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Una mirada al paisaje

14 abril, 2016

El pasado fin de semana asistimos a un simposio sobre el paisaje organizado por Joaquín Díaz en la bodega Heredad de Urueña. La sede parecía elegida a propósito pues se levanta en una ligera elevación sobre Tierra de Campos que domina la suave vega del Sequillo a la vez que resulta dominada por el perfil murado de Urueña, encaramada en el canto del páramo.

Mirando el paisaje desde la "Heredad"

Mirando al paisaje desde la “Heredad”

Las intervenciones fueron gratas e interesantes. Gratas porque se estaba allí muy a gusto con Germán Delibes, que nos explicó como si lo estuviéramos viendo el paisaje en un poblado hacia el año 2.500 a. C. en Villalba de los Alcores, o con Miguel Delibes de Castro que nos contó sus experiencias a propósito del paisaje y ecología, o también con Juan M. Báez Mezquita que disertó de manera deliciosa sobre el paisaje a través de la historia de la pintura. E interesantes porque profesionales tan buenos supieron poner a disposición del público su sabiduría acumulada durante años de dedicación y trabajo. La verdad es que les seguíamos encantados y absortos en su discurso. No sé el tiempo que utilizaron en sus charlas, pero se nos pasaron en un abrir y cerrar de ojos.

Otras conferencias fueron, también, muy sugerentes. Por ejemplo Leonardo Servadío  nos condujo a un futuro hipotético, posible y tal vez inquietante en el que, después de regenerar las urbes, campo y naturaleza estarían presentes en las ciudades, a la vez que éstas podrían llenar un campo automatizado y tecnificado.

Atardecer en el páramo

Atardecer en el páramo

Por su parte Albert Cortina, propuso las modernas y progresistas Cartas del paisaje, que funcionan como instrumentos de concertación y participación frente a reglamentaciones u ordenanzas. Además, estas técnicas ya se están experimentando de manera positiva en algunas regiones españolas, como el Priorato. En su intervención, José Luis Carles nos ayudó a percibir la sonoridad del paisaje, y Cristina Palmese, por su parte, nos llevó de paseo a saborear paisajes tan visuales como sonoros…

Para terminar, la Heredad de Urueña nos invitó a degustar sus caldos. Un agradable tinto y un clarece de primera ciertamente.

Urueña desde el canto florido

Urueña desde el canto florido

Si el sábado hizo un día excelente para contemplar la puesta de sol en la paramera y disfrutar del comentado paisaje, nosotros aprovechamos el domingo a medio día para dar un paseo por los alrededores de Urueña. Pero hizo terrible: viento helado y racheado, con aguaceros continuos. A pesar de eso y de que el barro de los caminos se nos pegaba a las suelas, logramos llegar a las ruinas del monasterio del Hueso, subir al páramo de Almaraz y bajar a la ermita de la Anunciada. Ya de vuelta a la ciudad, nos tomamos un clarete –para entrar en calor- al pasar por Torrelobatón.

¡Muchas gracias, Joaquín!

 

Árboles en otoño

13 diciembre, 2009

El otoño se nos está yendo, pero nos ha dejado -como siempre- una alfombra de amarillo y ocre en los caminos y sendas que atraviesan alamedas; ha desnudado a los árboles que se le han rendido, ha vestido de verde los prados y el suelo de pinares, y a todos aquellos que salimos a pasear en bici o andando, también nos ha dejado la retina repleta de tonalidades calientes…  que ya han pasado a la memoria, donde siguen viviendo, como bien lo dijera el poeta (Salinas, en este caso):

Mientras haya…
memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.

Ya hemos visto algunos paisajes otoñales, así como sus frutos. Pero tal vez lo más característico, por llamativo, sea el cambio en el atuendo de los árboles.


Los pinos, las encinas y los enebros no cambian de hoja de manera tan radical. Lo van haciendo poco a poco a lo largo de su vida. Pero también agradecen el tiempo de otoño para quitarse de ecima la polvareda que han ido acumulando con la sequedad del verano. Ahora están más lustrosos, verdes y brillantes. Contrastan perfectamente en el paisaje delante del cielo azulado o gris.

Los demás árboles, propios de zonas más o menos húmedas como los chopos, álamos, pequeños negrillos, alisos, sauces y fresnos, y aquellos cultivados por el hombre hasta hace poco -higueras, almendros, nogales,moreras- van perdiendo su hoja conforme avanza el otoño y la mayoría pasa, previamente, del verde al amarillo.  Primero amarillean las hojas bajas y luego las altas. Cuando caen éstas, hace tiempo que aquellas cayeron. Todo con orden y a su tiempo, aunque este sea relativo…

Un caso curioso es el del roble, cuyas hojas se vuelven amarillentas, pero permanecen en el árbol hasta bien entrado el invierno. Casi hasta que echa las nuevas.

Y lo mismo les pasa a la mayoría de los arbustos,también cambian de hoja en otoño. Mientras, el verde de musgos y hierba se enseñorea, y también domina el paisaje. Y entre este verde, numerosas setas hacen su aparición como para compensar la ausencia de flores.

Así es el otoño.

El actual está siendo largo y tardío. Incluso parece que no va a llegar el invierno y que pasaremos directamente a la primavera. Aunque todavía queda un rato, y todo el tiempo de invierno por delante, lo cierto es que aún podemos ver muchos árboles con las hojas amarillas -e incluso con algunas verdes- que no han caído todavía.Y así permanecerán en tanto no lleguen los primeros hielos.


En esta misma bitácora puedes también ver árboles en invierno y frutos de otoño

Paisajes de Castronuevo

23 mayo, 2009

CastronuevoLa ciudad de Valladolid nació entre las Esguevas; aguas arriba se encuentra Renedo, y la tercera población a orillas del Esgueva sería Castronuevo. Es muy antigua: se han encontrado restos prehistóricos y romanos, pero la historia del Castronuevo actual comienza con la repoblación castellana, instalandose aquí seguramente un castillo nuevo.

Pero dejemos la historia a un lado para hablar del paisaje.

Hilera de almendros

Ya hemos pasado muy cerca de estos lugares en la ruta de la fuente del Pocico. Si tomamos el camino que sale de la carretera del Valle Esgueva para bordear el campo militar, llegaremos a la colada de Cabezada, inconfundible por su suelo siempre blanco y normalmente seco, con abundante piedra caliza. Por ella llegaremos hasta el borde del páramo desde el que se divisa el valle y Castronuevo en primer término.

Desde aquí -y también desde el pinarillo que hemos dejado a la derecha- podemos contemplar los mil detalles del valle y del propio páramo. Vemos los esquemáticos dibujos realizados con almendros en las laderas, las hileras de estos árboles, los caminos adornados ¡también con almendros!, los tapiales de piedra, restos de corralizas, las alamedas lejanas… Más adelante veremos también, lejano, Villarmentero…

Almedros desde el aire

Otra posibilidad es subir directamente desde Castronuevo. Son varios los caminos y cañadas que se dirigen al páramo, muy utilizados especialmente cuando el campo militar no constituía una barrera infranqueable.

Almendros en la ladera

Árboles en invierno

21 diciembre, 2008

¡Qué colores y tonalidades muestran la mayoría de los árboles de nuestros campos en otoño! Incluso en verano, cuando todo es fuego, se agradece acogerse –relativamente fresco- bajo la sombra de un álamo.

roble

En invierno los árboles también tienen su encanto. Vemos perfectamente como se van adelgazando desde el inicio del tronco hasta el final de sus extremidades, las ramas. A veces se dividen en cientos, miles, de pequeñísimas ramificaciones.

Todos distintos, todos diferentes, pero todos siguiendo a su manera la misma regla. Se les ve mostrando su perfil. El color, ahora, es lo de menos. Nos muestran, por encima de todo, la forma. El color y tono los apreciamos más bien en verano o en otoño.

chopo

Los más llamativos son los robles. Claro que para observarles delgados es preciso a que entre de verdad el invierno. Bien porque ya estemos en fechas invernales o bien porque las heladas sean una realidad persistente… aunque el calendario señale sólo el otoño. Los robles se esparcen enviando sus ramas hacia todas las direcciones. Los almendros se dirigen, más bien, hacia arriba. Los álamos envían hacia arriba las ramas principales y las demás varían…

almendros

Y luego están las encinas y los pinos, que no sueltan su hoja en invierno. Como si fueran más tímidos, la van reponiendo a la vez que de ella se desprenden. Pero en invierno su vestimenta brilla más gracias a las lluvias, al viento y al frío.

Además, todos se adornan con musgos y líquenes que mantienen en razón a la humedad del invierno.

encina-reflejada

De manera que en nuestras salidas invernales podemos estar especialmente atentos a estos seres vivos tan peculiares y distintos a los humanos… ¡Qué paciencia la de los árboles, siempre sin moverse del sitio en el que nacieron!

También puedes ver árboles en otoño.