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De puente a puente: vegas y sotos

25 octubre, 2014

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De puente a puente, o del soto a los cortados, o del monasterio de Palazuelos a la granja Quiñones, o… Y es que la vega del Pisuerga está llena de atractivos para el paseante de a pie o de a rueda. Además, ahora que estamos en otoño, las riberas ofrecen ese matiz ocre propio de la estación y que adorna los paisajes. Salimos de Cabezón por la orilla derecha del Pisuerga para volver, cruzando por el puente de Valoria, por la izquierda. Un paseo de 25 km.

Palazuelos

Santa María de Palazuelos fue la iglesia de un monasterio que ahora está en franca recuperación, al menos para usos civiles. De hecho cuando pasamos el domingo había una exposición denominada Grecos. Al lado, un pequeño y apacible cementerio; más allá, la pradera ¡qué verde ahora! de la granja Palazuelos y, un poco más adelante, una pequeña alameda que delata una laguna. Seca por el momento.

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Aguilarejo

Este lugar tiene un castillo moderno, pero todo aquí es historia, salvo el rebaño de ovejas. ¡Qué patio tan amplio y delicado, con una escultura de Virgen en medio y casas sencillas alrededor! Hoy está cerrado, pero antaño pasábamos por aquí para merendar o pescar en la ribera: había playas, lugares de pesca y una fuente. Pero eso es historia: las riberas ha sido en buena parte levantadas para colocar una pequeña centralita eléctrica.

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Pero Aguilarejo –o Palazuelos El Viejo, según reza la leyenda del otro edificio- es más que eso y aguas arriba de la presa cuenta con deliciosas riberas en las que casi se hace de noche en verano por lo tupido del arbolado. Ahora, la hierba estaba de un intenso verde brillante, como recién estrenada, los árboles comenzaban a amarillear y algunas plantas parecían revivir después de un sofocante verano. El lugar, digno del paraíso: descubrimos una lápida rota y sucia por el paso del tiempo, en la que uno de los antiguos dueños había labrado aquella estrofa del Poeta que dice

 Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura
y yéndolos mirando
con sola su figura,
vestidos los dejó de su hermosura

 Pues sí, el lugar es digno de tales versos. Un poco más abajo, desde otro prado salpicado de álamos y fresnos, disfrutamos del paisaje de los terrosos Cortados, vistos desde abajo y con el Pisuerga por medio.

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Vega de la Barca

La vega de la Barca (de la barca de Pereda), ahora plantada de maíz, es abrazada por el siguiente meandro. Suponemos que dentro se esconden numerosos jabalíes. Los terrenos cercanos al camino tenían las señales de abundantes hozadas. En la bifurcación, la fuente de Villavelasco con varios caños y exuberante vegetación. Cerca, más chopos amarillos.

Otro meandro, en el que bordeamos la Dehesa de los Santos que se encuentra cercada, para llegar al puente de Valoria, donde nos quedamos por el momento superada la primera mitad de la excursión. Dejamos la otra mitad para la entrada siguiente

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Por el valle del Pisuerga y el Canal de Castilla

7 diciembre, 2013

Dueñas Cabezón

Salimos de Cabezón de Pisuerga –o de Cerrato-  con la idea de llegar hasta las cercanías de Palencia por el Canal y luego volver por el páramo. Pero no llevábamos  una ruta trazada en ningún mapa, menos aun en un GPS, de manera que no nos sentimos obligados a seguir ninguna línea.

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Palazuelos

Para empezar, nos paramos un momento en el Monasterio de Santa María de Palazuelos y como allí nos encontramos con Justino, tuvimos la gran suerte de que nos enseñara la iglesia, o lo que de ella queda. A la vez que una maravillosa luz inundaba la nave desde la cabecera, nos habló de la historia del monasterio y nos mostró detalles muy interesantes: los enterramientos, las pinturas que han ido saliendo al limpiar el enfoscado de las paredes, diversas inscripciones tanto cultas como populares de hace siglos… En fin, se ve que los vecinos de Cabezón aman su patrimonio histórico artístico y quieren recuperarlo. ¡Ojalá lo consigan!

Todavía recuerdo un día, hace ya unos 20 años en que también pasé en bici y entré en este recinto: anduve recogiendo huesos esparcidos y medio quemados –humanos, claro- y depositándolos en un hueco que consideré mínimamente digno…

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Entre el Pisuerga y el Canal

Después de Palazuelos, el siguiente lugar visitado fue Aguilarejos. Es una pena que no se pueda bajar a la fuente y soto del Pisuerga, antaño lugar delicioso para pasar las tardes de verano pescando bogas y cachos. Ahora estas dos especies sólo se encuentran en la memoria de los pescadores y alguien ha infectado los ríos de todo tipo de peces que nunca nadaron por aquí. No importa, a algunos lo único que les preocupa es que no se diga en los medios que los lagos (Sanabria, por ejemplo) y ríos están sucios. Si lo están, o están llenos de especies foráneas, pero nadie dice nada, ¡estupendo!

Al fondo, en la otra orilla, brillan los cortados de San Martín. Aquí, a pesar del ruido de la autovía o del ferrocarril, podemos disfrutar de hermosas praderas y sotos, o del brillo del sol reflejado en el Pisuerga, que culebrea en sus meandros.

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Hasta la estación de  Valoria la Buena fuimos entre el río y el Canal; cruzamos la vía en los andenes y seguimos por el camino junto al ferrocarril, hasta que una nave nos cerró el paso y aconsejados por los perritos  seguimos definitivamente por la sirga. El viento era tan fuerte que llegaba a provocar un pequeño oleaje. El agua estaba trasparente –como en invierno- y azul debido al reflejo del cielo.

Soto de Albúrez

Cruzamos Dueñas y diferentes esclusas, junto a una de ellas se levanta la fábrica de harina La Estrella de Castilla, y atravesamos las choperas del valle del Carrión. Cada vez estamos más cerca del páramo: se dejaron ver algunas cuevas en los cortados. Al fin, al soto –o barranco- de Albúrez, lugar acogedor y sotavento. Tres esclusas juntas significan que el Canal está cambiado fuertemente de nivel. Aquí estuvieron detenidas las obras del Canal durante años: vemos que la primera esclusa es de planta ovalada, o sea, de las que se realizan en el siglo XVIII, y las otras dos son de planta cuadrada, construidas ya en el siglo XIX. Y sólo aquí encontraremos unidas dos esclusas rectangulares.

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Por lo demás, desde el barranco se divisa bien el soto del Carrión, la casa del esclusero es –al menos los buenos días de primavera- un bar, y tenemos fuente, mesas y barbacoa. Buen lugar para descansar.

Páramos, valles…

Desde el soto subimos hacia el ras del páramo. Detrás de nosotros se va alejando y agrandando el valle del Pisuerga, que aquí está unido al del Carrión pues es lugar de confluencia. Arriba nos cruzamos con uno de los ramales de la cañada real Leonesa, que va bordeando el páramo y saltando de pico en cuesta y de cuesta en pico para no molestar demasiado a los agricultores.

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Las tierras son rojas –lo cual es frecuente en estas parameras- y se encuentran salpicadas de matas de encinas. Enseguida una bajada técnica nos conduce al amplio valle de San Juan que nos lleva a Dueñas.

… y laderas

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Siempre es agradable rodar por una carretera no transitada, como es el caos de la que conduce a Quintanilla de Trigueros. El sol va de caída y pasamos por los corrales de Rascaviejas. En los Tres Pinos tomamos rumbo a Cabezón y saltando entre majuelos, campos de cereal, hileras de almendros y alguna cascajera llegamos a nuestro destino. El sol que nos ha calentado durante la excursión se acaba de ocultar y el frío arrecia.

Hemos rodado algo más de 60 km, he aquí el track.