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Casa Navilla

15 marzo, 2015

Hornillos de Eresma

Después de algunos encontronazos con el mal tiempo y el barro, ante la soleada previsión dominical decidimos desplazarnos a Hornillos de Eresma y desde allí realizar una ruta circular. Esto significaba un factor común: los pinares, pero, eso si, con algunas sorpresas.

Comenzamos dando un pequeño paseo por este acogedor pueblo, único bañado por el Eresma en la provincia. Salimos buscando el sur a través de un extenso pinar que nos reservaba la rareza de ver cruzar un arroyo por medio, e incluso llevaba agua, si bien su aspecto y olor no invitaban precisamente a la pesca.

Al poco encontramos los vestigios de la casa de los Dieces, adobe derretido en un precioso y soleado paraje con algunos almendros esperando la llamada de la primavera. Seguimos el paseo hacia el sur, el cual se vio interrumpido por una cerca que nos obligó a modificar el recorrido y caminar un trecho entre arenales y una extensa pradera ocupada en tiempos por la laguna de la Navilla.

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Aspecto exterior de la casa

Salimos a la carretera que desde Hornillos lleva a Olmedo y a unos 200 metros nos encontramos una casa abandonada, como otras muchas, en medio del campo. Se trata de la casa de recreo de la Navilla de Dueñas, mandada levantar por el banquero medinense del siglo XVI Rodrigo de Dueñas, que también construyó a las afueras de su ciudad natal, junto al Zapardiel, otra casa de recreo conocida como Casa Blanca, conservada perfectamente; ambas mantienen el mismo tipo de planta. En Valladolid fue propietario de la Casa de los Gallo, que en la actualidad lo ocupa el Hotel Imperial junto a la Plaza Mayor, además de poseer el Palacio de los Dueñas en Medina del Campo, todo ello respaldado por su poderío económico, pues fue una de las principales fortunas de su época debido a actividades en banca y comercio. Rodrigo de Dueñas estableció el Mayorazgo de Dueñas, adquiriendo el señorío de Tórtoles de Esgueva, así como el de Hornillos de Eresma, de ahí la ubicación del la Casa de la Navilla. Esta casa de descanso se

Interior

Interior

levanta en una pequeña elevación sobre la llanura pinariega con la intención de ver y ser vistos. Es de planta cuadrada de 16 x 16 metros de lado con una cruz griega en su interior, cuyos brazos son de diferente anchura, creando un espacio en el cruce de ambos que haría la función de patio interior, que nacía de cuatro pilares de ladrillo generando cuatro arcos de medio punto que soportaban la torre que se alzaba hacia el exterior a modo de linterna perforada con ventanales que permitía la iluminación interior. El material constructivo empleado es el ladrillo macizo empleado también para la cubrición de bóvedas de cañón en los brazos de la cruz y algunas estancias del interior, utilizando el ladrillo a sardinel (ladrillo colocado de canto en el que queda a la vista el lado largo y estrecho del mismo), cubriéndose el edificio de una sola planta al exterior con tejado a cuatro vertientes.

Estucados en sus paredes

Estucados en sus paredes

Siguiendo el recorrido, nos dirigimos hacia el este por caminos firmes y secos, lo cual hacía que el sonido del rodar sintonizara agradablemente con el paisaje. Así, tras cruzar el nuevo ferrocarril, nos encontramos frente a la pedanía de Calabazas, al otro lado del río Adaja. Y tomamos dirección norte, de nuevo entre negrales. Aquí fue, donde como una exhalación, se nos cruzaron dos cérvidos al galope, al alejarse pudimos observar sus blancas colas levantadas lo que indicaría que se trataban de corzos.

Calabazas desde la orilla opuesta

Calabazas desde la orilla opuesta

Seguimos por nuestros pinares de albares y negrales, y advertimos nítidamente la vida en el pinar: no sólo corzos, también aves, conejos y otras formas de vida, parásitos en los pinos, tales como el muérdago y el musgo. Y con la vida también encontramos la muerte, en este caso de los mismos pinos; cuando caen siguen siendo impresionantes, recordándonos a los restos de cualquier gigantesco paquidermo consumiéndose en el tiempo.

En Alcazarén

En Alcazarén

Tras el merecido ágape campestre, tirados entre la húmeda hojarasca de la ribera, continuamos hacia Alcazarén. Allí dimos con la casa donde hace ya algún tiempo fue detenido el bandido, romántico pero bandido, Luis Candelas, para poco después ser agarrotado públicamente en Madrid a sus 31 años. Sus robos en la capital le fueron saliendo bien hasta que realizó el robo en casa de la modista de la Reina Regente, María Cristina, lo que le llevó a salir a toda prisa, dirigiéndose hacia el norte con su amante con la intención de embarcar con rumbo al Inglaterra. Pero subir al barco fue imposible, así que dio media vuelta tomando la diligencia con dirección a Madrid. Al llegar a la altura de San Cristóbal en Segovia, fue reconocido por el mayoral de la diligencia así que tuvo que huir. Merodeó por la zona hasta que el Guardia Nacional de Olmedo, Félix Martín, le reconoció en el camino real cerca de Alcazarén. Así que se presentaron los guardias en la posada frene a la iglesia de San Pedro donde procedieron a su detención, pese a que el bandido decía llamarse León Cañida y dedicarse al comercio de granos. De ahí se le llevó a Valdestillas y a Olmedo y Valladolid, aunque finalmente fue conducido a la cárcel de El Saladero de Madrid, situado en la Plaza de Santa Bárbara, antiguo edifico mandado levantar por Carlos III como matadero de cerdos y saladero de tocino. De ahí el nombre.

La cueva

La cueva

La curiosidad por el asunto nos llevó a la búsqueda de su legendaria cueva por la tortuosa ribera del Eresma, cuando desistíamos de encontrarla, alguien, con muy buena vista e intuición la encontró próxima la puente Mediana. Arriba, junto a la carretera nacional se encuentra el merendero El Puente que antaño fue posada o venta donde estuvo el antiguo fielato del camino real de Toledo a Valladolid, las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías (el nombre oficial era el de estación sanitaria, ya que aparte de su función recaudatoria estaba la de ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos), recibiendo ese nombre del fiel de la balanza que se utilizaba para el peso de los productos.

Después de recordar este luctuoso hecho regresamos a Hornillos cruzando el hermoso paraje de Valdegüete cuando ya el sol se nos cae. Uno de los pintorescos rincones que ofrecen los arenosos ríos que cruzan la provincia, ofreciendo diminutas playas que fueron tan concurridas aquellos domingos de hace ya un par de generaciones.

La ruta, según Miguel Ángel. Las fotos son de Javiloby y de Miangulo

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De Valdestillas a Puente Mediana (Adaja y Eresma)

6 febrero, 2010

Seguimos rodando por Tierra de Pinares. Es lógico: en época de lluvias es el terreno ideal, pues no hay barro, sólo arena.
Esta vez hemos ido desde Valdestillas -cruce de cañadas reales- hasta  Puente Mediana, entre Hornillos y Alcazarén, unos 44 km en total. En esta entrada describiremos brevemente el recorrido completo y en la segunda nos quedaremos en el horcajo de la confluencia Adaja-Eresma.

Pinares y cañadas

El primer tramo discurre por una buena pista que nos acerca atravesando campos cultivados hasta el puente de piedra sobre el Adaja, junto a Sieteiglesias. Al Oeste hemos ido dejando la mesetilla del Monte, plagada de majuelos, si bien sólo distinguimos la silueta de un solitario pino. Luego, ya en la orilla derecha,cruzamos la carretera y bordeamos el recinto de piedra que fuera un zoo.
Después, vemos no muy lejos Villalba y la amplitud de los cielos castellanos. Y volamos hasta llegar a la ribera del Eresma gracias a las pistas abiertas hace poco.
Entre campos y pinares, por la cañada real recién amojonada, nos presentamos en Hornillos,lugar de avituallamiento.

Puente Mediana

Dejada la carretera, nos deslizamos por una vieja calzada entre almendros y junto a un delicioso prado ribereño hasta la puente Mediana, contruida en el s. XVII por Francisco de Praves para dar servicio al camino real de Valladolid a Toledo. Pero hoy es un insólito lugar .


Insólito por muchos motivos. Es un precioso puente de dos ojos apuntados al que se le está merendando lentamente la maleza. Arbustos y negrillos crecen en su firme y en las barandas de piedra. La parte superior se encuentra llena de musgo y verdín. Bien es cierto que, por debajo, las bóvedas parecen decididas a resistir. Y el paso se hace  estrecho, recordando un viejo contadero de ganado.
Además ha conservado el femenino, gracias al mantenimiento de su inseparable adjetivo, mediana. Y, por último, en los alrededores de la puente se oye suspirar a Luis Candelas, ese romántico bandolero con leyenda de bueno y cultivado que respiró en esta puente sus últimos instantes de libertad en verano de 1837;luego, en la próxima Alcazarén, era apresado por la Guardia Nacional, y muerto a garrote vil en otoño de ese mismo año. ¿O es que tal vez la entonces coqueta puente se enamoró del Candelas y ha mantenido su femenino por él? Entre el murmullo del agua y de las hojas de negrillo se sigue oyendo la copla:

que estoy en vela
para ver si me roba,
¡ay!, Luis Candelas…

Paraísos escondidos

Pero dejémonos de historias y misterios, y pasemos a la otra orilla del Eresma. Ahora vamos a disfrutar de alamedas, cortados bajo el pinar, pequeñas playas escondidas, agua cristalina, prados frescos y, en fin, olvidados paraísos que se han acogido a la frescura protectora del río.


Aquí empieza también la parte del trayecto, sí, más hermosa, pero también más técnica y complicada para la bici. Vamos a tener que poner pie en tierra más de una vez por troncos de árboles que se atraviesan, o porque la rodera -¡sí de la moto!- se ha estrechado demasiado. De todas formas, a pesar de los moteros, está relativamente transitable. Conviene tomar alguna de las sendas o caminos que bajan hasta la orilla para contemplar de cerca la corriente. Especialmente podemos aprovechar los utilizados por los vehículos forestales.

Brazuelas y el camino de Santiago

Acabamos saliendo al pinar de Brazuelas y,por el camino de Santiago y cañada real, descansamos del sendero ribereño. Claro que al cruzar entre Brazuelas y el pinar nos podemos quedar clavados en el arenal. Para compensar, un Santiago peregrino, fuerte e impetuoso, nos anima desde el otro lado de la valla. Más lejos un crucero que casi no se distingue también nos recuerda el Camino. ¡Bien por la gente de Brazuelas!

Pero Brazuelas es también un lugar con mucha historia. En un viejo documento podemos leer:

Nuño Sarracino y su mujer D.ª Eulalia ofrecieron al monasterio de Silos la aldea de Brazuela, cercana á la villa de Olmedo, la qual avían recibido del rey Alfonso VI. La fecha es Domingo 13 de Diciembre del año 1125, y expresó el notario, que D.ª Urraca reinaba con su hijo D. Alfonso

Además, en la fortaleza de Brazuelas -de la que nada queda- estuvo preso, por orden de Juan II de Castilla , el célebre Fadrique de Aragón, Conde Luna, donde murió en el año de 1434.  Y, por si fuera poco, a principios del siglo XX se encontró dentro de un muro, escondida, una imagen de la Virgen de la O, que hoy vemos en la iglesia de Santa María Magdalena de Matapozuelos.

Y muy de prisa, entre pinares y cañadas con renovados mojones, llegamos a la confluencia para tomar un camino técnico -aunque no tanto como en el primer trayecto por la orilla del Eresma- que nos conducirá hasta el Tamarizo casi por las aguas del Adaja, entre cañizos y saúcos. ¡Precioso también! Luego, cruzado el Adaja, llegamos de nuevo en Valdestillas.