Posts Tagged ‘Primavera’

Paisajes nuevos

3 junio, 2018

Estos últimos días no hemos hecho salidas largas ni alejadas de la ciudad. Pero no importa: el campo se encuentra ahora tan diferente a lo habitual, tan lejos de esos largos veranos e inviernos a los que nos tiene acostumbrados que no hay que irse lejos para encontrar paisajes nuevos y desconocidos. Todos los colores se dan cita en esta primavera: los rojos, blancos, azules y amarillos de las flores; los verdes de mil tonalidades de los campos y arboledas; los azules, grises y blancos del cielo… Y los reflejos de las aguas alegran los paisajes: en los ríos, en los charcos de los caminos, en las lagunas de las praderas. Total, que cada salida por los alrededores de Valladolid supone descubrir nuevos panoramas, al menos por las notables diferencias con lo habitual.

Si vas por los pinares, ha desaparecido el marrón del pasado año y todo está esmaltado de pequeñas florecillas y verdes alfombras; aun no ha llegado ese desierto tan habitual en este tipo de montes. El páramo es un mar de verde oleaje. Las riberas están ahora en su máximo esplendor, lejos de esos esqueletos de árboles propios del verano. Los ribazos de los caminos se encuentran alegres y coloridos como nunca. Y en los cielos se suceden los nimbos y cúmulos y, sobre ellos, los sedosos cirros… hasta que todo ese mundo superior estalla en golpes atronadores y fogosos relámpagos que nos hacen rodar más deprisa de lo habitual.

Todas las horas son buenas para pasear en bici. A medio día, porque al no ser las jornadas calurosas todavía, la temperatura es ideal. Y al atardecer, porque el sol saca todos los colores y tonalidades al paisaje. Y algo parecido ocurre de madrugada.

Y los ríos bajan con un generoso caudal, con su típico murmullo, razón por la cual los senderos de las riberas se tornan especialmente entretenidos. Hasta en las subidas al páramo, con sus curvas y recodos, con los valles que dejamos atrás y el lino blanco y azul de las laderas, nos olvidamos del esfuerzo y de lo que cuestan las cuestas…

Pues eso, a salir por las veredas cercanas, que por el momento no es necesario ir demasiado lejos para descubrir paisajes desconocidos. Que ya vendrá el tío Julio con las rebajas.

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¿Primavera?

17 enero, 2016

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La verdad es que hay flores en el campo, muy pocas, pero demasiadas para estar en enero… Hoy mismo hemos visto un almendro floreciendo. El pobre debió empezar a echar flores hace dos o tres días y le ha pillado de lleno la helada de estas dos noches. Pero ahí estaba, resistiendo, en Laguna de Duero, junto al Canal.

¿Todavía no ha llegado el invierno o ha empezado ya la primavera? El tiempo lo dirá.

Empiezan los cambios

5 marzo, 2015
Primeras flores de almendro

Primeras flores de almendro

Algunas ramas de los primeros almendros ya están floreciendo. El morado de los zapatitos de la Virgen inunda las solanas. El sol brilla con fuerza y los días y las noches se igualan, por lo que ya puede salir uno en bici alguna tarde, que dan más de sí. Parece, pues, que ha comenzado –tímida, como casi siempre- la estación primaveral por estas latitudes. Bienvenida, a pesar de que harto le cuesta al almendro hacer la primavera del invierno.

Zapatitos

Zapatitos

Lluvia y sol en los majuelos

28 marzo, 2013

La seca

Había amanecido gris y habíamos llegado a La Seca. El cielo estaba cubierto de esa masa informe y gris que amenaza agua. Sin embargo, como el aire no estaba en calma, sino que soplaba un viento mas bien fuerte, tampoco presagiaba lluvia; antes habría de calmarse el viento. Empezamos a rodar por unos caminos con un firme nada firme. Las ruedas se pegaban al suelo y costaba avanzar. Iba a ser la tónica de todo el trayecto. La bicicleta buscaba el centro de los caminos, o la orilla, para avanzar por la hierba y pegarse menos al barro, ¡y mira que la hierba es pegajosa para el caucho de las cubiertas! Pero aguantaba sin llover.

¿Sin llover? Pero al oeste ya se ven chubascos. Y avanzan hacia nuestras posiciones. Parece que saben donde estamos.

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Efectivamente, a ponerse el chubasquero. Divisamos Medina del Campo desde el alto donde estuvo la ermita de San Cristóbal (¡qué forma de construir muros tan curiosa, mezclando ladrillo, cantos rodados y argamasa!), hoy podríamos llamarle el alto de las antenas de telecomunicaciones.

Para un poco de llover, nos secamos y vemos que la nube meona que ahora nos persigue es mucho más grande y fuerte que la anterior. Menos mal que tenemos a un tiro de piedra un pinarillo de reciente plantación con tres enormes y densos pinos. Unos de ellos, con su verde cúpula en vuelo sin destino sostenida por una rugosa forma que de tierra asciende -son decires del poeta Luelmo- nos guarece y nos sirve de observatorio para contemplar el paso del aguacero. Agua, claros, agua, sol, agua… y así sucesivamente.

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Dejamos nuestro pino protector sabiendo que cualquier nube podrá descargar encima de nosotros y subimos de nuevo –pero por otro camino-  la cuestecilla que separa las tierras de Medina de las de Pozaldez. ¡Qué gran panorama se abre ante nosotros: al sur llanuras dominadas por el castillo de la Mota, al oeste las altas torres de San Boal y Santa María, y al norte las ruinas del castillo de Pozaldez! Aquí abundan los cantos rodados mas que las arenas limosas de donde venimos. El sol sigue luchando con las nubes y el paisaje no puede ser más vivo, luminoso y claro, pues las aguas han limpiado el ambiente y el cielo es de un azul intenso.

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Un paréntesis para decir que las cunetas de nuestros caminos están salpicadas de margaritas, dientes de león e inundadas de zapatitos de la Virgen, esa pequeña flor morada. Y nunca habíamos visto tantas liebres –muchas emparejadas- en sólo unas horas.

Caemos por un antiguo camino escoltado de viejísimos almendros, recién enyerbado, que nos conduce hasta un pinar que parece nacer de un prado. Un poco más abajo, la fuente de Aguanverde, cuyo segundo pilón se encuentra sumergido en agua, de tanta que ha manado o caído, o de las dos.

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Pozaldez desde el olivar

Y enfilamos hacia Pozaldez, dejando a la izquierda el pinar y a la derecha la suave caída hacia el Adaja. Pasado el pueblo nos detenemos a observar un momento su luz y sus torres desde el olivar, brillante como pocas veces.

Ya en bajada hacia La Seca nos sorprende –sin sorpresa- un último aguacero pero después… después sale de nuevo el sol entre nubes, y un completo arco iris nos escolta entre campos de grava y viñedo, como si hubiéramos pasado bajos sus colores. Al terminar, un solitario almendro, nos saluda antes de terminar el viaje:

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Almendro en el majuelo

Como seco pastor de la llanura,
sin más sangre que savia contenida,
se te nace una flor en cada herida
que marzo abre y llena de blancura

 (Al decir también del mismo poeta)

Nunca comenzamos un trayecto tan gris y nunca lo terminamos tan luminoso. Cosas de la primavera recién estrenada. Moraleja: siempre merece la pena salir en bici. Y ya que estamos en La Seca, ¿estrenamos un verdejo?

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Primavera en los valles

31 mayo, 2012

…en los valles de los ríos Zapardiel y Trabancos. El primero es un río-charco, o río-zanja en el mejor de los casos. El segundo es un no-río, un auténtico río seco, y no precisamente como el Sequillo que, al fin y al cabo, lleva al menos un hilillo de agua.

Sin embargo, esta primavera de mayo hasta podía parecer –con un poco de imaginación- que llevaban agua. Al menos sus valles, sus riberas, estaban de un verde impecable, luminoso, incluso húmedo. Como si por el fondo del valle corriera un auténtico río.

Por el seco cauce del Trabancos despuntaban hileras de chopos a la vez que las alamedas parecían recién estrenadas. Una inmensa pradera era aprovechada por la ganadería, brava de aspecto, del Eván de Abajo. Hasta parecía que las ruinas de Santa Lucía del Anís estaban a punto de rejuvenecer y el molino del Trabancos recibiría agua para trabajar de nuevo. O que por el vado de la Cañada Real estaban cruzando merinas. O que asnos jóvenes empezaban a trabajar en las dos viejas norias que todavía quedan no lejos de Santa Lucía… Pero todo era un sueño producido por el verde deslumbrante.

Pero no fueron soñados los olivos de la casa de las Hornías. Miles de olivos que han trasformado el paisaje y caen desde las hornías hacia el regato del Pontarrón. Ya se ve que vuelven a Castilla buscando sus fueros perdidos. También vimos olivares a la salida de Rueda. Y los hay -desde hace poco-  en Rodilana, Castrillo Tejeriego, Medina de Rioseco…

El valle del Zapardiel es más ancho. Sus riberas caen suavemente desde los paramillos vestidas de verde, con algunos corros en barbechos -menos verdes-, con manchas de pinarillos, con ribazos y linderas salpicadas de flores. El valle del Zapardiel también estuvo lleno de vida humana: podemos ver los restos del castillo –de ahí Foncastín– y de una almazara. Y se mantiene en pie, todavía fuerte y en uso, el puente de piedra de Sofraga.

Y el pinar de la Nava. Lo cruzamos de Este a Oeste y pudimos ver piñoneros altos, de buen porte. Es un pinar cuidado y limpio, sin broza ni maleza, aclarado, con pinos olivados. Y con numerosos vecinos, tanto con alas como de cuatro patas. Y muy tranquilo: pocos paseantes encontraremos en sus caminos.

También nos paramos un momento en el alcornocal de Valdegalindo, que esta vez tenía, cosa rara, abundante hierba todavía verde. Seguramente ya se habrá secado pero quedarán, durante el mes de junio, bastantes plantas aromáticas –tomillos, cantueso, jara- relativamente vivas para seguir alegrándolo.

Y para los ineteresados dejamos aquí la ruta en wikiloc, que no coincide necesaria y exactamente con el mapa de arriba.

Chaparrones

19 marzo, 2012

Salir en bici -o caminando- siempre es agradable, aunque amenace lluvia. Y más ahora cuando todo parace renacer o reverdecer. El domingo pasado a una mañana luminosa le siguió una tarde con amenaza de lluvias. Pero había que salir a tomar el aire. La primera foto, del camino de las Berzosas, no indicaba todavía lluvia. Pero el tiempo fue cambiando poco a poco.

En Simancas las nubes ya ganaban terreno a los claros y, lógicamente, a ras de suelo las sombras ganaban al sol. Pero los campos se dejaban ver como nunca en lo que va de año, pintados de verde brillante.

Llegó un momento en que, miraras a donde miraras, veías al menos una nube descargando en algún punto del inmenso panorama. El viento ganaba en intensidad y era mas fresquito que al salir de casa.  Pero los paisajes no perdían belleza en absoluto.

En resumen, que estamos ya en primavera. Esta vez han venido juntas la real y la astronómica: si el pasado día 10 florecían los primeros almendros en Valladolid junto al río,  ayer todo estaba verde y una pareja de golondrinas hacía pasadas sobre el Pisuerga, en Simancas, buscando mosquitos que llevarse al gaznate. Hemos salido del invierno.