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De Toro a Castronuño por la Senda del Duero

3 marzo, 2014

Puente

Final de la excursión iniciada en la entrada anterior.

Alrededores del puente

El paraje sobre el puente romano de Toro no puede ser más espectacular y, a la vez, mezcla perfecta de aspectos naturales y artificiales: un puente de piedra que, con el dique que encauza al río por la izquierda  para hacer el cauce algo más estrecho en una inmensa curva donde el río quiere desparramarse, puede medir un kilómetro de largo, sin tener en cuenta los restos de calzada; las cárcavas rojizas de Toro cayendo al río bajo la ermita del Canto; las alamedas de la ribera; la pesquera hundida sobre la que se apoya el puente y que acelera la corriente; el prado con su fuente en la orilla derecha…  y alta, en la cima, la torre de la Colegiata, como transmitiendo un perfecto equilibrio a todo lo demás.

Macho burreño. Detrás, una mula.

Macho burreño. Detrás, una mula.

Nos alejamos por la orilla izquierda hacia Castronuño. Restos de calzada. Un río inmenso protegido por álamos. Volvemos a pasar por la desembocadura del Guareña y, ¡qué causalidad! nos encontramos con un macho burreño y una mula yeguata. Naturalmente, nos acordamos de Gaude. Sabemos lo que realmente son gracias a que podemos preguntar a su dueño, todo hay que decirlo.

Tímulos

Poco después, nos detenemos ante un azud en el Duero para producir energía eléctrica: el agua casi lo salta, de tan fuerte que viene. En el embalse se pueden observar aves acuáticas. Sin duda predominan los cormoranes.

22 febrero 259

Y llegamos al Caserío de Tímulos: coqueto, entre arboledas, con una sencilla ermita que se descubre gracias a la espadaña. Ya saliendo, nos fijamos en una extraña construcción que rompe todos los cánones. Algo así como un palomar subido en un enorme mojón (!). Nos acercamos –no hay nadie en el caserío para preguntar- y alguno casi se queda metido en un canal seco, ¡trampa mortal! ¡Nadie reconocerá lo que hacemos los ciclistas blogueros para informar al mundo!

Tímulos

Efectivamente, lo de arriba es un palomar, inaccesible hoy: por la puerta entreabierta se dejan ver los nidales. Y se asienta sobre un viejo torreón –calicanto, y sillería en las esquinas- macizo de origen tal vez romano o medieval. Luego nos enteramos de que esto es un despoblado. Pero poco más podemos contar: ¿alguien sabe algo?

Las Peñas y la presa de San José    

 A partir de aquí todo fue rodar y rodar por caminos de buen firme. A nuestra izquierda, el manso y fuerte río Duero delimitado por su bosquete de sauces, chopos y álamos que, en algún aclarado, nos dejaba ver las aguas. Entre los sembrados, algunos almendros lucían ya flor.

Río

Pequeño descanso en las Peñas, con su alameda-merendero. Cruzamos Villafranca

-¿Qué es mejor tomar aquí: un tinto de Toro o un verdejo de Rueda?

-Como los dos se crían en sus bodegas, ambos has de probar.

En la presa de San José el Duero se vuelve blanco y vaporoso de tanta espuma. Al fondo, las luces de Castronuño comienzan a encenderse. El sol ya ha caído. Una pequeña cuesta de nada y nos presentamos donde salimos, en el mirador de La Muela. Gran excursión.

Castronuño

ACTUALIZACIÓN: el vídeo de Miguel Ángel que, una vez más, se me olvidaba.

El bosque del Duero

3 octubre, 2013

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De Quintanilla de Onésimo a Pesquera, la senda del Duero discurre por un auténtico bosque caducifolio. El hecho de que la floresta sea extremadamente angosta, una larguísima y estrecha cinta entre el río y las tierras de labor, no le resta importancia, ni le hace de categoría inferior. Se trata de un bosque más, con sus peculiares características. Y es ideal para pasear, ya sea a pie o en bici. Claro que si vamos en bici hemos de poner algo más de precaución de lo normal, pues la senda es estrecha –si se cruzan dos ciclistas ambos han de apartarse hasta los límites del camino o un poco más- y con continuas subidas y bajadas. Un estupendo tobogán.

Dentro de este bosque de galería, predominan las alamedas. Como todos los álamos buscan la luz, crecen finos y derechos buscándola, y el camino a veces parece un denso bosque de palos de diferentes tamaños. Pero también hay fresnos, chopos, muchos sauces y alisos. Como la humedad no falta, ya son abundantes las setas de chopo. Muy pronto aparecerán otras, a poco que se mantengan estas lluvias.

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Pero también veremos –sobre todo a la altura de Quintanilla de Arriba- algunos pequeños bosquetes de roble que pretenden acercarse al río, además de encinas y robles aislados. Y también pinarillos.

El otoño ofrece otros atractivos: no hace falta que llevemos comida. Vamos a encontrar zarzamoras en su punto, bien maduras. Ciruelas silvestres, negras ¿brunos? y amarillas, las dos variedades son muy pequeñas, pero con una pulpa especialmente dulce. Uvas, nueces, manzanas, peras e higos. Seguramente habrá más variedad, pero no nos fijamos. No todas las peras estaban maduras, y de los higos, muy pocos. Tal vez muchos de estos ya no lleguen a madurar.

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Y dentro de muy poco, además de setas, el bosque –que es sobre todo caducifolio- se volverá amarillo con todas esas variedades rojizas, ocres, granates, doradas… Será todo un espectáculo pasear por su interior.  Por supuesto, no faltan fuentes y manantiales.

Además del río, siempre en movimiento, nos acompaña una fauna variada e inquieta. Ardillas: les gusta sentarse en la senda para dar cuenta de nueces y almendros. Garzas: están en la orilla del río, sobre alguna rama o tronco seco, y las vemos levantar el vuelo a nuestro paso. Algún martín pescador. Enormes cormoranes que despegan como hidroaviones al ser sorprorendidos. Patos y pitos. Carriceros, mosquiteros, chochines… Peces que saltan y no distinguimos si son lucio-percas, barbos, carpas o alburnos. Salvo que los veamos en la cesta de algún pescador. Incluso podemos descubrir algún cangrejo despistado.

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Si no es mal sitio para perderse en verano, por la sombra abundante, tampoco lo es para pasear ahora, en época de lluvia: los árboles protegen bien, salvo que la lluvia sea fuerte y persistente, y el firme drena de maravilla, no produce barro: la bici se agarra con normalidad salvo ¡ojo! en las pocas pasarelas de madera que tienen barro. Y si hay viento en contra no se nota, estás siempre a la abrigada. Si os gusta pasear de noche y hay luna veremos como riela en el Duero y llena de chispas sus aguas.

Llenando depósitos en la fuente de Olivares

Llenando depósitos en la fuente de Olivares

 

Otras sendas del Duero:

 

 

 

 

 

 

 

De Tordesillas a Castronuño por la Senda del Duero

2 septiembre, 2013
Cerca de Castronuño

Cerca de Castronuño

La Senda del Duero es uno de eso senderos de largo recorrido promocionados por la Federación de Montaña y Senderismo. Está perfectamente señalizada y, como recorre lo largo que es el río, cruza –con él- nuestra provincia desde Peñafiel a Villafranca. Tiene la gran ventaja de que es fresco en verano, pues buena parte del recorrido lo hace en compañía de los frondosos árboles de la ribera.

Este trayecto lo hicimos hace unos días, a finales de agosto, saliendo de Tordesillas para  llegar a Castronuño por  la orilla derecha, que es por donde va la senda,  para volver por la ribera izquierda.

Desde el canal

Desde el canal

En los primeros kilómetros, el camino se decide por el Canal de Tordesillas. Desde luego, es una buena opción, pues te permite ir contemplando el ancho territorio que se extiende hasta el río e,incluso más allá, pues el canal va relativamente elevado. Tampoco es mala esta época, pues los frutales –manzanos, nogales, higueras- abundan junto a la sirga.

Antes de Torrecilla de la Abadesa la senda abandona la sirga para tomar carretera y caminos y, ya fuera de la localidad, vuelve al canal, que ahora se introduce en un pinar. Al fondo, los feraces campos que riega nuestra acequia.

Cubillas desde Cartago

Cubillas desde Cartago

Al cruzarse con la carretera que muere en Torreduero la tomamos, y cruzamos por majuelos. Al fin, nos introduce en la dehesa de Cubillas que ya no dejaremos hasta cruzar el río en la presa. Pero no nos vamos  a aburrir: la dehesa es variada, con corpulentas y milenarias encinas, prados secos en verano, cultivos y, al final, espectaculares vistas al Duero. También pasamos entre Cubillas y sus eras. El camino conserva el firme secular, de enormes piedras rodadas, en su coincidencia con el  trayecto  de San Román de Hornija a Tordesillas.

La vuelta la hacemos entre las dehesas de Cartago, más pequeñas pero de buenas encinas, las ruinas del pinar de la Quebrada,  el caserío de Don Mauro en los prados del seco Trabancos y el despoblado de Bayona  en la desembocadura del mismo  río.

En Herreros

En Herreros

Después de Pollos, se impone parada, baño (pues el acceso al agua es bien cómodo) y fonda (fresca ensalada mochilera) en Herreros, que tuvo unas buenas aceñas  hoy trasformadas en centralita eléctrica. Los emergentes bancos de arena hacen el baño más agradable, si cabe. Se deja ver un grupo de cuatro garzas blancas. ¿Estarán de paso? Los que no están de paso son los gansos y patos que pasean por la pesquera.

Hacemos una pequeña parada para contemplar las aceñas de Zofraguilla y ya, por carretera, nos presentamos en Tordesillas: parada en la plaza Mayor para degustar una leche helada de Baonza.

Zofraguilla

Zofraguilla

La senda destruida por el Duero

29 abril, 2013

Derrumbes

(Continuación de la entrada anterior)

Después de saludar al Pino Macareno nos fuimos al puente sobre el Duratón para tomar la senda. Ahí empezó nuestro sufrimiento: de la senda quedaba poco. Unos tramos estaban levantados por completo. Otros, sepultados por la arena o por las piedras. Y donde podía estar bien, los árboles caídos impedían el paso. Lo peor es que casi todo estaba plagado de basura y plásticos arrastrados por el Duratón crecido. No obstante, pasamos por dos preciosos molinos, con sus correspondientes pesqueras en las que el agua espumeaba. A duras penas, llegamos a un idílico lugar: la confluencia de Duero y Duratón.

Ya por la orilla del Duero las cosas no cambiaron, más bien empeoraron, pues la riada había provocado desprendimientos y la senda se había esfumado, quedando sólo un precipicio, o bien estaba obstaculizada por grandes bloques desprendidos. También abundaban los árboles caídos que, con su enorme copa en medio del camino, cerraban el paso. Sin embargo, hubo algún tramo incólume por el que se rodaba perfectamente.

Cortados

Si nos olvidamos de su penoso estado, la senda no puede ser más hermosa y perfecta para la bici, especialmente en los días de verano, pues se encuentra casi totalmente protegida por la sombra de la arboleda. Continuos toboganes la hacen entretenida y alegre, y el río le da ese toque distinto. Un paseo perfecto. Se gastaron dinero al trazarla. ¿Se lo gastarán para mantenerla?

Al llegar a Pesquera a punto estuvo alguno de caer al río por un derrumbadero, así que los vecinos nos animaron a no hacer locuras y decidimos tomar el camino más próximo al río. Tampoco estaba mal: un pinar húmedo y verde, tierras de labor con la cebada creciendo, hasta que llegamos a Pintia.

Pesquera de Duero

Pesquera de Duero

Pasamos del largo por la vieja ciudad y nos paramos a contemplar el no menos viejo cementerio vacceo de las Ruedas, en el que han desenterrado más piedras para colocarlas como antaño debieron estar, señalando las cenizas y memoria de los correspondientes guerreros.

Necrópolis

Necrópolis

Otro tramo por pinares hasta llegar a Quintanilla de Arriba, donde pasamos por otro cementerio, más moderno que el de Pintia. Una poesía en el arco de su entrada pedía oraciones por los que allí descansan. La senda no sigue por esta orilla del Duero, sino por la derecha. Y como no han tendido aun la pasarela que cruza –la vimos descansando en tierra firme- no nos quedó más remedio que seguir la carretera, ¡un aburrimiento! hasta la otra Quintanilla. Ya estábamos un tanto cascados como para subir al páramo de nuevo… Por un error de cálculo resulta que nos hemos hecho hoy ¡¡80 km!!

Menos mas que en la de Onésimo tomamos la sirga del Canal del Duero para terminar, bien cansados, eso sí, en Sardón. Al pasar cerca de la abadía de Retuerta vimos con pena que la vieja aceña del Duero ha desaparecido y, en su lugar, se levanta una moderna centralita eléctrica. La vida misma.

Quintanilla de Arriba

Quintanilla de Arriba