Posts Tagged ‘santa cecilia’

Cuevas deshabitadas y una fuente recuperada

23 noviembre, 2018

La excursión de hoy ha consistido en atravesar el páramo de los Torozos desde Corcos hasta Santa Cecilia del Alcor. Día gris, fresco, sin sol y con el viento que buscó en todo momento la confrontación, el cara a cara.

Los paisajes se fueron alternando: amplios campos en el páramo, arcabucos en el monte, recogimiento en los vallejos. Y algunos caminos totalmente intransitables a causa de las rascaviejas acumuladas, que enredaban y bloqueaban ruedas, cadenas y cambios. ¡Nunca se habían visto tan infestados de esta maleza seca los campos! Seguramente la causa hay que buscarla en las abundantes lluvias de la última primavera.

En Santa Cecilia

Nos detuvimos de manera particular en las cuevas deshabitadas de Trigueros y Santa Cecilia, que antiguamente -hasta mediados del siglo pasado- fueron casas en las que vivía gente más bien pobre: jornaleros, pastores, viudas. Evidentemente tenían pocas comodidades: frías en invierno y en verano (más en verano), húmedas, estrechas y bajas, inseguras… Pero es lo que había entonces y no todo el mundo podía habitar una casa normal, de barro o piedra. Y fue algo muy común en este páramo y en los del Cerrato: Cabezón, Quintanilla de Trigueros, Mucientes, Cigales o Cubillas tuvieron este tipo de viviendas, por no citar más de una docena de localidades en la limítrofe provincia de Palencia.

El Castillo

Cuevas bajo el Castillo

En Trigueros se agrupan alrededor del Castillo (que es como se conoce a la ermita de la Virgen del Castillo), ocupando la visera del páramo, es decir, el espacio que queda bajo la capa de caliza más superficial después de excavar la parte de debajo, de margas y yeso, como de dos metros de espesor. Una vez excavada, se cerraba con un muro de piedras del mismo páramo, dejando hueco para puertas y ventanas. Los tabiques eran de yeso no retirado. Dentro tenían sus chimeneas y cocinas, e incluso en una de ellas puede verse todavía un horno.

Panorama de Trigueros

Encima, en un picón de la paramera, se levanta la ermita. En el origen debió ser muy antigua, nada menos que del siglo X, pues la puerta exhibe un arco mozárabe y encima, una piedra con un dibujo del mismo estilo. Todo lo demás es muy posterior, de construcción relativamente reciente. Pero lo mejor es la vista desde este mirador: el pueblo se extiende a nuestros pies, con sus plazas, calles, iglesia de ábside románico, castillo en el fondo sur, bodegas, palomares, arboledas… Una maravilla para la vista.

Santa Cecilia del Alcor

Es otra cosa. Vemos dos grupos de casas cueva, uno al oeste y otro en el extremo este, ya fuera del pueblo. Del primero quedan algunos restos de cuevas muy hundidas y otras que no se ven porque se construyeron delante casas el siglo pasado, quedando ocultas las cuevas. Fue una mejora habitacional.

Interior de una cueva “amplia”

Pero las del extremo este son visibles y visitables -con un poco de cuidado, dada la inseguridad por las caídas de algunas viseras de piedra. Se extienden, igual que las de Trigueros, bajo la capa de caliza del páramo, que ha quedado sin la zona de yeso y margas que tenía debajo. Se pueden apreciar diferentes tipos o planos de casas, con sus cocina, alcobas, almacenes, cuadras. En algunos casos no queda nada del muro exterior, pero en otros casos se puede observar hasta un alero hecho de lajas de piedra que protegía de la caída de agua por el muro.

Obsérvese el detalle del alero

Fuente del Parral

Vamos, finamente a por esta fuente, que en otras ocasiones no habíamos encontrado… por no haberla buscado bien. Al bajar del monte de Dueñas por el barco que hay a partir del Torilejo, dimos con las tierra abiertas de Quintanilla y, enseguida, con el arroyo del Prado. Pues bien, unos 50 metros más arriba del puentecillo, en el mismo cauce del arroyo, donde se ve un montoncillo de piedras, está, medio sepultada por la maleza, la fuente del Parral. Nos costó trabajo encontrarla, pero allí la encontramos, viva y fluyente. Seguramente hace años que nadie se acerca a verla. Como el arroyo estaba seco por encima del manantial, no tendría que ser complicado dar con ella.

El claro del fondo no se movió en todo el día

También pasamos por la fuente del Conde (seca), a la ida, antes de llegar Quintanilla y antes pasamos cerca de la fuente del Pradillo, al caer desde el paramillo que subimos nada más salir de Corcos. Poco antes de llegar a esta fuente, nos llamó la atención el cauce del arroyo de Valdemuñón, que forma pequeñas cascadas debido a que las finas placas de caliza resisten al agua de la torrentera, mientras la tierra que tienen debajo es desalojada y arrastrada.

El recorrido fue: de Corcos a Trigueros subiendo al páramo, de aquí a Quintanilla por la fuente del Conde, luego por los corrales de Hoyalejos y por el monte hasta Santa Cecilia, volviendo por Paredes, hornos de Font, monte de Dueñas, los Tres Pinos, Trigueros y Corcos. 60 km de nada.

Cascada -seca- en el arroyo de Valdemuñón

Cuando el calor aprieta, el páramo

11 julio, 2015

Cigales Santa Cecilia¿Qué se puede hacer cuando el calor aprieta? Pues hay muchas posibilidades. Una, salir a primera hora de la mañana o a ultima de la tarde. Otra, planear el recorrido junto a ríos y canales. Y otra –como la del domingo pasado- rodar por el páramo de los Torozos, que suele disfrutar de una temperatura entre 3 y 4 grados por debajo de los valles, y no digamos ya de Valladolid ciudad.

Robledal cerca de la Barranca

Robledal cerca de la Barranca

De manera que salimos de Cigales y enfilamos la amplia vaguada de Valcaliente para terminar la subida al páramo por la Barranca. Esta última parte –con manantial y todo- discurre bien protegida del sol por la densidad de su monte de robles. Rodamos sobre una alfombra verde.

Ya arriba nos acercamos, para seguirla, a la cañada de la Raya, que ahora tiene una pista paralela, que da servicio a los aerogeneradores. Después, a campo traviesa por terrenos ya cosechados, con el suelo bien duro y por tanto muy ciclable, hasta la carretera de Ampudia. Aquí tomamos un camino que pasa junto a una tenada y se mete por pinares que llegan a oscurecerse debido a su densidad y que ya teníamos olvidados desde hace muchos años.¡Cómo cantaban las cigarras!

Por los campos cosechados

Por los campos cosechados

Al salir del pinar, el camino desapareció en la dirección que nos interesaba, de manera que hicimos un pequeño trayecto campo a través. Luego, nos encontramos con que habían puesto puertas al campo, menos mal que se podían abrir y cerrar. Al fin tomamos una cañada que nos sorprendió con un tremendo tobogán hasta que acabamos por perderla en otro denso monte, esta vez de encinas y carrascas. De manera que salimos a la carretera que, en cuestión de muy pocos kilómetros, nos dejó en Santa Cecilia del Alcor, donde nos refrescamos en su fuente. Precioso pueblo instalado en el comienzo mismo del vallejo que se dirige a Ampudia y pasa junto al monasterio de la Virgen de Alconada..

Subiendo el "tobogán" de la cañada

Subiendo el “tobogán” de la cañada

La vuelta fue más sencilla, pues atravesamos el monte de Dueñas: pasamos por su corazón, recorrimos algunos de sus senderos, y salimos al término municipal de Quintanilla de Trigueros, ya en la provincia de Valladolid, y rodando algo a campo traviesa de nuevo. Saludamos a los Tres Pinos y, por campos de cereal y viñedo, pasamos junto a la bodega Museum y su encina nueve veces centenaria. Al fin, nos plantamos en Cigales y sufrimos un poco debido al calor y a los caminos de grava, algunos en pronunciada subida.

En el monte de Dueñas

En el monte de Dueñas

Interesante y variada excursión. Parte por sombra –montes de pino y roble-; muchos trayectos por terreno sin camino pero firme; páramo y laderas; por aprovechamientos tradicionales en el monte –si se contempla desde el cielo aparecen cuadrados cuyos limites son robles y encinas; carreteras por las que nadie circula…

Y todo terminó dándonos un baño junto al –ahora más que nunca- famoso puente de Cabezón de Pisuerga.

Esto no son los accesos a NY

Esto no son los accesos a NY