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Paisajes inesperados en Palazuelo de Vedija

18 diciembre, 2019

El término municipal de Palazuelo se encuentra en plena Tierra de Campos. Esto nos predispone a pensar que se podría tratar de un territorio áspero, monótono, duro. Pero nada más lejos de la realidad. De entrada, la Tierra de Campos no es llana y monótona, lo que podemos comprobar también en Palazuelo, pues aquí es un continuo conjunto de lomas, arroyos, tesos, fuentes, alamedas, lagunas… No hay dos parajes iguales en los más de treinta kilómetros cuadrados por los que se extiende el término.

Palazuelo se asienta en una suave vaguada que forma el arroyo Marrundiel. Una de tantas, pero diferente a todas las demás. Y sobre el mismo arroyo posee un punto, el Mirador, desde donde podemos contemplar buena parte de la vaguada que aquí, con sus palomares y su peculiar molino de viento, posee un encanto único.

Otro lugar clave en el territorio es el teso Trasdelafuente, que tiene la virtud de ser el punto más alto de esta comarca, con 813 m. Merece la pena acercarse hasta aquí: son sólo tres kilómetros desde la localidad y la vista compensa. Dependiendo de la estación podremos contemplar un cuadro de ocres, amarillos y marrones de tonalidades pastel (otoño) o bien un conjunto de verdes suaves (primavera) o amarillos pajizos (verano). Esto, del horizonte hacia abajo que, hacía arriba, dependerá de cómo nos haya tocado el día, pues en esta Tierra, el paisaje está siempre en relación con los matices y colores del cielo. Y no sólo por su color propio, sino también por el que refleja sobre los campos. Además, entre las lomas redondas y los campos ondulados se dejan ver al fondo Aguilar y Villamuriel. También sobresale en la rasante norte la propia localidad de Palazuelo. Por supuesto, el nombre hace –todavía- honor a la realidad y posee una humilde fuente que gotea escondida en la maleza… ¿de dónde sacará el líquido elemento?

Sin duda, entre otras zonas a destacar merece la pena citar a continuación Pozoviejo, laguna que se encuentra en el camino de Berrueces. Tiene un magnetismo especial, sobre todo en primavera y verano. Nada hace pensar que esta austera Tierra pudiera haber oasis. Pero los hay y uno de ellos es este extenso Pozo, con su alameda, su laguna –más o menos amplia dependiendo de la estación-, sus praderas… Refugio perfecto para aves de todo tipo; admirable contrapunto del duro paisaje castellano. Aquí se mantiene este oasis… esperemos conservarlo muchos siglos más.

Igualmente curiosa es la laguna de Hoyonjil, a unos 2 km del Pozo. No posee arbolado, sólo algún arbusto y abundante carrizo que llega a cubrir la poca agua que contiene. Es un verdadero hoyo donde se empantana el agua, en medio de las tierras de labor. Y no es fácil llegar a él, pues carece de senderos de acceso y hay que atravesar los campos de cultivo. Muy cerca vemos la Peretoza, con su senado de álamos en hilera, donde antaño naciera otro arroyo que engrosa el que nace de Hoyonjil.

El término no tiene casi árboles pero posee unas pocas y hermosas arboledas. Un ejemplo es La Alameda, entre el arroyo de los Olleros y un teso lo suficientemente escarpado para que no se pueda cultivar su ladera, si no es con una plantación de almendros. Aquí, los álamos son finos troncos que compiten entre sí hacia lo más alto para conseguir un rayo de luz. Hubo una fuente que no hemos encontrado, pero sí un manantial o encharcamiento en el lugar señalado por el mapa. Ya hemos comentado que el mismo Pozoviejo posee su alameda y, en el camino real de Villafrechós, orilla de la Girona podemos acercarnos a otra pequeño bosquete que surge, como por encanto, en medio de las tierras de cultivo.

Contribuye igualmente a dibujar el paisaje natural de Palazuelo un importante número de arroyos o regueras. En la mayoría de los casos no están acompañados de árboles ni tan siquiera de arbustos: solamente carrizos o espadañas –y a veces ni estos- señalan su curso o su nacimiento. Algunos nombres de estas regueras son el Perrón, el Moralejo, la Sangradera, el Lirial… Prácticamente las aguas de todos ellos acaban en el río Sequillo, salvo el que nace en Trasdelafuente o en el teso Engañaperros, que acaban en el Ahogaborricos.

Ya hemos mencionado más de una fuente. La verdad es que abundan los manantiales. Parece como si la loma más pequeña ocultara un venero en su interior que ve la luz en el lugar más inesperado. Así, desde La Alameda nos acercamos a la fuente del Tío Carrasquilla, literalmente cubierta de carrizo, pero fluyente. Desde el camino de Villafrechós caminamos hasta la fuente del Sol, ésta oculta entre juncales: no se ve, pero se oye perfectamente su fluir. Un poco más debajo de este camino, estaría la fuente de Castelar, hoy reducida a un chortal en épocas húmedas. Y la fuente del Botal, en el camino del Villaesper.

El paisaje de Palazuelo lo completaríamos con un paseo por el firme de la vía férrea, ha tiempo desmantelada, de Palanquinos. Tuvo aquí su correspondiente estación, muy arruinada hoy. El tren pasaba junto al Caño y saltaba el camino de Villalón por un puente de piedra del que vemos sus restos de robustos muros de contención. No deja de ser otro buen mirador para contemplar parte del pueblo y de sus campos.