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Paisajes de Simancas

16 marzo, 2017

Simancas es una de las localidades con más historia de toda nuestra provincia. La mayoría de las poblaciones son -podríamos decir- de ayer, incluida la capital, fundada por el conde Ansúrez en 1072. Sin embargo, Septimanca  ya era conocida en la época romana, fue sometida por los musulmanes seguramente en 713, destruida por Alfonso I en 754 y repoblada definitivamente en 899…  Como no se trata de narrar la historia de Simancas, no seguimos; solo dejamos constancia de que fue sede episcopal durante la época de la Reconquista y que de época muy anterior a la romana conservamos los restos del dolmen de los Zumacales. Fue la población más importante de la zona hasta que Valladolid le arrancó esa primacía.

Pero en este blog nos interesa en paisaje y, en esto, también lo tiene todo: páramo, valles, ríos, riberas, montes. No echamos nada en falta. Vayamos, pues, por partes.

El páramo

Este accidente geográfico define la peculiar situación de Simancas: una lengua del páramo de los Torozos llega hasta las inmediaciones del Pisuerga. Y desde su canto desciende con relativa suavidad formando una especie de colina hasta que por fin, cae en vertical unos 50 metros hasta el río. ¡Perfecto para un poblamiento defensivo! El único sitio que había que proteger especialmente era la unión con la paramera.

Por lo demás, el páramo simanquino es eso, una lengua de 6 km de largo por unos 600 de ancho. Ideal para contemplar el anchuroso valle del Pisuerga-Duero y Valladolid con su festón cerrateño de fondo. En días claros, desde la balconada se nos muestra la cordillera de Segovia y Ávila.

Se encuentra bordeado por el barranco del Pozo de la Teaza, al oeste, y por la laderas de Valsordo, al este. Por esta lengua discurre la cañada de Merinas, que es uno de tantos ramales de la cañada leonesa oriental: los rebaños cruzaban el puente de piedra para seguir hacia Puente Duero.

 

Los valles y cuestas

Entre el páramo y el término de Arroyo de la Encomienda se extiende una amplia zona de pequeñas colinas y campos ondulados. Por ella discurren los arroyos Rodastillo y de Santa Marina. Es una zona rica en fuentes: podemos acercarnos al manantial de Pico Cuerno, que tal vez se encuentre fluyente al menos a partir de los marjales 200 metros aguas abajo del nacimiento, a la fuente de la Puerca que con dificultad encontremos, asfixiada –pero también señalada- por una densa espadaña, y a la fuente del Muerto, a la sombra de unos chopos.

Fuente de la Puerca

No lejos de esta última descansa -en el abandono hasta ayer mismo- el monumento megalítico de los Zumacales, único en la provincia. Ahora lo acaban de limpiar, han recolocado las piedras que había tiradas en una ladera y han trazado un caminillo de acceso.

Cerca del río brotaban abundantes manantiales, como ya hemos visto en la entrada anterior. No hemos encontrado ya la fuente de la Teja, que fluía aguas abajo del puente de piedra, en la orilla izquierda y de la que hemos bebido buenas aguas hace más de treinta años.

Pero de lo que de verdad se ha gloriado el término es de acoger la confluencia del Pisuerga y el Duero, a lo que ya hemos dedicado más de una entrada. Y es que por Simancas también pasa el Duero: desde Puente Duero a la desembocadura del Pisuerga, la orilla derecha es de Simancas, y posee las fuentes del Batán y del Frégano –de ésta sólo queda el nombre y el lugar donde brotaba- y las aceñas –hoy centralita eléctrica- de Pesqueruela. El Duero forma en sus riberas un bosque de galería, si bien menor que el creado por el Pisuerga.

Lo malo de estos ríos es que la ribera suele ser una estrecha y enmarañada selva inaccesible que también impide el paso a la misma orilla del río. Claro que esto tiene sus excepciones y hay arboledas y pequeñas praderías muy adecuadas para reposar o pescar. Ahí está, por ejemplo, el prado de la Mesta –hoy arboleda- aguas abajo del puente en la orilla izquierda; no obstante, los espacios accesibles abundan algo más en la orilla del Duero. Madoz reseñaba al menos tres prados importantes en el término de Simancas. Claro que también decía que en el sus ríos abundaban el barbo, la trucha y la anguila, de los que ya sólo queda el primero.

 Los montes

También sus montes –pinares en este caso- son agradables para el paseo, o incluso para recolectar nícalos en otoño. El pinar de Simancas forma un todo indivisible con el vallisoletano de Antequera, y en él abundan grandes ejemplares de piñonero. Es llano, con buenos caminos y senderos para andarines y ciclistas. Hacia el oeste, el pinar se llama de Peñarrubia y se va estrechando hasta casi Pesqueruela.

Precisamente en este último pinar, junto al camino de la fuente del Frégano, vemos uno de los pocos ejemplares de pino piñonero catalogados en nuestra provincia, denominado de Simancas. Destaca por  la esbeltez y corpulencia de su copa.

Entre los pinares y el Pisuerga, la acequia, con sus senderos, forma un pequeño y estrecho bosquete ideal para pasear en verano por su sombra y frescura. Y como no falta la humedad, podemos coger setas del chopo ya desde finales del verano.

Y la ciudad

Todo esto sin despreciar la propia ciudad, cuidada y bien conservada. Nos podemos acercar al mirador sobre el río, muy cerca de la plaza Mayor, pasear por las inmediaciones del puente de piedra, caminar por sus calles en cuesta, visitar el rollo jurisdiccional, beber en la fuente del Archivo, o solazarnos en los jardincillos de la Virgen del Arrabal…

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Por el valle del Pisuerga y el Canal de Castilla

7 diciembre, 2013

Dueñas Cabezón

Salimos de Cabezón de Pisuerga –o de Cerrato-  con la idea de llegar hasta las cercanías de Palencia por el Canal y luego volver por el páramo. Pero no llevábamos  una ruta trazada en ningún mapa, menos aun en un GPS, de manera que no nos sentimos obligados a seguir ninguna línea.

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Palazuelos

Para empezar, nos paramos un momento en el Monasterio de Santa María de Palazuelos y como allí nos encontramos con Justino, tuvimos la gran suerte de que nos enseñara la iglesia, o lo que de ella queda. A la vez que una maravillosa luz inundaba la nave desde la cabecera, nos habló de la historia del monasterio y nos mostró detalles muy interesantes: los enterramientos, las pinturas que han ido saliendo al limpiar el enfoscado de las paredes, diversas inscripciones tanto cultas como populares de hace siglos… En fin, se ve que los vecinos de Cabezón aman su patrimonio histórico artístico y quieren recuperarlo. ¡Ojalá lo consigan!

Todavía recuerdo un día, hace ya unos 20 años en que también pasé en bici y entré en este recinto: anduve recogiendo huesos esparcidos y medio quemados –humanos, claro- y depositándolos en un hueco que consideré mínimamente digno…

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Entre el Pisuerga y el Canal

Después de Palazuelos, el siguiente lugar visitado fue Aguilarejos. Es una pena que no se pueda bajar a la fuente y soto del Pisuerga, antaño lugar delicioso para pasar las tardes de verano pescando bogas y cachos. Ahora estas dos especies sólo se encuentran en la memoria de los pescadores y alguien ha infectado los ríos de todo tipo de peces que nunca nadaron por aquí. No importa, a algunos lo único que les preocupa es que no se diga en los medios que los lagos (Sanabria, por ejemplo) y ríos están sucios. Si lo están, o están llenos de especies foráneas, pero nadie dice nada, ¡estupendo!

Al fondo, en la otra orilla, brillan los cortados de San Martín. Aquí, a pesar del ruido de la autovía o del ferrocarril, podemos disfrutar de hermosas praderas y sotos, o del brillo del sol reflejado en el Pisuerga, que culebrea en sus meandros.

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Hasta la estación de  Valoria la Buena fuimos entre el río y el Canal; cruzamos la vía en los andenes y seguimos por el camino junto al ferrocarril, hasta que una nave nos cerró el paso y aconsejados por los perritos  seguimos definitivamente por la sirga. El viento era tan fuerte que llegaba a provocar un pequeño oleaje. El agua estaba trasparente –como en invierno- y azul debido al reflejo del cielo.

Soto de Albúrez

Cruzamos Dueñas y diferentes esclusas, junto a una de ellas se levanta la fábrica de harina La Estrella de Castilla, y atravesamos las choperas del valle del Carrión. Cada vez estamos más cerca del páramo: se dejaron ver algunas cuevas en los cortados. Al fin, al soto –o barranco- de Albúrez, lugar acogedor y sotavento. Tres esclusas juntas significan que el Canal está cambiado fuertemente de nivel. Aquí estuvieron detenidas las obras del Canal durante años: vemos que la primera esclusa es de planta ovalada, o sea, de las que se realizan en el siglo XVIII, y las otras dos son de planta cuadrada, construidas ya en el siglo XIX. Y sólo aquí encontraremos unidas dos esclusas rectangulares.

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Por lo demás, desde el barranco se divisa bien el soto del Carrión, la casa del esclusero es –al menos los buenos días de primavera- un bar, y tenemos fuente, mesas y barbacoa. Buen lugar para descansar.

Páramos, valles…

Desde el soto subimos hacia el ras del páramo. Detrás de nosotros se va alejando y agrandando el valle del Pisuerga, que aquí está unido al del Carrión pues es lugar de confluencia. Arriba nos cruzamos con uno de los ramales de la cañada real Leonesa, que va bordeando el páramo y saltando de pico en cuesta y de cuesta en pico para no molestar demasiado a los agricultores.

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Las tierras son rojas –lo cual es frecuente en estas parameras- y se encuentran salpicadas de matas de encinas. Enseguida una bajada técnica nos conduce al amplio valle de San Juan que nos lleva a Dueñas.

… y laderas

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Siempre es agradable rodar por una carretera no transitada, como es el caos de la que conduce a Quintanilla de Trigueros. El sol va de caída y pasamos por los corrales de Rascaviejas. En los Tres Pinos tomamos rumbo a Cabezón y saltando entre majuelos, campos de cereal, hileras de almendros y alguna cascajera llegamos a nuestro destino. El sol que nos ha calentado durante la excursión se acaba de ocultar y el frío arrecia.

Hemos rodado algo más de 60 km, he aquí el track.

De Valladolid a Tordesillas

16 septiembre, 2012

Elegimos para ir la ribera derecha del Duero; volveremos por la izquierda.

Arroyo

…de la Encomienda. Una de las poquísimas iglesias totalmente románicas de la provincia. De belleza fuera de lo común, está situada en un altozano sobre un vado del Pisuerga, hoy en desuso, claro. En años secos –como éste- sobresale el lecho del río.

Hoy Arroyo es, tal vez, el único pueblo de la provincia que carece de suelo rústico. ¡Cómo ha funcionado aquí el ladrillo! Pero si le falta eso, tiene otras cosas: campos de fútbol de hierba, parques para perros, huertos para aficionados, jardín botánico, circuito de cochecillos, pistas de patinaje… y todo esto porque se ve desde el carril bici que nos lleva desde hotel AC hasta la ermita románica.

El camino a Simancas ya es otra cosa. Poco después de pasar junto a la fuente, hemos de sortear una zona abrupta y con maleza abundante y luego tomar una pista que nos deja en una rotonda que distribuye el tráfico, cerca del cementerio.

Las fuentes

Nos vamos hasta la vieja fábrica de harina, junto al Pisuerga. Vemos que Simancas se asienta en un cabezo que domina el río y su puente. El talud rezuma agua, señal de que afloran aquí manantiales, si bien tímidamente. Pero al salir de la localidad podemos ver en campo privado –bueno, hay que asomarse- una fuente con su alberca, utilizada para riego privado.

Y a partir se aquí seguiremos la senda del Duero que en este punto todavía es Pisuerga.

Otra simpática fuente la veremos si bajamos hasta la orilla misma del Duero en el punto donde el camino tiene a elevarse un poco antes de bajar y girar a la izquierda en un cruce. Junto al camino vemos unas ruinas y en la misma ribera , en ladrillo, el arca de la fuente.

Pasamos junto a la pesquera de las aceñas de Mazariegos, luego fábrica de luz. Hoy, junto a ella, hay una estación elevadora de agua para riegos. Un poco más allá desemboca el Pisuerga, pero los álamos y una isla que hay en medio nos impiden ver la confluencia.

Junto al Duero

Cambiamos de río sin cambiar de ribera. En seguida, justo donde dejamos un camino que no sigue la ribera, otra fuente. A partir de aquí, nuestra senda sigue fielmente la orilla del río y en algún momento se introduce bajo la frondosa arboleda. En otro momento parece que podemos tocar con la mano el exconvento de Aniago. Es sólo una ilusión, pues está al otro lado del río. Salimos de la fronda y distinguimos enfrente la desembocadura del Adaja, con pescadores. Avanzamos un poco, y vemos los restos de unas aceñas luego aprovechadas como centralita eléctrica. Aunque pone prohibido el paso.

Villamarciel y San Miguel del Pino

Enfilamos el camino que nos deja en Villamarciel, no sin antes reparar en los altos cerros de yeso que relucen al sol y que no han podido disolver Pisuerga y Duero en dos millones de años. De aquí a San Miguel seguimos por el sendero del río, que dispone de buen firme, pues evita las arenas del pinar.

La iglesia de San Miguel tiene trazas románicas y también góticas, y ennoblece sin desentonar la ribera con sus álamos. Nos antes reciben las reproducciones de esculturas clásicas desde un jardín privado. En la orilla del Duero se extienden casi un centenar de puestos de pescador. Sólo están ocupados aquellos en los que promete haber sombra. En todo caso son un excelente lugar para contemplar el Duero, que aquí parece un lago, y su entorno. De vez en cuando, surca el aire a ras de agua algún martinete o algún ánade real. O brinca una carpa o un barbo.

Aguas abajo el río cae por una pesquera donde hubo aceñas –quedan los tajamares- y ahora hay, en la otra orilla, una centralita. Las inmediaciones son un verdadero vergel donde se mezclan árboles y arbustos que nacen en tierra firme o en el agua, y playitas de arena o de grava.

 

Maravilloso sendero

Detrás del Montico sufrimos lo que no está escrito en un pinar arenoso. Pero no hay mal que cien años dure y salimos a un camino nuevo y cómodo, de gravilla, que va pegadico a la ribera por un lado y junto a tierras de labor –ahora frescas, con maíz- por otro.

Y al aproximarnos a la pesquera de la Peña, la sorpresa: un increíble sendero, estrecho pero de estupendo firme que avanza totalmente sumergido en el bosque de ribera. Todo es sombra, y de vez en cuando se abre un poco hacia el río. Tiene algunos escalones de madera, muy pocos. Y así hasta Tordesillas. Una verdadera delicia para los calurosos días del verano.

El cuenta kilómetros ha marcado hasta 33 desde el puente de la Hispanidad.

Otoñal

23 octubre, 2010

Sí, el tiempo se va poniendo otoñal. Y con el tiempo, los campos y todo el paisaje. Las tierras están terminando de dar la cosecha. Dentro de poco, habrá finalizado la recogida de la remolacha y del girasol. No ha mucho todo estaba amarillo y reseco; ahora tiende a humedecerse por el frío del ambiente y por esas tímidas neblinas matinales.

Las tierras se van volviendo de color pardo: los agricultores las están preparando para la siembra. El paisaje parece una acuarela.¡Qué tonos tan suaves!

Las nubes dan frío, al igual que las aguas de los ríos. Las sombras se alargan; los días se acortan. Han aparecido los primeros bandos de avefrías, señal de que el otoño y el invierno van a ser fresquitos. Reaparecen las nubes de estorninos. Ya no cantan las ranas ni los grillos, ni salen por la noche los murciélagos. Crecen algunas tímidas setas, no muchas, porque ha llovido poco.

Los chopos se tornan de un amarillo elegante. Pronto les seguirán el resto de los árboles de hoja caduca, que terminarán por desnudarse completamente. Las zarzas y escaramujos se han llenando de frutos rojos, los majoletos de majuelas, las encinas de bellotas, los endrinales de endrinas y las higueras de higos. Estamos en otoño, no hay duda.

Peñas de Gozón

22 marzo, 2010

Hemos llegado a San Martín de Valvení: su valle, que le protege, es benigno y acogedor. Podemos imaginarlo hace unos siglos: un pequeño castillo en un suave promontorio, en el centro. Alrededor, se vive y trabaja en pequeñas granjas: granja Hernani -por la que hemos pasado-; granja Quiñones en la orilla del río; granja Muedra en la vega fértil; granja San Andrés,en la cabecera del valle, donde estuviera el primitivo monasterio que luego se trasladó a Palazuelo. San Martín tiene también amplios bosques de quejigo y encina, algunos robles viejos y corpulentos, como el roblón del valle de San Juan; fuentes esparcidas en las diferentes laderas; corrales y chozos de pastor; varias ermitas en ruinas; una aceña y… ¡hasta una cueva! en las laderas de la cuesta Añadida!

Pero como nuestro objetivo era descansar y seguir camino, dejamos todo este mundo  para otra ocasión, que no se va a mover de aquí y seguimos nuestro itinerario. Nos topamos con las faraónicas obras del AVE -están agujereando el páramo para que lo cruce cómodamente- y nos asomamos al Pisuerga en la Peñas de Gozón.
Ya hemos comentado algo sobre este impresionante barranco en la entrada de los cortados, una de las más vistas, por cierto, de este blog. Por eso, bien podemos detenernos un ratillo para contemplar el paisaje y… el tiempo pasado.

Vemos cómo el río arremete contra la pared descarnada del páramo y, poco a poco, la tira y hace que se desprendan grandes peñascos, que no son de piedra o roca, sino de tierra apelmazada por durante millones de años. Gracias a esto, desde un poco más abajo podemos ver la estructura de las diferentes capas del páramo: aunque mejor las observaríamos desde la orilla de enfrente.Parece una gran tarta con varias franjas. Los estratos de más arriba, blancos, son de margas yesíferas; debajo de éstos, vemos las arcillas marrones y, más abajo, margas blancas y grises.

Entre nuestras peñas y la granja Quiñones, en la orilla del Pisuerga, se extiende un fértil campo cultivado. Pero hace poco menos de 2.000 años, era, al parecer, una gran ciudad o villa romana, si bien antes fue vaccea y luego persistió durante parte de la edad media, pues se han hallado restos de enterramientos. O sea, que este lugar hoy tranquilo y apacible fue muy dinámico en otras épocas. En el mismo borde de la peña ya vimos que ha quedado al descubierto una pared de piedra gracias a la gran grieta que, con su empuje, ha provocado el Pisuerga.

Al otro lado del río se extiende la vega de Aguilarejo, con prados, fresnos y robles. Y más allá,el amplio valle del Pisuerga. Hacia el Norte alcanzamos a ver incluso la torre de Tariego, de donde venimos. El lugar también es excepcional para seguir el vuelo de las aves… ¡por encima de ellas!

Ojo con pasar entre las peñas y el río. Hay un senderillo que hemos utilizado alguna vez sin bicis y ciertamente, impresionaba un poco comprobar la abundancia de peñas desprendidas. Eso sí, no eran grandes trozos. Aunque a esas velocidades de caída…

El resto de nuestra ruta discurre a media ladera, pasando bajos otros cortados, hasta que llegamos a las cercanías de Cabezón, donde nos acercamos al canal de Castilla para seguir, ahora tranquilamente paseando, por la parva de la ría. Hasta que, contentos y cansados, llegamos a casa.

Ver también: Cortados de Cabezón y San Martín

Poderoso Duero

20 enero, 2010

El sábado pasado el Pisuerga traía el caudal más alto desde la gran crecida del año 2001. Enseguida comenzó a descender, y el domingo ya se había reducido a la mitad aproximadamente. Sin embargo, el Duero no había descendido demasiado, pues se veía compensado por el caudal propio y de otros afluentes anteriores al Pisuerga. Por eso, traemos a esta entrada algunas fotos del Duero del pasado fin de semana.

En primer lugar en Pesqueruela, un kilómetro antes de recibir al Pisuerga. Véase la comparanza entre el vídeo (del domingo pasado) y la foto sobre estas líneas.  ¡Qué fuerza la del agua, daba miedo estar allí!

Sí, habitualmente el Adaja ataja al Duero pero el domingo era ignorado por éste. Tan es así que las aguas del Duero elevaron el nivel de las adajianas aguas. El afluente se conocía por su color, que no por su animosos caudal, práctcamente estival.

Y en Villanueva desapareció el viejo dique de las aceñas que después lo fue de una centralita. Bien es cierto que es mucho más bajo que el de Pesqueruela.

Para terminar, en la última foto aparece la fuente de San Miguel del Pino, que unos días antes se las ufanaba de ver las aguas desde la barrera…