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La Manga de Campos

21 enero, 2019

Mirando el mapa de la provincia de Valladolid vemos, entre los términos de Barcial y Bolaños, en plena Tierra de Campos, una larga manga que se introduce desde Castroverde, en Zamora, cortando nuestra provincia y separando los dos primeros términos municipales. Es curiosa, pues no hay otra igual; es larga –casi 3 km- y muy estrecha, unos 100 metros o poco más. No sé cuál será su origen, pero ahí está, llamando la atención de los que consultamos mapas.

De manera que allí nos plantamos en compañía de nuestras bicis. Y la Manga no defraudó, era tal cual la imaginamos al ver el mapa. Posee una ligera inclinación en subida hacia el este y los límites de sus tierras cultivadas coinciden, aproximadamente con los administrativos, es decir, los pagos que aquí vemos, que pertenecen a Castroverde, están rodeados por otros de los términos de Barcial al sur, Bolaño al norte y Aguilar –una puntita de 100 m- al este. Rozando el límite con Barcial discurre el arroyo Valdeburón, rico en juncos, espadañas y endrinos que a fecha de hoy estaban cargadísimos de endrinas muy maduras: ¡un sueño para el elaborador de pacharán!

El arroyo de la Manga

Otro dato a tener en cuenta es que muy cerca, donde se junta la reguera del Cargel con el citado Valdeburón se levanta o, por mejor decir, se caen, unos viejos corrales de barro con alguna piedra y una bodega. Seguramente se trata de un despoblado. Hay también una nave agrícola de mediano tamaño. En lo más alto de la reguera vemos el teso del Conjuro, cerca de las lomas de Miravientos.

Total, que Tierra de Campos es también una caja de sorpresas. Y vista La Manga, veamos otros paisajes, pues el viaje de hoy discurrió por Villafrechós, Villamuriel, antiguo firme del tren Burra, Cenascuras, Barcial, La Manga, Castroverde, Valderaduey, Villar de Fallaves, cañada de Benavente y Santa Eufemia. Osea, Tierra de Campos en estado puro.

En la trinchera del tren

Antes de llegar a Barcial nos salimos de la profunda trinchera que marca el tren de Palanquinos para subirnos al Cenascuras, o sea, a la Loma, para contemplar 360o de paisaje entre las laderas de Torozos, el valle del Valderaduey y el teso del Rey. Lástima que esa mañana todavía flotaban bancos de niebla en algunos horizontes. Fue el punto más alto de la excursión, y no es mal sitio como asomada. También hay que escribir que en la trinchera naufragamos. No en agua,sino en barro. Gracias a un manantial que allí surge –alguien está reconstruyendo la fuente- todo era un barrizal y las burras cuando las metes por sitios así engordan tanto que llega un momento en que no pueden andar. Y luego, claro, hay que hacerles la limosucción.

Paloma solitaria en Villamuriel

Barcial no es mal sitio para disfrutar de la arquitectura popular, especialmente si nos gustan los palomares de barro. Pero también veremos bodegas, los restos del castillo y de la estación, y la fuente de la Reguera, primorosamente reconstruida no hace mucho. Y la curiosa torre de la iglesia, con una cara de piedra y las demás de ladrillo.

En Castroverde y Villar de Fallaves nos llamaron la atención sus iglesias. En el primer sitio, Santa María del Río es una joya románica como pocas y su torre, de piedra que surge del barro, está tan desgastada que recuerda un picacho natural castigado por la secular intemperie. Y en Villar ha quedado un aislado arco isabelino en recuerdo de lo que fue en su día. En ambos lugares se utiliza un tipo de piedra, una especie de mezcla de caliza y arenisca, dorada, fácil de trabajar pero muy erosionable que da a los edificios un aspecto distinto y original.

Campos de tierra

Salimos de Villar por la cañada de Benavente, sin ovejas pero en cuesta, con tierras sembradas de cereal y algunos almendros solitarios. Nos condujo hacia Santa Eufemia, que también está rodeada de rústicos palomares, algunos todavía en explotación. Y, a pesar de que no posee cuestas ni lomas, se las arreglaron para contar con buenas bodegas: bóvedas de ladrillo recubiertas de tierra. Sin embargo, ya no quedan majuelos en estos Campos. Por eso, las bodegas se hunden sin vino, futuro y sin remedio.

Los ríos estaban helados y blancos, salvo la zona central de la corriente. El paisaje del Valderaduey se distinguía bien del resto de Tierra de Campos, pues es muy llano, con una ligera elevación conforme te alejas del río, con ausencia casi total de cuestas. Diríamos que hasta es monótono, si lo comparamos con las subidas, bajadas, revueltas, tesos y lomas que disfrutamos antes y después de este valle llano que deja ver al mismo tiempo las torres de Valverde, Villar y Villamayor.

Palomar de tierra. Todo es, aquí, de barro

También nos alegraron el día los llamativos pinarillos que te encuentras por esta Tierra, las numerosas lechuzas campestres que levantamoscuando pasaban el día posadas en el suelo esperando un ratoncillo despistado, así como alguna que otra lechuza común que, al vernos, salió de las ruinas en las que tenía su dormidero. No faltaron tampoco avutardas ni avefrías. Aquí, el trayecto.

Junto a la cañada de Benavente

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Por campos y valles, o de Villagarcía a Valdenebro

17 enero, 2015
Fuente de Cañicorrales

Fuente de Cañicorrales

(Viene de la entrada anterior)

En Villagarcía nos hablaron de una fuente no lejos del molino, y allá nos fuimos. Se llama de Cañicorrales, y se encuentra en el comienzo de la ladera del páramo, en medio de un sembrado de cereal. Antaño no debió de ser exactamente así, pues la senda del Aguador unía la fuente con el pueblo. Se trata de una gran arca cerrada con bóveda de medio cañón que recoge las aguas de una manantial. El agua sigue fluyendo hoy si bien, a unos cien metros, resulta absorbida por el terreno.

Un buen rebaño de ovejas pasta en un perdido junto al camino. No hay pastor, sólo dos mastines leoneses que se acercan hasta nosotros ladrando, por si acaso. Y nosotros, por si acaso, aceleramos el ritmo. ¡Qué bien lo saben hacer estos currantes! (Y los filósofos les llaman irracionales)

Chozo

Chozo

El sol ha salido. Se han abierto grandes claros en el cielo. Se ve la niebla pegada en la superficie del páramo; mucho está costando que se vaya. Pero ahora rodamos cuesta abajo y con el viento en popa. Nos paramos para contemplar un chozo de pastor medio derruido en el pago de Las Arenas. Al menos este no ha corrido la misma suerte que el chozo de Miraflores, que levantó oleadas de artículos. Este va a desaparecer bien calladito, sin que nadie se entere. Tiene una piedra con tonalidades naranja preciosa. En un día como hoy resultaría un agradable hogar al pastor correspondiente. ¡Qué viento tan frío!

Palomar

Palomar

 

Cruzamos el Sequillo -¡qué fría debe estar el agua!- queriendo ir Tordehumos, pero no. Nos dedicamos a perder el tiempo –conste que lo damos por bien empleado- en los variados palomares que vemos a nuestro paso. Unos solitarios, otros en cercados donde hubo pajar, almendros, garrafales e incluso alguna noria; unos de planta circular, otros cuadrados; unos con adornos, otros más sencillos pero, desgraciadamente, todos en ruina, o sea volviendo a la tierra de donde salieran hace ya ¿cuántos años? La verdad es que algunos de estos recintos fueron algo así como el paraíso terrenal para sus dueños: palomar que daba pichones tiernos, noria que sacaba agua, cermeños que daban perillos, higuera higos, almendros almendrucos, pajar para las bestias, e incluso algún pequeño bacillar de albillo que acababa produciendo buen caldo… Pero, hoy día, lo despreciamos.

Ahora no nos queda más que rodar. Primero por carretera hasta Villabrágima, donde la torre de Santa María y la del Reloj devuelven los rayos de sol. Nos desviamos en el humilladero y ¡qué bien se rueda con el viento a favor! Y con la luz del sol, que también nos empuja a su manera después de tantos días de nieblas. En la lejanía, se esfuma la torre de Santa María, en Medina de Rioseco. Al norte, la meseta de los Torozos no nos deja.

 

Puente para el Tren Burra

Puente para el Tren Burra

Entramos de nuevo Valverde de Campos. Cruzamos bajo el puente del Tren Burra. Nos sorprende una puesta de sol plena de arreboles. Subimos al páramo por Valdetura, primero suave pero luego se empina, en pocos metros. De nuevo cruzamos Coruñeses y, ya de noche, vemos las sombras -¿o son fantasmas?- de los quejigos del monte de las Liebres. Dejamos para otra noche pasear por este robledal buscando el diálogo de los fantasmas que allí sin duda moran. Hemos llegado a Valdenebro de los Valles a oscuras pero con luna.

27 diciembre 340

Cae la tarde

 

 

Palomares

2 mayo, 2010

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Hay elementos construidos por el hombre que se han asociado de tal manera al paisaje que ya forman parte de él. Es el caso de las corralizas en los páramos del Cerrato, los molinos y aceñas de los ríos, o los palomares en Tierra de Campos. Aunque son artificiales, no desentonan ni desagradan, al contrario, complementan las campiñas.

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Los orígenes son, al menos, tan remotos como los chozos de pastor. Tal vez ya existieran con los vacceos, pero con los romanos no parece que haya duda; los columbarios fueron una realidad hace dos mil años.

En el caso de Tierra de Campos, los palomares formaban parte de un ciclo vital y económico: la abundancia de cereal garantizaba la vida de las palomas, que a su vez producían un excelente abono para los campos, y que suponían también un complemento en la dieta campesina.

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Hoy la mayoría de los palomares ya no se utilizan. Y como son de barro en esta comarca, poco a poco pero irremisiblemente, están volviendo a la tierra. Muchos han desaparecido por completo. Otros, cuya forma se asemeja a un enorme muñón, están siendo literalmente absorbidos por la tierra. Otros, en fin, aun cumplen la misión para la que fueron construidos.

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Los hay para todos los gustos: pequeños y grandes, circulares y cuadrados y de mil formas poligonales; con patio interior y exterior, con torre y sin ella, austeros y con adornos, con cubiertas a un agua y a varias…

Al interior todos tienen los nichos para que las palomas aniden. Las paredes interiores suelen estar próximas unas a otras, para aprovechar bien el espacio. Además, así el dueño puede más fácilmente escalar por ellas para acercarse a los nichos más altos…

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En las rutas que hagamos por esta comarca –que se extiende también por las provincias de Zamora, Palencia y León- encontraremos en el horizonte, como signo de identidad, la silueta de uno o varios palomares.

barcial

Estribaciones de Torozos entre Hornija y Bajoz

18 octubre, 2009
Arroyo Marrundiel; al fondo, perfil del cerro de las Canteras

Arroyo Marrundiel; al fondo, perfil del cerro de las Canteras

Además del cerro de las Canteras, al que dedicamos la entrada anterior (véase el mapa en esa entrada), en  la ruta desde Villalar de los Comuneros podemos señalar también otros puntos interesantes en esta excursión que discurre por lo que podríamos denominar estribaciones del páramo de los Torozos en los valles del Hornija y el Bajoz.

  • Molino Nuevo

Molino Nuevo
Poco después de salir de Villalar dejamos un parque con su fuente -lugar aradable en verano- y, cruzado el Hornija, tomamos una buena pista paralela al río. Al otro lado, tras una alameda, en la orilla izquierda,se divisan las ruinas del llamado Molino Nuevo, que posee tres impresionantes cárcavos.Desgraciadamente, tanto el entorno del molino como el mismo río, suelen estar secos. Y no se puede llegar a él, pues está cercado en razón a que suele haber ganado.

  • Las fuentes de Pedrosa

La Fuentica
En Pedrosa del Rey,después de contemplar la torre del cementerio, que perteneció a la iglesia de Santa Cruz,nos acercamos a la plaza mayor. Además de la esbelta iglesia, vemos a su lado -y bajo el Ayuntamiento- la vieja y hundida fuente del Caño que ha sido recientemente restaurada.
Antes de salir saludamos a la Virgen de Gracia en su ermita junto a la fuente construida por la Hermandad de Ganaderos en MCML, que posee al lado un larguísimo abrevadero.
Y por si fuera poco, ya en las estribaciones del cerro que nos separa de Casasola, nos refrescamos en la Fuentica, escoltada por dos olmos, que también ha sido restaurada con un moderno sotechado y algunas mesas de madera.

  • Más canteras y Casasola

Caseta, era de Casasola
La subida es fuerte, pero la recompensa merece la pena: el valle del Duero se nos ofrece, inmenso, a la vista. Cruzamos entre restos de lo que fueron canteras; los conejos han consquistado este territorio en el que no se cultiva y parece que viven tranquilos.Bajamos la cuesta Blanca entre almendros al mismo tiempo que contemplamos Casasola de Arión, abrazada por el Bajoz. Merece la pena dar una vuelta por las eras para ver interesantes construcciones tradicionales.
Ya enfilando el cerro de las Canteras nos acercamos a la ermita de la también Virgen de Gracia, todavía en construcción y totalmente moderna, pero equilibrada y agradable.

  • Villalbarba

Cuesta Redonda
Ya de vuelta pasamos por Villalbarba, localidad recostada junto al Bajoz y entre cerros redondos. Posee ese encanto propio de los lugares un tanto alejados de las vías ordinarias de comunicación. La fuente o pozo que tanto servicio diera en otros tiempos la vemos primorosamente restaurada. Abundan también las sencillas casas de barro y los palomares circulares.

Ya en Villalar descubrimos las ruinas de palomares de barro que todavía conservan un aire ciclópeo. ¡Debieron albergar millones de palomas y pichones! Esta tierra, en las estribaciones del páramo está también muy cerca del Duero y de Tierra de Campos, por lo que tanto el paisaje como la arquitectura popular posee distintas esencias.

Villalba de la Loma

1 mayo, 2009

villalba-de-la-loma69 km

¿Has estado alguna vez en Villalba de la Loma? Seguramente no, pues es una pequeña población sin atractivos aparentes, alejada de la capital y queda a trasmano de cualquier ruta.

Pero fue la primera parada en nuestro trayecto después de cruzar el Valderaduey en Castroponce. En Villalba se respira la luz de Tierra de Campos. Se esconde -y se presenta- entre llanuras alomadas, posee una fuente romana –un tanto modificada por el cemento de nuestro siglo- y palomares de todos los tipos y en todos los procesos de vuelta a la tierra. Por si fuera poco, la torre de la iglesia de San Andrés –lo único que queda de la iglesia- se ha aprovechado como atalaya terracampina.

villalba

En Saelices –San Felices– nos encontramos con el Cea. Una ermita blanca que brilla entre verdes cereales nos saluda en las afueras, aún en Tierra de Campos. Detrás, un palomar del mismo color y más atrás aún, Espigüete y Curavacas también se visten de blanco…  Luego, en el cauce del Cea, un viejo molino con su puente cortado se cae poco a poco mientras un pescador intenta –sin mucho éxito- engañar a los barbos. Una fuente en la ribera nos recuerda la de Villalba.

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Y los palomares  se extienden de nuevo por la campiña del Cea. Vamos hacia la dehesa de San Llorente, ahora por el páramo leonés.

Nada hemos dicho de Castroponce, pero es otro de tantos pueblos de esta Tierra. De su personalidad resalta un teso aprovechado hoy para horadar bodegas si bien antaño hubo un castillo y mucho antes un poblado prerromano. La vega del Valderaduey le da agua y cierto frescor.

Piedras y palomares en la Tierra de Campos

30 mayo, 2008

Ya hemos comentado algunos hitos simpáticos de esta excursión. Nos quedan todavía, al menos Villanueva y Villardefrades, ya en plena Tierra de Campos. Desde ellos se divisa la línea del páramo de los Torozos, al sur, y de manera muy particular la ciudad amurallada –y villa del Libro- que es Urueña. Pero de ella hablaremos en otra ocasión.

A Villanueva llegamos siguiendo el camino que hay junto a la orilla izquierda del Sequillo. Y ya desde este camino podíamos ver uno de los atractivos de esta localidad: sus viejos y abundantes palomares de barro.

Pero antes pudimos observar la torre de la iglesia parroquial de San Pedro, con su balcón terraza en el mismísimo campanario. Desde luego, no puede ser más original.

Y enseguida nos fuimos hasta lo que nos había llamado la atención: los palomares que están al Oeste del pueblo. Uno de ellos se encuentra en una especie de corral circundado por tapiales de barro. A pesar de que están protegidos por su correspondiente tejadillo, el tiempo y la lluvia han sido más eficaces y, poco a poco, los muretes se desmoronan.

En el centro, se levanta un amplio palomar, hoy en ruinas. En realidad son como cuatro palomares, que van ganando en altitud conforme se acercan al centro. Evidentemente, ya no quedan palomas. Volaron hace tiempo hacia otros palomares… o al menos eso se podría suponer.

Un poco más allá, otro palomar de barro donde también el tiempo trabaja sin que nadie le pare. En este caso, por la puerta de la tapia se entra a un corralillo que separa dos palomares, cuyos tejados vierten hacia dentro, hacia el patio. ¡Qué distintos, que originales y que joyas de la arquitectura tradicional son ambos palomares.

Si seguimos por los alrededores del pueblo, seguiremos visitando palomares, pues no en vano estamos en la Tierra de Campos, donde se criaron –y aún se crían- los mejores pichones para la cazuela. Damos fe.

Villardefrades

Como se encuentra en la autopista de Madrid a La Coruña, esta villa de los hermanos o de los frailes nos resultará conocida. Nos presentamos en ella viniendo de Villanueva y después de atravesar campos repletos de cereal.

¿Qué es lo más llamativo? Pues la iglesia sin cubrición –inacabada- de San Adrés, que se inició hacia mediados del siglo XVIII. ¡Qué pena, no? En Castilla parece que los monumentos o bien se nos caen de viejos o bien no llegan a terminarse. Estas piedras son verdaderos sillares, perfectamente labradas y colocadas. Las naves y los muros que las forman son nobles; al igual que los pilares o columnas, incluso dispone de amplias sacristías, de manera que no iba a ser una iglesia cualquiera, pero… se quedó a mitad de camino, que es lo peor que le puede suceder a un gran proyecto.

Pero también es llamativa la iglesia parroquial, no por su estilo o sus aires, sino porque está dedicada a San Pelayo y a… ¡San Cucufate! Para que luego se diga que en Castilla no queremos a los catalanes. Nada más falso.

Y si nos alejamos un poco de la localidad hacia el Noroeste podremos visitar, en una suave loma, ruinas de antiguos molinos de viento. En alguno de ellos, a sus pies, vemos las viejas piedras molineras.

A petición de María Rosa incluimos la información siguiente sobre la

IGLESIA DE SAN ANDRÉS DE VILLARDEFRADES

Iniciada en 1751con dinero del ilustre hijo de Villar Fray Andrés González Cano, Obispo de nueva Cáceres en las Indias Filipinas, se levanta la Obra en medio de la villa dedicada a San Andrés, patrono del Obispo. Murió tan ilustre prelado sin haberse terminado esta iglesia, dejando fondos para ello, mas hoy en día permanece inconclusa. Fundó el prelado 17 Obras Pías (según se deduce de las cartas enviadas a su primo y administrador), dotándolas con un capital de 80.000 reales de a ocho mejicanos depositados en la Cofradía de Misericordia de Manila. Esta Congregación sería la encargada de suministrar los fondos en pequeñas partidas, para salvar los riesgos de la piratería y de las tormentas que acontecieran en alta mar, con destino a los Dominicos de Madrid, donde se cobrarían por quien el administrador de Villardefrades designara. Largo viaje para tiempos inciertos. En dichas Obras Pías se recoge la voluntad de este generoso Fraile de construir dos iglesias en este su pueblo:

– La “Ermita de la Media Villa”, hoy parroquia del municipio.

– Una segunda iglesia con tres naves de grandiosas proporciones y cinco altares dedicada a San Andrés Apóstol, hoy conocida como La Obra.

La Ermita fue concluida en 1751 gracias a los bienes otorgados por su fundador, pero no corrió la misma suerte la segunda iglesia de San Andrés.

Por lo pronto comenzaron a correr las obras con al menos ocho años de retraso debido a la pérdida en alta mar de una nave con 30.000 reales a bordo con destino a los Dominicos de Madrid (hecho constatado en las mencionadas cartas). A partir del año 1790 las partidas anuales del dinero otorgado por Fray Andrés dejan de llegar, y no se reanudan hasta 1859, sólo por 9 años más. En 1868, estando el templo levantado sólo en parte, los fondos asignados no llegan más, y en consecuencia hay que suspender también la construcción de lo que a partir de ahora se dará en llamar La Obra. El tiempo y la falta de documentos al respecto ha hecho muy difícil esclarecer lo real del asunto.

Finalmente haremos mención a las ya citadas Obras Piadosas en las que este generoso hijo del pueblo recoge también su voluntad y otorga sus bienes para sostenimiento de su parentela a fin de que tomen estudios o vida religiosa. A la vez se ocupa, con una generosa asignación anual, de los pobres de Villardefrades, así como de las parroquias de este, su pueblo natal, y de los pueblos vecinos de Villavelliz y Cabreros del Monte, que disfrutarán también del altruismo del Obispo.

La iglesia de San Andrés construida en piedra de sillería perfectamente escuadrada en los años centrales del siglo XVIII. Tiene tres naves separadas por arcos de medio punto que se apoyan en pilares cuadrados adornados con pilastras cajeadas. La nave mayor se pensaba cubrir con bóveda de cañón. Entre las portadas destaca la de los pies, que presenta un arco de medio punto flanqueado por dos columnas dóricas de fuste estriado. Este templo es una obra cumbre de la arquitectura vallisoletana del siglo XVIII, estando su estética a caballo entre los estilos barroco y neoclásico.

El reloj de sol fue construido hacia 1763 en el ángulo suroeste del templo, mirando hacia poniente. Lleva una numeración arábiga de 6 a 6 formado por dos mitades en ángulo recto. Como anécdota, se queda en sombra la mayoría de los días comprendidos entre el equinoccio de primavera y el de otoño. No tiene varilla, por lo que no funciona.