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El pico del Tajón

17 agosto, 2016

Pico Tajon Villaco 2016

El Valle Esgueva se extiende, con curvas muy suaves, de este a oeste desde su nacimiento en las peñas de Cervera hasta Valladolid. Aunque la forma que predomina es la típica de artesa (fondo plano y laderas de media inclinación) sobre todo en su curso medio y final,  también se encuentra roto por los frecuentes vallejos que a él se dirigen. O por colinas y tesos, que es el caso que nos ocupa hoy.

Hileras de chopos en el Valle Esgueva

Hileras de chopos en el Valle Esgueva

Efectivamente, frente a Villaco vemos lo que denominan el Cueto, aprovechado para instalar algunas antenas de telefonía. Pero detrás tenemos el pico del Tajón, especie de colina que, arrancando desde el páramo quiere meterse en el valle y, hasta cierto punto, lo consigue. En el lado este tiene una caída más abrupta -¿de ahí lo de tajón?- poblada de monte de roble. Hacia el oeste, por el contrario, la ladera es suave y dedicada al cultivo de cereal. En el extremo de la lengua y en otros puntos alguien ha construido pequeños refugios de piedra del páramo para protegerse del viento y disfrutar apaciblemente del paisaje. Pueden verse Piña y Villanueva, y hasta la salida del Valle Esgueva. Por el oeste la visibilidad es menor, pero alcanzamos a distinguir, por encima del ras, el Otero de Encinas de Esgueva. Pero bueno, seguro que cualquiera que vaya de nuevas por allá descubre vistas interesantes…  Y es que el lugar merece la pena.

Desde el Tajón

Desde el Tajón

A poco que rodemos por este páramo llegaremos entre bosquecillos de roble hasta el arroyo de San Juan, ya en Palencia y perteneciente a Hérmedes de Cerrato. Nada más salir del Tajón, vemos unos grandes corrales con tres chozos ya destruidos. No lejos, veremos también la casa de Usinio, de barro, y su pozo; la Cabañona; los corrales –¡en uso!- de Miranda; los de Valdealar, los de Roblepolonia. Todos ellos son ruina de lo que fueron, cuando los pastores pasaban largas temporadas en montes de abundante pastos, relativamente lejos del pueblo donde vivían.

Sobre el lomo del Tajón

Sobre el lomo del Tajón

Los vallejos nacen aquí muy cerca del valle que no es el de su río o desembocadura. Eso hace que el páramo esté muy cuarteado, que los campos de cultivo aprovechen superficies que dibujan formas caprichosas y siempre diferentes. Las laderas suelen estar cubiertas de monte de roble que prolongan sus líneas adentrándose en la superficie del páramo. Abundan también las hoyadas y navas; hay por todas partes piedras y majanos. Así, este páramo es muy diferente a los que conocemos en el resto de la provincia. Pasear por sus campos y caminos tiene un atractivo especial.

Uno de los chozos del Tajón, con buena chimenea

Uno de los chozos del Tajón, con buena chimenea

Como estamos en verano, aprovechamos para recorrer algunos tramos  a campo traviesa, de manera que descubrimos un corral cuadrangular de muros altos –pocos hay de este estilo- en la Roza, o un campo de girasoles en un corral muy extenso, en Valdelali. Y así, entre corrales –también vemos los de Marimartín-, pequeños montes y cañadas, y llegamos a ver la famosa Mata Fombellida, delante de Hérmedes. Finalmente nos dejamos caer hacia Torre de Esgueva donde reponemos fuerzas en el prado de la fuente, vigilados de lejos por palomares en ruina y por chavales que juegan al badminton.

Arco de Santa Clara

Arco de Santa Clara

Como el paseo nos ha parecido poco, desde el arco de Santa Clara que denota la existencia de un viejo castillo, en Castroverde, subimos por la colada de la Piojosa hasta el Pocillo, de excelentes aguas y con bomba en funcionamiento. Allí dejo olvidado el bidón de la bici. Por el Val y a campo traviesa bajamos hasta Villaco, no sin detenernos en fuente Odre a repostar y en el Esgueva a pegarnos un buen baño. El agua está fría en contrasta con la temperatura exterior.

La Cabañona

La Cabañona

***

Lo menos agradable de esta excursión fue el calor, pues eran las tres de la tarde cuando rodábamos por el áspero páramo. Pero la brisa continua del noreste hizo el trayecto llevadero. Los campos estaban ya agostados. Una cosechadora, allá, al fondo, todavía trabajaba en medio de un remolino de polvo. Casi todo se vestía de un amarillo pajizo difuminado por la luz de un verano en el que no ha caído una triste tormenta que limpiara la atmósfera. Como compensación, el monte de un gris marrón suavizado de verde que pedía agua. Eso sí, olores fuertes a tomillo y espliego.

Fuente Odre

Fuente Odre

Primavera en la paramera

4 abril, 2016

Velilla 2016

Jueves Santo, día para estrenar la primavera. Hemos dado un paseo por los valles y páramos occidentales de Torozos: páramo de Velilla, valle de los Berceros, páramo del Monte, valle del Hornija. Esto facilita la contemplación de paisajes diferentes: raso, valles y vallejos, muelas y mamblas, y llanura de Villalar. Las piernas se resienten con las cuestas arriba pero se relajan cuesta abajo. ¿Qué más se puede pedir para una breve mañana de 35 km?

El Hornija

El Hornija

Y ya casi hemos comentado la excursión. Todavía podemos añadir que el firme de los caminos estaba en perfecto estado a pesar de las últimas lluvias y que el cereal aquí, en las alturas, no llegaba aun a la altura de un palmo. Pero lo que más nos impresionó fue ver el río Hornija en su ancho valle como pocas veces: con abundante y limpia agua corriente. Y es que estamos acostumbrados a todo lo contrario: hasta hace pocos meses era un cauce seco, sobre todo al salir del páramo, o bien tenía un hilillo de agua sucia. También contemplamos algas y ovas que ondeaban a la corriente cual banderas al viento. Y si a esto le unimos el precioso puente de Gallegos, pues está dicho todo. ¡Que dure así el año entero!

Dejando atrás Berceruelo

Dejando atrás Berceruelo

Pasamos por varios pueblos que parecían despoblados. En Berceruelo visitamos las ruinas de la iglesia románica y las bodegas junto a las eras. En Gallegos, el ábside de la iglesia parecía estar sujetado y elevado por los cipreses que le rodean. En Vega de Valdetronco nos refrescamos en la fuente, junto a la iglesia de original fachada. En Bercero, en fin, rodamos por sus calles que son una lección viva de arquitectura popular… Pero gente, poca.

Entre suaves laderas

Entre suaves laderas

También pasamos junto a la mambla de Vega, de donde antaño se extraía el Blanco España; en otra ocasión nos acercaremos a ver cómo están sus pequeñas canteras. Igualmente, nos quedamos con las ganas de asomarnos al valle de Bercero desde el pico de Fray Gaspar, y también lo dejamos para otra ocasión. La verdad es que el paisaje es siempre inagotable. No sólo porque es ancho y variado, casi inabarcable; también porque cambia con las estaciones del año, y hasta con el día y la noche. Menos mal que no se mueve y que aquí nos espera para otras excursiones…

Traseras en Bercero

Traseras en Bercero

Un páramo y dos valles desde La Cistérniga

30 noviembre, 2015

29 noviembre 007Esta mañana la gélida niebla inundaba nuestros valles. Palencia, Valladolid y Zamora estaban sumergidas en ella. Sin embargo, la semana pasada había sido luminosa como pocas, sin nieblas ni nubes.

Así que ayer, domingo, salimos a primera hora. El campo estaba escarchado y los charcos con hielo. A veces, los ciclistas nos ponemos un periódico bajo la chaqueta cuando hace frío y hay que afrontar una larga cuesta abajo. Pero esta vez para nosotros duró poco la helada, pues fue empezar a subir la Cuesta Larga desde La Cistérniga y entrar en calor. Como su nombre indica, esta cuesta es prolongada y -por tanto- relativamente suave, pues en dos kilómetros superamos un desnivel de 100 metros. El sol y las cuestas son los mejores abrigos.

Las Mamblas entre neblina

Las Mamblas entre neblina

Arriba nos presentamos en las Tres Rayas –La Cistérniga, Valladolid y Renedo- desde donde tenemos una magnífica visión del final del valle Esgueva, con Valladolid incluida. Pero es que continuamos rodando y nos vamos al otro valle, al del Duero, donde el panorama no es menos magnífico, con las desafiantes Mamblas que separan al Jaramiel del Duero. Aquí vemos a este río flanqueado por los últimos páramos, pues precisamente entre Herrera y Tudela se libera de ellos.

Rodamos durante unos pocos kilómetros por la cañada real Leonesa disfrutando del sol para tomar dirección Tudela entre el páramo de la Negra y el de los Robles. (Ni vemos a la Negra ni tan siquiera a uno sólo de aquellos robles). Es una cuesta complicada y muy inclinada al principio, pero luego con buen firme. Nos dejamos caer por donde antaño se levantó la localidad de Santa Cecilia, de la que no quedas restos.

De velta

De vuelta

Finalmente, el Canal del Duero –sus aguas no suelen estar transparentes, como lo están hoy- nos lleva hasta el cruce del camino de Herrera a La Cistérniga, y lo tomamos hacia el norte.

¡Sin alejarnos de Valladolid hemos dado un agradable paseo de casi 30 km!

El recorrido

El recorrido

Donde el sol vence a la niebla

25 noviembre, 2015

Cogeces del MonteLo mejor de esta excursión es que disfrutamos de un día templado y soleado –en manga corta- mientras en Valladolid sufrían las consecuencias de la niebla sin ver para nada al astro rey, enfundados en sus abrigos. Y es que en los páramos es frecuente que luzca el sol cuando en los valles se estanca la niebla.

Dimos un paseo desde Cogeces del Monte hasta las cercanías de Langayo y Peñafiel. Relativamente corto, porque a uno de los ciclistas se le rompió, sin posibilidad de arreglo, la unión entre la tija y el sillín, de manera que a partir de ese momento volvimos por el camino más corto a Cogeces. No fue para tanto: 10 km sin apoyar el trasero se aguantan bien.

En la loma de El Brujo

En la loma de El Brujo

También destacaremos el maravilloso lugar que nos sirvió para almorzar: la suave loma de El Brujo se eleva ligeramente sobre la llanura, de manera que es un perfecto mirador que te muestra todo el contorno superando la visión rasea del páramo. Además, allí nos esperaba una mesa de piedra caliza con poyos del mismo material. Al lado, un guardaviñas también de piedra y unos cuantos almendros; los recolectores de almendrucos habían dejado algunos y dimos buena cuenta. Así que, mientras almorzábamos, disfrutábamos de la sensación de tener el mundo a nuestros pies porque, en realidad, estábamos en lo más alto del monte. No nos olvidaremos fácilmente de este estratégico lugar desde el que dominábamos incluso el castillo de Peñafiel.

Oreja al fondo

Oreja al fondo

Nos movimos en el ámbito de la vieja Cañada de la Yunta, que unía a través del páramo dos localidades importantes en la Edad Media: Peñafiel y Cuéllar, y que fue muy transitada hasta el siglo XIX. Hoy está en desuso, salvo para ser utilizada como vertedero de las piedras que los agricultores sacan de los campos adyacentes.

Valdemudarra

Valdemudarra

Naturalmente, pasamos junto a las ruinas del monasterio de Oreja. Debió ser muy impresionante este convento, románico por sus trazas y ya abandonado en el siglo XV. Tan bien construido estaba que hoy todavía mantiene en pie algunas paredes e incluso parte de su ábside; algunas de sus piedras de sillería podemos verlas en las casas de Langayo.

Aunque todo este páramo está pelado de árboles, exceptuando la zona de las Quintanillas, atravesamos un curioso monte mixto de encinas y robles, de casi un kilómetro cuadrado de extensión. Seguramente hace siglos todo el páramo era, más o menos, como este monte relicto.

La niebla en el valle de Oreja

La niebla en el valle de Oreja

Antes de terminar, volvemos a insistir en lo que disfrutamos en esta excursión de las vistas: Peñafiel, Langayo, el embalse de Valdemudarra, todo desde arriba. Canalejas, Campaspero, al ras. Y la niebla borboteando en los valles del Duero y del Duratón, y con un quiero y no quiero, juguetona, ascendiendo y descendiendo por el valle de Oreja en Langayo.

De vuelta

De vuelta

Páramo del Rey, ladera sur

21 octubre, 2015

Alcazaren 2015

Ya comentamos esta ruta en la entrada Cortados y páramos del Cega y Eresma pero sin mapa, de manera que aparece ahora sobre estas líneas. El inicio lo hacemos desde la villa mudéjar de Alcazarén, que significa los dos alcázares o castillos, pues aquí se bifurcaba el camino que, viniendo desde el sur, se dirigía a las dos ciudades más importantes de la comarca en el siglo VIII: Simancas y Cabezón. Y posiblemente había una fortaleza para vigilar cada camino.

Laderas desde Alcazarén

Laderas desde Alcazarén

Desde el borde sur de este páramo tenemos un balcón inmejorable sobre ese amplio espacio de terreno entre los ríos Eresma –a nuestros pies- y Adaja, dond ese asienta la Ciudad del Caballero, es decir, Olmedo. Más al Oeste, los pinares de Valdestillas y, más al Este, la inmensa llanura pinariega que se inicia en Íscar y se extiende hasta más allá de Coca.

También veremos Pedrajas de San Esteban. Su nombre es fácil de comprender, porque buena parte de sus alrededores –sobre todo los que están en este páramo- son pedregales y, finalmente, Íscar, así llamada ya en la época romana.

Pinares

Pinares

En toda esta zona sur abundan tanto los pinos –especialmente piñoneros- como los robles y algunas encinas. Y en las laderas se explotó antiguamente el yeso, por lo que veremos antiguas yeseras ya abandonadas, además de alguna calera.

Un sitio muy agradable para pasear. Si algo destacaremos, será la amplitud de horizontes, pues la vista se paseará hasta dar con las montañas del Guadarrama. De todas formas, también nos acercamos al valle del norte, del Cega, desde el que divisamos la localidad de Megeces.

En la "cima" del páramo

En la “cima” del páramo

 

Cortados y páramos del Cega y el Eresma

4 octubre, 2015

Paramo del Rey

Esta vez, nos ponemos en marcha desde Mojados para subir al páramo del Rey (ver entrada anterior). Dejando a la derecha el pico de San Cristóbal, tomamos un sendero en plena ladera para bordear el cabezo de San Pedro y atacar la cuesta arriba –los últimos metros nos bajamos de la bici- por el barco Valhondo. Desde arriba dominamos el valle del Cega y vemos cómo el río deja a un lado y a otro los páramos para salir a campo abierto e introducirse en los pinares que ya no abandonará hasta morir en el Duero.

Navegamos, con la brisa, por el ras. No queda nada de la cañada del Guardián, que venía desde la ermita de Luguillas, en la ribera. Rodeamos otro barco o vallejo para gozar del espectáculo natural nada menos que en el pico del Tormesado, al que llegamos por una estrecha lengua, y seguimos rodando hacia el SE. Después de cruzar la cañada real –o la carretera- nos metemos en el Encinar y acabamos pasando por el Hoyo de los Chozos. No es un páramo totalmente enrasado, pues hay cuestas muy suaves provocadas por las navas. No vemos rebaños de ovejas, pero sí una vacada pastando en la zona noreste. Aunque ovejas y cabras debió de haberlas en abundancia, pues tenemos algunos topónimos como el Carcavón de la Borrega o Chiviteras.

3 octubre 168

Arriba, los campos de labor son pedregales

Nos asomamos de nuevo al Cega en El Hoyo. Se ve abajo Cogeces y, en primer plano, al comienzo de la ladera, una inmensa encina. En un momento estamos abajo. Un paseo por el pueblo para ver la iglesia de San Martín con su portada románica y algunas casas, muy viejas, de ladrillo, que son verdaderas obras de arte

* * *

Ahora subimos por un buen camino de grava al otro páramo, que hace de divisoria entre el Cega y el arroyo del Henar. Antes, hemos podido pasar junto a la desembocadura del Pirón, perdida en un terreno irregular y asfixiado por la maleza. Pero goza de cierto encanto.

Al fondo, Tierra de Pinares

Al fondo, Tierra de Pinares

Ya arriba nos asombra la formación geológica cincelada por estos ríos sobre el páramo calizo. En una pared abierta a los aires y a la vez resguardada –porque no han arremetido directamente contra ella las corrientes del Cega y del arroyo del Henar- la gruesa capa de piedra caliza se cae a grandes pedazos. Vemos perfectamente sus diferentes capas, de color, grosor, textura y firmeza diferentes, y de unos 6 o 7 metros de potencia. Debajo, una capa de arena y limos, de color marrón claro que se va deshaciendo a causa de la humedad, del viento y ¡los conejos! Consecuencia: que la caliza se va partiendo en grandes bloques que caen de golpe hasta casi el fondo del valle, o se quedan en equilibrio inestable hasta que la lluvia mueve el terreno y de nuevo se deslizan o caen de golpe. Impresionante.

Valle del Cega

Valle del Cega

Arriba, en el páramo, los pinos parecen danzar, inclinados a un lado y al otro, como si estuvieran especialmente contentos, pues aquí disfrutan de un paisaje excepcional. Porque esa es otra, los escarpes se encuentran en un recodo del Cega desde el que se ve Mojados e Íscar, así como los pinares que hay al fondo de estas localidades. Y si nos desplazamos por el cerral hacia el SE, vemos la gran alfombra de pinares tras el Cega y, al Este, Mata de Cuéllar y Vallelado, éste recostado sobre una ladera.

Pinos

Pinos

* * *

 Otra posibilidad hubiera sido bordear el páramo por el sur. Allí tenemos –por Alcazarén- las laderas, en su parte más baja, salpicadas de majuelos y pinarillos. Al ciclista le será un poco incómodo rodar por la abundancia de arena. Pero la línea de las vargas en lo más alto conforma un hermoso paisaje y, al contemplarlo, te olvidas de las dificultosas pedaladas. Las subidas –o bajadas, todo depende de donde nos encontremos- podemos hacerlas por el camino de Mojados, donde estuvo la fuente de Malnombre, o bien por el camino de Los Caños o bien por fuente Milla. Ya se ve que todos tuvieron una fuente o manantial. Eran otros tiempos. Hoy vemos, todo lo más, zonas con negrillos enanos o juncos.

Pedrajas al fondo

Pedrajas al fondo

Una zona más atractiva todavía es la que cae dentro del término de Pedrajas de San Esteban. Empiezan a abundar los robles –incluso los hay grandes, a los que se les ha perdonado la vida- y los miradores. Por ejemplo, el picón de Valdelaguna. Desde él podemos contemplar perfectamente el último páramo al sur del Duero –La Cuesta- que se levanta entre el Eresma y Olmedo, las tierras de labor de Alcazarén y Pedrajas, y la inmensa Tierra de Pinares…Además, el pico termina en un cantil en el que aparece descarnada la piedra caliza de nuetro páramo. ¡Ah! Y también vemos el esqueleto del Pino Señorito, lejos, en la finca de nombre también Valdelaguna. Desgraciadamente, esta seco.

Un poco más al Este podemos descender hasta Pedrajas por una larga pista de varios kilómetros. Subiendo, casi no nos enteramos de la cuesta; es una de las más fáciles en toda la provincia para ascender a un páramo.

Íscar

Íscar

Después, desde el pico de la Envidia –sobre Pedrajas- podemos ir por el sendero que bordea la ladera de la Longaniza hasta casi el castillo de Íscar. En todo momento nos acompaña una impresionante vista sobre los extenso pinares de esta tierra. La vuelta atravesando robledales tampoco la olvidaremos fácilmente.

Así es este páramo –pedregal y roble- que se encuentra a caballo en los confines de las tierras de Íscar y Olmedo.

En Valdelaguna

En Valdelaguna