaba la llanura entre el Eresma y el Adaja, y en la que brotaban siete hontanares. Cubriéndola, debido a la humedad que ofrecían esos manantiales, que luego se llamarían Caño Nuevo, Caño Viejo, Caño Cotes, La Pioja, El Chamorro, Castellana y La Vía, se extendía un bosquete de olmos, u olmedo. Era un sitio ideal para vivir y dominar la comarca, y bien que lo aprovecharon los vacceos de aquellas épocas remotas.

Pero Olmedo se pierde en la noche de los tiempos hasta el siglo X. La antiquísima tradición de la Soterraña cuenta -con demasiado optimismo- que la imagen fue traída nada menos que por un discípulo del Apóstol Santiago, San Segundo, obispo de Ávila:

…porque sirvió de modelo al santo que la esculpió
el original divino creado por todo un Dios…

Pinar de Mohago

Pinar de Mohago

Y que, con motivo del dominio agareno, alguien la enterró en un pozo (de ahí lo de Subterránea), de donde la rescató el repoblador de Olmedo, Alfonso VI, hacia el año 1075, a quien se le apareció inmediatamente antes de la batalla. Aunque la tradición habla de más de tres siglos oculta, lo más probable es que fueran unos cien años: Olmedo se encontraba en el siglo X en tierra de nadie, era una pequeña avanzadilla en el Duero, y fue arrasada por Abderramán III en 936, mas este califa fue vencido a los pocos días en Simancas, y Olmedo hubo de esperar hasta finales del siglo X para caer bajo el dominio de Almanzor, que destrozó Toro, Simancas, Portillo y Montemayor y, por tanto, Olmedo. Los cristianos, ante el temor a Almanzor, esconderían en esos momentos la imagen hasta que la encontró Alfonso VI al recuperar Olmedo.

Muralla

Muralla

A partir de ahí podemos seguir el rastro de la Villa y su Patrona a través de distintos documentos. Desde luego, Olmedo debió ser una plaza muy importante –no hay más que ver sus murallas y urbanismo- sobre todo hacia el siglo XIII, época de la que datan la mayoría de sus iglesias. Por ejemplo, la de San Miguel, en una de cuyas capillas estuvo la Soterraña hasta el siglo XVII. En 1250 contaba con ¡15 parroquias!

Así, el Concejo de Olmedo participó en las Navas de Tolosa, sin duda bajo la protección de la Soterraña. Y, hasta principios del siglo pasado, la Virgen siempre preservó a los que partían a diferentes guerras; las madres olmedanas estaban felices sabiéndose seguras porque todos sus hijos volvían de África. No puede decirse lo mismo con la guerra civil española porque, desgraciadamente, los españoles optamos por matarnos unos a otros. Y los de Olmedo no fueron excepción. (Curiosamente –como pude comprobar en Líbano- algunas imágenes de la Virgen lloran aceite. Y curiosamente, el pozo de la Soterraña tiene fama, desde tiempo inmemorial, de manar –además de agua- aceite. Mucho aceite debió llorar este pozo durante los años 36-39; lo que se cuenta fue dantesco; intentemos olvidarlo)

Capilla de la Virgen (foto de "El Día de Valladolid"

Capilla de la Virgen (foto de El Día de Valladolid)

Otra fecha importante para la Virgen fue el 10 de octubre de 1924, pues a eso de las 12 del mediodía el pueblo de Olmedo reunido en la plaza de la Villa coronaba a su Reina por medio del obispo de Valladolid, aunque el territorio perteneciera a la diócesis de Ávila. No se recuerdan fastos iguales en toda la historia de la Villa y Tierra de Olmedo.

En fin, todavía hoy, entrar en la cripta de la Soterraña es sustraerse a las medidas del tiempo y del espacio, pues el lugar donde se encuentra esta imagen es único. A su capilla hemos de acceder a través de la iglesia de San Miguel, joya gótico mudéjar de volúmenes estilizados y, justo debajo se su altar, se abre una escalera que nos conduce por un pasadizo subterráneo de bóveda baja profusamente decorada -y en el que vemos el pozo de la aparición- a la capilla de la Virgen, muy alta y de planta octogonal. Es como llegar a través de un ambiente –el de la iglesia de San Miguel- que separa lo exterior de lo más profundo e interior, la capilla. Además, el espacio es barroco –la capilla data del año 1746 y está lleno de recuerdos de la Virgen y de Olmedo- por lo que no tiene nada que ver con el de la perfecta iglesia de San Miguel.

Paisaje de Olmedo, en Matamozos

Paisaje de Olmedo, en Matamozos

En todo caso, si queremos conocer Olmedo y parte de la historia de nuestra provincia, es necesario acercarnos a esta imagen y a la casa que la guarda, pues no en vano la Soterraña, según reza su himno, es

Bella Espiga de Castilla,
Vid fragante de la Villa,
Rica Piña del pinar…

Pero lo más importante es que la Soterraña es venerada y querida en Olmedo como Madre y protectora de la Villa y sus habitantes. A lo largo de la historia, son muchos los milagros y favores de los que se guarda recuerdo, algunos se han llegado a convertir en leyenda, y otro día los traeremos a estas páginas. También, bastaría con aparecer por allí cualquier 10 de octubre (o sea, pasado mañana) para comprobarlo, si bien ese cariño popular luego se manifiesta personalmente todos los días del año.

Bien sabemos que en Olmedo todos son caballeros, por lo que pueden hacer suyos aquellos encendidos versos de Lope, dirigidos a la Virgen:

Si a las damas defienden caballeros
merezca serlo vuestro por amaros
y hasta perder la vida defenderos

Pero realmente es Ella quien nos defiende, al igual que a las damas, como bien claro lo cuenta la historia y lo rubrica su propio escudo:

Per te Virgo sim defensus

Imagen de la coronación

Imagen de la coronación

Entre Olmedo y el Eresma

24 diciembre, 2014

Olmedo Aguasal El Eresma entra en Valladolid como sin pedir permiso. Es un río poco conocido, pues sólo bordea una localidad: Hornillos. Antaño debió ser algo más famoso, pues un ramal importante de la Cañada Real Leonesa circulaba paralelo a él, por su margen derecha, y otra cañada real que se dirigía a Madrid lo hacía por la izquierda. Además, los despoblados de Valviadero o Brazuelas, también estaban en sus orillas. Hoy día, el Camino jacobeo de Madrid entre en la provincia juntamente con este río. Hasta que une sus aguas con el Adaja, atraviesa sobre todo tierras de pinares. Su cauce es un tajo relativamente profundo y estrecho; en muchos sitios nos hemos de acercar a él con cuidado, para no resbalar y sufrir una caída que podría ser mortal. El día de esta excursión llovía. No hicimos más de 30 km.

La Torre

La Torre

Un cerro diferente

El cerro del Telégrafo es un cerro diferente, pues ni su forma es cónica ni su cima es plana, sino afilada, como si fuera una tienda de campaña. Este cerro y el páramo que está al Este, separado por un collado, son de las pocas altitudes de la provincia que se han quedado entre el Eresma y el Adaja. La torre enlazaba con la de Almenara por el sur y con la de Mojados al norte. Queda muy poco: la base agrietada y una esquina en la que todavía vemos la escala por la que se subía a los pisos elevados del torreón. Su cima es buena para ver el paisaje en el que quiere adentrarse. No es perfecta, pues en demasiados puntos los pinos nos impiden la vista.

Panorama desde el cerro

Panorama desde el cerro

Y otro no tanto

No hay camino para subir o bajar del cerro del Telégrafo. Además, la densidad de la plantación de pinos alepensis hace más dificultosa la bajada. Sin embargo para subir al cerro contiguo no hay problema, pues tenemos una pista de cemento que se usa para acceder a las numerosas antenas que aquí se levantan. Este cerro ya es totalmente plano, de más de 2 km de largo, con la superficie de tierra buena dedicada al cultivo de cereal. Y en el extremo oriental, hay como un cabezo que quiere independizarse del paramillo, éste plantado de pinos y arizónica.

Parecían montañas en las que se quedaban las nubes lloviendo

Parecían montañas en las que se quedaban las nubes lloviendo

Bajamos por la ladera, pues el camino es puro barrizal donde cualquier bici se atascaría.

Pinar de Ordoño

La mayor parte de la superficie de este pinar se encuentra en el término de Aguasal, y limita al Este con el río Eresma. Abundan los pinos piñoneros, si bien podemos ver algún negral e incluso robles, que ahora resaltan por el color amarillento de sus hojas. Ni que decir tiene que el día de la excursión vimos multitud de setas. Está atravesado por multitud de caminos, todos muy agradables y con suelo más bien firme, no muy arenoso. Lo atraviesa también el arroyo del Cuadrón, que forma una especie de estrecho humedal con prados que se encharcan, los Prados del Cuadrón. Desemboca en el Eresma, sin salir del pinar.

Se adivina el tajo

Se adivina el tajo

Y en el límite vemos el Caserío de Ordoño, abandonado. Pero las ruinas manifiestan que fue un caserío con cierto carácter. Al lado vemos el Pino de la Tableta, uno de los árboles catalogados en la Provincia.

Lagunas y bodones

Como en toda la comarca de Olmedo y Medina, encontramos numerosos bodones en nuestra ruta. Desde la torre del Telégrafo se veían los más grandes, como la Charca de la Majada. El caserío de Ordoño se asienta sobre una extenso humedal: algunos bodones o lagunas tenían algo de agua pero otros –como la laguna de las Eras- estaban secos. Lo mismo puede decirse de los Prados del Cuadrón, que conforman otro gran humedal. Y tanto en el camino de entrada como en el de salida de Llano de Olmedo vimos bodones con agua, por no decir que en el mismo Aguasal, la Gansera y la Cárcava habían alcanzado un buen nivel.

Fochas en Aguasal

Fochas en Aguasal

Fuentes

Encontramos la famosa fuente del Avellano, en el borde mismo del desplome del Eresma. Fue remozada en 1991 y su agua tuvo fama de curar las enfermedades del estómago. No dimos con la fuente de Valandrino, que debe de estar –si no se ha perdido- en la misma orilla del río. Y la fuente de los Carreteros, en los prados del Cuadrón, ha debido secarse, pues en el mismo sitio hay ahora dos grandes pozos. Al pasar por Llano de Olmedo la fuente que hay en el camino de tenía abundante caudal y, ya en la Ciudad del Caballero, aprovechamos para lavar la bici en el caño Nuevo, una de sus siete fuentes. 14 diciembre 077

El viejo ferrocarril Segovia – Medina del Campo

7 enero, 2014

ferrocarril segovia medina

Hace unas semanas recorrimos parte del trazado del ferrocarril que enlazaba Medina de Rioseco y la localidad leonesa de Palanquinos. Ahora, vamos a rodar por otra de las vías abandonadas que cruzaban nuestra provincia: el ferrocarril que comunicaba Segovia con Medina del Campo. Y, en concreto, desde Olmedo llegaremos hasta la antiquísima Coca. Manos a la obra.

 Tomamos la dirección hacia la estación de ferrocarril que pensábamos abandonada, pero cual fue nuestra sorpresa cuando vimos que está enterita y de una pieza. Es más, parece que se sigue utilizando aunque sea para otros fines. De la chimenea sale humo y los jardines de la entrada así como los árboles que dan sombra a los andenes están cuidados, sus alcorques cavados y los rosales podados. Todo como si el tren todavía realizara el trayecto y los pasajeros esperasen pacientemente en la estación.

antiguo firmeAvanzamos por el camino que va paralelo a la antigua línea férrea ya que la maleza lo ha invadido todo. Y no quedan ni los viejos raíles. Como es invierno, los galgueros han aprovechado la buena mañana para probar suerte con sus canes, aunque después de las últimas lluvias el terreno está pesado para que los galgos les muestren su destreza tras la rabona. Pero si el campo estaba embarrado para los perros, también para nosotros. De un camino arenoso pasamos a otro arcilloso donde empieza a acumularse barro en nuestras ruedas y nos impide el avance, así que tenemos que poner pie en tierra para poder mover las bicis. Nuestros pies quedan en la misma situación que las ruedas, así que cada poco tenemos que parar a quitar el barro que nos deja atorados. Mal empezamos.

Ante lo imposible de estos caminos, decidimos seguir los nuevos caminos de servicio que han realizado junto a la nueva vía del AVE, que sigue un trayecto paralelo al del antiguo ferrocarril.

Pinar La llanura parece infinita: al norte delimitada por los últimos páramos calcáreos de la provincia y al sur, lejos pero que da la impresión de tocarse con la punta de los dedos dada la claridad del día, aparece las estribaciones del Guadarrama con sus cumbres nevadas. Y nuestro punto de partida queda bien señalado en lo horizonte con el incesante humo que sale de la cercana fábrica de azúcar.

Con estas llegamos a Ciruelos de Coca. Vemos que la estación se mantiene intacta y queda claro el nombre de la antigua propietaria de la vía, la Compañía de Caminos de Hierro del Norte de España, pues letras bien grandes aparecen coronando el tejado del edificio. Allí intentamos de nuevo seguir el antiguo trazado entre tierra y balasto, pero el barro vuelve a hacer acto de aparición, así que decidimos seguir la poco transitada carretera que nos lleva a Coca. Antes nos desviamos para conocer la estación de esta localidad, más moderna que las anteriores aunque en un lamentable estado de abandono.

Ciruelos

Seguimos nuestro camino hasta el tajo del río Voltoya, salvado mediante un puente de hierro que decidimos cruzar. Abajo quedan los restos del antiguo molino de el Batán y a nuestro lado nos acompaña el nuevo viaducto del AVE. En este lugar se produjo un accidente en abril de 1940 cuando el tren arrolló a varios trabajadores que estaban reparando el puente, falleciendo dos, seis heridos y el resto pudo salvar la vida al tirarse al río desde 20 metros de altura.

puente Damos una vuelta por la vieja Cauca vaccea acercándonos hasta la antigua torre románica del XII de la iglesia de San Nicolás que luce bien visible desde la distancia. Desde allí se contemplan las riberas del Voltoya y del Eresma. Al lado sale nuestro camino hacia el afluente, no tiene pérdida pues sólo hay que seguir las flechas amarillas del Camino de Santiago de Madrid. Nada más cruzarlo comienza el mar verde de pinos que acompañarán al Eresma hasta casi su confluencia con el Adaja, entre Matapozuelos y Valdestillas. Sus húmedos caminos arenosos facilitan nuestro avance, parándonos a contemplar el sangrado de los negrales, que han vuelto a trabajarse para la extracción de la resina.

Salimos otra vez al llano dejando atrás los pinares para cruzar Villeguillo tomando dirección hacia Llano de Olmedo que no hace honor a su nombre, ya que está emplazado en un pequeño promontorio. Antes de llegar nos paramos ante los bodones, los dos más cercanos al pueblo con abundante agua y fauna. Nos llama la atención la decoración a base de muérdago de la puerta de la iglesia de San Pedro, siguiendo la antigua tradición celta de utilizar esta planta parásita de algunos árboles, entre ellos el pino, como protectora del hogar, ahuyentando los malos espíritus. Su nombre científico es el Viscum album, que hace referencia a la viscosidad pegajosa de sus bayas, que se utilizaba antiguamente para atrapar pájaros mediante una pasta pegajosa que se conocía como liga.

carcava chica

Nada más entrar en Aguasal nos encontramos con la Cárcava Grande, bodón muy cuidado que hace un siglo llamaban gansería, debido a la dedicación que daban a esta laguna. Ahora está ocupada por sus primos pequeños, patos y fochas. Al otro extremo de este pequeño pueblo, aparece la Cárcava Chica, también habitada por anátidas. Vemos cerca Olmedo al que llegamos en un suspiro. Nuestra ruta ha terminado casi al punto de meterse el sol, no en balde es el día más corto del año.

muérdago

Renacimiento en Olmedo

23 marzo, 2013

Olmemdo y bodones

Las lluvias caídas últimamente han devuelto el paisaje a su estado normal: las fuentes vuelven a manar, los bodones pueden nombrarse como tales, los arroyos llevan agua y algunos ríos hasta quieren desbordarse. Claro que los ciclistas hemos de salir a pasear sabiendo que puede caernos un buen chaparrón y que, al estar la tierra mojada, las ruedas tienen a pegarse al suelo, y hay que gastar mas fuerzas al dar pedales. Pero compensa por ver el campo húmedo y hasta verde; todo augura una buena primavera.

Este paseo lo dimos por las tierras de Olmedo –Aguasal, Llano, Fuente Olmedo- hace unos días, y su recorrido no supera los 31 km.

Almendros

Las fuentes

Descubrimos, en la linde de un pinar, la fuente Lavar, rodeada de huras de conejos y manando el agua de la misma arena. No pudimos decir lo mismo de la fuente      , desaparecida hace unos años. Sólo quedan los restos del abrevadero.

¡Y maravilloso el paraje del Pilón de la Reina! Una ladera, un prado de un verde brillante, un buen chorro de agua, un generoso abrevadero, tres álamos a los pies y, al fondo, los bodones Blanco y Juncial.

Claro que tampoco debemos olvidar las fuentes del propio Olmedo, como por ejemplo la fuente del Caño Nuevo, de Carlos III, que surte de agua al antiguo lavadero, de 1927 cuando era alcalde Federico Sanz.

la laguna

la laguna

Los bodones

No es que estén desbordados, ni mucho menos, pero la mayoría tienen agua. Casi todos los largos humedales de la zona tienen unos dedos de agua en muchos puntos; en las hondonadas se han formado charcos y los clásicos bodones tienen agua: ahí está el bodón Blanco –antaño tuvo anejo un balneario- con un charco central y otro alrededor en forma de anillo; el bodón Juncial que esconde el agua entre los juncos y con el camino que lo atraviesa intransitable; el de Grijota,  el de la Vega, el Guarrero, el humedal de la Cochilla

Después de comprobar que algunas lagunas de la raya de Segovia estaban secas, tal vez a consecuencia de las alcantarillas de drenaje, vimos que la laguna de Caballo de Alba había vuelto por sus fueros y tenía un nivel aceptable, a pesar de que no tiene casi fondo. Su ancho se aproximaba a los 500 metros. Patos y gaviotas se movían a sus anchas.

Hondonada de Aguasal; el páramo al fondo

Hondonada de Aguasal; el páramo al fondo

..y los miradores 

Estas tierras de Olmedo no son tan llanas como parecen. Pasamos por diferentes miradores sobre el valle del Eresma y su alfombra de pinares y al fondo los páramos con el castillo de Íscar, o la hondonada de Aguasal con innumerables charcos y el AVE corriendo de punta a punta.

Una agradable excursión, como tantas otras. Con sol y sin barro hubiera sido más agradable aun. Pero no se puede pedir todo.

Fuente de los Arenales