Posts Tagged ‘Sardón’

Un claro entre nubes

16 noviembre, 2018

El pasado fin de semana estuvo lloviendo a jarros. Nada animaba a dar una vuelta en bici; en casa se estaba tan ricamente oyendo llover. Pero el sábado, después de comer, dejó de caer agua a la vez que se puso a soplar el viento. Y acabó saliendo el sol, muy tímidamente y solo a ratos. ¿Para qué más? El campo parecía decir ven a verme.

De manera que le hice caso y allá que fui. Solo un rato. Solo hasta que se hizo de noche, que ahora el sol se mete pronto. Pero lo justo para saludar a un noviembre ocre, lluvioso y embarrado.

Punto de partida: Traspinedo, por el camino del Arenal. Después de pasar junto a las desmochadas ruinas del molino de Papel, llegas, claro, al arenal. Pura arena. Tanto, que tienes que ir con la bici de la mano. No hay otra. Y cuesta caminar. Al poco, pasas por un puente, rústico como pocos, hecho de grandes lajas de caliza colocadas sobre arroyo del Molino, que no es arroyo de verdad aunque tenga algunos árboles en las orillas, sino una zanja o acequia seca.

Después de seguir el arroyo, el paseo discurrió entre pinos por caminos con firme normal, que se agradecía. Este monte -de abundantes juncos y con algunos pozos y lagunas- olía a lluvia, y los pinos parecían limpios, nuevos, como recién estrenados para uno que pasaba por allí (!). La tamuja también estaba pulcra, sin polvo, suave. Así, acabamos en Sardón, para rellenar el bidón en la fuente de la plaza.

Otro parón en los majuelos próximos, haciendo un poco de rebusca: ¡qué dulces y ricas estaban las tempranillo! Entre majuelos y encinas, con miedo a la pegajosa arcilla, fuimos cuesta arriba por el camino de los Robles que, en el mismo cerral, nos esperaban (los dos) para darnos la bienvenida tras la sudorosa subida. Estaban vestidos como arlequines, al modo pop-art: con una mitad seca y otra mojada. Viejos y simpáticos. Un poco más allá, siguiendo un camino de ásperos bogales, los restos de un horno de la cal.

Y, otro poco más allá, el plato fuerte de la excursión: el mirador del Pico del Moro que nos mostraba, a nuestros pies, el valle del Duero. Hacia el este, el valle acogía entre sus laderas, muy separadas, la luz del poniente que se metía difuminada entre nubes volanderas de puro algodón, vapores traslúcidos y algún chaparrón. Al frente, Sardón, los chopos de la ribera, las laderas del pico Melero, la Abadía de Retuerta y sus viñedos, Quintanilla de Onésimo, y todo a la luz casi horizontal del sol que se colaba desde la boca del valle iluminando cada resalte para sacar sus matices otoñales… ¡Un auténtico espectáculo natural y gratuito!

Poco después, en la bajada, el sol seguía sacando los colores a los pinos y encinas del barco del Gollón y se dejaba ver entre las hierbas y matas del borde del camino. Entre pinares, ya de noche cerrada, llegamos a Santibáñez y más tarde a Traspinedo, donde los vecinos celebraban a su patrono, san Martín.

Aquí, el recorrido, de unos 30 km.

Un 10 para Bikes y birras

13 julio, 2014

 

El equipo en la meta

El equipo en la salida

Un gran día entre Sardón de Duero y Quintanilla de Onésimo para los ciclistas todo terreno.

Y no sólo porque hizo –por fin- calor, lo cual siempre suele ser bueno para rodar, sino porque todo estaba perfectamente organizado.

Todos teníamos un poco en la cabeza la dificultad del recorrido, o sea, las cuatro subiditas al páramo. ¿Cómo responderíamos? Pero la organización lo había previsto muy bien, de manera que, siendo el desnivel prácticamente el mismo para las cuatro subidas, la primera fue, con mucho, la más dura y la dificultad fue decreciendo progresivamente hasta la última, que resultó ser la más suave. Los que iban pensando que sólo subirían dos, acabaron subiendo tres. Y los que creíamos que sufriríamos, pues felices.

La subida espera

La subida espera

¡Y qué avituallamiento! Nada menos que en Quintanilla, ¡un barril de cerveza de la buena! Nos dio alas para subir.

Mil gracias a los organizadores y a todos los que estaban para indicar el rumbo en los cruces de caminos. Y a los participantes. Abundaban los equipos tipo Jarra y Pedal, o Porrón y Parrilla. O sea, gente normal.

El paisaje mereció la pena, eso ya lo sabíamos: páramos, encinares, vistas sobre el Duero y el Valcorba, el Canal y el Duero…

Saliendo del encinar de "El Montecillo"

Saliendo del encinar de “El Montecillo”

La última bajada fue un disfrute. ¡Qué sensación tirarse por el senderillo!

Estupendo el hornazo, la empanada, las cervezas (ya lo hemos dicho, pero lo repetimos), los pinchos, y la piscina.

Gracias,  enhorabuena y¡hasta el año que viene!

Esta encina nunca vio tantos ciclistas

Esta encina nunca vio tantos ciclistas

 

Próximo domingo: bikes y birra en Sardón

6 julio, 2014

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Tiene buena pinta. El próximo domingo, día 13 de julio, el Club Atlético de Sardón ha preparado una ruta ciclista popular, no competitiva, por los alrededores de la localidad. De hecho se llama bikes y birras, o sea, que tan importante es dar un paseo en bici como degustar una buena cerveza.

Está bien organizada. No sólo porque al final habrá birras, refrescos, hornazos y hasta un baño en la piscina para todo el que quiera, sino porque hay tres posibles recorridos, a fin de que cada uno elija el que prefiera –o el que pueda- según sus gustos, estados de forma, edad, etc. El más duro son 55 km, y los otras dos son de 38 y 23.

El paisaje, 10 sobre 10. El Montecillo. Los páramos y encinares frente a Sardón. Las viñas de Retuerta. Los pinares de Quintanilla. Vistas del valle del Duero. El Canal.

¿Lo más duro? (que no lo peor) que el recorrido largo (el de 55 km) cuenta con ¡4 subiditas al páramo!

Algunos de este blog ya nos hemos apuntado. ¡Hasta el domingo!

Canal del Duero 045

La Senda del Duero en Tudela, un paseo muy recomendable

8 septiembre, 2013

DSCN5844Seguimos junto al Duero, esta vez cerca de Tudela. La senda de hoy tiene algunos tramos verdaderamente excepcionales, en los que el camino se convierte en un estrecho sendero de apenas un metro de anchura y avanza cubierto por la frondosidad de los árboles de la ribera que le dan abundante sombra en lo más cálido del estío, sube y baja en continuos toboganes, da vueltas y revueltas para adaptarse al río y su ribera, salva arroyos y manantiales gracias a rústicas pasarelas de madera y, en fin, las aguas del Duero se dejan ver casi de continuo y con ellas alguna garza e incluso algún martín pescador…

Ya hemos paseado por senderos similares entre La Peña y Tordesillas, o entre Peñafiel y Pesquera. Pero aun no habíamos estrenado este que, por supuesto, no nos ha defraudado en absoluto.

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Hay que tomar algunas precauciones y circular con prudencia en las proximidades de Tudela, para no dar un susto a los andarines que encontremos. Luego, lejos ya de la población, habrá que rodar atentos para no chocar con otro ciclista que venga de frente. Todo tiene sus inconvenientes y sus ventajas, pues rodamos tan ocultos, tan metidos en la ribera, que la vegetación nos impide ver bien al que viene y ser vistos por él. No obstante, en algún momento, el sendero toma contacto –durante unos pocos metros- con los campos de cultivo próximos. También pasaremos junto a algunas fuentes y manantiales.

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En total, son sólo siete kilómetros desde Tudela –la senda se toma en la orilla izquierda, cerca de la nueva pasarela que está unos 300 m aguas arriba del puente de piedra- hasta el lugar donde el Canal del Duero se cruza, mediante un acueducto, con el río. Luego, continúa por la sirga del Canal hasta Sardón y Quintanilla de Onésimo. ¡Recomendable, sin duda!

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Bosques, majuelos y riberas (seguimos en otoño)

14 noviembre, 2009

Y vamos con la segunda parte de la última excursión: ver el mapa en la entrada anterior.

En Quintanilla podríamos acercarnos a contemplar la ribera, que esconde un buen puente de piedra, una aceña convertida en hotel restaurante, y la toma de aguas del Canal, que aprovecha precisamente la presa de la vieja aceña. La ribera guarda también dos fuentes en esta orilla y otras dos en la de Olivares. Por lo demás, en el termino abundan viñas, majuelos y bodegas, pues no en vano estamos en territorio de la denominación de origen Ribera de Duero.En el páramo; detrás, el valle

Y ¡p’arriba! Desde el centro de Quintanilla hasta el borde del páramo son 3 km justos de subida. Primero agradable y luego -los últimos 400 mts- un tanto empinada. Pero el esfuerzo merece la pena. Además, tenemos un manantial con represa para refrescarnos y huertas con cerezos.

El páramo esconde un bosque mixto de pinos con encinas, robles y algún enebro. Avanzando, bordeamos la Planta y llegamos al Carrascal con sus viejas casas, hoy aprovechadas por la Junta  para dar servicio a un coto regional de caza. Nos da la impresión de estar en el confín del mundo, pues no hay demasiada gente por estos lares; de hecho no vemos a nadie…

Chozo de pastor

Seguimos una buena pista que serpea entre los pinos y vemos restos de corralizas de piedra. Al final, bordeamos un gran claro cultivado y por la carretera nos llegamos hasta el paraje de las canteras, donde se han llevado buena parte de la antigua superficie paramera. Pero no toda. Descubrimos con asombro y agrado un buen chozo de pastor (uno de los más altos, al menos por dentro, de los  que quedan en la provincia) que se mantiene en pie, respetado, sobre una lomilla con el suelo levantado por delante y por detrás. ¡Bien! Agradezcamos a la empresa explotadora de la cantera el detalle y  ojalá se conserve por muchísimo tiempo y, si es posible, bien cuidado y accesible.

Retuerta

Y ahora toca bajar hacia Quintanilla para tomar el camino que, entre las viñas y bodegas de la Abadía de Retuerta, nos deja en  Sardón de Duero, donde cruzamos el río para volver a Tudela por la orilla derecha.

Soto

¿Qué más vemos? Un bellísimo soto -ahora con esplendores otoñales- nada más pasar una centralita sobre el río, el viejo pueblo de Peñalba que felizmente no se despuebla -al menos sobrevive un pastor con su  rebaño-, los restos de un puente que unía ¡eran otros tiempos! las dos riberas, los cortados de Peñalba con sus halconeras, la centralita de Villabáñez, y el acueducto del Canal sobre el Duero.

Y desde aquí, contemplando las variadas tonalidades ocres en los chopos del Canal y en todo tipo de árboles de ribera en el Duero, las burras nos llevan por el camino de sirga que conduce a Tudela.

Chopos del Canal

El Canal del Duero, otoñal

8 noviembre, 2009

Quintanilla OnesimoEstos son días que llaman a pasear junto a ríos y canales, para contemplar el otoño en todo su dorado esplendor:  los árboles se desnudan, no sin antes haberlas trastocado de los vivos colores veraniegos en algún tono ocres. También veremos otras tonalidades otoñales: los frutos rojos de agavanzos y majuelos, los negros de algunas uvas de parra ¡y de perro!, y el color de la atmósfera, que ya no es es plano y cargado, propio del verano, sino profundo y claro, típico de un sol que va perdiendo fuerza lentamente…

El Duero al fondoLa primera parte, el paseo desde Tudela hasta el acueducto del Canal sobre el Duero no posee ningún encanto: salimos  por la vieja carretera de Barcelona, bordeamos la autovía junto al pinar y atravesamos por el polígono industrial Tuduero. Y, llegados al Duero comienza la excursión propiamente dicha. La orilla del río está bien protegida por la vegetación (sauces, álamos, tamarindos) y, escuchado el rumor de la corriente, nos acercamos hasta el Canal. ¡Grata sorpresa!: descubrimos un camino amplio y andadero -también para bicis- donde antes había sólo una estrecha senda poblada de maleza. Con algunos cortes donde aún pervive la antigua senda, el buen camino llega hasta el mismo nacimiento del Canal, en Quintanilla.

En el JardínLos árboles que adornan el cauce canal se encuentran vestidos de rojo y oro, y en la línea del horizonte Norte aparece la ribera del Duero, también señalada por una elegante línea de chopos. Detrás, en gris, una de las mamblas y la caída del páramo.
Conforme nos acercamos a Sardón,ya junto al Duero, el camino se vuelve más dorado aun, y terminamos por descansar un poco junto al puente del Duero, en el denominado Jardín del Carretero, que cuenta con secuoyas, pinsapos o tilos.
Entre el canal y el río ha quedado aisalado un viejo y humilde cementerio; está inconcluso el puente que se proyectó para unirlo con el pueblo, salvando el Canal.
Luego pasamos junto a secuoyas inclinadas, a punto de caer, y dejamos a la derecha la Abadía de Retuerta, felizmente convertida en bodega de estupendos caldos. Y enseguida nos llama el rumor de una pesquera, abajo, en el Duero.

Alfombra otoñalNuestro paseo continua por la ancha pista, señalada con postes kilométricos artesanales, cada uno junto a un arbolito más o menos peculiar. Un esbelto puente de tres ojos -muchos, para un humilde río artificial-  une las tierras de labor con una curva del río. Comprobamos que se ha eliminado el único paso peligroso del itinerario (un muro que separaba río y Canal, que había que pasarlo por su lomo) y cómodamente, sin apearnos de las burras, cruzamos junto al viejo muro, sin subirnos a él, y el río.
Sin darnos cuenta hemos llegado al fin de esta primera parte del trayecto: Quintanilla. El agua del Canal surge de un tunel que, atravesando el pueblo, viene de la toma de agua en la pesquera de la aceña. Una fuente señala también el nacimiento de nuestro Canal.

Duero y Canal