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Ladiego

25 agosto, 2019

En algunos pueblos de la comarca del alto Esla y del norte de Palencia se conoce como ladiego al camino que tiene un notable desnivel transversal por discurrir precisamente por la ladera de una montaña. Evidentemente en Valladolid, provincia llana, no existe este término. Sin embargo, también tenemos ladiegos. O, más que caminos, senderos ladiegos. No hay más que acercarse a las laderas del páramo de Torozos y otros páramos para descubrirlos. Hemos recorrido este tipo de sendas en Tudela de Duero y Villagarcía de Campos, por ejemplo.

Tal vez el sendero de este tipo más conocido sea el que va desde Zaratán a Geria. Algo más de 60 km de senderos que se mantienen en la ladera, más o menos cerca del cerral. Estos senderos se encuentran atravesados y conectados con otros que suben y bajan del páramo al valle, utilizados más bien por motoristas. Pero también hemos visto a algunos ciclistas especialmente dotados que son capaces de bajarlos y… ¡subirlos! En algunas zonas compiten varios senderos formando una red. En otras se nota que aún no están demasiado rodados.

En la mayor parte de su trazado tienen una orilla más elevada que la otra. Pero también puede suceder al revés –cuando se aprovecha un surco por el lado interior de la ladera- o incluso pueden discurrir en horizontal, por lo alto de un caballón. Hay de todo. Pueden ser rectos pero lo más normal es que formen variadas curvas y recurvas, y bruscas subidas y bajadas, para sortear los obstáculos –piedras, pinos, desniveles- que se encuentran en las laderas. Hay pequeños tramos en los que no hay más remedio que bajarse de la burra; las piernas no dan para más. Lo que sí está asegurado es que se hace ejercicio y con frecuencia duro. De manera que con una escapada de una hora por este ladiego tienes asegurada la sudada. Además, en algunos tramos tienes que rodar con cierta prudencia: por las bruscas y empinadas bajadas, pero también por los estrechos senderos entre hileras de pinos: un choque contra uno de ellos será molesto.

Pasemos a una breve descripción de los senderos entre Zaratán y Geria, que hemos dividido en cuatro tramos:

1.- De Zaratán al páramo de Borciadero. El sendero lo podemos tomar donde nace el camino del Tren Burra, cruzando por encima del puente que da servicio a los depósitos de agua. Sigue hasta una estación del Tren y luego hay que continuar por esta vía hasta llegar al páramo. El sendero continúa por el oeste tendiendo a bajar a la vez que entra y sale de todos los barcos y vallejos de las laderas del páramo. Claro que las sendas se dividen y hay algunas que desprecian los barcos. Veremos, en primer plano, encinas y robles y, al fondo, la ladera por la que hemos subido rememorando el viejo tren. Más tarde, contemplaremos la ciudad con Parquesol en primer plano. Desde Zaratán hasta el páramo de Borciadero, que situamos superada la subestación de Zaratán, hay unos 16 km. La senda -salvo los primeros descensos desde el páramo después de la subida del Tren- está relativamente bien y el paisaje merece la pena.

2.- Arroyo de la Encomienda. Cruzamos junto al depósito de agua de Arroyo, con la ciudad a nuestros pies. Más próximas, las casas de Sotoverde. Después, nos adentramos en el barco del Lobo, de abundantes pinos. Nos cansamos, pues son demasiado abundantes y fuertes las subidas -y bajadas, claro. Llegamos al barco del Fraile, donde el paisaje se abre pues dejamos barcos y vallejos. Hemos recorrido unos 10 km.

3.- De la fuente de la Puerca a Simancas. La fuente de la Puerca queda, hoy, en medio de un sembrado de cereal. En pleno mes de agosto tenía agua y abundante carrizo. Si el día es caluroso espantaremos a las perdices y conejos que allí se refugian. Las primeras saldrán volando; los segundos se esconderán en la maleza. El lugar siempre esta más verde que sus alrededores, en parte porque al lado de la fuente se forma una pequeña hoya donde se estanca el agua.

Terminamos de bordear el barco del Fraile para salir al camino -de Santiago- que va de Simancas a Ciguñuela, y lo tomamos hasta la fuente de los Picones donde sale -salía, más bien- un camino cercano a las laderas que nos deja en Ciguñuela. Este camino, medio desaparecido, sólo se puede tomar en verano, pues el resto del año lo ocupan sembrados.

En Ciguñuela tomamos el camino que va entre el páramo del oeste y el cementerio. Poco después de la fuente del Arcillar conecta con el sendero, que sigue entre barcos y rebarcos, subidas y bajadas, hasta Simancas. Es duro pero no nos defraudará. En total, por este tramo recorremos unos 27 km.

4.- De Simancas a Geria. No hay mucha duda al seguirlo. Magníficos paisajes sobre el amplio valle del Duero. Hay una subida terrible a la altura de Geria. Después, por el vallejo aprovechado por la carretera de Geria a Robladillo, la senda va un metro por debajo del ras del páramo. Finalmente, por el páramo de la Loba va desapareciendo y bajamos por la carretera hasta Geria. Unos 13 km este último tramo. Fin.

Torozos: comienzo y final de un sendero

29 mayo, 2015

plano ruta

En esta ocasión -los titulares del equipo tenían otros menesteres- optamos los reservas por una ruta sencilla y circular, tratando de averiguar qué había sido del descatalogado sendero GR 30 de los Montes Torozos, en este caso solamente su principio y su fin.

El sendero en cuestión comenzaba y terminaba en Valladolid y fue patrocinado en su momento por la Diputación Provincial y homologado por la Federación vallisoletana de senderismo, tratando de buscar entre los nexos culturales y geográficos algún aliciente turístico que, finalmente, no llegó a cuajar.

Señalización

Señalización

Pero el día fue magnífico para pedalear: soleado y fresco. Además, el molesto viento que soplaba del noreste lo esquivamos eficientemente con la misma orientación de la ruta y la cobertura que nos ofrecían algunos vallejos.

Comenzamos en el parque donde desagua el Canal de Castilla para dirigirnos hacia la Bambilla: la salida de la ciudad es un obstáculo molesto para el ciclista (y paseante) hasta rebasar las rondas, seguramente uno de los hándicaps a los que tuvo que enfrentarse el GR 30.

Cárcel y relojo de sol. Villanubla

Ventanuco de la cárcel y reloj de sol. Villanubla

Pasamos por la depresión de la Bambilla, El Calderón (809), Pedrosa y Valdecarros, donde encontramos un viejo pozo con su abrevadero, y en un plis-plas nos encaramamos al páramo apareciendo en Villanubla a través de su enorme polígono. Allí dimos un breve paseo observando algunos detalles curiosos de sus edificios.

Ciñéndonos fielmente al recorrido buscamos el Hontanija en Santa Olalla, paraje molinero donde los haya. Después tornamos a la derecha por el camino de la Boada, al pie de la pista del aeropuerto. Allí permanecen los restos del molino del Monzón y del Cabrito además de la casa de la Guada, cada vez mas ruinosa, a los pies del arroyo. No deja de asombrarnos como ese escaso caudal podía manejar tantos ingenios en tan poca distancia y desnivel.

Subimos al páramo de nuevo, el campo aún está magnífico, y podemos apreciar algunas casas dispersas, la Base Aérea y una cortina en el horizonte de aerogeneradores. Sin embargo lo más llamativo: el viejo Pino Wamba, sólo y enfermo, luchando por sobrevivir.

Pino Wamba

Pino Wamba

Bajamos por el valle de Valcavado, cuesta abajo y con viento de espaldas, la situación ideal. Sin embargo hemos de utilizar el freno para disfrutar del verdor y de su magnífica arboleda. La fuente no es ya fuente sino un exhausto pozo explotado por un tractor.

Al llegar a Wamba, recorrimos el agradable sendero verde en torno al arroyo Garrapinilla, salpicado de huertas; y finalizamos, como no, en la Iglesia de Santa María de la O, o María en gestación. En el osario reflexionamos – Como nos vemos se vieron y como los vemos quizás nos verán otros ciclistas que paseen entre las ruinas de los antiguos aerogeneradores que abundaban por lo Torozos…- Partimos algo sobrecogidos y extremando algo más la prudencia si cabe.

El famoso osario

El famoso osario

Aquí dejamos el principio o final del sendero para, mediante un atajo, dirigirnos a Ciguñuela y después a Zaratán y Valladolid, el otro principio o final del mismo extinto GR.

Subimos de nuevo, a través del camino de Santiago, donde encontramos algunos peregrinos bien pertrechados. Llegamos a Ciguñuela, allí nos recreamos con dos grandes obras, su hermosa torre renacentista y un simpático jardín cuidado con esmero, probablemente ¡el más pequeñito de la provincia!

Jardincillo en Ciguñuela

Jardincillo en Ciguñuela

Aunque no muy merecido en cuanto a esfuerzo, al pie de la torre, disfrutamos y reposamos nuestras viandas. Enfilamos después hacia Zaratán, atravesando su enorme parque fotovoltaico bajamos por el camino del Pozuelo volviendo a Valladolid entre grises autovías donde ya no encontramos señal alguna del extinto sendero.

Al final cayeron 50 km. No está mal. Aquí, el track de Miguel Ángel.

Texto y fotos, Javiloby

Mapa, Miguel Ángel

El bosque del Duero

3 octubre, 2013

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De Quintanilla de Onésimo a Pesquera, la senda del Duero discurre por un auténtico bosque caducifolio. El hecho de que la floresta sea extremadamente angosta, una larguísima y estrecha cinta entre el río y las tierras de labor, no le resta importancia, ni le hace de categoría inferior. Se trata de un bosque más, con sus peculiares características. Y es ideal para pasear, ya sea a pie o en bici. Claro que si vamos en bici hemos de poner algo más de precaución de lo normal, pues la senda es estrecha –si se cruzan dos ciclistas ambos han de apartarse hasta los límites del camino o un poco más- y con continuas subidas y bajadas. Un estupendo tobogán.

Dentro de este bosque de galería, predominan las alamedas. Como todos los álamos buscan la luz, crecen finos y derechos buscándola, y el camino a veces parece un denso bosque de palos de diferentes tamaños. Pero también hay fresnos, chopos, muchos sauces y alisos. Como la humedad no falta, ya son abundantes las setas de chopo. Muy pronto aparecerán otras, a poco que se mantengan estas lluvias.

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Pero también veremos –sobre todo a la altura de Quintanilla de Arriba- algunos pequeños bosquetes de roble que pretenden acercarse al río, además de encinas y robles aislados. Y también pinarillos.

El otoño ofrece otros atractivos: no hace falta que llevemos comida. Vamos a encontrar zarzamoras en su punto, bien maduras. Ciruelas silvestres, negras ¿brunos? y amarillas, las dos variedades son muy pequeñas, pero con una pulpa especialmente dulce. Uvas, nueces, manzanas, peras e higos. Seguramente habrá más variedad, pero no nos fijamos. No todas las peras estaban maduras, y de los higos, muy pocos. Tal vez muchos de estos ya no lleguen a madurar.

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Y dentro de muy poco, además de setas, el bosque –que es sobre todo caducifolio- se volverá amarillo con todas esas variedades rojizas, ocres, granates, doradas… Será todo un espectáculo pasear por su interior.  Por supuesto, no faltan fuentes y manantiales.

Además del río, siempre en movimiento, nos acompaña una fauna variada e inquieta. Ardillas: les gusta sentarse en la senda para dar cuenta de nueces y almendros. Garzas: están en la orilla del río, sobre alguna rama o tronco seco, y las vemos levantar el vuelo a nuestro paso. Algún martín pescador. Enormes cormoranes que despegan como hidroaviones al ser sorprorendidos. Patos y pitos. Carriceros, mosquiteros, chochines… Peces que saltan y no distinguimos si son lucio-percas, barbos, carpas o alburnos. Salvo que los veamos en la cesta de algún pescador. Incluso podemos descubrir algún cangrejo despistado.

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Si no es mal sitio para perderse en verano, por la sombra abundante, tampoco lo es para pasear ahora, en época de lluvia: los árboles protegen bien, salvo que la lluvia sea fuerte y persistente, y el firme drena de maravilla, no produce barro: la bici se agarra con normalidad salvo ¡ojo! en las pocas pasarelas de madera que tienen barro. Y si hay viento en contra no se nota, estás siempre a la abrigada. Si os gusta pasear de noche y hay luna veremos como riela en el Duero y llena de chispas sus aguas.

Llenando depósitos en la fuente de Olivares

Llenando depósitos en la fuente de Olivares

 

Otras sendas del Duero: