Posts Tagged ‘Piña’

Entre el Jaramiel y el Esgueva (y3): Fuente el Olmo

1 julio, 2009

Camino de Villaco

¡Un poco largo nos ha salido este reportaje! Pero creemos que es interesante y con paisajes muy agradables para el viajero. Para tener a  mano el croquis, pincha aquí.

Entre el valle y el páramo

Salimos del barco de los Guardias y por los Lanchares, cruzado el prado pastoril, torcemos a la izquierda, hacia el Norte, para tomar el camino que acaba de nacer muy cerca de aquí, en los montes de Valdeherrera. Nos conducirá hasta Villaco.

Es otra ruta preciosa, llena de luz y de encanto. Son casi 6 km de navegación entre el valle y el páramo, pues aquí la falda de la paramera es suave, y forma como un segundo paramillo con valles tendidos y suaves ondulaciones en donde se puede cultivar la tierra. Hay que ir despacio para no perder detalle: a un lado el borde del páramo, con sus siluetas de árboles y las cañadas  que caen suavemente. Al otro, el valle del arroyo de San Juan y el pico de la Cuesta y, más de frente, se adivina el valle Esgueva. Y todo salpicado de zonas de pasto, y algunos pozos y fuentes más o menos próximas.

Pasamos por lugares como la Birlera, el arroyo del huerto Romero, bajo el barco de Valdeloberas que arriba tiene corrales y un chozo de pastor, las Peñuelas –donde mana una fuente entre peñas calizas-, el Hormigo –que también tuvo fuente, hoy cegada-, las Veguillas, hasta que después de ligereas subidas y bajadas…

Fuente el Olmo

¡Llegamos a otro sorprendente lugar: fuente el Olmo! (También conocido como la Fuentona)Ya desde el camino se deja ver abundante vegetación, propia de zonas húmedas, que delata la existencia de un hontanar. Nos desviamos por el camino que baja y vemos primero la fuente de los Baños, humilde pilón con un caño que gotea y a veces se seca.
Fuente el Olmo
Pero un poco más abajo se descubre un verdadero complejo de fuentes, arbolado, canalizaciones, estanques y abrevaderos. El agua sale abundante entre la piedra caliza, como en una cascada. Hay al menos tres caños y otras muchas  salidas de agua. No faltan mesas y sillas para sentarse y yantar mientras, bajo la sombra de los árboles, escuchamos el borbollar del agua. Curioso –y para nosotros- inesperado lugar. Si hubiera que hacer algún reparo se lo haríamos a las mesas: demasiado elegantes y complicadas para tan bucólico lugar. ¡Pero volveremos!

Reconfortados por tanta frescura seguimos camino hasta Villaco.  La bajada es fuerte y casi pasa desapercibido otro abrevadero. Podemos contemplar la mole de su iglesia encima de las casas y las simpáticas bodegas de la bajada. La vieja fuente del pueblo también tiene su encanto.

El valle Esgueva…

Volvemos a Piña vigilados por las estribaciones del páramo y el cauce del Esgueva, aquí todavía de aguas claras y frescas, pues hay pescadores de truchas. Los paisajes de este camino han pasado de la retina a la memoria y ahí seguirán por un tiempo, mientras nos movemos incluso por los altos e insulsos edificios de la ciudad.   ¡Y nosotros pensábamos que conocíamos toda la provincia…!
Valle Esgueva
Pero nos queda el epílogo, pues en Piña podríamos visitar las ruinas del molino que aún luchan contra el olvido, la maleza y los negrillos en el cauce viejo del Esgueva. Se levantan las paredes con las aberturas desnudas de ventanas y balcones, la balsa repleta de arbustos, y tres o cuatro piedras molineras tiradas entre los cascotes de lo que fue una potente fábrica que trasformaba el grano en harina.

…y cosas que ver en Villaco y en Piña de Esgueva

Villaco dependió hasta 1820 de Castroverde de Cerrato, siendo eximido en ese año el señorío del marqués de Aguilafuente, señor de la localidad. Destaca sobre el caserío la iglesia de San Sebastián, gótica del siglo XVI, de una sola nave dividida en cuatro tramos cubiertos cada uno de ellos con bóvedas de arista, mientras que la capilla mayor lo hace con bóveda de crucería con terceletes. A los pies se levanta una espadaña levantada en 1739.

Cerca se encuentra al ermita del Cristo del Humilladero, levantada en piedra con arco de medio punto de ingreso.

Dentro del núcleo urbano de Piña de Esgueva destacan en el caserío los edificios religiosos. La Iglesia de Nuestra Señora tiene dos naves, conservando el ábside semicircular de estilo románico del XIII apoyado en contrafuertes y ventanas decoradas con triple arquivolta. Vemos también los canecillos con decoración con cabezas de animales, piñas o liebres, así como los capiteles de la puerta de acceso al templo. En su interior contemplamos los retablos, uno de ellos del XVI con tallas de la Virgen, Cristo y San Juan de un imitador de Juan de Juni, mientras que el otro, también de finales del XVI, tiene pinturas San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santa Apolonia y Santa Lucía en el banco obra de Antonio Vázquez .

En la plaza, junto al Ayuntamiento de finales del siglo XIX se encuentra la Ermita de San Pedro, rescatada del olvido ahora utilizada como centro cultural, mientras que a las afueras está la Ermita del Cristo de la Buena Muerte.

El término municipal es pródigo en buenas excursiones y podríamos ver, entre otras muchas propuestas:

  • Los restos de una torre de la iglesia del despoblado de Mazariegos.
  • La casa del Monte, con magníficas vistas al valle Esgueva
  • Chozos de pastor en la ladera del páramo
  • El robledal de Valderrobledo
  • Los corrales del Raso y el comienzo del valle de San Pedro, junto a la cañada real burgalesa

Entre el Jaramiel y el Esgueva (1): Alcubilla

23 junio, 2009

Esgueva y Jaramiel62 km aproximadamente

Alcubilla es una peña dominadora desde la que se divisa casi todo el valle Esgueva. Aunque hay 30 kms hasta Valladolid, se ve perfectamente -pequeño, eso sí- el cerro de San Torcaz (que está junto a Renedo) y detrás la ciudad. Eso hacia el Oeste. Hacia el Este no alcanza tanto, pues el valle presenta más curvas, pero también es profundo el panorama.

Alcubilla

Ya solo por esto merece la pena desviarse caminando hasta su punta. Pero es que esta lengua de páramo que se mete en el valle nos depara más sorpresas, pues debió ser un emplazamiento estratégico de un castro prerromano, aunque la leyenda que se oye en Esguevillas hace referencia a un castillo moro. En cualquier caso, podemos contemplar los restos de lo que fuera un muro o muralla y la boca de lo que pudo ser un pasadizo secreto. También en el valle, al pie de este cerro, puede distinguirse en algunos momentos del año lo que fue una villa romana. En fin, Alcubilla es uno de esos puntos de la provincia lleno de historia y leyenda. Sólo hay que acercarse a escuchar lo que allá arriba dice el viento, mejor si antes se ha escuchado a los viejos de Esguevillas o de Piña.

Jaramiel

De aquí nos vamos, atravesando una lengua de páramo, hasta Castrillo Tejeriego. No entramos en la localidad, pero sí nos acercamos a la ermita de la Virgen de Capilludos, también situada en un punto estratégico del valle del Jaramiel, que aquí todavía es ancho y aprovechado para labranza. Enfrente parece rebosar el monte de robles y encinas. También quieren sobresalir algunas corralizas y chozos de pastor. Pero hay que desplazarse hasta el robledal si queremos conocerlo bien.

Subida desde el Jaramiel

Pero nos vamos por la ladera contraria al monte y subimos por una terrible vereda. Empujando las bicis. Sudando la gota gorda. Un consejo: mirando hacia el suelo –en vez de al frente- se avanza más y más cómodo. O al menos lo parece. Menos mal que arriba –otra vez el páramo-  nos espera la sombra de un corpulento roble.

Hacia el Este empalmamos con una cañada o camino que nos lleva por un excelente firme ¡qué descanso! hasta Villafuerte de Esgueva. Sin embargo, hemos echado en falta los centenarios robles, salpicados por alguna sabina, que custodiaban la carretera de Villafuerte a Pesquera, que deberían verse en el horizonte. ¡Qué pena! ¡Si era la carretera más bonita de toda la provincia! ¿Era necesario en una carretera tan poco transitada?

En fin, en el bar que hay junto a la iglesia –trazas románicas- nos reponemos un poco de la terrible subida y del susto de la carretera.

Las Dehesillas

Poco paramos en el pueblo. Nos ha llamado la atención una ladera blanca y pendiente en la que crecen algunas encinas. Forma, junto con la otra ladera, suave y tendida, el valle de las Dehesillas. Hacia allá vamos, visitando el pozo de los corrales de la Muñeca primero y luego el pozo de Ávila. Debieron ser preciosos estos lugares. Quedan restos de ambos pozos, el de Ávila tapado con un bidón, y prados alrededor. Claramente eran lugares destinados al ganado, que hoy han quedado reducidos a casi nada por la mayor fuerza de la agricultura. Pero, en conjunto, el paisaje sigue siendo llamativo y agradable, con los bordes de los cerros orlados de encinas y matas de roble…

Las Dehesillas

Sobre Castrillo-Tejeriego y Villafuerte

Lame las casas de Castrillo-Tejeriego el lento discurrir del Jaramiel que hace acopio de agua gracias a las fuentes y arroyos que recoge: Valdelamana, Rozas o Carrapiña. Castrillo está enclavado en un teso elevado, lo que justificaría su nombre; los siglos han pasado desde el castro celtíbero hasta la torre medieval instalada en el lugar donde ahora lo ocupa la iglesia gótica de Santa María Magdalena del XVI, de tres espaciosas naves separadas por pilares que soportan el peso de las bóvedas de crucería, y hasta nuestros días.

Destaca el retablo mayor procedente de la iglesia de San Miguel de Reoyo de Peñafiel, que alberga la escultura de la titular de la parroquia, copia de la Magdalena de Pedro de Mena. A los pies está el coro con su artesonado con pinturas, así como la reja de madera del XVII y la pila bautismal gótica con gallones del siglo XIII.

A las afueras del pueblo, aguas arriba del Jaramiel, está instalada en un altozano la ermita de Nuestra Señora de Capilludos, de tres naves iluminadas por lámparas de cristal de La Granja. El retablo de la ermita contiene pinturas de Antonio Vázquez de finales del XVI donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Capilludos, del siglo XII o comienzos del XIII. La tradición cuenta que la imagen la encontró un carretero soriano dentro de un hueco de un roble, tapada con un capillo, que era el gorro de malla con el que se cubrían los guerreros en la edad media, aunque para otros era el capillo del sayo o vestimenta. A los pies de la ermita está el coro decorado su artesonado con pinturas góticas.

Lo primero que llama la atención del visitante cuando se acerca a Villafuerte es el castillo mandado construir por Garci Franco de Toledo y María de Saravia en 1473, de planta rectangular con cubos semicirculares en sus tres esquinas, y su torre del homenaje de planta cuadrada en el cuarto ángulo, con cinco pisos accesibles mediante una escalera de caracol. Esta fortaleza hizo que se cambiara el nombre del pueblo de Bellosillo, situado más cerca del río Esgueva, a Villafuerte en su actual emplazamiento al abrigo y protección del castillo.

El otro edificio destacado de Villafuerte es la iglesia románica de la Santísima Trinidad del siglo XII, con bastantes reformas posteriores. El ábside de la cabecera es de planta semicircular, aunque al exterior apenas se aprecia ya que está enfoscado en cemento, ocultando la piedra a los ojos del visitante. Los canecillos tienen decoración de piñas y formas geométricas. La planta es de dos naves, destacando la cabecera de la principal donde se encuentra un magnífico arco toral con capiteles de bella labral. El techo se cubrió en el siglo XV con un artesonado de bella tracería que ahora se puede admirar en el Salón de Plenos de la Diputación de Valladolid, lugar donde se instaló en los años setenta del siglo pasado. Otro artesonado se sigue manteniendo en el coro, decorado con la heráldica de los señores de Villafuerte, además de escudos castillos y leones. En la nave lateral se encuentran retablos del antiguo convento de Mercedarios de Valladolid, así como el Cristo de Bellosillo del escultor Francisco Giralte.

A las afueras del núcleo se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Medianedo, que nos habla del lugar donde se reunían los vecinos para dirimir los asuntos y conflictos de límites.

Mieses