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Monte del Raso de Villalpando

10 octubre, 2019

El Raso de Villalpando es un extenso monte de pino y encina que se encuentra entre las localidades de Villalpando, San Pedro de Latarce, Belver de los Montes, Carrizo, San Martín y Villárdiga. Tiene unas 1.600 Ha y se levanta sobre un terreno elevado entre los los ríos Sequillo y Valderaduey. Por eso, lo primero que llama la atención es la denominación de raso -que significa plano, libre de estorbos- ya que no es llano y está enmarañado de árboles. El ejemplo de raso sería, para nosotros, el conocido Raso de Portillo. Pero bueno, todo esto tendrá su explicación que nosotros desconocemos.

El Raso, además de las raíces de sus árboles, tiene hondas raíces históricas pues, según parece, fue donado por Alfonso V a Villalpando y aldeas del alfoz. Por eso, aunque se encuentre en el término de esa villa, su explotación les pertenece a todas. Además, al principio de llamó Taraza, nombre que hoy solo mantiene San Pedro de Latarce y que parece emparentado con Torozos. En fin, misterios por resolver, como le ocurre a todo bosque que se precie de serlo.

El Raso era fuente de trabajo y recursos para los habitantes de los pueblos cercanos: abundante caza, explotación maderera, pastos para los ganados, setas, majuelos en los claros del bosque y en sus límites… en fin, que si eso lo unimos a la abundancia de anguilas y otras especies en los ríos Sequillo y Valderaduey, y a los pastos y huertas de ribera, tendremos una comarca relativamente rica. Claro que el monte también era refugio de lobos y aun hoy lo es. De todas formas, la historia del Raso es larga y rica: en un principio, el monte solo era de encina; llegó un momento -a fines del siglo XIX y principios del XX- en que desaparecieron debido a la presión de los agricultores con sus viesas (terreno de cultivo). Hacia 1940 se decide reforestar 1.500 Ha con pino, que viene a ser lo que tenemos ahora, además de grandes manchas de encina. Felizmente, en esta excursión, hemos visto algunas nuevas plantaciones de encina.

También hemos visto los restos de estas viesas, delimitadas por lindones de matas de encina que forman una división de las tierras muy parecida a la que vemos en algunas zonas del páramo de Torozos. Y todo suavemente alomado, con tierra rojiza y grandes cantos rodados. Abundan los majuelos abandonados en los que probamos una uva excelente y, en medio del monte, parras de vid que recuerdan lo que también fue todo esto. En alguna zona, chopos y negrillos.

Comprobamos que han cerrado varios caminos y cañadas que se dirigían a Villárdiga desde el centro del monte; el denominado monte Coto estaba vallado con alambre de espino y tuvimos que rodearlo en buena parte por sendas que, por intransitadas, habían sido invadidas por matas de encina.

La excursión se completó con una visita a Villárdiga, San Martín de Valderaduey y Cañizo, pueblos por los que ya habíamos pasado hace años. Desde los Pedregales vimos la torre de la iglesia de Santa María de Toldanos, que es lo único que queda de aquel pueblo de origen mozárabe. Pasamos por distintas charcas, tanto en el Raso como en las tierras de cultivo, casi todas secas. Hubo una, cerca de Carrizo, que aparentemente seca, nos engañó y quiso engullir a uno de nosotros; no lo consiguió pero le dejó su marca de negra pecina.

Finalmente, cruzamos por la presa del Sequillo a su orilla izquierda y no nos resistimos a visitar por enésima vez las ruinas del molino de Ojitos con su escalera desafiando las leyes de la física y tirada sobre la pared.

Ya de vuelta en San Pedro, quisimos probar sus Llaves cerveceras, pero no lo conseguimos: la fábrica estaba cerrada y no las tenían en el bar del pueblo. Pero estuvimos un rato de tertulia con los mayores de la localidad, justo en el lugar por donde antaño pasaba el Sequillo hasta que lo desviaron.

Aquí podéis ver el trayecto seguido.

Lagunas y resineros

7 marzo, 2014

Viana La Pedraja

Día gris, con viento, amenazando lluvia. Pero había que salir para airearse un poco después de estar toda la semana encerrados. Paseo por los pinares: Puente Duero, Viana, El Cardiel, el Raso de Portillo, Herrera, protegidos así por del viento y rodando sobre arena, por si acaso la lluvia aparecía.

Nuevas lagunas en el Raso de Portillo

Ha sido el descubrimiento de la excursión, pues no conocíamos este nuevo humedal terminado. Muchas zonas del Raso han estado siempre más o menos encharcadas, pues es uno de los lugares de afloramiento o descarga del acuífero de los Arenales y, como el Raso no tiene casi inclinación y está rodeado de páramos o pequeños oteros, tiende a encharcarse. No obstante, ahora posee zanjas de desagüe.

Humedal

Pues aquí, aprovechando el agua del arroyo del Molino, se han formado dos lagunas artificiales, con sus correspondientes islas, en las que diferentes aves de paso o no tan de paso recalan. Además, hay abundantes casetas de observación y senderos para acercarse. Total, un excelente lugar para pasar una mañana –o tarde- viendo aves de diferentes especies. En los alrededores también hemos visto avutardas.

Aquí podéis leer una explicación más amplia y ver un esquema de las lagunas.

 Resineros

 

Con el mazo y la medialuna

Con el mazo y la medialuna

Al pasar por Viana paramos un momento a contemplar la chimenea de una antigua fábrica de transformación de resina. Fue un buen augurio, pues nos anunciaba, sin haberlo entendido nosotros en ese momento, otro encuentro feliz, esta vez con dos resineros. El primero estaba desroñando pinos con la ayuda del barrasco; el segundo, mazo en mano, venía detrás colocando potes en los negrales con su correspondiente medialuna y hojalatas en ristre. Medía la distancia del pote con un aparato especial y todos ellos quedaban perfectamente trabados entre la punta y la hojalata.

Nos contaron que es un trabajo duro, pero no tanto, que otros no tienen en qué. Que ellos se hacían en la temporada unos doce mil pinos trabajando cinco días, que estaban currando este domingo porque durante la semana hubo demasiada agua. Que el terreno era de La Pedraja pero los pinos de Portillo, a quien pagaban la concesión, y que los guardas les controlaban demasiado… Bueno, pues hemos vuelto a las épocas anteriores a las vacas gordas. Esto ayudará sin duda a mantener el pinar, a que todos valoremos el trabajo productivo (que el especulativo no es trabajo), y desde aquí les deseamos a estos resineros, y a todos, que sea un buen año de miera.

Intentando despegar

Intentando despegar

Toboganes, pistas, agua

El trayecto entre Puente Duero y Viana discurrió por el sendero del Montico, con sus pinos, matas de encina y suelo verde. Pero, por probar, tomamos una bifurcación hacia el norte y fuimos  a media ladera pasando un sinfín de toboganes con abundante barro y grava. Seguro que eso nos fortaleció, pero aconsejamos recorrerlo en una época más seca.

Al fondo, La Pedraja

Al fondo, La Pedraja

También nos topamos con la pista de aterrizaje de aviones forestales del Corbejón y Quemados, en medio del pinar y de un kilómetro de larga. Pero las bicis, perezosas, no se atrevieron a despegar del asfalto. Parece que hace años que no se utiliza, y no deja de ser curioso encontrar una estructura de estas características perdida en el monte.

Y el Cega, que esta vez venía con abundante agua que alegraba la presa del Cardiel, antaño molino harinero y hoy centralita eléctrica. Han construido una escala para que la presa no constituya una barrera piscícola. Claro que, cuando el río viene seco, ¿dónde están los peces?

Bajo el firme del ferrocarril

Bajo el firme del ferrocarril

Páramo de La Parrilla

20 abril, 2013

Herrera de Duero

El domingo pasado fue el primer día de verano, después de una larga temporada de lluvias. Sol radiante, alta temperatura. La piel se nos chamuscó un poco, no estábamos acostumbrados a tanto sol. Los campos estaban relucientes, por todas partes el color dominante era un verde vivo y brillante. Partimos de Herrera de Duero para volver al mismo sitio

Pinares junto al Duero

De Herrera tomamos el camino a Tudela atravesando pinares tapizados de hierba bastante alta y, por supuesto, verde. De vez en cuando, nos asomamos al Duero, que había removido muchos árboles de sus orillas. Luego lo contemplamos desde el puente de hierro del ferrocarril de Ariza y más tarde desde un talud pinariego. Aún venía fuerte y marrón.

Subiendo

El páramo

La subida tuvo su aquél. Nos hizo vernos como somos, o sea, con poca fuerza, pues nos bajó de la bici más de una vez. Una cura de humildad, vamos. Pero desde la ladera, ¡qué bien se veía el valle del Duero! Por una vez, totalmente verde.

Y por arriba, daba gusto pasear. También todo verde y brillante. Agradecimos el calor, que siempre ayuda al ciclista. Campos de cereal, prados de hierba rala, encinares, algún pinarillo con sus procesionarias. La fuente de Arriba manaba agua en su escondite.

Traspinedo

Traspinedo

Nos asomamos al valle del Valcorba desde la Talaya de Traspinedo que también domina Santibáñez. Un verdadero encanto. Esplendoroso. ¡Qué día tan perfecto!, que exclamaría Jorge Guillén.

El Compasco

Desde La Parrilla en agradable bajada por dos valles y rodeando la Dehesilla, llegamos a Casa Blanca y luego a la ermita del Compasco. Tuvimos la suerte de que algunos cofrades estaban almorzando en los alrededores y nos abrieron la ermita para saludar a esta Virgen Pastora, pues ha tiempo tuvo un rebaño de ovejas, aparte de que lo de Compasco hace referencia precisamente a pastos.

Por la Dehesilla

El Raso

Y del Compasco, por el Raso de Portillo –atravesando ahora una urbanización- nos presentamos en Aldeamayor. Creíamos que los humedales tendrían abundante agua, pero nos equivocamos: había de todo. No obstante, nos acercamos al pinar próximo a los pastos de la ganadería del Raso y vimos que alguna laguna tenía agua. Una zona pantanosa nos quiso cortar el paso pero, dando un pequeño rodeo, llegamos a Herrera donde nos esperaban viandas reparadoras. Fin.

Contemplando el Valcorba

Contemplando el Valcorba

El puente de Carramedina

21 julio, 2009

Hace unos meses hablábamos del puente Grande, puente hoy fantasma en el término municipal de Aldeamayor de San Martín, que no lleva a ninguna parte ni viene de ningún sitio. Pues tenemos otro de similares características que da servicio -¡eso sí!- a un camino. Es fuerte, sencillo y humilde, pues salva el arroyo Viñuelas que es más bien una zanja o esgueva normalmente seca.

Puente Carramedina

Hace muchos años, hace siglos, Tudela de Duero y Medina del Campo eran dos importantes núcleos de población. Hoy todavía lo son, especialmente Medina. Tudela, además, podía considerarse la puerta del Duero, pues enlazaba nuestra llanura con Peñafiel, Aranda, Soria, e incluso Aragón y Barcelona (en Tudela aún le llaman de Barcelona a la carretera de Soria). Y bien, ¿qué camino unía Tudela y Medina? Pues precisamente éste en el que están nuestos dos puentes: el puente Grande, del que ya hemos hablado, y el de Carramedina, del que nos toca dar hoy una pincelada, al menos para divulgar un poco su actual existencia.

Se encuentra en el término municipal de la Pedraja de Portillo. La Pedraja, Aldeamayor y Aldea de San Miguel son localidades -con Ayuntamiento hoy- que dependieron de Portillo, pues fueron asentamientos donde se recogían los pastores del raso, que pertenecía a Portillo.

El puente de Carramedina se encuentra, pues, en el camino dicho, que también era cañada real merinera para los trashumantes que venían, sobre todo, de la sierra de la Demanda, en Burgos y Soria. Hoy han nacido multitud de chaletitos y miniurbanizaciones aprovechando la cañada y otros terrenos de pastos y que ya no se utilizan.

La vieja cañada cruza el puente

Se puede acceder al puente bien desde la carretera de Madrid -hay una indicación de Carramedina– o bien desde Aldeamayor. Desde aquí son 3,5 km y uno desde la carretera. No tiene pretiles ni casi lomo, razón por la cual no se le ve hasta que llegamos a él. Pero se une perfectamente a la cañada, pues los cimientos y empedrado -no visible- salen notablemente de la línea del cauce. Tal vez el empedrado era de unión a una calzada romana que también conectaba esta zona con la vieja Cauca.

Su origen puede remontarse a épocas romanas o medievales, pues a partir de la edad Moderna los puentes sobre zanjas y arroyos son más bien de ladrillo, y las caracterísitcas son similares al puente Grande. O sea, una pequeña joya perdida en la historia y en la llanura del raso de Portillo.

Compasquillo

El paseo puede completarse, siguiendo en dirección a Medina, con la visita al puente de Compasquillo, sobre el Cega, que sirvió a los pastores del raso para trasladar los rebaños a los pastos del Cardiel. También es un viejo puente, distinto al de Carramedina: esbelto y fino, apoyado en la peña salva limpiamente el barranco del Cega, y antiguo, si bien fue reconstruido en el siglo XVIII.

–Y si quieres dar una vuelra por el Cega contemplando su avifauna, pincha aquí

Un poco de historia: origen de la Tierra de Portillo

Esta zona vallisoletana cuenta con un pasado lejano, pues los primeros datos históricos con los que contamos se refieren a la aceifa que realizó Abderramán por estos territorios en el año 939, cuando se dirigía hacia la localidad de Septimancas, donde fue derrotado por los ejércitos cristianos. Este  ejército musulmán partió de Córdoba hacia Toledo, Coca, Íscar y Alcazarén, arrasando Portillo y susaldeas destruyendo cosechas, trastocando mojones y borrando sus vestigios.

Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI se intentó poblar estos amplios territorios al sur del Duero, formándose la Comunidades de Villa y Tierra, en las que se agrupaban un conjunto de aldeas en torno a una villa principal, en este caso Portillo. Su gobierno se organizaba mediante un concejo, en el que participaban todas las villas que lo componían, aunque con un mayor peso de la principal, rigiéndose por unas mismas normas(fueros). Se organizó esta Comunidad de Villa y Tierra de Portillo en cuatro sexmos que agrupaban a 18 aldeas, de las que en la actualidad quedan Aldea de San Miguel, Aldeamayor de San Martín, Arrabal de Portillo antes llamado Reoyo, Camporredondo, La Parrilla y La Pedraja de Portillo. El resto de aldeas, hoy desaparecidas, aún mantienen el nombre del pago correspondiente: Aldea de Martín Fernández, Compasquillo, Barcelona, Cardiel, Comeso, Juarros, Revilla, San Cristóbal, La Torre, El Campo de la Aldehuela, Espardidas y Renedo.

En un principio estas Comunidades dependían exclusivamente del rey, aunque con el paso del tiempo cayeron en la dependencia señorial. En 1465 Enrique IV concede el señorío a D. Alonso de Pimentel, Conde de Benavente, bajo cuya autoridad va a permanecer hasta mediados del siglo XVIII.

Entre el Jaramiel y el Esgueva (2): Casas de los Guardias

27 junio, 2009

La casa de Quintanilla

Desde el pozo de Ávila, en las Dehesillas, ponemos rumbo al barco de los Guardias.

Nos encontramos en el raso y no spresentamos en la casa de Quintanilla.  Esta zona estuvo más poblada de lo que parece. Buena prueba es esta casa y las (muchas) de los Guardias, a las que enseguida llegaremos. Aquí, los viejos muros de piedra y barro parecen elevar, desolados por tanto abandono, sus brazos al cielo, en medio de la ancha paramera. La casa debió ser muy grande. ¡Demasiadas cosas que fueron grandes! ¡Qué cantidad de pasado! Pero también queda el presente: un paisaje natural y limpio por el que limpiamente rodamos.
Casa de Quintanilla
Junto a la casa un abrevadero con su pozo, y su bomba extractora que puede ser usada. ¡Qué agua tan fresca de las entrañas del páramo!

Seguimos rodando. Al fondo se divisa una gran mancha de robles. Al llegar cerca, hay también algunos piñoneros. Cambiamos de dirección y rodamos por un paisaje distinto, por el monte que también se encuentra salpicado de ruinas de viejas casas, de pastores seguramente.

(Para ver el croquis pínchame)

Casas de los Guardias

Y llegamos al Barco de los Guardias, densamente poblado de encinas, robles, escobas, endrinos y plantas aromáticas. Pero también de hierba y vegetación típica de zonas húmedas. Un pozo –esta vez candado- y su abrevadero aprovechan la humedad del vallejo. Y todo sembrado de ruinas. La casa principal parece que estuvo en el borde del páramo, pues sus muros son los más anchos y sus piedras, grandes y labradas. ¿Quién habitó este barco hoy hundido? ¿Guardias? ¿pastores? ¿monteros? Si alguien lo sabe, que por favor deje un comentario. Pertenece al término de Fombellida y linda con el de Valbuena de Duero.

Jaramiel desde las casas de los Guardias

Este paraje tiene un encanto especial, y no sabemos explicar exactamente el por qué. Cae de los rasos hacia el valle del Jaramiel.  Este monte no se une al de enfrente -Monte Alto- de Pesquera de Duero, sino sólo por algunos ejemplares de roble aislados o en hilera que quieren actuar de mediadores. Antaño fue todo un extenso robledal. Al menos hoy quedan unos cuantos kilómetros cuadrados por los que pasear.

Páramo

Nos vamos con pena. De nuevo en el páramo. Cruzamos los Lanchares donde vemos un amplio prado con abundantes restos de corralizas. Curiosamente un corral, con sus muretes en perfecto estado, parece resistir el paso del tiempo. El aroma de espliego llena los aires y nuestros pulmones.

Pozo y bomba