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Pinares de Portillo

4 mayo, 2012

Si llueve en abundancia, ¿algún sitio mejor para pasear en bici que un pinar? Y si son pinares de Portillo será imposible la formación no ya de barro, sino incluso de charcos. ¡Drenan perfectamente!

Portillo siempre cuidó sus pinares. No en vano tiene fama de ser uno de los municipios más ricos de la provincia, gracias a la explotación de sus montes. De aquí se saca no sólo madera en abundancia, también piñones de excelente calidad. Y antaño los negrales ofrecían su resina.

El Bosque

Es un pinar situado sobre el páramo, al Este de Portillo,  de piñoneros de buen porte, como el Pino Pinilla, bien olivados. También veremos negrales, sabinas y enebros, y matas de roble y encina. En general, está limpio de maleza.

Si en su ladera abundan las yeseras –como vimos en una entrada anterior-, en el páramo propiamente dicho abundan las canteras de caliza. De aquí se extrajeron buenas y grandes piedras para la construcción, y todavía se siguen extrayendo en algunas.

También encontraremos formaciones de lapiaz: piedras calizas que sobresalen ligeramente del ras y presentan hendiduras, pequeños canales, agujeros que recuerdan el nido des abejas en el panal. Se trata de un proceso cárstico que ha sufrido la caliza al encontrarse al aire libre, no recubierta de tierra.

Son muy interesantes las vistas desde el canto del páramo. Por ejemplo, desde el pico Trasmorisco se muestra el panorama de Portillo, Arrabal y su valle: la vista llega hasta la loma sobre la que se recortan las torres de Pozaldez.  El pico Yeseras se levanta prácticamente encima de Santiago del Arroyo, y también contemplamos la localidad de Camporredondo.

Pico de la Muela

Antaño debió ser un lugar muy activo, en lo que a trabajo agrícola se refiere. Aunque se encuentra rodeado de pinares, quedan abundantes almendros (dulces), corros de campos que se destinaron al cultivo del cereal, restos de viñas con su guardaviñas, algunos corrales… Y un magnífico mirador sobre el Raso, con Valladolid y el páramo de los Torozos al fondo. La vista alcanza, al menos, hasta el cerro de San Juan (donde la pista de esquí), más allá de Tordesillas.

Pinar de las Arenas

Esto ya es harina de otro costal. Auténticas dunas fijadas por los pinos -aquí dominan los negrales- se levantan entre el Bosque y Fuente Mínguez. Ni por los caminos se puede rodar bien. Abundan los arbustos y los pimpollos.  Pero también tiene su encanto.

Pinar del Lloro

O del Moro, pues lo del Lloro bien parece una errata de algunos mapas.

Es un monte de viejos negrales que se asienta en el valle, al sureste de Portillo, en direccción a las estribaciones del Pinar del Llano. Es curioso y llamativo pasear por aquí, sobre todo un día gris lluvioso. Pareciera que los pinos se encuentran enfermos, pero enfermos no ya del cuerpo sino, si fuera posible, del alma. Unos retorcidos, otros en forma de ese o en zig-zag intentando elevarse al cielo, otros realizando ¡un tirabuzón!, muchos desmochados, otros medio secos, algunos ¡tumbados! a lo largo en el suelo, otros como abrazándose… en fin, un verdadero poema. Si los árboles pudiesen sufrir, este sería un verdadero bosque doliente.

No sé cual puede ser la causa de todo esto. ¿Un antiguo incendio? ¿una capa de arena excesivamente seca? ¿sobreexplotación de resina? ¿un encantamiento? Desde luego, no sería extraño que aquí habitara una bruja o un duende maldito. Pero así es este bosque.

Aunque no todo debió ser malo. Hubo aquí alguna tierra de labor, pues hemos visto restos de almendros en un corro. También hubo pastos: ya en la ladera cercana al pinar del Llano vemos los restos de una corraliza, y donde estuvo el chozo  surge hoy un pino. Y la laguna del Toro, hoy desecada y aprovechada para explotación maderera, o sea, para chopera. Cerca de esta laguna, una cruz recuerda el lugar donde falleció, en el s. XIX, Luciano Alonso.

Cañada de Merinas

Aprovechando la linde del término de Portillo con los de San Miguel y Camporredondo, discurre la Cañada Real de Merinas, por donde en otro tiempo circularon los rebaños trashumantes del noreste de León que buscaban los pastos extremeños.

El Pino Pinilla y el Puente del Olvido

23 marzo, 2012

(Parte II y última de la Larga cabalgada)

Pino Pinilla

Después de pasar junto a las yeseras de Portillo, subimos al páramo por una agradable ladera adornada de musgo y grandes piedras calizas decoradas por el tiempo. Ya arriba, descubrimos el lugar donde se esconde este pino: una amplia zona de lapiaces, donde aflora la piedra caliza que ha sido erosionada en multitud de agujeros de diferentes formas, y rota por pequeñas fallas. Algo así como un paisaje lunar de reducidas dimensiones. El pino, austero y resistente, surge de la misma piedra y le acompaña una joven sabina. No es un ejemplar especialmente fuerte y ancho, si bien llama la atención por su altura y, sobre todo, por el sitio donde brota. Y tiene la corteza cansada de las inscripciones que se ve obligado a llevar.

Valle del Sangüeño

Se nota que los extensos pinares de Portillo están cuidados: limpios, sin casi maleza y con los pinos olivados. Gracias a ellos, el municipio es –o al menos era- uno de los mas ricos de la provincia. Además, abundan los lapiaces y la caliza aflora de esa u otras formas. Vemos restos de canteras y caleras. Y nosotros volamos, primero por una pista de arena compacta y luego por una pista mas o menos asfaltada.

Después de pasar por fuente  Mínguez, llegamos a La Parrilla y nos lanzamos, cruzando una loma, sobre el valle del arroyo Sangueño, que nace entre pinares y sigue su curso por ellos acompañado. Es curioso ver su ribera, con álamos y matas de negrillo entre enormes pinos negrales. Por aquí también abunda la arena, si bien es cierto que algunos de los caminos están empedrados. El lugar ¿por la arena, por lo escondido, por los negrales retorcidos o por los álamos? tiene  algo de mágico. Finalmente, salimos a la pista que llevaría a fuente Mínguez, pero la seguimos la dirección contraria.

Puente Chico (o puente a Ninguna Parte)

¡Al fin nos acercamos a este puente! Desde aquella entrada de Aldeamayor que lo habíamos comentado al hablar del puente Grande, lo teníamos en cartera. Por fin llegó el momento.

Lo más curioso del caso: es un puente que no va a ninguna parte. Un puente perdido por completo. En el siglo XXI, inútil. Está entre dos tierras de labor, pero nadie pasa por él: ni senda, ni camino, ni ruta, ni trayecto. La explicación: antes pasaba por aquí el camino de Aldeamayor a Tudela, que también era cañada real. Luego, la actual carretera –trazada en línea recta- fue ganando terreno (o sea, tránsito) a la cañada y, finalmente, desapareció la vía pecuaria debido a la concentración parcelaria. Y aquí quedó, solitario, abandonado, el puente Chico.

Bajo él vemos unos troncos ajustados, como haciendo fuerza o queriendo sostener algo. La única explicación que se nos ocurre es que pertenecieron a la última remodelación o reconstrucción del puente, y servirían para sujetar la cimbra. Se encuentra en una zona que debía ser muy agradable: los Verdinales, se llama, o sea, lugar donde la hierba siempre está verde (por la humedad que tiene el suelo: recordemos que toda la zona del raso de de Portillo fue un extenso humedal).

Como estábamos al lado, nos acercamos a ver el Puente Grande, sobre el que también cruzaba la cañada y camino real. Al menos en este quedan los rastros de aquella vieja vía.

Y a Valladolid, para terminar con mas de 85 km en las piernas y en los lomos de las burras, que aguantaron bien (los lomos; las piernas ya es otra cosa).

Pinar del Llano de San Marugán

1 febrero, 2010

El Pinar de San Marugán -o del Llano de San Marugán- se encuentra al sur del término municipal de Portillo, limitando con los términos de Aldea de San Miguel por el Oeste, Megeces y Cogeces de Íscar al Sur y San Miguel del Arroyo al Este.

Ocupa unos 7 km2 de páramo y linda con otros pinares de Portillo que caen por la ladera hacia el valle del arroyo Mesegar.


Lo primero que nos llama la atención es que se asienta sobre un páramo de piedra caliza que aflora en numerosos puntos del pinar, y especialmente en los cantos. Casi no encontraremos la típica arena que constituye el suelo de la mayoría de nuestros pinares. No obstante, el pinar del valle -aviso para rodadores- es muy arenoso. Lo segundo a resaltar es que abundan los pinos, sí, es un pinar. Pero también los robles, las encinas, las sabinas y los enebros, de modo que realmente es un monte mixto. Y ya está descrito en lo esencial. Además, se encuentra surcado por numerosos caminos y senderos que dan la sensación de llevarnos po un bosque de montaña, debido a la variedad de arbolado y matorral, y a la hojarasca de roble que vamos hollando.


Recomendamos tomar una camino que sale a la izquierda de la carretera que va de Arrabal de Portillo a Cogeces. Primero nos cruzaremos algunas tierras de labor, hileras de almendros, luego nos conducirá por una arenal, si bien a ratos el firme parece mejorar. Veremos los restos de unas viejas corralizas a la derecha, que nos indican el sendero a tomar, por Cuestalava, y en un santiamén nos sitúa arriba, ya en el Llano.
Nos vamos hacia la izquierda para contemplar el valle del arroyo Mesegar, con la silueta de Portillo al fondo. También distinguimos, a la izquierda y lejana, la torre de la iglesia de Aldeamayor. Y la plantación de chopos donde estuviera la laguna del Toro, desecada hace unos años.

Lo mejor es seguir un camino que no se aleja demasiado del cerral y que en ocasiones tiene hijuelas o senderillos que nos llevan a espectaculares miradores. Enseguida vemos el valle del arroyo del Henar, con las laderas que suben al Riscal, donde se asienta el único sabinar de la provincia. El canto del páramo se confunde con la cañada real Leonesa Oriental, que baja hacia el valle justo donde éste se ensancha.
Un poco más allá vemos la amplia vega del Cega, especialmente ensanchada por el recibimiento de los arroyos del Henar, Valseca y del Valle, con Cogeces al fondo y diferentes laderas donde distinguimos también una enorme cantera. Arenosas tierras de labor, caminos rectilíneos, grandes pinos y pinarillos…
Hasta que descubrimos un excelente lugar para estudiar un poco de historia natural: el canto muestra sus vetas y estratos en perfecta alternancia -caliza y tierra marrón- así como las mil formas escultóricas que el agua ha modelado sobre la caliza, despojándola de parte de sus entrañas. Se trata de fenómenos kársticos que producen lapiaces con pequeños canales, nidos de abeja, y otras esculturas. También han influído el viento y la arena.

Al fin llegamos al área recreativa de San Marugán, con balconadas al valle. Podemos seguir por el borde para descubrir, ya al otro lado de la carretera, los cortados y despeñaderos que se siguen formando, con grandes bloques  de caliza que se van desprendiendo y que a veces quedan como enganchados o colgados. Un peculiar cañón. Abajo, la línea de chopos que guarda al Cega, y las localidades de Cogeces de Íscar y Megeces. Al fondo, la sierra nevada. Y espacios profundos -arriba, abajo, de frente- y perfectos para contemplar la navegación de las aves.
La vuelta podemos hacerla por el límite del pinar con la tierra de labor que también posee este páramo. Distinguimos al Noroeste la ermita de San Cristóbal. Si tomamos un camino que sale a la izquierda bajaríamos por Aldea de San Miguel. En caso contrario, la senda que llevamos nos conduce a la carretera.

Y, ya cuesta abajo por la carretera, junto a un buen camino a la izquierda vemos los restos de la fuente Vallejo, con un banco que mira hacia Portillo en medio del terreno roturado.

El puente de Carramedina

21 julio, 2009

Hace unos meses hablábamos del puente Grande, puente hoy fantasma en el término municipal de Aldeamayor de San Martín, que no lleva a ninguna parte ni viene de ningún sitio. Pues tenemos otro de similares características que da servicio -¡eso sí!- a un camino. Es fuerte, sencillo y humilde, pues salva el arroyo Viñuelas que es más bien una zanja o esgueva normalmente seca.

Puente Carramedina

Hace muchos años, hace siglos, Tudela de Duero y Medina del Campo eran dos importantes núcleos de población. Hoy todavía lo son, especialmente Medina. Tudela, además, podía considerarse la puerta del Duero, pues enlazaba nuestra llanura con Peñafiel, Aranda, Soria, e incluso Aragón y Barcelona (en Tudela aún le llaman de Barcelona a la carretera de Soria). Y bien, ¿qué camino unía Tudela y Medina? Pues precisamente éste en el que están nuestos dos puentes: el puente Grande, del que ya hemos hablado, y el de Carramedina, del que nos toca dar hoy una pincelada, al menos para divulgar un poco su actual existencia.

Se encuentra en el término municipal de la Pedraja de Portillo. La Pedraja, Aldeamayor y Aldea de San Miguel son localidades -con Ayuntamiento hoy- que dependieron de Portillo, pues fueron asentamientos donde se recogían los pastores del raso, que pertenecía a Portillo.

El puente de Carramedina se encuentra, pues, en el camino dicho, que también era cañada real merinera para los trashumantes que venían, sobre todo, de la sierra de la Demanda, en Burgos y Soria. Hoy han nacido multitud de chaletitos y miniurbanizaciones aprovechando la cañada y otros terrenos de pastos y que ya no se utilizan.

La vieja cañada cruza el puente

Se puede acceder al puente bien desde la carretera de Madrid -hay una indicación de Carramedina– o bien desde Aldeamayor. Desde aquí son 3,5 km y uno desde la carretera. No tiene pretiles ni casi lomo, razón por la cual no se le ve hasta que llegamos a él. Pero se une perfectamente a la cañada, pues los cimientos y empedrado -no visible- salen notablemente de la línea del cauce. Tal vez el empedrado era de unión a una calzada romana que también conectaba esta zona con la vieja Cauca.

Su origen puede remontarse a épocas romanas o medievales, pues a partir de la edad Moderna los puentes sobre zanjas y arroyos son más bien de ladrillo, y las caracterísitcas son similares al puente Grande. O sea, una pequeña joya perdida en la historia y en la llanura del raso de Portillo.

Compasquillo

El paseo puede completarse, siguiendo en dirección a Medina, con la visita al puente de Compasquillo, sobre el Cega, que sirvió a los pastores del raso para trasladar los rebaños a los pastos del Cardiel. También es un viejo puente, distinto al de Carramedina: esbelto y fino, apoyado en la peña salva limpiamente el barranco del Cega, y antiguo, si bien fue reconstruido en el siglo XVIII.

–Y si quieres dar una vuelra por el Cega contemplando su avifauna, pincha aquí

Un poco de historia: origen de la Tierra de Portillo

Esta zona vallisoletana cuenta con un pasado lejano, pues los primeros datos históricos con los que contamos se refieren a la aceifa que realizó Abderramán por estos territorios en el año 939, cuando se dirigía hacia la localidad de Septimancas, donde fue derrotado por los ejércitos cristianos. Este  ejército musulmán partió de Córdoba hacia Toledo, Coca, Íscar y Alcazarén, arrasando Portillo y susaldeas destruyendo cosechas, trastocando mojones y borrando sus vestigios.

Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI se intentó poblar estos amplios territorios al sur del Duero, formándose la Comunidades de Villa y Tierra, en las que se agrupaban un conjunto de aldeas en torno a una villa principal, en este caso Portillo. Su gobierno se organizaba mediante un concejo, en el que participaban todas las villas que lo componían, aunque con un mayor peso de la principal, rigiéndose por unas mismas normas(fueros). Se organizó esta Comunidad de Villa y Tierra de Portillo en cuatro sexmos que agrupaban a 18 aldeas, de las que en la actualidad quedan Aldea de San Miguel, Aldeamayor de San Martín, Arrabal de Portillo antes llamado Reoyo, Camporredondo, La Parrilla y La Pedraja de Portillo. El resto de aldeas, hoy desaparecidas, aún mantienen el nombre del pago correspondiente: Aldea de Martín Fernández, Compasquillo, Barcelona, Cardiel, Comeso, Juarros, Revilla, San Cristóbal, La Torre, El Campo de la Aldehuela, Espardidas y Renedo.

En un principio estas Comunidades dependían exclusivamente del rey, aunque con el paso del tiempo cayeron en la dependencia señorial. En 1465 Enrique IV concede el señorío a D. Alonso de Pimentel, Conde de Benavente, bajo cuya autoridad va a permanecer hasta mediados del siglo XVIII.

El pino de Carranza

20 junio, 2009

De Aldeayor al pino Carranza

Nuestra provincia, de extensos pinares en la zona sur, cuenta con numerosos y grandes ejemplares de pino piñonero. Ahí están el pino de la Tableta en Aguasal, el de la Virgen en la ermita de Sacedón, muy cerca del anterior, el pino de los Llanillos en La Parrilla o el pino Macareno el Peñafiel.

Y el pino de Carranza o de la Tía Hilaria entre Portillo y Aldeamayor, del cual ya hemos hablado pero que no habíamos situado en el mapa.A él podemos llegar desde Aldeamayor por el camino del Manadero o por el de San Lorenzo, que nos introducen en el pinar donde se vive nuestro pino.

Pino de Carranza
No hay dos pinares iguales, y este también tiene sus peculiaridades. De entrada, aquí los pinos tienen asegurada agua y humedad en toda época del año, pues clavan sus raíces en el humedal de Aldeamayor, que forma parte del acuífero de los Arenales. Por eso, además de pinos, veremos algunos chopos y bastantes franjas de terreno de cultivo que se abastecen de pozos y otras perforaciones para regar. Antes incluso corrían arroyos por el pinar. Pero claro, de estos sólo quedan los nombres: de Bucianco, o del Pueblo con su soto de Villaverde, que antaño era una auténtica e inextricable selva.
Además, con perforaciones realizadas aquí se abastece de agua potable Aldeamayor. Vemos los depósitos de agua. A ellos nos lleva precisamente el camino del Manadero.

Corrales del Comeso

No lejos del pino, hacia el Sur, vemos los restos del corral Viejo, conocidos también como  corrales del Comeso, donde antiguamente se encerraban los toros para los festejos de Portillo. Desde aquí, a través del raso y guiados por jinetes con sus garrochas, eran conducidos a la fiesta en la localidad. Hoy no son más que ruinas de piedra y barro inundadas no por el agua sino por la maleza. Pero como todas las cosas, ellos también nos cuentan a su manera la historia de Aldeamayor y del raso de Portillo: toda esta zona fue ganadera y pastoril. No sólo en Boecillo, también en Aldeamayor, hubo antaño importantes ganaderías de reses bravas. Todavía está viva la leyenda de la Cruz del Toro, cruz que visitamos junto a la carretera de Segovia, luego destruida para construir (?) la autovía y hoy felizmente recuperada en la localidad; la Virgen de Compasco, que tenía su rebaño de ovejas. Incluso Aldeamayor, antes de poseer su propio ayuntamiento,  era una aldea donde vivían pastrores del término de Portillo. Por no hablar de las innumerables cañadas que cruzaban el término.

Negrales

Por lo demás, merece la pena dar un paseo por este inmenso pinar que se extiene hasta Portillo, Montemayor y La Parrilla. Abundan los piñoneros de buen porte, como este de la Tía Hilaria, los negrales con sus heridas realizas -y ya cicatrizadas- para extraerles la resina, algunos chopos, rosales silvestres, escobas y retamas, y abundantes plantas aromáticas como el tomillo o el cantueso. Incluso, por zonas, vemos también juncales y otras plantas propias de zonas húmedas. Señal inequívoca de la proximidad del agua .

Eso sí, ¡ojo con la arena! sobre todo en verano, yendo en bici, podemos dejar clavadas las ruedas en mitad del camino.