Se hace sendero al rodar

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
(A .Machado)

 Uno tiene la impresión de que ha recorrido todos los caminos de la provincia y alrededores, lo cual no es cierto, pues siempre se descubre alguno nuevo, no pisado ni rodado, al margen de que los caminos cambian con los tiempos, las estaciones del año, la luz, el clima… y nunca son los mismos; es muy difícil –por no decir imposible- cruzar dos veces el mismo camino.

Además, ya lo dijo el poeta, que no hay camino, que se hace camino al andar.

Todo lo anterior debería bastar para dejarse llevar por esos caminos de Dios, o bien para seguir la estrella –el objetivo- al margen del camino que se tome. Pero no es así, y con frecuencia buscamos caminos, nuevos caminos. Parece como si el ansia de novedades también llegara a estos paisajes milenarios, que no lo necesitan para nada. Pero nosotros vivimos en la ciudad y descansamos en el campo, y la línea separadora es a veces muy sutil.

Sea como fuere, en esta excursión que nos llevó a los Torozos orientales, descubrimos nuevos caminos. Algunos –como la subida a la Sobrepeña– porque los hicimos sin esperar encontrar ni tan siquiera un sendero. Descubrimos restos de explotaciones de yeso, paredes construidas en piedra que sostuvieron antiguos bancales y, ya arriba, las típicas viseras de caliza que vuelan sobre huecos y que tarde o temprano rodaran por la ladera del cerro. Y el paisaje sobre los vallejos del páramo: además de sembrados, algunas corralizas y chozos de tiempos en los que la ganadería era más importante que ahora.

Poco después de bajar de la Sobrepeña, tomamos un sendero inesperado que nos condujo entre encinas por la Sepultura, en el mismo cerral, contemplando el valle mientras rodábamos, para llegar a los corrales de Ramos y ahí sí, ahí tomar un camino bien rodado y bajar cómodamente hasta el arroyo de Valdeazadas.

Volvimos a subir al páramo para contemplar algunos corrales más y tomar el largo camino del corral de Bruno. Acabamos en Cubillas de Santa Marta, donde habíamos empezado subiendo a los Altares para contemplar el pueblo.

Esta fue la vereda  abierta, de 23 km.

Caminos del noroeste: de Tordesillas a San Cebrián de Mazote

Tordesillas San CebrianSi la semana pasada habíamos recorrido una parte del descatalogado GR-30, esta vez nos decidimos a recorrer otra parte de su tramo occidental. Salimos de Tordesillas teniendo que atravesar las autovías que rodean la localidad como si fueran una moderna muralla encargada de protegerla.

Enseguida encontramos dos señales inequívocas de que íbamos en la buena dirección: la blanca y roja del GR-30 y la flecha amarilla del Camino de Santiago del Sureste. Parte del recorrido lo hacemos paralelo a la Autovía del Noroeste (A-6) hasta que lo abandonamos para acercamos hasta Villavieja del Cerro, inconfundible por su cerro de San Juan, donde ya han sido restañadas sus recientes heridas en el humano intento de levantar en su ladera una pista de esquí. Ahora queda la moderna construcción del edificio de recepción de visitantes junto a la que salimos del pueblo siguiendo las flechas amarillas, pero en vez de subir al páramo, lo rodeamos para pasar por donde antaño estuvo enclavado el pueblo de Arenillas, del que no queda nada ya que los franceses se ocuparon de quemar lo poco que encontraron en pie. Según Pascual Madoz era un despoblado de la provincia de Valladolid, partido judicial de la Mota del Marqués, diócesis de Palencia. Situado en un llano sumamente agradable al pie de una cuesta que se eleva en la parte sur, su cielo es hermoso y despejado, y el clima sano, se componía de cuarenta vecinos. Esta localidad junto con la vecina de Bercero y las de Berceruelo, Villavieja y Velilla formaban las cinco villas sobre las que tenía jurisdicción Tordesillas.

La llanura del páramo
La llanura del páramo

En la fuente de la Trillona paramos a refrescarnos donde un coro de ranas saltan presurosas al agua buscando refugio. Bercero fue una localidad antaño famosa por la confección de artículos de mimbre, cestos y cuévanos. A principios de los años sesenta su antigua ermita de San Roque fue trasladada piedra a piedra a la entonces recién inaugurada Feria de Muestras de Valladolid.

Puente sobre el Hornija en Gallegos
Puente sobre el Hornija en Gallegos

Subimos al páramo por breve espacio pues a los pocos kilómetros descendemos en una larga bajada hasta Gallegos de Hornija. Cruzamos el río por su puentecito herreriano y divisamos a lo lejos la ermita de la Virgen del Villar patrona de todas las localidades del valle. Seguimos nuestro camino para ascender y atravesar otro espigón del páramo. Arriba comprobamos que al tradicional cultivo de cereales le ha salido un competidor con los campos de lavanda que perfuman con su característico olor. A su lado contrasta un campo rojo tapizado de amapolas (papaver roheas) de las que nos acordaremos cuando en nuestra vuelta nos encontramos con varios campos sembrados de adormidera blanca (papaver somniferum) cuyo destino será la industria farmacéutica.

Adormidera. Al fondo, las últimas cuestas del páramo
Adormidera. Al fondo, las últimas cuestas del páramo

Al rato nos hemos plantado en Adalia, donde antaño floreció la singular industria textil del blanqueo de los lienzos de lino que se realizaba con ceniza en pilones llenos de agua, con los que comerciaban los maragatos para ser vendidos en Madrid. En un suave ascenso paralelo al arroyo Retortero volvemos al páramo para, casi sin darnos cuenta plantarnos en San Cebrián de Mazote y dirigir nuestras ruedas hacia su ermita donde descansamos y comemos a la sombra de su imponente moral.

Molino
Molino

Toca emprender camino de vuelta para lo cual decidimos seguir el curso del río Bajoz, que en estas fechas ya comienza a flaquear el agua que lleva, aunque sirve para regar las huertas contiguas. Al poco llegamos al molino de Villamor, situado en la margen izquierda mientras que en la derecha se encuentran lo corrales del mismo nombre, ya que aquí estuvo el despoblado de Villamor, junto al teso que lleva el mismo nombre. A tiro de piedra se encuentra Mota del Marqués protegida por su castillo de lo que solo queda la recién consolidada y restaurada torre del homenaje. Es el único resto visible de lo que fuera esta fortaleza levantado a principios del XIII por Alfonso IX de León para la defensa de la frontera con el reino de Castilla, teniendo la particularidad de la planta circular de su torre, que para unos proviene de los castillos catalanes de los siglo X y XI y para otros, esta forma cilíndrica, tendría su origen en Oriente, descendiente directo de las fortificaciones bizantinas imitadas por los castillos musulmanes de Siria que conocieron los cruzados.

Camino de Santiago
Camino de Santiago

Seguimos el trazado de la antigua Cañada de Coruñeses y del antiguo Camino Real a Galicia, parcialmente ocupado por la moderna autovía, por lo que nuestro discurrir se hace bastante monótono hasta llegar a Vega de Valdetronco, donde destaca el esqueleto de su ermita de Canteces. Si hemos dicho que Adalia se dedico al blanqueo de lienzos, aquí se dedicaron durante muchos años a sacar el barro blanco para encalar y enjabelgar paredes y que era conocido como Blanco España. El arreglo de trillos con el pedernal de las cuestas era otra de las actividades a las que se dedicaron sus habitantes durante mucho tiempo hasta que la mecanización de la agricultura dejaron para el olvido estos aperos de labranza.

El sofocante calor nos hace acelerar nuestro paso pues la sed aprieta y solo pensamos en llegar a Tordesillas y sentarnos tranquilamente en una terraza para descansar y disfrutar de una cerveza fresquita después de más de 70 kilómetros que hemos hecho esta jornada. Y eso hacemos.

Track de la excursión.